Christie estaba
a punto de decirle a Johner que ya tenía suficiente tanto de su
terrible cerveza casera, como de su compañía, y que se iría a
la cama, cuando las puertas de su estancia se abrieron
repentinamente. Él y Johner se pusieron de pie
instantáneamente, cuando cuatro soldados entraron en la
habitación. Antes que alguno de ellos pudiera hacer nada,
estaban contemplando los cañones de las enormes armas de los
soldados, listas para disparar. Los dos hombres del Betty
intercambiaron una rápida mirada. Instintivamente, Johner tapó
y cerró su termo fuertemente.
¿Cuál
es el problema? preguntó Christie, sin hacer ningún
movimiento abrupto. Puso las manos a los costados, apartadas de
su cuerpo. No quería que nadie aquí cometiera algún error.
Señor
dijo uno de los soldados, incoherentemente gentil, nos
acompañaréis ahora mismo.
Supongo que
lo haremos, pensó Christie asintiendo rápidamente a Johner.
Señor
repitió el soldado. ¡Ahora!
Christie miró
al hombre. Tenía el nombre de Distephano grabado en el
casco. Seguro, hombre. Ya vamos. No oponemos ninguna
resistencia, ¿verdad Johner? Cuidadosamente,
ostentosamente, Christie puso sus manos detrás de la espalda, y
las entrelazó.
Estás en
lo cierto, musitó Johner en voz baja.
Fueron
escoltados al comedor. Todas las luces estaban encendidas. En
minutos, Elgyn y Hillard eran empujados dentro de la habitación
por otros soldados. Elgyn todavía se estaba ajustando las ropas,
mostrando que se había vestido a la carrera. Miró a Christie a
los ojos. Hillard hizo lo mismo. Nadie hablaba.
Repentinamente,
desde la entrada al lugar, apareció Call, arrastrada a la
habitación. Se tambaleaba, obviamente aturdida, frotándose el
cuello. Aquel doctor, Wren, estaba con los soldados que traían a
Call, e importunaba a la menuda mujer. Parecía furioso.
Le han
disparado, advirtió Christie, poniéndose tenso. ¿Qué
demonios habrá hecho ahora la mujercita? ¿Y dónde coño está
Vriess?
Elgyn terminó
de ajustarse la ropa. Miró de frente a Wren. ¿Qué coño
está pasando aquí?
Parece
una trampa, jefe, dijo Christie claramente. Quería que
Elgyn escuchara la claridad de su voz. Él y Johner habían
estado bebiendo por horas, pero estaban acostumbrados a funcionar
perfectamente bajo un nivel de alcohol, que mataría a la
mayoría de los hombres. Sabía que Elgyn se preocuparía sobre
su habilidad para actuar en esta situación. Christie intentó no
distraerse por la ausencia de Vriess. ¿Lo estarían reteniendo
para asegurarse?
Wren registró
la habitación y le preguntó a Elgyn directamente, ¿Dónde
está el otro? ¿el de la silla?
Bueno, si
él no sabía, seguramente Vriess todavía andaría suelto por
ahí
, decidió Christie aliviado.
Junto a él,
Johner le gruñó a Distephano. ¡Quítame las jodidas
manos de encima! Su voz sonaba torpemente acusatoria.
Christie se preguntaba si Johner estaría demasiado
borracho para actuar.
Doctor,
dijo Elgyn de modo razonable, dígame, ¿qué está pasando
aquí?
Lo que dijo
Wren no tenía sentido. Usted va a decirme ahora mismo para
quién trabaja, o lo estará gritando al amanecer.
¿Eh?
Pensó Christie. Cuando llegamos aquí, estábamos trabajando
para usted, imbécil de mierda. Por lo demás, trabajamos para
nosotros mismos para nadie más. El hombre intercambió
una significativa mirada con Elgyn.
Repentinamente,
Call dio un paso al frente, su expresión era sombría. Wren,
ellos no tienen nada que ver en esto.
Hillard miró a
Call. ¿Nada que ver con qué?
Elgyn levantó
los brazos para calmarlos. Todos, tranquilizaos. Podemos
resolver esto. No hay necesidad de sobresaltarse.
Christie se
puso tenso al escuchar la palabra clave de Elgyn. Todavía con
las manos entrelazadas a su espalda, flexionó los antebrazos.
Silenciosamente, dos pistolas se deslizaron hacia sus manos.
Cuidadosamente, aferró con sus enormes palmas las culatas de sus
familiares revólveres.
Wren estaba
vociferando. ¿Sabéis cuál es el castigo por actividad
terrorista?
Johner
farfulló a Christie, ¿Terrorista?
