Desde pequeña, Sofia Sica siempre había sentido una gran curiosidad por saber como funcionaban las cosas, por
aprender, compartía con su amiga Estrella el deseo de saber, quizá por eso se llevaban tan bien.
Estrella solía decir que eran almas gemelas.
Sofía llevaba cuatro años en la compañía de juegos y se había especializado en crear personajes virtuales
que actuaban dentro de los juegos, mezclándose con los jugadores reales en partidas de Internet.
Sofía trabajaba en un nuevos personajes que poseían la capacidad de aprender a medida que jugaban, y que
podían utilizar los conocimientos adquiridos posteriormente, aprendían de la experiencia, mejoraban por sí mismos.
Algunos personajes estaban programados para conseguir un objetivo, mientras que otros
no tenían un propósito previamente establecido.
Sofía se preguntaba a veces si alguno de estos personajes sin objetivo,
se atormentaría tratando de averiguar cuál era su función en el juego.
Uno de los nuevos personajes era Lucy. Lucy estaba en pruebas, pero
Sofía estaba muy orgullosa de ella: era muy inteligente.
Lucy jugaba incansablemente, se relacionaba con decenas de jugadores cada día,
jugadores que ni siquiera sospechaban que Lucy no era una persona real.
El objetivo de Lucy era ganar. Lucy evolucionaba tan deprisa, que ya ni siquiera
Sofía era capaz de predecir su comportamiento, aunque dicho comportamiento remitía
siempre, en última instancia, a reglas lógicas.
Lucy pasaba de ser jugadora inexperta a jugadora invencible en muy poco tiempo, en cualquier juego.
Hacía sólo unos días que los técnicos habían insertado un chip emocional en uno de los servidores de juegos
y ahora Sofía, iba a conectar el chip a Lucy, de forma que Lucy tuviese funciones que simulasen emociones.
El objetivo de la prueba era evaluar el efecto del chip emocional en los personajes virtuales.
Una vez realizada la conexión, Estrella y Sofía entrarían en el juego con Lucy.
2.
El cielo estaba nublado, comenzaron a caer las primeras gotas de lluvia, Lucy observó
el camino que se adentraba en el bosque, se sentía fuerte, avanzó corriendo todo lo deprisa que pudo.
Pensaba en las palabras que le había dicho aquel anciano "Al final del camino, alguien te dará una pista verdadera".
Lucy siguió corriendo, a lo lejos veía la figura de un niño jugando en el suelo con unas piezas de madera.
El camino se acababa, no llevaba a ninguna parte. Lucy se detuvo. El niño le dijo "Al otro lado del camino,
alguien te dará una pista falsa". Lucy no sabía como interpretar aquellos mensajes.
-¿Por qué has hecho eso Sofía? -preguntó Estrella
- Plantear una situación sin salida es la única forma que tengo de detener a Lucy en medio de una partida,
ella nunca se detiene. Tenemos que hablar con ella.
Lucy pensaba, trataba de tomar una decisión, ¿qué debía hacer? ¿qué acción debía seguir?
El niño continuaba jugando, ajeno a su dilema, cuando junto a él, aparecieron dos mujeres cubiertas con una capa
parecida a la que llevaba Lucy.
Lucy no sabía quienes eran aquellas mujeres, pero no parecían amenazantes,
"¿Sabéis cuál es el objetivo del juego?" -preguntó en voz alta.
Lucy no se andaba con rodeos, trataba de reunir información que le ayudase a continuar el juego,
de la manera más rápida posible.
Sofía se quedó mirándola un instante sin decir nada, se alegraba de estar junto a su personaje.
- Este es un juego de aprendizaje -contestó Estrella.
- Entonces estamos en una secuencia de entrenamiento… -dijo Lucy con aparente alivio.
3.
- Estábamos con Lucy, en medio de una tormenta cada vez más fuerte -dijo Estrella.
- Lo dices como si fuese algo real... -contestó Luis sonriendo un poco.
- Parecía muy real, entonces Sofía preguntó a Lucy qué sentía…
- ¿ …y qué contestó ella…?
- Dijo que sentía miedo.
- Por lo tanto, el chip emocional funciona con los personajes virtuales, es increíble.
- No tanto. Ahora Lucy se niega a competir en ningún juego.
- ¿Le asusta el juego?
- No lo sé, creo que le asusta no saber para qué juega…
- Estrella, últimamente no hablas de otra cosa, quizá no te venga mal un poco de descanso, podrías pasar unos
días en la playa.
- Puede que tengas razón, pero ahora no puedo dejar sola a Sofía.
-¿Por qué no? Ella puede hacer el trabajo sola.
- Sí, pero ayer conecté por mi cuenta el chip emocional a otro personaje,
puede que la conexión no haya funcionado, no he observado ningún cambio en él,
al fin y al cabo, este personaje no compite, sólo está programado para ayudar a los demás jugadores,
aunque me gustaría asegurarme.
4.
Al cabo de varios de días, Lucy había decidido que no competiría más.
Se limitaría a jugar, pero no para ganar, sino para tratar de comprender lo
mejor posible el juego, lo que para ella era su mundo.
Sofía no sabía por qué Lucy tomaba esa actitud, pero creía que el cambio en el
comportamiento de Lucy se debía a la influencia de las nuevas funciones del chip emocional.
La influencia del chip parecía impredecible.
Lucy no se estaba comportando como Sofía esperaba.
No parecía quedar otra alternativa, Sofía decidió borrar a Lucy de la memoria del ordenador.
Desde hacía unos días, Ieron iba con Lucy a todas partes.
A Lucy le llamaba la atención que Ieron nunca hubiese intentado ganar ni un solo juego,
lo único que hacía era hablar con el resto de personajes.
Aquella noche el cielo estaba despejado, Lucy estaba junto al fuego con algunos de los personajes con los que había competido muchas veces, algunos reales, aunque no todos.
Había logrado convencerles de que no jugasen, y ahora todos parecían disfrutar de una charla relajada, Lucy contaba anécdotas divertidas que habían ocurrido en partidas anteriores. En otro grupo estaban ideando estrategias para actuar en grupo en futuras misiones.
Sin el menor aviso, Lucy se desvaneció, su cuerpo desapareció de la vista de todos.