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Relato Fantástico: Dioses: Azrael
Dioses, seres poderosos, inmortales, lo más bello que existe e inexistentes e inalcanzables para los hombres, pero, y si no fuera así. Que ocurriría si estuviéramos equivocados y esos seres inmortales fueran todo lo contrario a lo que pensamos, resultaran vengativos, monstruosos... La ilusión que nos envuelve desde el comienzo de los tiempos está a punto de ser desenmascarada..., ¿te atreves a continuar leyendo?
Por Lucía González Lavado

Relato Fantástico - Dioses: Azrael La gélida lluvia azotaba las calles de Nueva Orleáns. Entres sus callejones un desconocido deambulaba cabizbajo, sin protegerse de la lluvia, en realidad, olfateando como si de un animal se tratara, llegando a una zona apartada y sombría. Muchos sentimientos se enfrentaban en su interior; envidia, lujuria, odios..., había dado con el lugar perfecto. Allí encontraría su alimento, y bajo la lluvia que caía como puñales, se destapó. Hasta ahora, quienes se habían cruzado con él, creyeron encontrarse con un borracho que se bamboleaba de quien especialmente sobresalía su joroba, pero ahora mostraba su verdadero aspecto. Era un ser de más de dos metros que poco a poco se erigía estirando su cuerpo. Éste se encontraba lleno de protuberancias, los huesos se le marcaban y una viscosidad rojiza y mal oliente se deslizaba por él. Sus extremidades resultaban largas, en especial sus brazos que caían hasta la altura de las rodillas. Un gran cuello, como si fuera una serpiente, se movía de un lado a otro, girando sobre si misma su cabeza de forma abultada, demasiado pequeña para aquel cuerpo, pero nauseabunda y portadora de una gran boca llena de colmillos.
Este ser, que se hacía llamar Azrael, profirió un desgarrador grito a la vez que estiraba sus extremidades cuando fue interrumpido por un aullido de pavor.
El engendro, al mirar a su izquierda, se encontró con una joven. De la impresión, el paraguas que la cubría, se le había caído dejando sus rasgos al descubierto. Era bella, portadora de ojos grises y una larga melena negra que caía lacia sobre su espalda.
Durante un instante bestia y chica intercambiaron miradas. El gélido aire les atravesó, y la distancia se hizo aún mucho más larga, como si de un sueño se tratara, o así lo sentía Karen.
Azrael gruñó, más bien fue un gesto de burla, y su larga lengua se deslizó entre sus colmillos.
Entonces Karen reaccionó; aquello no era fruto de la pequeña fiesta que había organizado con sus amigos, era real, y tomó una decisión. Se enfiló hacia la bestia con paraguas en mano, el que le lanzó cuando le separaban unos centímetros y se escurrió por un costado. Durante ese segundo, ese pequeño roce con el engendro, extrañas sensaciones la embargaron; miedo, desolación, tristeza... percibía que era real y corrió intensamente.
Las calles estaban desiertas, nadie acudía a sus gritos de auxilio; únicamente escuchaba los jadeos de la bestia a su espalda hasta llegar a internarse en las cercanías del pantano. Allí le esperaba su método de huida, y también el de llegar a casa; una barca motora.
Sus tacones resonaban en el pequeño puerto y cuando llegó al final dio un salto y tiró con fuerza de la cuerda del motor. Éste ronroneo débilmente, Karen maldijo, e insistió hasta contemplar al engendro en el puerto. Caminaba hacia ella, despacio, saboreando el momento, haciéndola sufrir, hasta que al fin el motor rugió. Sin mirar atrás comenzó a manipularlo hasta que de repente se detuvo; no había desatado las riendas del puerto.
—¡Joder, joder! —maldijo Karen, y cuando extrajo un puñal con el que cortar la cuerda salió despedida de la embarcación. Azrael había saltado a ella provocando que su impulso lanzara a la chica al agua.
