Noche de Halloween. Medianoche. Seis jóvenes se divertían haciendo botellón en el cementerio de Bulnes, un pequeño pueblo de Asturias, de tan sólo 23 habitantes. Era un pueblo mucho más siniestro de noche que de día. La única manera de salir y entrar de dicho pueblo, es a través de un funicular, que atraviesa toda la montaña.
A pesar de ser chicos y chicas de entre 17 y 19 años, ya mayorcitos, todos los años se disfrazaban.
Vampiros, hombres lobo, enfermeras psicópatas… eran sus favoritos. Éste año era el único en el que habían decidido no disfrazarse.
Los abuelos de uno de ellos eran los dueños de la casa rural “La Casa del Chiflón”. Por eso, al tener los cinco muchachos unos días libres, decidieron pasar la noche de Halloween y el día de todos los Santos en aquel pequeño pueblo, aunque Andrés odiaba aquel pueblo. Le daba demasiado miedo.
A pesar de estar bebiendo demasiado en el cementerio, nadie los escuchaba, no armaban ningún jaleo. El único ruido que había era el viento.
No había ninguna luz en el cementerio, excepto unas linternas que habían colocado cerca de ellos para poder ver algo.
- Mirad lo que he traído chicos – dijo Andrés.
- ¡Una Ouija! ¡Perfecto! – dijo Belén.
- Noche de Halloween… una Ouija… y un cementerio… -dijo Carla.
- ¡No hay mejor momento! – dijo Esther- Siempre y cuando no llamemos mucho la atención.
- Mis abuelos no se suelen quejar nunca… y menos de mí – dijo Andrés muy sonriente.
- ¿Conseguiremos contactar con alguien? – dijo Álex.
- Por supuesto – dijo su hermano Raúl- ¿Empezamos?
Todos asintieron a la vez. Se cogieron de la mano, se sentaron en círculo alrededor del tablero de Ouija y cerraron los ojos.
No era la primera vez que hacían esto. Todos los años, por Halloween lo hacían en la playa. Belén siempre era la que iniciaba las sesiones. Esta vez, fue su hermana Esther quién tuvo el placer de iniciar la sesión.
- ¡Espíritus! ¡Os reclamamos! Hoy es la noche perfecta para hablar con vosotros. Queremos haceros preguntas. También vosotros podéis preguntar. Si alguien responde a nuestra llamada, por favor, hacednos una señal.
Todo era silencio en el cementerio. Esther volvió a insistir.
- Por favor, si hay alguien ahí, dadnos una señal.
De pronto se oyó un fuerte ruido a sus espaldas. Todos gritaron de miedo, soltándose las manos y rompiendo así el círculo.
Raúl cogió una de las linternas y alumbró hacia donde oyeron el ruido. Había un gato junto a las palas y picos. Lo que había sonado era una pala cayéndose. Suspiraron todos aliviados.
- Lo tomaré como una señal – prosiguió Esther – Sigamos… ¡Espíritus! Vamos a comenzar con las preguntas.
Belén sacó del bolsillo de su abrigo un vaso de chupito, lo puso boca abajo encima del tablero y cada uno puso su dedo encima.
- ¿Hay alguien ahí?
El vaso no se movió ni un milímetro.
De repente, Raúl gritó. Todos soltaron el vaso y también gritaron.
- ¡Ahhhh! –gritó nuevamente Raúl- ¡Por favor! ¡Ayudadme! ¡Me pica la espalda y no me llegoooooooo!
- ¡Raúl! ¡Eres un idiota! –dijo Carla dándole una colleja - ¡Vaya susto!
- ¡Ay! Jolín, estabais tan serios… que mi cuerpo me lo pedía jejeje.
- Dejaos de tonterías – dijo Álex – Esther, sigue por favor.
- Gracias. ¡Espíritus! Por favor, queremos hablar con vosotros. ¿Hay alguien ahí?
Esta vez el vaso comenzó a moverse. Todos abrieron los ojos muy asombrados y siguieron los movimientos del vaso.
