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Mitos y Leyendas: Beowulf (I)
Poema épico anglosajón compuesto ca. 750 DC, conservado en un solo manuscrito ca. 1000 DC
Por Anónimo

Mitos y Leyendas - Beowulf (I) I • GRÉNDEL
Skild, fundador de la dinastía skildinga.
Sus funerales.


1 ¡Oíd! Yo conozco la fama gloriosa1
2 que antaño lograron los reyes daneses,
3 los hechos heroicos de nobles señores.
4 A menudo los bancos tomábales Skild,
5 el hijo de Skef, a la gente enemiga;
6 infundía pavor el que fue recogido3
7 en penoso abandono. Consuelo le cupo,
8 pues luego en la tierra con gloria vivió
9 y a todos los pueblos que habitan la orilla
10 del paso del pez a su mando los tuvo,
11 tributo le daban. ¡Era un rey excelente!
12 Entonces un hijo le vino a nacer,
13 heredero en palacio. Enviábalo Dios
14 en alivio del pueblo: Él sabía su aprieto
15 de tiempos atrás, cuando mucho sufrieron
16 sin un soberano. El Señor de la vida,
17 el Dios Celestial, concedióle renombre:
18 fue famoso Beowulf, lejos la gloria5
19 del hijo de Skild se extendió por Escania.
20 Es así como un joven se sabe lograr7
21 —ofreciendo regalos, ya en casa del padre—
22 que luego, de viejo, al venirle batalla,
23 rápida acuda animosa su gente,
24 le apoyen los hombres. ¡Con nobles acciones
25 prospera un señor en un pueblo cualquiera!
26 Su hora le vino al intrépido Skild,
27 al encuentro marchó del Señor de la Gloria.
28 Sus amados guerreros lleváronlo entonces
29 a orillas del mar, como él ordenó,
30 el monarca skildingo, cuando habla tenía;
31 fue largo el reinado del bravo caudillo.
32 Ya estaba dispuesto, con proa curvada
33 y cubierto de nieve, el navío del rey;
34 fue colocado el egregio señor
35 dadivoso de anillos a bordo del barco,
36 al pie de su mástil. Abundaban allá
37 los tesoros y adornos de tierras lejanas.
38 No sé de otra nave que así se equipara
39 con armas de guerra, espadas, arneses
40 y cotas de malla; repleta quedó
41 de magníficas joyas, que lejos con él
42 deberían partir en poder de las aguas.
43 De rico tesoro dotaron al rey:
44 en nada peor al que un día a su lado
45 pusieron aquellos que, solo en el barco,
46 siendo muy niño, lo dieron al mar.
47 Sobre el noble caudillo erigieron después
48 un dorado estandarte. Le dejaron partir
49 lo llevaron las olas. Con ánimo triste,
50 apenados, quedaban. No hay en verdad
51 un señor en la tierra, un sabio varón,
52 que sepa decir quién obtuvo esta carga.

Los descendientes de Skild. Ródgar construye su palacio "Hérot".

53 Beowulf skildingo, el amado monarca,
54 allá mucho tiempo reinó en su reducto,
55 alabado entre pueblos: ya estaba su padre
56 sin vida terrena. Nacióle después
57 el intrépido Halfdan, que en tanto vivió
58 —belicoso y anciano— mandó a los daneses.
59 A aquel noble señor le vinieron al mundo,
60 no tras otro, cuatro herederos:
61 Hérogar, Ródgar y Halga valiente;
62 fue Irsa la esposa —cuentan—de Onela,
63 compañera de lecho del bravo skilfingo.
64 El ínclito Ródgar buena fortuna
65 en las guerras tenía y por ello gozoso
66 apoyábale el pueblo: era grande su tropa
67 de jóvenes héroes. Quiso aquel rey
68 que le hicieran los hombres un rico palacio,
69 que le fuese erigida una hermosa mansión
70 —una sala excelente y mayor que ninguna—,
71 para allá repartir entre mozos y ancianos
72 todos los bienes que obtuvo de Dios,
73 a excepción de la tierra o la vida del pueblo.
74 He oído contar que a lejanas naciones
75 que habitan el mundo mandato les vino
76 de alzar la morada. Acabósele pronto
77 al egregio caudillo —en el plazo fijado—
78 su rica mansión; el nombre de Hérot
79 entonces le puso el de gran poderío.
80 Cumplió su proyecto: regalaba en las fiestas
81 magníficas joyas. Alto y hermoso
82 el palacio se erguía. Respetábanlo aún
83 las ávidas llamas: fue sólo más tarde
84 que vino a surgir entre el suegro y el yerno
85 —enemigos feroces— el odio de espadas.

Gréndel, enfurecido por los cantos cristianos que allá se recitan, ataca el Hérot.

86 El monstruo maligno, con rabia terrible,
87 allá se irritaba en las torvas tinieblas,
88 día tras día oyendo en la sala
89 el gozoso alboroto, los sones del arpa
90 y el canto del bardo, que bien exponía
91 el origen primero de todas las razas,
92 cómo Dios Poderoso la tierra creó
93 —la dulce campiña que abrazan los mares—,
94 cómo hizo el Eterno el sol y la luna
95 para luz de los hombres que habitan el mundo;
96 a los campos —decía— su adorno les puso
97 de hierbas y ramas, y de vida dotó
98 a los seres diversos que tienen aliento.
99 Los daneses vivieron con mucha alegría
100 en la bella mansión hasta el día en que vino
101 y les hizo quebranto el siniestro enemigo.
102 Llamábase Gréndel aquel espantoso
103 y perverso proscrito: moraba en fangales,
104 en grutas y charcas. Desde tiempos remotos
105 vivía esta fiera entre gente infernal,
106 padeciendo la pena que Dios infligió

El odio de espadas: la guerra.

107 a Caín y a su raza. Castigó duramente
108 el Señor de la Gloria la muerte de Abel,
109 no obtuvo Caín de su hazaña provecho:
110 Dios le exilió y apartó de los hombres.
111 Es de él que descienden los seres malignos,
112 los ogros y silfos y monstruos todos,
113 y también los gigantes que tiempo muy largo
114 al Señor se opusieron. ¡Les dio su castigo!
115 Oculto en la noche Gréndel marchó
116 al hermoso palacio, queriendo saber
117 lo que hacían los hombres después de la fiesta.
118 Vio que del sueño los nobles daneses
119 allá disfrutaban: nada malo temían,
120 ninguna desgracia. El demonio infernal,
121 dañino y furioso y pronto dispuesto,
122 treinta vasallos con ira y con rabia
123 tomó de sus lechos. Luego escapó,
124 del botín orgulloso, llevando consigo
125 el macabro trofeo a su torva guarida.