Karen buceó; pretendía alejarse de la barca cuando la garra se cerró sobre su pie y la sacó del agua. Quedó colgada boca abajo frente al monstruo y entonces profirió un cortante grito cuando la gran cabeza se enroscó alrededor de su garganta y sus colmillos se incrustaron en su garganta.

A Ethan le despertaron voces y un gran estruendo. Soñoliento se giró y miró las parpadeantes luces del reloj de su mesilla: eran las cinco de la madrugada.
Mal humorado se puso en pie y se encaminó al pasillo. Era un chico alto, delgado y desgarbado. Su cabello negro caía despuntado sobre su nuca y algunos mechones casi le ocultaban sus bonitos ojos grises, aquellos que compartía con su hermana gemela, Karen, razón por la que discutían sus padres; al parecer aún no había llegado.
Durante un instante permaneció sentado al final de la escalera esperando espabilarse, masajeando las sienes y con ello intentar calmar el palpitar de su cabeza. No había sido la tormenta ni los gritos de sus progenitores lo que le habían despertado, sino un chillido en su cabeza, el de Karen, y eso le preocupó, por lo que se dirigió a su habitación.
Todos decían que los gemelos compartían una gran conexión, algo que Ethan y Karen sabían, pero en ellos había algo especial, diferente, y era el don de ver algo más allá de lo existente. Muchos le llamaban muertos, otros espíritus. Ethan, simplemente aceptaba esa pesadilla en la que Karen y él se habían visto envueltos desde hacía un año, así de improviso, pero su hermana no. Eso le había llevado a hacer muchas locuras, a salir todas las noches, a beber, fumar, y sólo ella sabía que más. En ese estado no veía nada, Ethan lo sabía, pero un mal presentimiento le embargaba e iba en su busca. Cuando apoyó la pierna sobre la ventana la visión de Karen le empalideció. Estaba ante la entrada de la casa, con las ropas raidas, semidesnuda, llena de barro, fango, y la garganta llena de sangre.
A Ethan se le llenaron los ojos de lágrimas. Su hermana, esa era su hermana, y el que se le apareciera como tantos seres extraños no le gustó nada, y una vez en el suelo corrió al pantano y montó en la barca. El estruendo llamó la atención de sus padres, que lo llamaban desesperadamente, pero hizo caso omiso y fue derecho al lugar donde Karen se reunía con sus amigos.

Azrael lanzó la chica a la barca. Ella jadeaba, intentaba taponar la herida, y él se agachó donde recuperó el aspecto de un mísero humano. Muchos Dioses, como él, aquellos que aburridos de su existencia iban a al mundo terrenal, hablaban sobre los deseos de los humanos, aquellos que eran mucho más intensos que los suyos, y aquella chica, además de atraerle su latente poder, a su apariencia humana le atraía locamente. Se trasformó en un muchacho apuesto, de anchos hombros, mirada azulada y melena rubia que caía por los hombros.
Karen seguía forcejeando; no podía creer lo que estaba sucediendo, lo que sus ojos veían, y aquel instante más que nunca ansiaba que alguien le ayudaba, que eso don del que siempre había renegado sirviera de algo, pero no fue así. A pesar de todo el empeño que puso, ese monstruo con aspecto de muchacho, poseía una fuerza brutal; quedó aplastada bajo su cuerpo, sollozó cuando sus ropas fueron desgarradas y lanzó un fuerte grito con la primera envestida. Después todo se volvió negro; el dolor, la vergüenza, era superior a ella. La fuerza escapaba de su cuerpo, apenas sintió cuando el monstruo llegó al clímax, a pesar de la calidez de sus muslos, e inerte se quedó tumbada. Sentía como si ese engendro hubiera absorbido toda razón de vivir, su fuerza, y mientras él silbaba feliz y guiaba la embarcación, intentaba reponerse sin lograrlo. Pronto dejó de sentir movimiento, habían parado y él la tomaba en brazos.

Relato Fantástico - Dioses: Azrael —No—consiguió susurrar, en respuesta, recibió una carcajada.
