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Mitos y Leyendas: El Roble Sagrado
Según los hombres de antaño cada árbol del bosque tenía que seguir firme, ya que no podían estar seguros si era la casa de alguna dríada o ninfa del bosque cuya vida dependía de su floración.
Por Manuel Burón

Así ocurrió cuando la pobre Dríope, recogiendo flores para su hijo, vio correr la roja sangre; de repente se convirtió en árbol debido a la ira de una ninfa a la que sin querer hirió, y en vano intentó correr, ya que echó raíces en el suelo, sintió que su voz se debilitaba y siendo fueron sus últimas palabras la petición de que el niño jugase bajo la sombra de sus ramas. De otras muchas doncellas desventuradas se cuenta que sufrieron el mismo destino, como Dafne, que como laurel escapó a la persecución de Apolo; o como Filis de Tracia, desposada con Demofonte, hijo de Teseo, que cuando éste se retrasó en demasía se suicidó de desesperación y se trasformó en árbol, santificado por su poderoso amor.
Temerario fue el crimen y el castigo de Erisictón, que imprudentemente taló un enorme y venerado roble sagrado de Deméter, en honor de la cual las dríadas de pies ligeros bailaban alrededor de él cada noche. Un gigante era entre los árboles, elevándose sobre sus fieles; de sus anchas ramas colgaban guirnaldas como señal de gratitud a la diosa benefactora. Ese presuntuoso patán ordenó a sus sirvientes cortarlo y, cuando dudaron de miedo, él mismo cogió un hacha para dar el primer golpe, gritando: «¡Si fuese la misma diosa, su árbol se quedaría en la tierra!»
De la corteza monstruosa salió un profundo gemido como s sintiese el golpe; las hojas se tornaron pálidas; las ramas temblaron y gotearon sudor; la sangre fluyó del tronco por cada herida. Los horrorizados espectadores inútilmente intentaron que Erisictón tirase el hacha. Él golpeó de muerte al que sujetaba su mano y animaba a sus esclavos en su impía tarea, hasta que al final el roble sagrado cayó con el eco de un estruendo ahogado por la voz de la ninfa que vivía allí.

Mitos y Leyendas - El Roble Sagrado

Deméter se apresuró ante los lloros de las dríadas del bosque, la diosa no fue sorda a sus plegarias de venganza para el destructor. Envió a la ninfa Hambre de los desiertos helados del norte, y a esa figura flaca la encargó atormentar la vida de Erisictón. Ya que, cansado de su trabajoso día, estaba tumbado soñando con grandes banquetes, Hambre se cernió sobre él e insufló en sus partes vitales una locura de insaciable avidez.
Se despertó hambriento y cuanto más devoraba más hambriento se sentía., como si cada bocado añadiese aceite a la llama de su apetito. En vano se cubría su mesa con toda la fruta de la tierra, con la carne de todo animal que corría, y nunca podría tomar lo suficiente para calmar esa avidez que le atormentaba día y noche. Cuando tenía hambre, inútilmente se esforzaba por llenarse. Así las dríadas se vengaron, mientras que su querido árbol iba a alimentar los fuegos de la cocina, que no ardían con tanta rapidez como él devoraba.
«¡Más, más!», eran sus palabras, si alguna vez tenía que esperar un momento, ya que la comida no le dejaba hablar.
El hombre rico no tardó en convertirse en pobre. Tuvo que vender sus tierras, sus bienes, su casa, y todavía la glotonería se apoderaba de él como un buitre. Llegó el día en que no tenía nada más que su hija, que también vendió como esclava para comprar comida con el dinero que le dieran por ella. Y este recurso pudo prolongarlo gracias al favor de Poseidón, que le había otorgado el poder de transformarse en la figura que quisiera. Una vez en manos de su amo, ella podía escaparse en forma de un caballo, una vaca, un ciervo, un pájaro, y hacerla regresar a su hambriento padre para que la vendiera y otra vez hacer el mismo truco con otro comprador.
Pero al final sus trucos se agotaron, la historia no dice cómo, y el pobre hombre no tuvo otra cosa que devorarse a si mismo, consumiéndose en menos tiempo que le había llevado talar el roble sagrado. Así que él se echó a perder miserablemente, pero su nombre existe como un aviso para los hombres a quienes no les importan lo que quieran los dioses.

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Aurora Bitzine revista de fantasía y ciencia ficción a 1 de junio del 2007