- S...I… Sí, vale, sigamos. ¿eres hombre o mujer?
El vaso volvió a moverse.
- H...O…M…B…R…E… Hombre. Vale. ¿Eres algún familiar nuestro?
Nuevamente, el vaso se movió.
- N…O… No. ¿Quieres preguntarnos algo?
- V…A…M…O…S…A…J…U…G…A…R… ¿Vamos a jugar? ¿A qué?
- M…U…E…R…T…E… ¿Muerte? ¿Vamos a matar animales? ¡Un sacrificio!
El vaso comenzó a moverse solo, ninguno de ellos tenía el dedo puesto. El espíritu parecía enfadado.
- ¡Dinos tu nombre! –gritó Esther.
- L…U…C…I…F…E…R…
- Chicos, creo que la hemos cagado… ¡Hemos despertado y enfadado a Lucifer! – gritó Raúl.
De pronto el vaso estalló en mil pedazos. Los chicos se asustaron mucho. Se pusieron en pie, abrazados unos a otros. Mirando a todas partes. Una espesa niebla se formó fuera del cementerio. Comenzó a hacer un frío insoportable. Cogieron todas las linternas y alumbraron todo el cementerio.
El suelo comenzó a temblar a sus pies. Las cruces de las tumbas se partían, una a una.
Poco a poco, los muertos volvían a la vida, saliendo de entre la tierra.
Los muchachos corrieron hacia la puerta del cementerio, pero antes de que pudieran llegar a ella, se cerró bruscamente.
Los chicos intentaron abrirla, pero no pudieron. Las chicas estaban abrazadas, mirando a los muertos.
- ¡Venga chicos! – dijo Carla - ¡Se están acercando!
Por fin consiguieron abrir la puerta y salieron al cementerio.
- ¡Cojámonos de las manos! ¡No os soltéis!
Atravesaron el paseo del cementerio a la Iglesia, pensando que allí habría alguien.
Todo estaba muy oscuro. Seguro que no había nadie, sobre todo por la hora que era.
- ¡Necesitamos ayuda! ¿¡Hay alguien!?
- Esperad – dijo Andrés – Saquemos las linternas, con ellas veremos mucho mejor.
Todos sacaron sus linternas y alumbraron al altar. No había nadie. Alumbraron a los bancos. Había por lo menos más de quince personas.
- ¡Por favor! ¡Necesitamos ayuda!
Álex y Raúl se acercaron a los que estaban sentados la derecha y Andrés a los de la izquierda.
- ¡Por favor!
De pronto todas las cabezas de las personas que allí había, se desprendieron de su cuerpo.
Los gritos de los muchachos se oirían, lo más probable, hasta los pueblos más cercanos.
No podían llorar más.
- ¡Abuelos! – gritó Andrés- ¡Mis abuelos! ¡La casa! ¡En casa hay teléfono!
Corrieron hacia la casa rural, agarrados todos de la mano sin soltarse. Atravesaron el pequeño puente que había para poder cruzar el riachuelo.
Tenían tanto miedo que Andrés, que iba el primero, tropezaba una y otra vez, haciendo tropezar a todos.
Una vez consiguieron entrar en la casa, las chicas buscaban un teléfono mientas Andrés, Álex y Raúl buscaban a los abuelos de Andrés.
- ¡Abuelos! ¡Dónde estáis!
Buscaron por toda la casa, pero no había rastro de sus abuelos. Era probable que ellos también estuviesen muertos.
Mientras tanto, las chicas seguían buscando el teléfono, que supuestamente debería estar en el salón, que hacía de recepción de la casa rural.
Estaba todo muy oscuro, las luces no dejaban de parpadear. Oyeron un ruido a sus espaldas y gritaron. Los chicos corrieron a ellas. Algo pasaba.
Bajaron corriendo las escaleras, pero Andrés tropezó con algo y cayó rodando escaleras abajo.
- ¡Andrés! – gritaron Raúl y Álex, corriendo a ayudarle.