A pesar de que su visión era borrosa advirtió que se encontraba en la cabaña que utilizaba para llegar a sus ligues, ¿cómo conocía ese monstruo aquel lugar?,¿Cómo sabía tanto de ella? ¡Qué era especial! No tenía respuesta, y cuando fue lanzada al suelo, desde donde contempló al muchacho recuperar el aspecto de monstruo, supo que nunca las obtendría. Lo último que vio antes de ser atacada por la bestia fue sus ojos, los cuales, durante un instante, efímeras líneas rojas cruzaron su mirada azul.

Ethan temblaba de rabia e impotencia. Estaba pálido, hacía mucho frío y la niebla crecía impidiéndolo ver, aunque la cabaña no tardó en manifestarse. Sin amarrar su embarcación saltó encontrándose con el cuerpo sin vida de su hermana. Mostraba desgarros, estaba semidesnuda, su rostro mostraba pánico. Era una imagen escalofriante.
Las piernas se le doblaron; quizá... quizá Karen aún tuviera vida por lo que tomó su móvil y llamó a urgencias.
—¿Cuál es su urgencia?
—Mi... mi... hermana.
—Tranquilícese, apenas le entiendo. Por favor, tome aire y dígame qué le ocurre.
—¡Mi hermana está herida!
—¿Dónde se encuentra? Díganos su dirección.
Pero Ethan no pudo responder. El llanto explotó en él; se hizo un ovillo en aquel lugar lleno de sangre. Pasados unos minutos las sirenas retumbaron y todo se llenó de silencio.

Los siguientes días fueron extraños, ocurrieron de manera lenta, y para Ethan todo fue odioso. Ansiaba aislarse del mundo, y en parte lo consiguió; hacía tres semanas del entierro de su hermana, 21 largos días que apenas había salido de su habitación, lugar donde estaba rodeada de objetos de Karen. Iba a encontrar a su asesino, pero necesitaba que ella le enviará algún mensaje, debía hacerlo. En cientos de ocasiones había recibido pensamientos de otras almas, sueños de gente muerta, ¿por qué no de Karen?,¿Por qué su hermana no quería que encontrara al asesino? Rabioso lanzó una foto de ambos contra la pared para volver a hacerse un ovillo donde el sueño se hizo con él.
Entonces distintos fragmentos se cruzaron en su mente; veía parte de la huida de su hermana, pero no su asesino. No quería ver más de su sufrimiento, y entonces fue a peor, dejó de verlo para vivirlo; su conexión con su gemela resultaba aterradora. Era como si viera a través de sus ojos, aunque parte estaba borroso, no veía al agresor, tan sólo sus ojos, los cuales quedaron grabados cuando fugaces líneas rojas ensombrecieron la vista. Entonces despertó bañado en sudor; no podía respirar y fue a la ventana a recuperar el aire. Allí quedó espantado.
—Ka... ren...
—Tienes que ayudarlas, Ethan. Hay algo muy superior tras mi asesinato, algo que irá a por ti, y éstas son sus futuras víctimas, aquellas que tú debes salvar.
Su hermana tenía el mismo aspecto que la última vez; estaba desgarrada, cubierta de sangre, y un tono azulado ensombrecía su piel, pero tras ella varias chicas compartían su misma masacre o incluso peor. Sólo reconoció a dos animadoras de su instituto, y a su vecina, Beth.
—Él está descubriendo un placer más antiguo que la humanidad, el deseo. En hombre disfruta más, y después nos mata, no sólo eso, Ethan, se hizo con mi alma, no estoy libre, sino atrapada en él.
—Esto no puede ser real, no es real. Eres un sueño.
Su hermana profirió un fuerte grito para postrarse sobre sus extremidades como si fuera un animal para empezar a trepar hasta parar a la altura de su hermano.
—No es un sueño, y está descubriendo nuestro vínculo, nuestra habilidad, de la que he renegado siempre, y ahora no sólo matará a muchas más dándoles una muerte violenta, la peor que una mujer pueda sentir, sino que seguirá asesinando a aquellos que desbordan sentimientos, que son más vulnerables—entonces hizo una pausa—. Irá al instituto, matará, y te está buscando. Quiere la fuerza que nos hace diferentes.