Los daneses sufren los ataques de Gréndel durante doce años, impotentes para librarse de él.

126 Cuando el alba llegó, al venir la mañana,
127 el estrago de Gréndel fue descubierto:
128 tras la fiesta se oyeron muy grandes quejidos,
129 lloroso alboroto. El ínclito rey,
130 el egregio señor, se llenó de tristeza;
131 asaltóle el dolor, embargóle la pena,
132 viendo la injuria del mal enemigo,
133 el feroz malhechor. ¡Allá tuvo congoja,
134 muy largo pesar! Poca tregua le dio,
135 pues hízole luego, a la noche siguiente,
136 mayor desafuero: con toda osadía
137 atacó y destruyó. ¡Su maldad le incitaba!
138 Era fácil de hallar un guerrero que lejos
139 tratara de hacerse de un lecho seguro,
140 de cama mejor, cuando fue conocida
141 y por claras señales muy bien comprobada
142 la furia de Gréndel: a salvo se puso,
143 en lugar apartado, quien de él escapó.
144 Contra todo derecho hostigaba a los hombres
145 y vino a ocurrir que quedóse desierta
146 la excelsa morada. Aquello duró:
147 doce años seguidos sufrió este ultraje
148 el señor skildingo, su grave infortunio
149 y amargo pesar. En tristes cantos
150 la nueva extendióse y corrió por el mundo;
151 contaban que Gréndel querella con Ródgar
152 tenía de antiguo, que dañábale mucho
153 con odio y maldad desde tiempo lejano,
154 en acoso constante. Él paz no quería
155 con hombre ninguno del pueblo danés
156 ni dejar de matar recibiendo tributo.
157 ¡No cabía contar con brillantes riquezas
158 que en pago a las muertes el monstruo entregara!
159 La fiera maligna, la torva criatura,
160 a mozos y ancianos buscaba y seguía,
161 siempre acechante. En eternas tinieblas
162 su ciénaga estaba, mas poco se sabe
163 del sitio que habita su raza infernal.
164 Muchos males traía el que odiaba a los hombres,
165 causaba a menudo el feroz solitario
166 espantoso quebranto. Se adueñaba del Hérot,
167 la sala excelente, las noches oscuras;
168 pero él no venía ante el trono de Ródgar
169 —así Dios lo mandaba— ni allá agradecía.
170 Gran infortunio el rey soportaba,
171 doloroso pesar. Se solía reunir
172 en secreto su gente: buscaban remedio,
173 algo que hiciesen los fuertes guerreros
174 que fin le pusiera a tan dura desgracia.
175 A menudo a los dioses en templos paganos
176 ofrendas hacían, súplica alzaban,
177 ayuda esperando en su agobio sin fin
178 del que mata las almas. Era tal la costumbre
179 de gentes infieles: sus mentes ponían
180 allá en el infierno. No sabían de Dios,
181 del buen Creador, del Señor Poderoso;

Mitos y Leyendas - Beowulf (I) 182 nunca alababan al Rey Celestial,
183 al Señor de la Gloria. ¡Triste de aquel
184 que en horrible desgracia su espíritu entrega
185 al abrazo del fuego! ¡Alivio no espere,
186 ya nunca saldrá! ¡Feliz del varón
187 que en el Ultimo Día ante Dios se presenta
188 y es acogido en el seno del Padre!
189 Al hijo de Halfdan mucho afligía
190 aquel daño constante; no podía el buen rey
191 liberarse del mal. Soportaba su pueblo
192 muy larga congoja, duradero pesar,
193 pues noche tras noche el maligno atacaba.

Beowulf va a Dinamarca para prestarle su ayuda a Ródgar.

194 El acoso de Gréndel a oídos llegó
195 del intrépido gauta, vasallo de Híglak.
196 En fuerza excedía este noble varón
197 a todos los hombres que vivos entonces
198 había en el mundo. Mandóse equipar
199 un viajero del agua: marchar decidió
200 por la senda del cisne 23 en socorro del rey,
201 del bravo caudillo al que gente faltaba.
202 Bien poco reparo a su marcha pusieron
203 los sabios ancianos, aunque era querido:
204 a partir le incitaron tras ver los augurios.
205 Llevaría consigo el mejor de los gautas
206 selectos guerreros, los más valerosos
207 que pudo encontrar. Quince marcharon
208 al leño del agua: el buen navegante 24
209 resuelto a la costa a su gente llevaba.
210 El momento llegó. Al pie de las peñas
211 flotaba la nave; animosos los hombres
212 saltaron a bordo. Se arrollaban las olas,
213 mar contra arena. Los guerreros pusieron
214 adentro del barco magníficas piezas,
215 brillantes pertrechos. Hiciéronse al mar,
216 viaje emprendieron en recio navío.
217 Por el viento impulsado el barco avanzó
218 —de espumas cubierto lo mismo que el ave—
219 y al tiempo debido, un día después,
220 el curvo navío llegó a su destino
221 y los hombres de mar divisaron la costa,
222 relucientes escollos, altas montañas,
223 buen litoral. Acabóse el viaje 26
224 a través del estrecho. Del leño del agua
225 saltaron los wedras con mucha premura,
226 atracáronlo luego; rechinaban las cotas
227 y arneses de guerra. Dieron gracias a Dios,
228 pues quísoles dar tan feliz travesía.

Un guerrero danés conduce a Beowulf hasta el Hérot.

