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Acero y Magia: Amor Eterno
Soy Nu, Hijo de Nu
Por Andrés Díaz Sánchez

Acero y Magia - Amor Eterno Este libro contiene dos novelas cortas del célebre creador de las sagas de Tarzán o John Carter de Marte: El amante eterno y Amor primitivo. Ambas fueron publicadas en las revistas pulp All-Story Weekly, la primera el 7 de marzo de 1914 y la segunda en los números del 23 y el 30 de enero de 1914 y el 13 de febrero de 1915.

El argumento de ambas novelas gira alrededor del viaje en el tiempo de un troglodita, un guerrero de las cavernas de la Prehistoria terrestre, cuando los humanos habían dejado poco tiempo atrás su herencia simiesca y empezaban a tomar conciencia de su papel predominante en el planeta. En la primera de las novelas este guerrero, llamado “Nu, Hijo de Nu”, viaja hasta el presente del autor —principios del siglo XX—, y en la segunda le vemos retroceder en el tiempo, de vuelta a su época prehistórica. El motivo de tales vaivenes temporales es el amor que une a tal troglodita con una mujer del siglo XX, una reencarnación de una muchacha prehistórica, su amada del pasado remoto.
En la primera de las dos novelas cortas, El amante eterno, Nu se encuentra con la reencarnación de su amor en las selvas africanas, pues ella, la señorita Victoria Custer —nada que ver con el famoso general—, se encuentra de paso en la hacienda de Lord Greystoke, alter-ego civilizado del famoso Tarzán de los Monos. La señorita Victoria Custer —reencarnación de la belleza prehistórica llamada “Nat-Ul”— sufrirá serios percances en las selvas africanas, siempre plagadas de peligrosas fieras y más peligrosos aún hombres, y por último raptada por unos árabes que pretenden convertirla en su esclava. Nu, Hijo de Nu, será el héroe encargado de salvarla una y otra vez.

En la segunda historia, Amor primitivo, Nu vuelve atrás en el tiempo y retrocede a su mundo prehistórico, aún más salvaje y belicoso que las selvas africanas del lejano futuro, y de nuevo tendrá que salvar a su amada del momento, Nat-Ul, de los hombres lujuriosos que la raptan y de las fieras que pretenden comérsela.

Como se colige simplemente tras la lectura del argumento, nos encontramos con un libro de aventuras muy típico de Burroughs: hay una historia de amor entre dos protagonistas —el héroe fuerte y heroico y la mujer bella y dulce, aunque también orgullosa y valiente—, y la trama de aventuras se desarrolla a través de un laberinto de persecuciones y luchas sin tregua, a través de selvas, mares y montañas.

Este argumento da vueltas y vueltas sobre sí mismo, igual que en los libros de Tarzán, y por ello adolece del mismo error que podemos ver en las novelas del Hombre Mono: un alargamiento excesivo de ese buscarse-encontrarse-volverse-a-perder de los enamorados, a través de unas selvas que más bien parece un pueblecito en fiestas, abarrotado de gentes, donde buenos y malvados topan cada dos por tres.

También encontramos inconsistencias flagrantes desde un punto de vista científico, por ejemplo para explicar los viajes temporales al futuro. Estos se producen mediante terremotos y permiten a un hombre de la Prehistoria permanecer en animación suspendida durante 100.000 años para despertar de pronto en el futuro, sin siquiera una jaqueca. Con el retroceso en el tiempo es peor aún, pues tal proceso ni siquiera se explica, simplemente ocurre y la falta de verosimilitud sólo se atenúa mediante la sospecha de que todo sea una especie de sueño difuso, una trasmigración de almas. En este sentido, la novela forma parte de ese subgénero dentro de la Fantasía y la Aventura que algunos han dado en llamar “Memoria Racial”, cultivado también por Haggard o Howard: personajes del futuro —mejor dicho, del presente— reviven su lejano pasado y encuentran, una vez “vueltos” a ese futuro/presente, alguna prueba de que los hechos revividos no son sólo una fantasía, sino que de veras ocurrieron. Si bien este enfoque tiene algún tipo de verosimilitud dentro de la propia Fantasía, Burroughs ni siquiera se molesta en buscar algún proceso entendible para ese viaje en el tiempo, sea espiritual o físico: ocurre y no hay que darle más vueltas. De igual modo, John Carter aparece en Marte sin explicación alguna y uno debe aceptarlo igual que acepta las lentejas.