Entonces desapareció, todo se volvió oscuro y despertó. Había sido un sueño, aunque había parecido tan real, ¿en realidad Karen se habría puesto en contacto con él?
Mohíno se levantó. Estaba sudando, hacía demasiada calor, y abrió la ventana. La brisa del pantano le refrescó, disfrutó del cantar de las ranas, del cri, cri de los grillos. Tan sólo quería perderse en todo esos sonidos que le relajaban cuando un ruido le alarmó. Al mirar por encima de él contempló una bestia agazapada, de fuertes extremidades, llenos de protuberancias y la extraña viscosidad roja que lo cubría cayó sobre su mano quemándole como si fuera fuego.
El dolor le hizo apartarse de la ventana pero la bestia ya estaba allí, ante él, del cual se sentía hipnotizar por sus ojos, muy grandes, pero irremediablemente humanos, azules e intensos que en ocasiones ráfagas rojas las cruzaba. Su gran cuello se estiró quedando a unos metros su abultada cabeza.
Ethan no podía moverse, el horror le había paralizado y ni siquiera hizo nada cuando la lengua se deslizó por su garganta. Entonces uno de las protuberancias de su cabeza explotó; de la herida abierta iba saliendo una persona, aunque ligeramente deformada. Era una mujer, joven, aunque mitad de su cuerpo ya mostraba el mismo aspecto que el monstruo. Entonces la chica ladeó su cabeza, y en la mitad humana reconoció a su hermana.
—Ya te ha encontrado. Ten mucho cuidado.
Entonces esa parte que sobresalía de la cabeza de la bestia comenzó a golpear al monstruo; Azrael no dejaba de lamentarse porque Karen se revelara de esa forma y con un grito lastimero se lanzó contra la ventana haciéndola añicos.
Ethan jadeaba nervioso, quiso dar unos pasos, pero la negrura se hizo con él desplomándose en el suelo. Cuando despertó los rayos del amanecer se filtraban por la ventana. Durante unos segundos pensó que lo ocurrido habría sido otro sueño pero pronto sintió la quemazón de su mano y contempló los destrozos de la ventana. Nada de sueños, había sido eral y ahora la vida de muchas personas estaban en peligro, e incluso la suya pues un monstruo vagaba por la ciudad.
Una vez se cambió fue a la cocina donde encontró a sus padres, no hubo saludos. Su madre tenía la vista perdida en un programa basura de la televisión, mostraba un estado nefasto, mientras que su padre estaba concentrado en el periódico.
No les dijo nada; tomó una manzana y se marchó a clase. Pocos segundos más tarde llamaron a la puerta insistentemente hasta que Amanda desvió la atención del televisor.
—¿Está Ethan?
—No. Después de mucho tiempo se ha ido a clase, ¿quién eres? No te he visto nunca por aquí.
El joven sonrió, y sus ojos, azules, se ensombrecieron por líneas rojas. Azrael empujó a la mujer, cerrando la puerta tras de sí, y lo último que vio Amanda fue el brillo de la katana antes de que su cabeza rodara por el suelo.
—¿Qué demonios es todo ese ruido?—se escuchó desde la cocina.
Cuando el Dios fue allí, Charles, ni siquiera había apartado la mirada del periódico.
—¿Es que en esta casa uno no puede leer tranquilo? Como me gustaría estar en un lugar donde se respire tranquilidad.

Relato Fantástico - Dioses: Azrael —¡Que así sea!
A Charles no le dio tiempo de girarse; la katana de Azrael fue mucho más rápida, le atravesó la nuca por detrás, y después, tras limpiar la hoja, deambuló por la casa hasta detenerse en una vitrina llena de fotos. Los recuerdos de una supuesta familia feliz le repugnaron, pero se decantó en mirar fotos de los gemelos, hasta encontrar una casi escondida. Al tomarla, deparó en tres personas, Karen, Ethan y un chico mayor.