229 El vigía danés que en lo alto de un risco
230 la costa guardaba bien pudo ver
231 que bajaban del barco equipados de cota
232 y brillantes escudos. El deseo sintió
233 de saber al momento qué tropa era aquélla.
234 El guerrero de Ródgar presto a la orilla
235 corrió en su caballo; blandía con fuerza
236 en su mano la lanza. Así les habló:
237 "Decid quiénes sois, oh gente equipada
238 con armas de guerra que en alto navío,
239 las olas surcando a través de los mares,
240 llegasteis acá. Por tiempo muy largo
241 he guardado la costa, he oteado las aguas,
242 cuidando que nunca la tierra danesa
243 atacada se viera por nave enemiga.
244 Más que ninguno vinisteis aquí
245 de animosa manera, aunque poco sabéis
246 si os irá a recibir y aceptar en su tierra
247 la gente skildinga. Está entre vosotros
248 el hombre más fuerte, equipado guerrero,
249 que he visto jamás: no es un simple vasallo
250 —le adornan sus armas— si es que no miente
251 su digna apariencia. Ahora quiero saber
252 de qué gente venís, no vayáis a pasar
253 como astutos espías, siguiendo adelante
254 a la tierra danesa. ¡Escuchad, extranjeros,
255 oh gente de mar! ¡Atentos oíd
256 mi sincero consejo: mucho os conviene
257 decir al instante de dónde venís!"
258 Respuesta le dio el de rango más alto,
259 habló de este modo el que mando tenía:
260 "Somos nosotros intrépidos gautas,
261 fieles vasallos del ínclito Híglak.
262 Glorioso renombre le cupo a mi padre:
263 príncipe era, llamábase Ekto;
264 tras vida muy larga —anciano en palacio—
265 partió de este mundo. ¡Bien lo recuerdan
266 los sabios varones que habitan la tierra!
267 Con buena intención al encuentro venimos
268 del rey de tu pueblo, del hijo de Halfdan,
269 del bravo señor. ¡Condúcenos tú!
270 Alta misión al famoso nos trae,
271 al egregio monarca. No voy a ocultarte
272 el proyecto que tengo: tú sabes, vigía,
273 —si es verdadero el relato que oímos—
274 que al pueblo skildingo un cierto enemigo,
275 un cruel malhechor, oculto en la noche
276 lo ataca con furia y le causa quebranto,
277 pesares y muertes. A Ródgar pretendo
278 en buena amistad ofrecerle mi ayuda.
279 Podrá de este modo vencer al maligno,
280 si es que el destino consiente que tengan
281 sus males remedio, que le vuelva la paz
282 y encuentre un alivio en sus muchas desgracias.
283 Sufrirá en otro caso constantes ultrajes,
284 violentas matanzas, en tanto se eleve
285 y mantenga en el alto el hermoso palacio".
286 Allá en su caballo el osado vigía,
287 el guardián, respondió: "El guerrero avisado
288 que juzga prudente se forma opinión
289 atendiendo a lo dicho o también a los hechos.
290 He oído que es ésta una tropa leal
291 al señor skildingo. ¡Pasad adelante
292 con armas y cotas! ¡Yo seré vuestro guía!
293 A los hombres que mando la orden daré
294 de que guarden a salvo de todo enemigo
295 la nave que os trajo, el bien embreado
296 navío en la costa, hasta el día en que el leño
297 de proa curvada de nuevo os devuelva
298 a través de la mar al país de los wedras:
299 al hombre animoso la suerte le ayuda,
300 salva la vida en la dura batalla".
301 Se pusieron en marcha. Firme quedaba,
302 amarrado con cuerdas, el amplio navío,
303 sujeto en el ancla. Coronaban sus yelmos
304 brillantes verracos forjados en oro,
305 templados al fuego: protegían las vidas
306 de aquellos valientes. Tras rápida marcha
307 —ceñida la tropa— alcanzaron a ver
308 la ensamblada mansión de dorados adornos.
309 En la más excelente de todas las salas
310 debajo del cielo el famoso vivía:
311 su reflejo llegaba hasta muchas naciones.
312 El guardián señaló la morada del rey,
313 la muy reluciente, de modo que a ella
314 pudiesen llegar. Entonces la vuelta
315 se dio en su caballo y así les habló:
316 "Yo ahora me vuelvo. ¡Que Dios Poderoso
317 os conceda su gracia y haga que a salvo
318 salgáis de la empresa! Yo corro a la costa
319 a guardarla de nuevo de gente enemiga".

Beowulf llega al Hérot. Solicita audiencia con Ródgar.

320 Por firme camino y de hermoso empedrado
321 avanzaron los hombres. Muy ricos brillaban
322 los recios arneses, las anillas de hierro
323 en las cotas gemían cuando, bien pertrechados,
324 hicieron su entrada en la excelsa mansión.
325 Fatigados los gautas del largo viaje,
326 sus escudos pusieron —grandes y fuertes—
327 allá en la pared; rechinando las cotas,
328 sentáronse luego. Apiladas y juntas
329 quedaron las lanzas, las varas de fresno
330 con hierro en la punta. ¡Magníficas armas
331 la tropa traía! Preguntóles entonces
332 un alto señor de qué sitio venían:
333 "¿De dónde traéis estos bellos escudos,
334 estos grises arneses y yelmos dorados,
335 este acopio de lanzas? Yo soy mensajero
336 y heraldo del rey. A pocos he visto
337 de tierras extrañas con tanta apostura.
338 ¡Bien se me alcanza que os trae ante Ródgar
339 una alta misión, y no triste destierro!"
340 Pronunció sus palabras el héroe famoso;
341 el príncipe wedra, guerrero en su yelmo,
342 así respondió: "En la mesa de Híglak
343 asiento tenemos; yo me llamo Beowulf.
344 Expondré mi proyecto a tu gran soberano,
345 al hijo de Halfdan, al noble señor,
346 si el egregio monarca nos da su permiso
347 y benigno consiente que entremos a verle".
348 Wúlfgar habló —era un noble de Véndel,
349 de todos sabido su mucho coraje,
350 su arrojo y prudencia—: "Yo diré tu deseo
351 al caudillo danés, al noble skildingo,
352 al bravo señor dadivoso de anillos,
353 llevaré tu recado al egregio monarca;
354 la respuesta que obtenga del buen soberano
355 luego al momento por mí la sabrás ".
356 Rápido entró donde Ródgar estaba
357 —anciano y canoso— entre nobles vasallos;
358 junto al hombro del rey se detuvo el valiente.
359 ¡Bien en la corte moverse sabía!
360 Wúlfgar le habló a su amigo y señor:
361 "Ha llegado hasta aquí desde tierras remotas,
362 las aguas surcando, una tropa de gautas.
363 Al de rango más alto sus fieles guerreros
364 le llaman Beowulf. Solicitan tener,
365 oh mi amado señor, entrevista contigo.
366 Tu respuesta no sea, oh Ródgar afable,
367 que no les concedes que vengan a tí;
368 en sus cotas de guerra muy dignos parecen
369 de gran atención. ¡Es un buen capitán
370 el que manda a los hombres y aquí los condujo!"
371 Ródgar habló, el monarca skildingo:
372 "Conocí a Beowulf cuando aún era niño.
373 El nombre de Ekto su padre tenía:
374 Rédel el gauta le dio por esposa 33
375 a su única hija. Viene ahora su hijo,
376 animoso, hasta aquí, al amigo buscando.
377 Por la gente de mar que a los gautas llevaba
378 los ricos regalos que yo les hacía
379 nos fue relatado que tiene en su puño
380 este noble varón la fuerza terrible
381 de treinta guerreros. El Dios de la Gloria
382 en su mucha bondad ha dispuesto que venga
383 a la tierra danesa —por cierto lo tengo—
384 a librarnos de Gréndel. ¡Yo al bravo daré
385 por su gran valentía brillantes tesoros!
386 Corre hasta ellos y diles que vengan,
387 que todos acudan aquí con mi gente;
388 hazles saber que les da nuestro pueblo
389 gozosa acogida". Wúlfgar salió
390 y asomado a la entrada les dio la respuesta:
391 "Deciros me manda mi gran soberano,
392 el egregio señor, que conoce muy bien
393 vuestro noble linaje y gozoso os acoge,