Le tomaron el pulso. No lo encontraron. Raúl tocó la cabeza de Andrés y notó algo húmelo y pegajoso. Era sangre.
- ¡Está muerto! –gritó Raúl.
- ¡Déjalo! ¡No podemos hacer nada ya por él!
- ¡No podemos dejarlo aquí!
- ¡Raúl! ¡Está muerto! ¡No podemos ocuparnos ahora de enterrarle como es debido! ¡Primero debemos salvar nuestras vidas!
Agarró del brazo a Raúl y tiró de él hacia el comedor, donde estaban las chicas.
La aparición de Raúl y Álex las hizo gritar aún más fuerte a las chicas.
- Tranquilas, somos nosotros ¿Qué ha pasado?
Las chicas, llorando, corrieron a abrazarles.
- Oímos un fuerte golpe… Y nos asustamos…
- ¿Dónde está Andrés?
- Se cayó rodando por las escaleras…
- ¿Está bien?
- Está muerto.
- Nos quiere matar a todos… – dijo Carla.
- ¡Pues claro! ¡Nosotros le hemos despertado!
Volvió a sonar algo a sus espaldas. La luz seguía parpadeando.
- ¡Hay que salir de aquí! ¡Hay que ir al funicular!
- Raúl ¡Son las dos de la mañana! ¡Está cerrado!
- No aguantaremos hasta el amanecer…
- Chicos – dijo Álex – Antes me dijo Andrés dónde guardan sus abuelos una escopeta.
- Álex ¿cómo vamos a matar a un muerto con una escopeta?
- Ya sé que no podemos, pero al menos podremos apartarlos de nuestro camino. ¿Alguien me acompaña?
- Yo – dijo Esther.
- No os mováis de aquí, ahora venimos, seguid buscando el teléfono.
Esther y Álex bajaron en dirección al sótano, mientras el resto buscaba el teléfono en el salón.
- ¡Aquí está!
- Marca el 112 ¡corre!
- ¡No hay línea!
- ¡Comprueba el cable!
Raúl vio el cable. Estaba cortado por la mitad.
- ¡Está roto! ¡Alguien lo ha cortado!
- ¡Los móviles! ¡Usemos los móviles!
Sacaron de sus bolsillos los móviles. El de Belén se había quedado sin batería y los de Raúl y Carla no tenían cobertura, pero por suerte pudieron llamar al 112.
- ¿Hola? ¡Emergencias!
- <>
- ¡Los muertos nos atacan!
- <<¿Perdón? No le he entendido bien. Repita la emergencia por favor>>
- ¡Que los muertos nos atacan!
- <>
- ¿Qué te dicen? – dijo Carla.
- ¿Pues no me han dejado en espera?
- ¡Normal que te dejen en espera! No esperarás que nos pasen con los de Expediente X ¿no?
Raúl lanzó su móvil al suelo, rompiéndolo.
De pronto se oyó un disparo.
- ¡Álex! ¡Esther!
Corrieron hacia las escaleras, para bajar al sótano, pero Álex se adelantó. Subía con la escopeta en la mano y cubierto de sangre.
- ¿Qué ha pasado?
- ¿Dónde está Esther?
- Chicos… el arma estaba cargada… y se disparó, yo… ¡fue un accidente!
Belén lloraba desconsoladamente, abrazada a Carla.
- Es nuestro destino chicos, aceptémoslo – dijo Belén secándose las lágrimas.
- ¡Jamás!- gritó Raúl.
- Venga chicos, debe de haber una salida aparte del funicular, algún camino – dijo Álex.
- ¿No estaremos más seguros aquí?
- Tratándose de un demonio, ningún lugar es seguro.
En ese momento se oyó un fuerte trueno. Se había desatado una fortísima tormenta.
- Lo que faltaba…
- Chicos, separémonos – dijo Álex- Hay que encontrar el camino, no sé donde empieza.
- Vale – dijo Raúl – Yo iré con Carla y Belén contigo Álex.
- Vamos entonces.
Las dos parejas se separaron, pero no tardaron mucho en reencontrarse. A los pocos minutos se oyó un fuerte grito.