Mierda,
pensó Christie preocupado, quizá Johner sí
esta muy borracho. Está demasiado idiotizado... demasiado lento
para reaccionar estamos en problemas.
Finalmente,
Elgyn comenzó a mostrar su temperamento. No hay ningún
jodido terrorista en mi tripulación. Volvió su enojo
hacia quien parecía ser la única persona que sabía lo que
estaba ocurriendo. ¿Call, de qué se trata este asunto?
Antes de que
pudiera responder, Wren lo interrumpió. Me importa una
mierda si estáis involucrados en esto, o no. Habéis traído a
un terrorista a un vehículo militar y, en cuanto a mí
concierne, todos moriréis junto con ella. ¿Entendido?
Elgyn se
enderezó, mirando a Wren directamente a los ojos. Lo
entiendo. Sus ojos se desviaron más allá de Wren. ¿Christie?
Antes que
cualquiera pudiera reaccionar, Christie movió sus armas. Girando
sobre sus talones, disparó. La rapidez de sus movimientos, se
ajustaba perfectamente con la precisión de sus disparos,
derribando uno a uno, a cuatro soldados con disparos dirigidos
directamente al corazón. Ni una bala rozó siquiera a un
tripulante del Betty, a pesar de su proximidad a los
soldados.
Las potentes
balas, golpearon a los soldados a una distancia tan corta, que
los hicieron saltar despedidos hacia atrás, a dos metros de la
tripulación. Sus pechos explotaban, rociando tejidos, sangre y
partes de hueso a las paredes, el suelo, las mesas, las sillas y
otros soldados. Los cuerpos finalmente cayeron, pero antes de que
eso ocurriera, algunos de los soldados comenzaron a reaccionar.
El que se hallaba de pie junto a Christie, se aproximó,
apuntando su arma al enorme hombre.
Christie no se
volvió en su dirección, solo proyectó su arma a un lado, y
usando solamente su visión periférica, disparó una vez. El
soldado fue despedido en el aire, cayendo muerto incluso antes de
que su dedo alcanzara el gatillo de su arma.
Otro soldado
que estaba cerca de las puertas gritó y cargó hacia delante,
disparando salvajemente.
Christie se
movió de su línea de fuego, pero las cargas pasaban
peligrosamente cerca del atontado Johner. Johner se veía casi
cómico, bailoteando al esquivar los disparos, milagrosamente
escapando a la ráfaga de fuego, mientras luchaba por quitar la
tapa de su termo metálico. Luego Johner recibió un disparo
donde más podría dolerle ¡justo en su termo de cerveza!
La bala sonó estruendosa, agujerando el contenedor metálico.
Johner abrió
mucho los ojos, sorprendido, cuando la bala logró hacer lo que
él no podía, proyectando la cubierta del termo y depositando la
pistola escondida ahí, justo en su mano. Apenas tuvo tiempo de
apuntar el revólver con la cubierta del termo colgando en
su cadera- al soldado que le disparaba. Johner disparó, y la
cubierta de metal del termo explotó ruidosamente.
También lo
hizo el soldado, que gritó al ser alcanzado y cayó pesadamente
de espaldas, resbalando por el suelo, justo como había hecho
Johner un tiempo antes. Solo que él había sobrevivido a la
experiencia.
El avance del
soldado, ahora muerto, había fallado cuando Elgyn le había
pateado en el casco, tan casualmente como si pateara un balón de
soccer.
Pero entonces,
Christie escuchó un omnioso click y se percató que
alguien le había alcanzado por la espalda.
¡ALTO!
gritó una voz masculina cerca de su cabeza.
Christie echó
un vistazo hacia atrás. Sólo pudo percibir la silueta de una
gran arma militar dirigida a su cabeza.
Arroje su
arma, le ordenó el soldado a Johner, o le volaré la
cabeza.
Todos se
quedaron de piedra. Christie pudo ver que Johner gruñía, mucho
más feo que de costumbre. Los chamuscados restos del termo
humeaban. Debían estar quemando las manos de Johner.
No puedo
soltar mis armas, muchacho, pensó Christie levantando
lentamente las manos al aire. Abrió las palmas, asegurándose
que todos pudieran ver el aparato que sostenía firmemente las
pistolas a sus manos. Nunca se le había ocurrido algún método
para quitarse las armas fácilmente en una situación como esta.
Quizá porque nunca había pensado en una situación como ésta.
El hecho de que
sus poderosas armas estuvieran conectadas tan cerca de las manos
de Christie, era algo que el soldado junto a él no podía haber
anticipado. Christie espió y vio que una gota de sudor corría
por la frente del hombre. Estaba temblando de nerviosismo.