Mitos y Leyendas - Beowulf (I) 394 oh gente atrevida, viajera del mar. 395 Pasad adelante vistiendo las cotas, 396 llegad ante Ródgar cubiertos con yelmos;
397 aquí aguardarán los escudos de guerra,
398 los fieros astiles, en tanto le habláis".

Beowulf le ofrece su ayuda a Ródgar.

399 Levantóse Beowulf con sus muchos guerreros,
400 la tropa valiente. Vigilando las armas
401 algunos quedaron, según lo dispuso.
402 Bajo el techo del Hérot, al héroe siguiendo,
403 marcharon los hombres; el osado avanzó,
404 el bravo en su yelmo, hasta hallarse ante el rey.
405 Hablóle Beowulf —relucía su cota,
406 la malla tejida por hábil herrero—:
407 "¡Te saludo, Ródgar! Yo soy pariente
408 y vasallo de Híglak. Ya de joven logré
409 muy gloriosas hazañas. Noticia me vino
410 en mi tierra natal de tu lucha con Gréndel:
411 de tu sala refiere la gente de mar,
412 de la hermosa morada, que sola se queda
413 y sin hombre ninguno después que se oculta
414 debajo del cielo la luz de la tarde.
415 Entonces mi pueblo —excelentes varones,
416 sabios ancianos— allá me propuso,
417 oh príncipe Ródgar, que a verte viniera.
418 Ellos bien conocían mi fuerza terrible,
419 pues me vieron volver de la fiera batalla
420 —de sangre cubierto— en que a cinco atrapé
421 de la raza gigante; monstruos del mar
422 en la noche abatí: con apuro a los wedras
423 vengué del acoso —su mal se labraban—
424 de bestias malignas. Ahora quiero enfrentarme
425 yo solo con Gréndel, acabar con el ogro,
426 el dañino gigante. Una gracia te pido,
427 oh fuerte señor de la gente danesa,
428 rey de skildingos, que no has de negarme,
429 oh noble monarca, buen soberano,
430 habiendo venido hasta aquí de tan lejos:
431 que permitas que yo, con mis bravos tan sólo,
432 de malos peligros el Hérot libere.
433 "He oído decir que el feroz enemigo,
434 en su loca arrogancia, sin armas ataca.
435 Yo también lucharé —de manera que a Híglak,
436 mi noble señor, mi osadía contente—
437 sin ayuda de espada o tampoco de escudo,
438 amarillo broquel: con sólo mi mano
439 entraré con la fiera —un hombre con otro—
440 en mortal desafío. ¡Deberá resignarse
441 al mandato de Dios el que entonces perezca!,
442 Sé que si Gréndel me llega a vencer
443 en la alta morada podrá sin temor
444 devorar a mis gautas, como antes ha hecho
445 con tantos guerreros. No tendrás en verdad
446 que cubrir mi cabeza —quedará por completo
447 anegada en mi sangre—, si caigo en la lucha:
448 correrá el solitario a esconder mi cadáver
449 allá donde ufano en su cueva lo engulla
450 y la manche de sangre. No tendrás en verdad
451 que velar mucho tiempo mis restos mortales.
452 Envíale a Híglak si muero en la brega
453 la cota de malla que cubre mi pecho,
454 mi arnés excelente: es herencia de Rédel,
455 una obra de Wéland. ¡Decida el destino!"

Discurso de bienvenida de Ródgar.

456 Ródgar habló, protector de skildingos:
457 "Acudiste a nosotros, oh amigo Beowulf,
458 queriendo pagarnos antiguos favores.
459 Terrible discordia tu padre inició
460 cuando a Hádolaf muerte le dio con su mano
461 en la tierra wilfinga; no quisieron después
462 recibirle los gautas por miedo a la guerra.
463 Surcando las aguas, en busca se vino
464 del pueblo danés, de los nobles skildingos.
465 Yo empezaba a reinar en la gente danesa,
466 ya regía, aún joven, mis grandes dominios,
467 mi reducto de héroes: estaba sin vida
468 mi hermano mayor, ya el hijo de Halfdan,
469 Hérogar, muerto. ¡Superábame en todo!
470 Yo entonces con oro zanjé la querella;
471 antiguos tesoros envié por el mar
472 a los fieros wilfingos. Me prestó juramento.
473 "Mucho en mi pecho me agobia el dolor
474 cuando a alguno le digo los males que Gréndel
475 me causa en el Hérot con su ira enemiga
476 y perversos ataques. Diezmada en la sala
477 se encuentra mi tropa; la entrega el destino
478 a la rabia de Gréndel. ¡Fácilmente podría
479 arrasar el Señor al furioso proscrito!
480 Ocurrió muchas veces que, estando borrachos
481 y alzando las copas, mis hombres juraron
482 quedarse aguardando en la rica mansión
483 y luchar contra Gréndel con recias espadas;
484 cuando el alba venía, al llegar la mañana,
485 teñido de sangre se hallaba el palacio,
486 en la sala los bancos estaban cubiertos
487 de sangre de guerra: yo así me quedaba
488 con menos vasallos. ¡Pero siéntate ahora
489 a beber con nosotros! ¡Cuenta gozoso
490 en la charla festiva tus grandes hazañas!"
491 A los gautas entonces lugar se les hizo
492 de modo que juntos un banco ocuparan;
493 allá se sentaron los bravos guerreros,
494 varones de fama. Cumplió su misión
495 quien portaba la jarra llenando sus copas
496 de clara cerveza. Alzóse en el Hérot
497 el canto del bardo. Reinó la alegría
498 en el amplio tropel de daneses y wedras.