- ¡Belén! – gritaron Raúl y Carla a la vez.
Volvieron a entrar en la casa y buscaron por toda la casa de donde provenía el grito.
Encontraron a Álex con la cara llena de arañazos y sangrando.
- ¿Qué ha pasado?
- Algo atacó a Belén, intenté ayudarla, pero también me atacó a mí, me arañó la cara… lo siento pero no he podido hacer nada por ella…
- Sólo quedamos tres…
- Tenemos que salir de aquí, y rápido.
En ese momento el reloj del salón dio la hora, eran las 6 de la mañana.
- Las seis…
- Qué rápido ha pasado la noche…
- Sí, pero se hace eterna sólo de pensar que nos quieren matar y que no tenemos salida…
- Venga, dejémonos de cháchara y marchémonos de aquí.
Atravesaron nuevamente toda la cocina y el salón para poder salir a la calle.
- Parece que no hay nada ahí fuera.
- Excepto la tormenta… -dijo Carla asustada.
- Tranquila – dijo Raúl abrazándola- Yo te protegeré.
- Gracias.
- Venga chicos, un poco de agua no nos hará daño. Hay que salir de aquí.
- Chicos… - dijo Carla- Ya sé que no es el momento… pero necesito ir al baño…
Álex y Raúl se miraron.
- Mujeres… - dijeron a la vez.
Acompañaron a la chica al baño. La luz seguía parpadeando.
Cuando Carla salió del baño, oyó un grito. Se escondió nuevamente en el baño y a través de un resquicio de la puerta miró hacia donde estarían los chicos esperándola.
Se quedó paralizada ¡Álex le estaba cortando el cuello a su hermano! ¡Álex estaba poseído por Lucifer!
Quiso gritar, pero lo único que pudo hacer fue llorar.
Volvió a mirar por el hueco de la puerta, pero no vio a Álex, supuso que estaría llevando el cadáver de Raúl a algún sitio.
Aprovechó para salir corriendo.
Todo estaba tranquilo, excepto por la tormenta.
Carla corrió lo más silenciosa posible, pero su silencio se apagó con un grito.
Álex estaba frente a ella con varios cuchillos en la mano.
- Vaya, vaya – dijo Álex- Sólo quedas tú.
- ¿Qué has hecho? – dijo llorando- Has matado a todos los habitantes del pueblo, los abuelos de Andrés, tus amigos… ¡Tu hermano! Ahora no te puedo juzgar, sé que no eres tú. No eres el Álex que yo conocía.
- ¿Has terminado?
- S… sí…
- Bueno pues se acabó el hablar, ahora toca… ¡jugar!
Carla echó a correr, sabía que ese Álex poseído por Lucifer quería matarla.
Corrió todo lo que pudo, pero correr dentro de una casa no tiene ninguna ventaja, bueno, para Carla sí la tuvo.
Subió las escaleras hacia el piso de arriba y consiguió encerrarse en el baño echando el cerrojo.
Álex intentó derribar la puerta en varias ocasiones, pero sin éxito.
Carla pensó que aquel sería su fin, pero entonces, vio la ventana, se asomó y miró hacia abajo, habría más de cinco metros de altura, pero aquello no le importó, intentó salir por la ventana, pero cuando volvió a mirar hacia abajo, se encontró con Álex, que había sido más rápido que ella, y para su desgracia, llevaba la escopeta y la estaba apuntando.
Volvió a meterse dentro. Mientras Álex corría hacia la casa, a Carla le dio tiempo de cambiar su escondite. Se escondió en el salón.
Álex subió corriendo nuevamente al baño, pero allí ya no estaba Carla. Maldijo su suerte.
La buscó por todas las habitaciones y baños del piso de arriba, sin éxito.
Bajó a la cocina y al sótano. Allí tampoco estaba. Pensó si se había escapado, pero en la calle, con la tormenta tan fuerte que había, Carla jamás saldría. Temía las tormentas.
Sólo le quedaba el salón.
