Han pasado los meses de incertidumbre, de expectación apenas contenida mientras los nuevos trailers y fotografías iban apareciendo en la red. El momento de la verdad ha llegado y los 300 espartanos desfilan ante nuestros atónitos y expectantes ojos. ¿Habrá algo mejor que lo visto en los trailers?
Si, lo hay. Definitivamente lo hay.
La principal duda era si la estética tan especial y los efectos de cámara podrían llegar a saturar demasiado, pero no es el caso. Cada plano es una obra de arte sin renunciar al desarrollo de la acción. Una acción frenética por momentos, que pone la piel de gallina y dilata las pupilas de cualquier espectador que, con o sin palomitas, se enfrente a las exageradas hordas de Jerjes.
300 es un auténtico ejercicio de estética. Lo mejor de la tecnología al servicio de la adrenalina contemplativa. Hace tiempo que los directivos de las compañías cinematográficas descubrieron el filón que podría suponer explotar la capacidad imaginativa de los guionistas de cómic. Pero el traspasar géneros no siempre es sano. Zack Snyder ha conseguido una adaptación perfecta de uno de los cómics más emblemáticos de Frank Miller, por tanto es difícil hablar del filme sin tomar en consideración el original en papel.
Snyder introduce una nueva subtrama con sucesos que transcurren en la ciudad de Esparta y que tienen como protagonista a la esposa de Leónidas, la reina Gorgo. Estas escenas, que aparte de cortar el ritmo trepidante de la trama principal y no aportar nada que no sea algo más de metraje, es la parte que utiliza la productora para situarse en lo “políticamente correcto”, llenando la boca de todos con la palabra “libertad”. 300 no enfrenta una sociedad democrática, tal y como lo entendemos hoy en día, con una sociedad autoritaria. 300 enfrenta una sociedad austera, que desprecia lo superfluo, con una sociedad superficial, opulenta, en la que la que la riqueza se mide con las posesiones materiales y no con el valor intrínseco de las personas. Los persas están representados por unos seres excesivos y decadentes, mientras que los espartanos (que no los griegos) lo están por unos personajes que rayan la perfección.
Volviendo a la película en si misma. Podría pensarse que con tanto prodigio técnico, tanta pose y tanto despliegue físico los actores apenas tendrían protagonismo, pero no es así. Las actuaciones son magistrales. Las miradas expresivas y los gestos elocuentes. Sobran las palabras para expresar muchos de los sentimientos. No obstante hay algo de ridículo en algunas de las apariciones de Jerjes, algunos chascarrillos que no vienen a cuento. Quizás por culpa del doblaje o ya incorporados en el original, pero ni el personaje ni la obra en si, se merecen una idiotez tan grande como la de convertir al emperador en un vulgar drag queen de tres al cuarto.
Que nadie se lleve a engaño al entrar al cine. No es una película histórica y mucho menos realista. Resulta evidente que esta basada en uno de los episodios épicos más famosos y conmovedores de la historia de la humanidad, pero el desarrollo ha sido evolucionado casi hasta rayar el género de Espada y Brujería. Seres fantásticos y batallas increíbles.
Las batallas dilatarán las pupilas de la sala desde el momento que en que se produzca la primera carga. Una prodigiosa sucesión de planos rápidos y lentos hará disfrutar de unas peleas sangrientas, de desmembramientos y tajos por doquier.

Desde mi punto de vista, 300 pasará a convertirse en una película de culto para cierto sector del público, al igual que el cómic. Un experimento con éxito, que esperemos se quede en eso, ya que con casi toda seguridad el modelo no es exportable. Tal y como dijo alguien, parece esculpida en el más frío acero.

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