—¿Quién eres?, ¿Dónde estás?,¿Serás tan especial como tus hermanos?
Sonrió, hizo trizas el marco y guardó la foto para dirigirse al instituto. Sin duda, hoy, la ciudad sería conocedora de una gran carnicería.

Todos le miraban, ¿qué esperaba? Su hermana había sido brutalmente violada y asesinada, era normal que el tema hubiera sido comentado hasta la saciedad, se habrían inventados rumores, y ahora el hermano de la asesinada, aquel que la encontró, volvía al centro. De repente sus pensamientos fueron interrumpidos cuando alguien le abrazó por detrás e inevitablemente puso los ojos en blanco. Siempre reconocería los voluptuosos pechos que estaban aprisionados con su espalda, las pequeñas manos que acariciaban su pecho y la calidez que trasmitía. Era su mejor amiga, su vecina, aquella a quien veía como su hermana pequeña: Beth.
—Ya sabes que detesto que hagas eso. No me gusta que me avasalles por detrás y empieces a meterme mano.
—Que aburrido eres, Ethan. Sólo quería darte la bienvenida y ser cariñosa contigo, muchos tíos darían gracias por el trato que recibía.
Desde luego que tenía razón. Beth era una joven de dieciséis años, preciosa y llena de vitalidad. El uniforme del instituto le sentaba mejor que a muchas chicas, quizá, en parte, la culpa la tenía ella pues había subido su falda, azul y de pliegues, varios centímetros por las rodillas, a decir verdad tan sólo caía unos centímetros por debajo de la ingle. Tampoco llevaba la rebeca, sino la camisa blanca con varios botones desabrochados dejando al descubierto su escote y liso abdomen. Era bella, aunque sus rasgos resultaban inocentes, y su pelo era realmente precioso pues caía en bucles castaños hasta su cintura.
—Vas más destapada de lo normal, ¿no te parece?—preguntó mientras se encaminaban —. Todos los tíos te miran.
—Oh, estás celoso. Al fin he captado la atención de mi querido Ethan.
—¡Nada de eso! Para mí eres como mi hermana pequeña.
Beth se cruzó de brazos ante él y de improviso lo besó con ardor inundado su boca donde, durante un instante ambas lenguas juguetearon hasta que Ethan la apartó.
—¿Haría eso una hermana?
—Basta ya, Beth—gruñó—. Y hablando de hermanas, ¿qué se dice de Karen?, ¿Ha hecho muchas preguntas la policía?
—Hay rumores, cotilleos, y todos los chicos han sido entrevistados, pero ambos sabemos que se encontró ADN...
—Puedes decirlo claramente. El muy desgraciado se corrió dentro de mi hermana, y no puedo creer que a pesar de que tengan su ADN no hayan dado con él.
Un silencio incómodo reinó entre los amigos. Después de lo sucedido ayer noche no debería sorprenderle que no hubieran encontrado al asesino, pues ni siquiera era humano.
—Perdona Beth, no tienes la culpa, perdona mi enfado..., por cierto, ¿estás saliendo con alguien?
—¿Acaso te interesa? Ya sabes que únicamente pienso en ti y puedo mandar bien lejos a todos los pardillos que me acosan.
Ethan le lanzó una mirada seria.
—No—gruñó—. No estoy saliendo con nadie.
—Perfecto. Hoy no quieres que vayas sola a casa, ni que hagas caso a desconocidos, y si puedes ni que hables con chicos. Nos veremos esta tarde en clase de química, iremos juntos a casa. Ahora debo hablar con las animadoras—le dijo y echó a correr.
—¿Es eso lo que quieres?—preguntó gritando—. Unas tías que se abran de piernas a la perfección.
—¡Haz caso de lo que te he dicho!
Beth gruñó y entró en el instituto.
