Los jinetes de Babilonia avanzan con estrépito
Como el azote de las rapaces alas de Azrael
A las praderas del Sur y del Norte
Y las poderosas ciudades amuralladas de Israel.
Saquean a las gentes de las caravanas,
Llevan extraños botines a través de las arenas
Para adornar el trono del gran dios Baal.
Pero el rey de Babilonia es una concha vacía
Y la reina de Babilonia es un espectro del Infierno;
Y las gentes dirán, «Aquí cayó Babilonia,»
Antes que el Tiempo haya olvidado la historia.
Los jinetes de Babilonia vienen y van
Desde las estancias de Gaza a las costas de Tiro;
Sacuden el mundo desde las tierras de la nieve
A los desiertos, enrojecidos por el fuego del crepúsculo;
Sus caballos nadan en un mar de sangre
Y las tribus de la tierra se inclinan ante ellos;
Han encadenado los mares donde los cretenses navegan.
Pero el sol de Babilonia se sumergirá en sangre;
Sus torres se hundirán en un diluvio carmesí;
Y las gentes dirán, «Aquí estuvo Babilonia,»
Antes que el Tiempo haya olvidado la historia.
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