Tendría que andarse con cuidado ahora. Todos tendrían que
andarse con cuidado. Un movimiento en falso podría provocar que
los mataran a todos.
Fríamente,
Christie levantó la vista al techo, revisándolo.
Subrepticiamente, dirigió lentamente uno de los cañones de sus
revólveres a la esquina reforzada del techo. Movía el arma muy
sutilmente, apuntando apuntando
Disparó,
escuchando el choque que hizo la bala al proyectarse y rebotar,
golpeando justo en el casco del soldado en menos de un segundo.
El soldado cayó como un árbol, el perfecto agujero en su casco,
humeaba.
Eso dejaba un
soldado y un doctor. Wren y Distephano. Christie sonrió, bajó
las armas, y les apuntó con ellas.
En el puerto de
observación de Aliens, las alarmas sonaron y las luces de
advertencia destellaron cuando iniciaron los disparos. Gediman y
su asistente, Carlyn Williamson, se aproximaron a verificar las
pantallas de video. En uno de los monitores, se mostraba el
comedor. Mientras miraban asombrados, la voz perfectamente
modulada de Padre, advertía, Emergencia.
Emergencia. Se ha localizado un ataque armado al personal del Auriga
en el área del comedor.
La computadora
repetía el mensaje una y otra vez, mientras ellos veían que la
tripulación del Betty derribaba a media docena de
soldados entrenados y armados, en pocos segundos.
Todo había
terminado antes que Gediman pudiera explicárselo. Estupefacto,
observó al enorme hombre negro apuntar su arma sobre la sien del
Dr. Wren.
Carlyn musitó
el nombre de Wren, tirando de la manga de Gediman en respuesta.
Pero ambos sabían que no había nada, absolutamente nada, que
pudieran hacer. Solo podían observar, horrorizados, cómo se
desarrollaba la escena.
¿Ahora qué
carajo hacemos? Se preguntó Elgyn, cuando todo volvió a la
normalidad. Christie acercó al doctor hacia él, apuntándole
con su pistola para asegurar su total cooperación. ¿Cómo
coño saldremos de esta de una sola pieza? ¿Tomándolo como
rehén? El sitio estará atestado de soldaditos en cualquier
momento.
Johner
finalmente reaccionó un poco, desarmando al único soldado
sobreviviente. Elgyn se percató que Johner le hablaba al soldado
por su nombre, para atraer su atención.
Muy bien
Distephano, con calma Johner le quitó el arma.
Tan pronto
estuvo desarmado el único soldado superviviente, Call comenzó a
moverse. Voy a terminar con esto, balbuceó.
¿Terminar
con qué? Se preguntaba Elgyn, aún sin la menor idea
de por qué había ocurrido aquello. Call, sin embargo, lo
sabía. Elgyn alargó un brazo, aferrando un mechón de sus
oscuros cabellos y tirando de él. Su pequeño cuerpo se
tambaleó completamente.
¡No vas
a ningún lado Call! le dijo colérico.
El guerrero
observó las emociones cambiantes de los dos humanos que estaban
de pie, dándole la espalda a él y a sus hermanos. Otro guerrero
se paró a su lado, mientras al fondo de la jaula, se hallaba
sentado el tercero el más pequeño de los tres. El segundo
guerrero se paseaba nerviosamente, pero el primero se mantuvo
firme, observando, esperando. Atisbó el botón rojo, ahora
olvidado por los humanos.
Los humanos
estaban molestos, preocupados, nerviosos. Sus colores
destellaban, por lo que fuera que estuviera causando su
preocupación, todavía en progreso. Había sonidos extraños
allá afuera, voces, sonidos fuertes sin sentido, luces
parpadeantes. Era interesante. Pero no iba a distraer al guerrero
de su primordial objetivo.
Debía haber
una manera de revertir el inesperado problema de los humanos en
su favor.
Un recuerdo
llegó a él. De la Madre.
No sé
qué especie es peor A ellos no se les ve jodiéndose unos
a otros
No era su
propio recuerdo, y no estaba seguro de lo que significaría todo
aquello. Pero había significado ahí, algo que aprender. Él
consideró
El primer
guerrero se volvió hacia su hermano más próximo,
transmitiéndole información. El segundo guerrero absorbió la
información. Dejó de pasearse. Juntos, los dos se volvieron a
mirar al tercero. El más pequeño comprendió su objetivo, sus
razones, el total concepto nuevo. Incluso concordó con él. De
cualquier modo, se encontraba agobiado por su propia
individualidad, y se arrellanó contra el fondo de la jaula
nerviosamente.