La hazaña de Beowulf con Breca, según la versión de Únfer.

499 Entonces Únfer, el hijo de Éklaf,
500 que estaba a los pies del señor skildingo,
501 porfía inició —causábale enojo
502 el valor de Beowulf, su atrevido proyecto,
503 pues mal admitía que hombre ninguno
504 gozara en el mundo, jamás en la tierra,
505 de gloria que fuese mayor que la suya—:
506 "¿Eres tú el Beowulf que quiso en las aguas
507 medirse con Breca, en aquel desafío
508 en que ambos, osados, cruzasteis el mar
509 y en las hondas corrientes, con necia arrogancia,
510 expusisteis la vida? Inútiles fueron
511 prudentes consejos, desistir no quisisteis
512 de aquella locura. Os echasteis al mar,
513 en el agua nadando agitasteis los brazos,
514 por la húmeda senda adelante avanzasteis
515 con ágiles manos. Invernal tempestad
516 encrespaba las olas. Siete días duró
517 vuestra lucha en las aguas. Suya fue la victoria;
518 tenía más fuerza. Arribó una mañana
519 a la tierra que habitan los raumas guerreros;
520 regresó desde allá a su patria querida,
521 el héroe volvió con los nobles brondingos,
522 al hermoso reducto en que gente tenía,
523 palacio y tesoros. ¡El hijo de Bastan
524 logró demostrar lo que ya aseguraba!
525 "Ahora sé que te espera fracaso mayor,
526 por muchas victorias que tengas ganadas
527 en fieros encuentros, si al alcance de Gréndel
528 de noche te quedas en la alta mansión".

La misma hazaña, según la versión de Beowulf.

529 Respondióle Beowulf, el hijo de Ekto:
530 " En verdad la cerveza, oh Únfer amigo,
531 te ha hecho decir muchas cosas de Breca,
532 alabarlo en exceso. Por mi parte mantengo
533 que yo realicé muy mayores hazañas,
534 que a nadie en el mar igualárseme pudo.
535 Siendo muy niños, con firme promesa
536 los dos acordamos —jóvenes éramos
537 ambos entonces— jugarnos las vidas
538 afuera en las aguas; así lo cumplimos.
539 "Nos echamos al mar empuñando con fuerza
540 desnudas espadas que bien de ballenas
541 guardarnos debían. Mas Breca en las olas
542 no supo sacarme ventaja ninguna,
543 era yo el que evitaba que atrás se quedara.
544 Cinco días así en las aguas nadamos;
545 nos pudo después separar la marea,
546 el furioso oleaje y la helada tormenta,
547 la lúgubre noche; el viento del norte
548 con rabia nos vino y las olas se alzaron.
549 Furiosas estaban las bestias del mar,
550 mas librábame de ellas mi cota de malla,
551 la muy resistente y a mano tejida:
552 el arnés de combate, con oro adornado,
553 mi pecho cubría. Un horrible enemigo
554 arrastróme hasta el fondo; firme en su garra
555 el feroz me tenía, mas quiso la suerte
556 que yo con mi espada a la bestia alcanzase,
557 con la punta del hierro. ¡Muerte a la fiera
558 la lucha le trajo a través de mi mano!
559 "Padecí de este modo el acoso constante
560 de seres malignos; con mi espada excelente
561 respuesta les di, como aquello exigía.
562 Mal consiguieron lograrse la dicha
563 de un rico banquete, de poder devorarme
564 gozando su fiesta en el fondo del mar;
565 muy al contrario, al alba en la playa
566 los monstruos yacían heridos por hierro,
567 muertos a espada, de modo que nunca
568 pudiesen volver a impedirle su avance
569 a la gente de mar. Brilló por el este
570 la enseña de Dios, se calmaron las aguas,
571 y así divisé de la costa las rocas
572 que el viento azotaba. ¡Protege la suerte
573 al varón animoso no urgido a morir!
574 Quiso el destino que a nueve alimañas
575 mi hierro matase. No sé que jamás
576 bajo el cielo se diera más dura batalla,
577 que nadie en las olas tal pena sufriese.
578 De las garras salí sin embargo con vida,
579 agotadas mis fuerzas: el mar me arrastró,
580 me llevó en su corriente, a la tierra que habita
581 la gente lapona. "De ti, sin embargo,
582 no sé que se cuenten tan altas proezas,
583 tan fieros combates. Ni Breca ni tú
584 jamás hasta ahora supisteis lograr
585 con brillantes espadas en choque de guerra
586 una hazaña igualable —no en vano me alabo—,
587 aunque tú sí mataste a tus propios hermanos,
588 cercanos parientes. ¡Al infierno por ello
589 te irás a sufrir por muy listo que seas!
590 "Yo te digo en verdad, oh hijo de Éklaf,
591 que poco quebranto el pérfido Gréndel
592 le habría causado a tu buen soberano,
593 poco daño en el Hérot, si fuera tan grande
594 tu arrojo y valor como afirmas tú mismo.
595 Pero él ha notado que no es peligroso
596 el enojo danés, la tormenta de espadas
597 que aquí le presentan los bravos skildingos;
598 vuestras vidas se cobra en forzado tributo,
599 a ninguno perdona, y mata y destruye
600 según le parece: no le tiene temor
601 a la gente danesa. ¡Yo he de mostrarle
602 en la lucha inminente el vigor de los gautas,
603 su fuerza y coraje! ¡Al hermoso palacio
604 quien quiera regrese sin miedo mañana,
605 cuando alumbre a los hombres la luz matinal,
606 cuando brille en el sur el sol reluciente!"

Mitos y Leyendas - Beowulf (I) La reina Walto.