Dejó la escopeta en la mesa de la cocina y cogió un cuchillo.
Comenzó a buscarla en el salón, pero con la luz parpadeante no era fácil, pero tenía ayuda con los rayos, que iluminaban toda la estancia.
Carla, que llevaba de cuclillas un buen rato, tuvo que moverse, ya que comenzaba a sentir que se le dormían las piernas.
Aprovechó que Álex estaba aún lejos de su escondite y salió corriendo hacia la puerta de la calle.
Álex la vio y corrió tras ella, pero éste fue más rápido y consiguió alcanzarla. La agarró de las piernas y ambos cayeron al suelo.
Rodaron uno encima del otro. Álex consiguió herirla clavándola el cuchillo en el muslo. Se levantó y buscó la escopeta. Carla no podía aguantar el dolor.
Levantó la cabeza, con lágrimas en los ojos y vio un gran jarrón sobre una mesita. Se levantó como pudo, sangrando y cogió el jarrón.
Avanzó lenta y silenciosamente, se acercó a Álex y por la espalda le tiró el jarrón a la cabeza.
Álex cayó al suelo, inconsciente, con un reguero de sangre en la cabeza.
Carla aprovechó para escapar. Por suerte su móvil seguía con batería y pudo llamar a emergencias.
Ya era media mañana cuando por fin la guardia civil, emergencias y bomberos llegaron al pueblo. Tuvieron que sacar los cadáveres en helicópteros, incluyendo a Álex, que seguía inconsciente.
Tres meses más tarde. Cárcel de Cáceres. Álex García Blanco recibía una visita. Se quedó boquiabierto al ver quién era su visita.
- Vaya, vaya, Carla ¡Qué placer verte aquí!
- No tanto como el mío verte aquí enjaulado.
- Bueno, bueno, dime, ¿para qué has venido?
- Para hacerte unas preguntas.
- ¿Consigues dormir por la noche? Yo no.
- Soy yo la que hace las preguntas. Y sí, duermo perfectamente.
- Vale, tranquila, responderé a tus preguntas.
- Eso está mejor ¿Por qué tantos muertos?
- La cosa se me fue de las manos
- ¿Y tus amigos? ¿Y tu propio hermano?
- Raúl no era mi hermano, si no mi hermanastro. Y mis amigos… no podían quedar testigos.
- Me da igual. Era tu familia. ¿Y las tumbas y los temblores?
- Las tumbas fue gracias a unas cuerdas, la típica broma de Halloween, el resto, los muertos, temblores… todo fue nuestra imaginación, te recuerdo que íbamos bastante bebidos. Y bueno cuando estalló el vaso de chupito… supongo que sería por el frío que hacía…
- Es factible. Pero una broma demasiado pesada… ¿Cómo lo hiciste? Me refiero a como los mataste.
- Bueno… Andrés… tropezó con mi pie y cayó por las escaleras… Esther fue fácil, tenía una escopeta. Con Belén me costó un poco más… se dio cuenta de mis intenciones y se defendió.
- ¿Por eso tus heridas en la cara? ¿Te arañó?
- Si. Y bueno, Raúl… creo que lo viste desde muy cerca…
- Estás loco…
- ¿Quieres saber porqué lo hice?
- Sí, para eso he venido.
- Lo hice por ti.
- ¿Por mí?
- Sí, estoy enamorado de ti, siempre lo estuve, pero no podía aguantar que Raúl y tú estuvieseis juntos.
- Raúl y yo nunca estuvimos juntos.
- No hacía falta que mientas. Raúl me confesó lo que sentía por ti y tú le mirabas de una manera… se notaba que tú también estabas enamorada de él. Si no eras mía, no serías de nadie.
- Jamás lo intentaste Álex. Jamás me confesaste tus sentimientos.
- No me hizo falta, Raúl y tú erais algo más que amigos. Por eso le maté.
- Me alegro de que te vayas a pudrir aquí dentro – dijo Carla levantándose - Ah una cosa, estabas muy equivocado – se empezó a alejar de él – Estaba enamorada de ti.
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