Lleva tatuado en el pecho una serpiente, y en su rostro una sonrisa oculta. Siempre fue así, medido en sus palabras, descomedido en sus actos, porque él es un rey que proviene de un mundo oculto, un mundo que se oculta como su sonrisa. Como la noche más oscura.
Lo conozco por circunstancias inusuales de la vida, y de la muerte. No es de extrañar que se oculte pues el mundo de los humanos no está hecho para él. Os preguntaréis, ¿por qué no se va? Porque no puede, tiene una misión que cumplir con nosotros, con todos nosotros.
Contigo también.
Él mueve los hilos de la magia, nos da la energía del dragón oriental, del tigre, del águila. Sus poderes no pertenecen a nuestra raza, nunca lo fueron. Simplemente indaga a quien contemple con sus ojos el transcurso de la vida, la llegada de la muerte.
¿Cómo lo sé? Porque le conozco, porque no es un extraño para mi. Un día también tú lo verás, te ofrecerá un manuscrito en el que sabrás quien eres tú, porque lo de menos es quien es él. Lo tomarás en tus manos como un tesoro al que guardar, porque de eso se trata del mayor de los tesoros. Nunca, jamás imaginado por ti, ni por mi.
Yo hoy he leído el mío, y estas serán unas palabras de aliento para aquellos que hayan de precederme en mi vuelta a casa. A mi hogar.
Mañana llorarán mi muerte, mientras yo hija de la serpiente he sido tocada con el más mágico de los dones, marchar hacia la última estrella de la galaxia del dragón oriental donde me espera mi padre.
Donde el poder del dragón domina valles y ríos, donde alzaré el vuelo y contemplaré mi mundo, el que siempre fue mío. El mundo de la fantasía.
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