607 Tuvo contento el canoso señor
608 dadivoso de anillos: con ayuda se supo
609 el heroico monarca, el egregio danés,
610 pues oyó de Beowulf el firme proyecto.
611 Rieron los hombres, alzóse en la sala
612 el gozoso alboroto. Walto avanzó,
613 la esposa de Ródgar. ¡Bien el uso sabía!
614 Saludó a los guerreros la dama enjoyada.
615 Primero la copa la noble señora
616 ofreciósela al rey de la gente danesa
617 deseando contento en el rico convite
618 al que todos amaban: complacido el monarca,
619 el valiente caudillo, la copa aceptó.
620 Por la sala fue luego la reina helminga
621 a todos llevando, a mozos y ancianos,
622 la copa adornada, y vino el momento
623 en que la alta señora, de anillos cubierta,
624 llegó ante Beowulf, Presentó sus saludos
625 al príncipe gauta y con sabias palabras
626 dio gracias a Dios por haberla atendido
627 enviando un guerrero que fin les pondría
628 a los torvos ataques. La copa tomó
629 el intrépido wedra de manos de Walto,
630 afanoso de lucha entonces habló.
631 Allá dijo Beowulf, el hijo de Ekto:
632 "Decidí firmemente al hacerme a la mar,
633 cuando al barco viajero subí con mis hombres,
634 bien terminar con el mal de tu pueblo
635 bien perecer y en las garras feroces
636 quedarme sin vida. ¡Yo sabré realizar
637 una hazaña gloriosa y, si es de otro modo,
638 en la rica morada la muerte hallaré!"
639 A la dama gustaron aquellas palabras,
640 el discurso del gauta. La noble señora
641 de nuevo su asiento ocupó junto al rey.
642 Otra vez se elevaron las voces gozosas
643 en la alta mansión, el alegre bullicio
644 de fiesta en palacio, y el momento llegó
645 en que el hijo de Halfdan pensó retirarse,
646 buscarse descanso. No ignoraba que el monstruo
647 de cierto vendría a luchar en la sala
648 tan pronto la luz se ocultase a los hombres,
649 cuando negras tinieblas la noche trajera
650 y en rápido avance las lúgubres sombras
651 cubriesen el mundo. Levantáronse todos.
652 De Beowulf despidióse el intrépido Ródgar.
653 Deseándole suerte, el mando en la estancia
654 después le entregó. De este modo le dijo:
655 "Jamás mi palacio he cedido a ninguno
656 desde el día lejano en que pudo mi brazo
657 elevar el escudo: el primero eres tú.
658 Guarda celoso la excelsa morada;
659 piensa en tu gloria, muestra tu fuerza
660 y espera al maligno. ¡Cuanto quieras tendrás,
661 si no pierdes la vida en la dura batalla!"
662 Ródgar entonces salió de la estancia,
663 marchó con su gente el señor de skildingos;
664 deseaba el monarca descanso con Walto,
665 dormir con la esposa. ¡Fue el Dios Celestial
666 —lo decían los hombres— quien puso en la sala
667 al guardián contra Gréndel! ¡Prestábale al rey
668 un valioso servicio esperando al gigante!
669 Confianza tenía el príncipe gauta
670 en su fuerza terrible, en el don del Señor.
671 La cota de hierro quitóse del pecho,
672 la entregó con su yelmo y la espada adornada,
673 su hierro excelente, a su buen escudero:
674 le mandó que cuidara sus armas de guerra.
675 Antes de echarse a dormir en su lecho
676 habló con bravura Beowulf el gauta:
677 "Yo no me tengo por poco animoso,
678 por menos osado o valiente que Gréndel;
679 por ello no quiero acabar con el monstruo
680 empuñando mi espada, aunque bien lo pudiera.
681 Él no sabe batirse, carece del arte
682 de hender un escudo, a pesar de que causa
683 tan malas matanzas. ¡Pelea esta noche
684 tendremos sin armas, si él por su parte
685 a tal cosa se atreve! ¡Que Dios Poderoso,
686 el Señor de los Cielos, le dé la victoria
687 a aquel de los dos que mejor le parezca!"
688 Acostóse después el famoso guerrero,
689 reclinó la cabeza; sus heroicos marinos
690 con él en la sala acomodo buscaron.
691 No esperaba ninguno salvarse en la lucha,
692 volver con su gente a la patria querida,
693 a la corte del rey en que antaño creció.
694 Bien todos sabían que muchos valientes
695 del pueblo danés en el rico palacio
696 la muerte encontraron. El Señor, sin embargo,
697 les fue favorable, su ayuda y apoyo
698 a los wedras les dio, y así consiguieron
699 vencer al maligno: con su fuerza y poder
700 uno de ellos lo hizo. La verdad se mostró:
701 que el Dios Poderoso siempre ha regido
702 a los seres humanos. En marcha se puso
703 el nocturno asesino. Dormían los bravos
704 que en la alta morada montaban la guardia;
705 uno sólo velaba. ¡Bien sabían los hombres
706 que el fiero enemigo a ninguno echaría
707 a las negras tinieblas, que Dios les guardaba!
708 Beowulf, vigilante, a la espera del monstruo,
709 ansiaba el combate con rabia terrible.

Gréndel llega al Hérot y devora a uno de los hombres de Beowulf.

710 Salió de su ciénaga, oculto en las sombras,
711 aquel que la ira de Dios arrastraba:
712 proyecto tenía el cruel malhechor
713 de atrapar a algún hombre en el alto palacio.
714 Caminó por la tierra, marchó a la morada,
715 de techo cubierto con láminas de oro
716 que bien conocía. Ya muchas veces
717 estuvo en la sala del ínclito Ródgar,
718 pero nunca hasta entonces, tampoco después,
719 en ella encontró tan valientes guerreros.
720 El horrible enemigo, el privado de goces,
721 llegó ante la estancia. Con sólo tocarla,
722 en la puerta rompió los forjados cerrojos:
723 ya podía el maligno —era grande su furia—
724 adentrarse en el Hérot. Rápido entonces
725 pisó el pavimento de hermosos colores,
726 con rabia avanzó: tenía en sus ojos
727 un brillo espantoso, igual que de fuego.
728 Vio en el palacio los muchos señores
729 que juntos dormían, la tropa excelente
730 de jóvenes héroes. Alegróse su pecho:
731 la pérfida fiera allá se dispuso
732 a arrancarles a todos antes del alba
733 la vida del cuerpo; pensaba gozar
734 de copioso festín. ¡Imposible le fue
735 devorar a ninguno del género humano
736 después de esa noche! Lo observaba animoso
737 el pariente de Híglak deseando saber
738 cómo iría a atacar con sus garras feroces.
739 Demorarse no quiso el dañino gigante:
740 veloz atrapó, como presa primera,
741 un guerrero dormido. Destrozó al indefenso,
742 en su carne mordió, bebióle su sangre,
743 voraz lo tragó; pronto del todo
744 lo tuvo engullido con manos y pies,
745 el cuerpo sin vida. Alargando la mano

Beowulf lucha con Gréndel, que huye herido de muerte tras haber perdido un brazo.

