Vaya, pues yo tenía intención de haber leído los tres volúmenes que componen este libro
antes de escribir nada, pero la vida del consultor es dura y no deja mucho tiempo libre
para leer (ni para dormir, la verdad) Así que tendré que conformarme con escribir sobre el primero.
Ya lo haré sobre los otros dos, según los vaya terminando.
Bueno, supongo que debo empezar diciendo que Brian Aldiss no es precisamente mi escritor favorito. De hecho Invernáculo me pareció meramente pasable y otro par de ellos se me hicieron tan insufribles que ni siquiera logro recordar los títulos (y no me gusta dejar los libros a medias) Sin embargo Primavera de Heliconia si me resultó bastante ameno (en realidad ya lo había leído hace algunos años), así que me he agenciado una copia y aquí estamos.
Por cierto, el dueño de la copia (esta vez no son míos) insiste en que Aldiss es uno de los mejores escritores de todos los tiempos, de modo que debo considerar que se trata de una cuestión de gustos. Algunos somos más raritos que otros.
En fin. El caso es que, suponiendo un sistema solar binario, con una estrella cercana fría y una remota estrella supercaliente, con su doble sistema anual, un año de traslación del planeta en torno a la estrella cercana y un segundo año, compuesto por centenares de los primeros, de traslación de la estrella cercana y sus planetas acólitos en torno a la segunda estrella, obtendremos (supongo) lo que nos muestra Aldiss en su libro (al menos en el primer volumen, ya os contaré)
Esto es, un mundo en el que, cíclicamente, se pasa del más crudo invierno glaciar, con los océanos congelados y la tierra oculta bajo la nieve y el hielo, al más tórrido y abrasador de los veranos, imagino que con el mundo convertido en un desierto.
El primer volumen, como su título parece indicar, narra la transición del terrible invierno, en el que la vida del hombre (sí, hay hombres en el mundo este) se debe reducir a la mera supervivencia o a vivir enclaustrados en ciudades subterráneas, a una primavera en la que las llanuras glaciares se convierten de repente en bosques y selvas, y el hombre puede tener una vida cómoda y relativamente despreocupada.
Para liarlo un poco, no sólo hay humanos, sino también otra raza de criaturas (los phagor) que los odian a muerte desde tiempos ancestrales, y no pierden oportunidad de matar o esclavizar a quien se pone a tiro. Además (por si no parecía suficiente) hay por ahí suelta cierta plaga que, dos veces cada gran año, diezma la población mundial (humana, claro)
¿Por qué me ha gustado? Porque, a pesar de lo que he comentado antes, las peleas, luchas y demás (la acción, vamos) son bastante escasas en este primer volumen. En realidad se trata más de una descripción de la evolución de un asentamiento humano durante este periodo de transición tan masivo. Como, con la mayor suavidad del entorno, los individuos se van relajando, adquieren nuevas incertidumbres y costumbres y adaptan, en definitiva, su sociedad al nuevo mundo.
Como ejemplo, me resulta muy interesante como, con la mayor cantidad de tiempo libre, surge una Academia, en el sentido más aristotélico, fundada por y para mujeres, que pretende cultivar el conocimiento puro, y acaba frontalmente enfrentada con los poderes políticos (netamente masculinos, por cierto y para los que queráis hacer segundas lecturas)
Bueno, la mala noticia es que los amantes de la literatura corta (entre los que tengo la fortuna de no encontrarme) vais a encontrar el libro desesperadamente grueso. La copia que ha caído en mis manos (Ediciones Minotauro, 1990) consta de tres volúmenes de alrededor de quinientas páginas cada uno (bueno, el tercero es algo más pequeño)
El título de los volúmenes es Primavera, Verano e Invierno. No busquéis ninguno titulado Otoño, (como hice yo toda una tarde de sábado, en pleno Agosto, corriendo por el centro de Madrid) porque no existe.
Por cierto, muchas gracias, David, por dejármelos :D