Cuando Ethan se detuvo ante las animadoras éstas le dirigieron largas miradas, y él pidió hablar a solas con Lana y Sarah, ¿por qué todas serían iguales? Era como encontrarse ante una colección de barbies vestidas de animadoras donde la única diferencia era el color del coletero con el que recogían su platino cabello.
—Sé que no somos amigos ni nada parecido, ni lo pretendo, sólo quiero saber una cosa, ¿estáis saliendo con alguien?
Las chicas lanzaron largas carcajadas e ignorándolo se encaminaron hacia la entrada hasta que Ethan las tomó del brazo obligándolas a tomarle atención.
—No me interesa salir con unas cabezas huecas preocupadas únicamente por su imagen, tan sólo encontrar al asesino de mi hermana. Podéis estar en peligro. Únicamente quiero saber si salís con alguien que haya llegado nuevo.
—¿Acaso piensas que la policía no sabe hacer su trabajo?—preguntó Lana con ironía—. Eso ya lo han investigado, hasta hay agentes de incógnito, aunque pierden el tiempo.
—¿Por qué?
—Tu hermana era una zorrilla que le gustaba jugar con el peligro—prosiguió Lana—. Se dice que se habría tirado a un psicópata, a un vagabundo o sólo Dios sabe qué.
—¡Mi hermana fue violada!
—A tú hermana le gustaba el sexo duro—rió Sarah.
Ethan admitió que perdía el tiempo por lo que las dejó atrás, aunque antes de entrar les miró por encima del hombro.
—¡Tened cuidado, puede que estéis en peligro!
La mañana fue estresante. No dejaba de mirar a los ojos a todo chico que se cruzara en su camino... hasta ahora nunca se había percatado de cuantos los tenían azules, pero a ninguno se les cambiaba con ráfagas rojas, por lo que se desanimó. Puede que Karen sé equivocada y esa noche volviera a encontrarse con el monstruo.
Estaba en clase de química, compartía asiento con uno de sus mejores amigos, el cual no le había dirigido la palabra. Intentaba centrarse en las palabras de profesor, mezclar los contenidos que iba diciendo, pero no podía evitar mirar a todos cuantos le rodeaban... sentía algo extraño y entonces lo vio. Durante un instante varios jóvenes le miraron. A pesar de ser más de cinco personas, todos tenían los ojos azules, los cuales, durante un instante fueron cruzados por ráfagas rojas. La impresión fue tan intensa que mezcló más sustancia de la debida provocando que el vaso explotara. Entonces el director entró en la sala.
—Ethan, acompáñame, por favor.

Relato Fantástico - Dioses: Azrael El chico no dijo nada, se envolvió la mano y todos los jóvenes de extraños ojos ni le miraron. Más tarde, junto al detective encargado del caso de su hermana, recibía la noticia de la muerte de sus padres.
—¡No puede ser!¡Estaban vivos cuando los dejé!,¿Qué les ha pasado?,¿Es... el mismo asesino que mató a mi hermana?
—No puedo hablarte de eso, y ahora debes responderme a algunas preguntas—añadió el detective, un hombre entrado en edad, con exceso de peso, y pelo y bigote canoso—. ¿Te fuiste solo de casa o con algún amigo?
—¿Acaso piensan que maté a mis padres?
—Chico, encontraste a tu hermana, tus padres han sido asesinados a una hora qué, o bien estabas en casa o acababas de salir. He de hacerte algunas preguntas.
La reunión resultó pesada y como un sueño para Ethan; respondía automáticamente a pesar de que nadie aclarara sus dudas, aunque pronto le fue desvelada la muerte de sus padres pues sus almas errantes aparecieron a su lado, decapitados.
Las preguntas siguieron hasta el atardecer y una vez en el pasillo recordó que debía cuidar a Beth y corrió a clase de química. El interrogatorio le había hecho olvidar lo visto en sus compañeros de clase; habría más de un monstruo o estarían embrujados por su poder.
Ya estaba más cerca de encontrarse con su compañera, tan sólo unos metros, giraría a la izquierda y la vería tan sonriente como siempre, pero no fue así. El cuerpo de su amiga salió disparado empotrándose contra la pared, de donde no se levantó.