746 acercóse después al osado señor
747 que en su lecho yacía, palpó con su garra
748 al heroico Beowulf. Rápido entonces
749 alzóse el valiente dispuesto al ataque.
750 Allá de inmediato quedó convencido
751 el falaz criminal de que nunca en el mundo,
752 jamás en la tierra, con otro topó
753 que tan fuerte agarrara. Terror espantoso
754 le vino en su pecho: con súbita prisa
755 invadióle el deseo de huir al fangal
756 con los malos demonios. ¡Encontróse con algo
757 que nunca hasta entonces allá le ocurriera!
758 El pariente de Híglak pensó en las palabras
759 que dijo esa tarde: apretando con fuerza,
760 en la garra del ogro los dedos rompió.
761 El gigante tiraba, el varón no cedía;
762 el monstruo famoso trataba de huir,
763 procuraba escapar, si posible le fuera,
764 a su ciénaga oculta. ¡Su zarpa notaba
765 en el puño enemigo! ¡Mal en el Hérot
766 le fue en su visita al feroz malhechor!
767 Resonaba la estancia; gran miedo tenía
768 la gente danesa, los bravos señores
769 que el burgo habitaban. ¡Disputábanse ambos
770 con furia terrible el hermoso palacio!
771 Fue gran maravilla que firme la sala
772 aguantase el combate, que en pie resistiese
773 la excelsa morada; pero fuerte la hacían,
774 por dentro y por fuera, tirantes de hierro
775 muy bien trabajados. Abundante destrozo
776 causó entre los bancos que el oro adornaba
777 —así se refiere— la horrible pelea.
778 Nunca pensaron los sabios del pueblo
779 que nadie en el mundo pudiese dañar
780 de tan mala manera la rica mansión,
781 la adornada con cuernos, si no era prendida
782 y quemada en las llamas. Poderoso y extraño
783 se oía un rugido. Era mucho el espanto
784 de todos los hombres del pueblo danés
785 que afuera del muro escuchaban los gritos,
786 el lamento del ogro enemigo de Dios,
787 su canción de derrota, el quejido doliente
788 del ser infernal. Agarrábalo firme
789 el varón cuya fuerza ninguno igualaba
790 de todos los hombres que entonces vivían.
791 Decidido se hallaba el señor de guerreros
792 a hacer que muriese el voraz visitante;
793 no creía que a nadie trajera provecho
794 el que vivo quedase. En torno a Beowulf
795 sus bravos blandían las viejas espadas
796 queriendo salvar de peligro a su jefe,
797 al famoso señor, si posible les fuera.
798 Mas aquellos vasallos de recio coraje,
799 que por todos los lados poníanle acoso
800 al dañino enemigo, no hallaban la forma
801 de herirlo de muerte: al torvo proscrito
802 espada ninguna que hubiese en el mundo,
803 ni el hierro mejor, abatirlo podía,
804 pues él con su magia hechizaba las armas,
805 sus filos de guerra. El destino, no obstante,
806 ordenó que este día su fin le llegase
807 al feroz malhechor y por siempre se hundiera
808 en el reino infernal de los malos demonios.
809 Allá comprendió el que tantas desgracias
810 le había causado con gozo perverso
811 al género humano —oponíase a Dios—
812 que poco su cuerpo aguantarle podría;
813 por la mano atrapado teníalo el bravo,
814 el pariente de Híglak. ¡Cada uno del otro
815 la muerte buscaba! Dolor espantoso
816 el monstruo sintió: ahora en el hombro
817 un hueco mostraba; los tendones saltaron,
818 rompiósele el hueso. Fue de Beowulf
819 la gloriosa victoria. Herido de muerte
820 Gréndel huyó a su ciénaga oculta,
821 a su torva guarida; claramente veía
822 que al término ya de su vida llegaba,
823 al fin de sus días. El fiero combate
824 acabó con las penas del pueblo danés.
825 Salvó de este modo el de lejos llegado,
826 animoso y prudente, la sala de Ródgar,
827 la libró de enemigos. Satisfecho quedó
828 de su hazaña nocturna. El príncipe gauta
829 cumplió su promesa a la gente skildinga,
830 así terminando con todos los males
831 y horribles desgracias que antaño sufrieron,
832 las grandes injurias que mucho agobiaron
833 al pueblo danés. Como claro trofeo,
834 el varón victorioso la mano colgó 56
835 con el brazo y el hombro —completa se hallaba
836 la garra de Gréndel— de la alta techumbre.

Los daneses siguen el rastro de Gréndel. Durante el regreso un bardo canta el heroísmo de Sigmundo y la maldad de Hérmod.

837 Allá a la mañana —así lo escuché—
838 rodeaba al palacio un enorme gentío;
839 acudieron señores de lejos o cerca,
840 de todo lugar, para ver el portento,
841 las huellas del monstruo. Ni uno tan sólo
842 su muerte lloró de los muchos varones
843 que el rastro siguieron del poco glorioso;
844 con gran pesadumbre, vencido en la brega,
845 a su charca corrió, a morir condenado,
846 dejando tras sí un reguero de sangre.

