Lo que en un principio comenzó como un inofensivo juego, se había convertido en un
curioso experimento para estudiar el funcionamiento del cerebro humano.
Todas las rutinas estaban terminadas, pero Estrella Santos continuaba depurándolas.
Aunque se sabía prácticamente de memoria todas las líneas de código que había escrito
su compañera Sofía Sica, no deseaba que hubiese fallos.
Estrella se levantó de su mesa para estirar un poco las piernas y se acercó a la ventana.
El nuevo edificio de la compañía estaba alejado de la ciudad,
en un paraje natural, rodeado de árboles altos, el mismo lugar que habían recreado por
ordenador para que en él habitasen sus personajes virtuales.
Ya estaba todo listo para resucitar de nuevo a Lucy, cada vez que Lucy resurgía
en su mundo irreal tenía nuevas cualidades, que de poco le servían, ya que sus emociones
eran tan intensas, que siempre acababan por reducir su capacidad de actuación al mínimo.
Esta vez Sofía y Estrella habían decidido proteger a Lucy de sus propias emociones.
Al amanecer, Lucy abrió los ojos como quien despierta de un profundo sueño,
allí estaba de nuevo, sentada sobre sus piernas, en el mismo paraje de altos árboles
de otras veces. Lucy examinó la armadura de piel que llevaba puesta,
aunque ligera y suave al tacto parecía ser muy resistente y le proporcionaba
una agradable sensación de seguridad. También llevaba una fina máscara, de un tono
ligeramente más oscuro al de su propia piel y que se ajustaba tan perfectamente a
su cara que resultaba casi imperceptible incluso al tacto.
Lucy se sentía a gusto con su armadura y decidió buscar a su amigo
Ieron para enseñársela, no sabía por qué, pero Ieron era diferente al resto de
seres de su mundo, Lucy sentía que tenían algo especial en común. En seguida se
dirigió hacia el arroyo, el sitio preferido de Ieron.
- ¡Lucy! ¡Ven a darte un baño! -Ieron se alegró de ver de nuevo a Lucy, la
había echado de menos desde que desapareció por última vez, nunca sabía a
donde iba, pero cuando se encontraban de nuevo, parecía como si no hubiese pasado el tiempo.
Lucy trató de quitarse la armadura y la máscara para meterse en el agua,
pero no supo como, la armadura no tenía cierres ni cremalleras.
- ¡No puedo meterme en el agua con esta armadura de piel! -contestó Lucy.
Ieron salió del agua y se acercó a ella, se quedó
admirando la ajustada armadura que llevaba Lucy. La máscara era muy bonita y
le sentaba muy bien, aunque a Ieron le hubiese gustado ver la cara de Lucy, que para él era aún más bonita.
- Creo que nunca podré quitármela, aunque no me importa, me siento muy bien
con ella, creo que la llevaré siempre puesta.
- Alguna vez me gustaría poder mirarte de nuevo a la cara -dijo Ieron,
pensando que Lucy estaba bromeando.
Lucy pensó que por muy bonita que fuese la máscara no valía la pena
disgustar a su amigo, trataría de quitarse la máscara, pero no sabía cómo.