Por otra parte, y como en las novelas de Tarzán, las selvas de Burroughs, ya sean del siglo XX o de la lejana Prehistoria, están idealizadas y más bien parecen un submundo fantástico y no real. Olvidémonos del naturalismo, como dice Francisco Arellano en su introducción, de National Geographic y los documentales televisivos. En estos ambientes de naturaleza terrestre los leones siempre atacan a los hombres, los monos “hablan” entre sí —también con los hombres, a veces— y las ballenas se pelean unas contra otras y contra cualquier canoa que ose introducirse en su reino acuático. Tal vez en la época de los pulps originales no hubiera tanta información sobre la naturaleza como ahora y por tanto las fantásticas explicaciones sobre la vida natural de Burroughs “colaran” y fueran creídas por muchos. Pero en nuestra época actual los ambientes de Burroughs no son nada creíbles desde un punto de vista realista y forman, como ya se dijo, un mundo fantástico dentro del mundo real.

El estilo es tosco, aunque práctico. El romanticismo parece algo trasnochado y el maniqueísmo de algunos personajes resulta casi cómico.
Así pues, tras todo esto, alguien puede preguntarse: ¿tiene alguna justificación la lectura de Amor eterno? ¿Tiene justificación la lectura de en general cualquier obra de Edgar Rice Burroughs?
Sí la tiene. Y mucha.

Aún con todos sus defectos, Amor eterno, así como muchas otras obras del autor, son aventura en estado puro. Tienen acción y trepidación a raudales. Es un diamante en bruto en cuanto a entretenimiento. Engancha al lector. Le atrapa. Si uno decide echar a un lado el purismo, el intelectualismo, el snobismo de crítico literario y algunos otros “ismos”, se puede disfrutar muchísimo de las obras de Burroughs. Al menos, el que escribe esta reseña lo ha hecho y se lo ha pasado muy bien leyendo este librito.
Burroughs es a veces un tanto pesado sobre la nobleza del ser humano y recoge esa idea absurda del “buen salvaje” de Rousseau. Pero al mismo tiempo, y extrañamente, es capaz de presentarnos un tipo de héroe cruel y salvaje, libre de las trabas civilizadas, una bestia humana en estado puro. Vemos a Nu, Hijo de Nu, abrirle a mordiscos la garganta a un enemigo y arrancarle con los dientes la nuez, para luego gritar victorioso y ensangrentado ante el cadáver, en la apoteosis de la victoria y la fuerza, de la alegría amoral de matar a un enemigo. La lucha por la supervivencia, en sus estados más atávicos, primitivos e implacables, está bien descrita y es creíble. También lo es —en ese aspecto, que no en otros— la mentalidad práctica y brutal de los hombres de la Prehistoria —como es brutal y práctica, incompasiva con sus enemigos, la mentalidad de Tarzán de los Monos—. Vemos que el “Buen Salvaje” no es tan bueno, y eso reconforta porque lo hace creíble.

También brilla Burroughs en el apartado imaginativo, no tanto por los ambientes que recrea —son mucho más exóticos y fantásticos los de Marte o Venus, por ejemplo—, sino en la plasmación, una tras otra, de aventuras que se suceden sin descanso. La trepidación y la rapidez no dan tregua al lector y cuando éste cree llegado el reposo tras la batalla entre bestias y hombres, se embarca en otra vorágine aún más espectacular.
Ese sentido de la aventura, la aventura salvaje, fluida, incansable, que se alimenta de sí misma y que no se avergüenza de ser lo que es, ha hecho grande a Edgar Rice Burroughs a pesar de todos sus fallos. Ciertamente puede resultar un autor mediocre en algunos aspectos, aborrecible para los críticos y horrendo para los cerebros supremos de la aristocracia literaria. Pero para las legiones de aficionados que le han seguido y aún hoy le siguen, Burroughs es sinónimo de entretenimiento y escapismo, de diversión en estado puro.
Y eso, también eso, es literatura.

Título: Amor eterno
Autor: Edgar Rice Burroughs
Editorial: La Biblioteca del Laberinto. Colección: Delirio, Ciencia Ficción
Fecha de edición: Abril 2006

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Aurora Bitzine revista de fantasía y ciencia ficción a 1 de agosto del 2008