AURORA BITZINE - Julio 2003 - nº 12  
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CAMISETAS AURORA Número 12, Julio de 2003
 
 
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La Biblioteca de Trantor: Los Propios Dioses
(Isaac Asimov)
Por Angel J. Rojo
Hace no mucho, discutí (amigablemente) con cierta persona que me aseguraba con todo rigor que Asimov, junto con Clarke y Heinlein, forman algo así como el triunvirato de los reyes de la ciencia-ficción. Bueno, el tercero es mi gran tarea pendiente (prometo que acabará por caer en mis manos) y reconozco y valoro el fantástico trabajo de los otros dos que, desde luego, forman parte de mis autores favoritos.

No obstante, ¿reyes de la ciencia-ficción?

Bueno, para empezar está el problema de todos los subgéneros teóricos de la ciencia-ficción, que nos pueden llevar a deplorar grandes autores a favor de otros más minoritarios (yo, por ejemplo, no gozo demasiado de Gibson, pero me encanta Shirow)

Por otro lado, hay que tener en cuenta que la ciencia-ficción (por más que alguno se resista a reconocerlo) no ha surgido de la nada, con ninguno de estos tres, sino que ha habido muchos (y grandes) autores anteriores a ellos, como habrá otros muchos después, que nos llenarán de admiración y ensueños.

Y si no, probad a leer a H. G. Wells o a Verne, y me contáis.

Pero me estoy yendo por los Cerros de Úbeda.



Los Propios Dioses - Isaac Asimov

Imaginemos la existencia de un universo paralelo, con leyes físicas ligeramente distintas, cuyos habitantes descubren la forma de intercambiar materia con nosotros. Materia que, una vez en el universo de destino, y en virtud de las diferencias físicas entre ambos, comienza a desprender energía de forma espontánea. Y si, además, una vez “consumida” la capacidad energética del material, puede volver a ser intercambiado, para recomenzar el ciclo. Sí, es la panacea universal (bueno, bi-universal) de la energía gratuita e inagotable. Pero, ¿y si no todo está tan claro? ¿Y si los habitantes del otro universo pretenden algo más que lo evidente?

Suena interesante, ¿verdad? El problema es que los para-hombres “eligen” para comenzar su proyecto a un radioquímico bastante mezquino y mala persona, que no tarda en hacerse con algún enemigo, y que en el para-mundo no toda la población parece estar de acuerdo con los planes trazados. ¿Más interesante?

Se trata de una novela dividida en tres libros (un solo volumen, no os asustéis), dos de los cuales están centrados en los entrañables enemigos del Doctor Hallam (el radioquímico mezquino) mientras que el segundo de ellos está centrado en el universo paralelo y sus habitantes.

Creo que lo he leído casi todo de Asimov (que es uno de mis autores favoritos) y está es una de las novelas suyas que más me han gustado. En muchos aspectos, es una novela muy típica del autor, con una trama semi-detectivesca bien trazada y, eso sí, en este libro, como en casi todos, Asimov tira de Física a base de bien. No hay que preocuparse, no obstante, de perderse en ella, porque queda todo claramente expuesto y, con mínimo esfuerzo de comprensión, se puede seguir el desarrollo con toda facilidad. Si hay algo que Asimov hace bien, es explicar cosas de forma clara y amena.

Y, al margen de las explicaciones físicas y la claridad de la trama, a mí me encanta el segundo libro (el que transcurre en el para-mundo). Aunque esto ya es un gusto particular, claro. Me fascina la forma en la que va construyendo los factores sociológicos y biológicos, pieza a pieza, mientras te cuenta la historia, hasta que al final (sólo al final) puedes tener la visión global, la llave maestra, del mundo paralelo. Pero esto mejor lo leéis vosotros, que, al menos a mí, me fastidia un montón que me destripen los libros.

Bueno, siento desanimar a los amantes de la literatura breve, este es un poco más gordo. La edición que yo tengo (ed. Brugera, 1974) tiene más de trescientas página. Eso sí, con esa letra gorda que sé que tanto os gusta.



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