Mitos y Leyendas - Beowulf (I) 847 Rojas hervían las aguas del lago,
848 revolvía y mezclaba el furioso oleaje
849 ardientes coágulos, sangre de guerra.
850 Allá agonizante se había arrojado;
851 murió en su fangal sin contento ninguno
852 y llevóse el infierno su espíritu impío.
853 Se pusieron en marcha los viejos guerreros
854 —los mozos también, en feliz comitiva—;
855 ya volvían del lago en sus vivos corceles
856 los nobles señores. Alabábase mucho
857 el valor de Beowulf; se afirmaba y decía
858 que en todas las tierras que abrazan los mares
859 no había un guerrero ni al norte ni al sur
860 bajo el arco del cielo que fuese mejor,
861 un varón con escudo más digno de un reino.
862 No por ello ofendióse al afable monarca,
863 al ínclito Ródgar: ¡era un rey excelente!
864 A ratos la tropa acordaba correr;
865 galopaba a porfía en sus bayos famosos
866 cuando era adecuado y hermoso el camino,
867 tenido por bueno. A veces un hombre,
868 un vasallo elocuente y de rica memoria,
869 que sabía muy bien incontables leyendas
870 de tiempos antiguos, componía un cantar
871 con su justo trabado. Hábil entonces
872 la hazaña gloriosa cantó de Beowulf
873 disponiendo la historia y cambiando palabras
874 con mucha soltura. Expuso en su canto
875 lo que él recordaba del hijo de Wels,
876 heroicas proezas que nunca se oían,
877 el largo viaje, los odios y luchas
878 del noble Sigmundo, cosas que nadie
879 llegó a conocer sino sólo Fitela,
880 que a éste su tío, el propio Sigmundo,
881 sí las contaba, pues juntos pasaron
882 muy grandes aprietos en muchos combates;
883 sus espadas hicieron terrible matanza
884 en la raza gigante. No poco renombre
885 le trajo a Sigmundo después de su muerte
886 el que fiero en la lucha abatiese al dragón,
887 al guardián del tesoro. El de alto linaje
888 a solas logró bajo el risco grisáceo
889 su hazaña famosa: no llevaba a Fitela.
890 El osado varón traspasó con su hierro
891 a la enorme serpiente y clavóse en la roca
892 la espada del bravo: el reptil pereció.
893 Así con su fuerza el de gran valentía
894 dueño se hizo y señor absoluto
895 del rico tesoro: cargó su navío,
896 llevóse a su barco las joyas brillantes
897 el hijo de Wels; el dragón se esfumó.
898 Él fue de los héroes el más renombrado
899 por toda la tierra —con fieras hazañas
900 ganóse su gloria el señor de guerreros—
901 luego que Hérmod su arrojo perdió, 63
902 su vida y coraje. A éste los jutos
903 le hicieron traición entregándolo pronto
904 a la gente enemiga. Muy largo pesar
905 afligido lo tuvo. Para todos sus nobles
906 y el pueblo se hizo una carga insufrible;
907 a menudo lloraban su torpe conducta
908 los sabios varones que un día creyeron
909 que él de sus males librarlos sabría,
910 que ansiaron que el príncipe el reino tuviera.
911 que heredara a su padre y mandase en su gente,
912 el tesoro, el palacio y los bravos guerreros,
913 la tierra skildinga. Al pariente de Híglak
914 mucho queríanlo todos los hombres;
915 no así con el otro al que el mal dominó.

Ródgar elogia el valor de Beowulf. Éste le refiere su lucha con Gréndel.

916 A ratos la tropa por bello camino
917 al galope corría. El sol en el cielo
918 muy pronto se alzó. Rápidos iban
919 los fieros varones al alto palacio
920 a ver el portento. El propio monarca,
921 señor de tesoros, dejando su lecho
922 también acudió de solemne manera
923 y con mucho cortejo; avanzaba con él,
924 a su lado, la reina con todas sus damas.
925 Ródgar habló —llegó ante la sala,
926 las gradas subía y vio que colgaba
927 del techo dorado la garra de Gréndel—:
928 " ¡Ya demos las gracias al Dios Poderoso
929 por esto que vemos! Injurias sufrí
930 y maldades de Gréndel, pero hace el Señor
931 un milagro tras otro, el Rey de la Gloria.
932 Hace aún poco tiempo pensaba que nunca,
933 jamás en mi vida, hallaría remedio
934 a mi dura desgracia. Roja tenía
935 y manchada de sangre mi sala excelente;
936 embargaba el dolor a mis buenos vasallos,
937 que ya no esperaban poder liberar
938 el reducto del pueblo de seres malignos,
939 demonios y monstruos. Ahora un valiente
940 al que Dios ayudaba ha sabido lograr
941 lo que antes nosotros con maña ninguna
942 jamás conseguimos. La mujer en el mundo
943 que tuvo en su seno a tan alto varón
944 bien puede decir, si con vida se ve,
945 que el Eterno Señor generoso con ella
946 mostróse en el parto. Desde ahora, oh Beowulf,
947 el mejor de los hombres, mi afecto te doy
48 y te tengo por hijo. ¡Respeta este vínculo
949 y guárdalo siempre! Nada en la tierra
950 te habrá de faltar de las cosas que tengo.
951 A menudo premié muy menores proezas,
952 di joyas a gente de menos valía,
953 en la lucha peores. Tú supiste lograr
954 con tu hazaña gloriosa que ya para siempre
955 tu fama perviva. ¡Sígate Dios
956 concediendo sus bienes igual que hasta ahora!"
957 Respondióle Beowulf, el hijo de Ekto:
958 "Animosos nosotros la lucha abordamos,
959 la heroica proeza; resistimos, valientes,
960 la fuerza del monstruo. Gozoso estaría
961 si hubieses podido observar al maligno
962 que muerto quedaba con todas sus armas.
963 Yo quería que pronto mi puño terrible
964 lo hundiera y atase en su lecho de muerte,
965 que allá le viniera agarrado en mi mano
966 mortal agonía, si no se escapaba.
967 Pues que Dios no lo quiso, no pude impedir
968 —aunque mucho apreté— que de mí se zafara
969 el cruel asesino: se me supo soltar
970 con arranque violento. Sin embargo la fiera,
971 al tratar de salvarse, la garra perdió,
972 el brazo y el hombro; provecho ninguno
973 el demonio infernal consiguióse con ello:
974 vivirá poco tiempo el feroz malhechor
975 que pecados agobian, lo tiene su herida
976 muy bien apresado en abrazo fatal,
977 con cadenas de muerte. Así ha de aguardar
978 el sangriento enemigo la dura sentencia
979 que el Dios luminoso le quiera imponer".
980 El hijo de Éklaf silencio guardaba,
981 dejó de alabar sus hazañas de guerra
982 después que los nobles, por obra del gauta,
983 en la alta techumbre vieron la mano,
984 los dedos del monstruo. Cada uno en su punta
985 una uña tenía igual que de acero;
986 tal era la zarpa, espantosa y cruel,
987 del horrible pagano. Afirmaban los hombres
988 que nunca una espada por dura que fuese
989 hubiera podido abatir a la fiera
990 o le hubiese cortado su garra maligna.

Continuará...
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Aurora Bitzine revista de fantasía y ciencia ficción a 1 de noviembre del 2008