Y todas las noches pido a la luna que me ayude. ¿Por qué el amor es tan cruel?. Para qué amar si no es más que a través del sufrir, vanagloriada batalla del lado oscuro. ¡Cómo te envidio Rey de las Tinieblas!, tú que jamás amarás, que puedes descansar en el amargor y la tristeza. ¡Quién pudiera poseer tu calma!.
Mi fuego ardiente no haría más que incrementar los horrores que tú gobiernas, pues yo no encuentro sosiego más que con su mirada. Mi febril actividad no encontraría en ti más que un aliado a la muerte y destrucción, pues sólo es dócil y obediente a su tacto...
...¿Quieres la mayor fuerza destructora y fría?. Pues aquí me tienes, arrebata mi espíritu desdeñado, caído orgulloso de su pedestal, de su corazón, y rómpelo en mil pedazos para no poder recuperarlo jamás.
Llévate mi alma y con ella mi desengaño. Adjudícate un tanto a tu favor y súmame a tu larga lista de desdichados, pues yo seré tu más fiel atada. Pero antes rompe mi espíritu en mil pedazos, porque sólo así podré olvidar que una vez fui feliz entre sus brazos.