Los dos
guerreros más grandes se volvieron de nuevo hacia los humanos,
observándoles, atisbando el botón infalible. Los humanos se
habían olvidado completamente de él en su pánico. Los sonidos,
las voces, las imágenes en su máquina, estaban todos
funcionando para distraerles de los guerreros. Ellos eran una
especie demasiado excitable, no obstante adaptables. Era una de
las cosas que los hacía tan buenos huéspedes.
Tendrían
que actuar deprisa.
Los dos
guerreros se volvieron hacia el tercero, quien, a pesar de
comprender su necesidad, se perdió momentáneamente en su propia
individualidad. Temeroso, desveló sus dientes a sus hermanos.
Eso no
importaba.
Los dos
atacaron como uno. El guerrero más pequeño gritó y chilló,
cuando los dos más grandes lo apresaron, usando toda su fuerza,
sus magníficas colas agitándose violentamente, para mantener el
equilibrio, estrellándose en los muros, en el claro puerto del
pequeño lugar. El agonizante, chilló más fuerte, luchaba con
ellos mientras un guerrero proyectaba sus dientes contra su
cráneo, mientras poderosas manos despedazaban sus extremidades,
su cola, su cabeza.
La sangre
del guerrero herido brotó de su cráneo cuando los dientes del
segundo guerrero perforaron el grueso exoesqueleto. El primer
guerrero dislocó uno de los brazos de su hermano y la sangre
brotó a chorros por todas partes, salpicando el claro puerto,
los muros, el suelo.
El primer
guerrero podía oler que el macizo material de la jaula comenzaba
a derretirse, escuchando la crepitante, burbujeante destrucción.
El moribundo
volvió a chillar, ofreciendo su vida por su Reina, su colmena,
si bien, renuentemente. Finalmente, hubo un último grito de
triunfo, seguido del estremecimiento de la muerte.
Los dos
guerreros supervivientes desgarraron su pecho, arrancaron los
tubos dorsales de su espalda, desmembraron sus piernas. Estaban
empapados con la sangre de su hermano, pero eran inmunes a su
efecto. El suelo de la jaula, en cualquier caso, burbujeó,
bulló, se derritió y suavizó. Ellos continuaron despedazando
al tercer guerrero, reduciéndolo a pulpa.
El primer
guerrero sintió a la Reina aceptar el sacrificio de su hijo con
aflicción y orgullo.
Por sobre los
sonidos de las alarmas, por sobre las brillantes luces de alerta,
la voz calmada de Padre cambió su mensaje de alerta de
emergencia, a uno nuevo. Tomó tres repeticiones para que el
mensaje llegara hasta Gediman o su asistente.
Hay un
severo daño estructural en la jaula número cero, cero, uno. Hay
un severo daño estructural en jaula número cero, cero, uno. El
daño es suficiente para violar la seguridad de la jaula número
cero, cero, uno. Hay un severo daño estructural en la jaula
número -
¿Daño en
la jaula ? Gediman se olvidó por completo de los
disturbios en el comedor, y se volvió al puerto de observación.
Súbitamente
escuchó los horribles gritos que venían de su interior, sólo
se podía ver el frenético movimiento entre las sombras. Una
enorme cola se estrelló contra la ventana, haciéndola temblar.
Después, hubo una repentina salpicadura de líquido en el
cristal
Y
después, el ventanal de la jaula comenzó a derretirse.
¡Dos de
esas cosas están haciendo pedazos a la tercera! ¿Qué demonios
?
¡Dr.
Gediman! Gritó Carlyn, señalando hacia el puerto. ¡Doctor!
Sin responder,
corrió hacia el puerto. Había un frenesí de acción dentro de
la jaula, luego, todo pareció terminar. Podía ver los trozos
destrozados de algo que alguna vez estuvo vivo. Había una masa
combada en el suelo. Los dos Aliens restantes súbitamente se
volvieron a mirarlo. ¡Parecía que estaban sonriendo!
La revoltura en
el suelo comenzó a hundirse en un amasijo de restos.
Los ojos de
Gediman no podían abrirse más. Horrorizado, alcanzó el botón
infalible, lo presionó, lo sostuvo así. Al mirar al puerto,
podía ver el nitrógeno esparciéndose por la jaula, pero no
había gritos de los guerreros. De hecho no había gritos en
absoluto. Y el nitrógeno ya llenaba la jaula, obstruyendo su
visión. Soltó el botón, esperó a que se disipara la niebla,
para poder ver
¡Oh
Dios, Doctor! Gritó Carlyn señalando.
Al aclararse el gas, lo único que pudo ver Gediman fue una
larga cola desapareciendo en un agujero sin fin.