Suspendido sobre el lóbrego oeste un negro sol pende,
Y Titán ensombrece sin obstáculo el agonizante mundo.
El cegado negro océano tanteó—con sus rizados tentáculos,
Y se retorció y cayó en un esponjoso rocío y se ciñó,
Trepando por las escaleras de granito, peldaño a peldaño,
Que eran ocupadas por las tribus cuyos gritos de muerte gañían.
Sobre fuegos impíos rojas alas se desplegaron—
Grises cenizas fluyeron desde donde ellas se balancean.
Un demonio reclinado, la barbilla apoyada en un brutal puño,
Asiendo una esfera de cristal entre sus rodillas.
Su esquelética boca entre abierta y un glacial brillo en su ojo.
Estrelló el cristalino globo — una neblina de fuego
Enmascaró las oscuras tierras que se hundían bajo los mares—
Un tiznado sol colgó en el cielo sin estrellas.
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