Ethan no reaccionó; había estado a unos metros, y antes de girar, Beth había sido atacada. Como atraído por una fuerza invisible caminó hacia ella. Su cuerpo mostraba desgarros, su rostro lleno de miedo; sus muslos estaban cubiertos de sangre. Ni siquiera había podido salvar a su mejor amiga.
—Realmente deliciosa, aunque no tanto como tu hermana, con quien te reunirás muy pronto. Al fin nos encontramos, Ethan.
Éste, al girarse, se encontró con un muchacho aparentemente normal pero su cambio empezó y lo primero sus ojos, que fueron cubiertos por pinceladas rojizas. El cuerpo del adolescente dio paso al del engendro al que se había enfrentado. Resultaba nauseabundo, se le revolvía el estómago y su cuerpo, más bien sus protuberancias no dejaban de moverse hasta que dos de ellas se situaron en sus hombros y explosionaron lanzando pus. El chico lo evitó, y dio gracias a ello, porque ésta era más fuerte que la noche anterior; era ácido puro, y muchas paredes ya se estaban deshaciendo.
—Siglos atrás encontré dos gemelos que compartían el mismo poder del que gozabais tu gemela y tú. Fue en Japón, y venían de una milenaria estirpe de guerreros que hacían frente a demonios y poderosos enemigos—confesó a la vez que llevaba sus garras a sus hombros, a las protuberancias que habían explotado, donde asomaron dos katanas que extrajo de su cuerpo sin mostrar un ápice de dolor—. Aun así ni sus dones ni sus espadas hicieron nada contra mí. Los maté, los absorbí, y ahora ellos forman parte de mí y sus legendarias armas te harán sufrir antes de que tú alma forme parte de mí.
La bestia corrió hacia él pero Ethan se lanzó contra la ventana que quedaba a su espalda; había caído desde un segundo piso, tenía el brazo izquierdo dislocado pero a trompicones se puso en pie, aunque la impresión fue devastadora. Había caído en el patio trasero donde los chicos jugaban al rugby y las animadoras entrenaban. Éstas, de las cuales su muerte se había presenciado ante él, yacían en un charco de sangre, aunque lo más sorprendente fue deparar que no sólo un engendro le seguía, sino muchos más, aunque de menor tamaño, aquellos que habían matado a las animadoras y no tardaron en percatarse él.
Entonces empezó la huida; de un salto hizo pedazos otra ventana para volver a correr por los laberínticos pasillos del instituto esperando que eso distrajera a las bestias, pero no era así, le seguían por las paredes, corrían a su lado, sin en ningún momento atacarle hasta que una pared se hizo trizas y fue embestido por Azrael quedando aprisionado bajo su cuerpo. El Dios, durante un instante, recuperó su forma humana y con fuerza atacó con las dos katanas atravesando los hombros del chico quedándolo aprisionado.
—No te resistas, Ethan, sólo quiero tu sabrosa alma, tu poder... seré tan poderoso con ella, me darás vida y podré seguir deambulando por este mundo que estáis destruyendo. No te resistas, acabaré en un segundo.
La larga lengua del Dios emergió de su boca y el joven gritó cuando se introdujo en su oreja. Sentía que hurgaba dentro de él, era un dolor intenso, desagradable. Iba a morir, no podría liberar el alma de su hermana, ambos quedarían encerrados y se obligó a no rendirse. A pesar del dolor que acometía sus brazos movió su mano derecha con inercia, con la cual atravesó el ojo izquierdo de Azrael. Entonces extrañas visiones se cruzaron en su mente; no era de las muertes que había causado, sino del lugar donde había venido, del mundo de los Dioses, unos que al parecer se aburrían tanto que habían elegido la Tierra y los humanos para divertirse. En cambio no eran Todopoderosos que desprendieran belleza, gentileza, sino maldad, como si todo el mal existente estuviera concentrado en algunas bestias.
El lugar que veía resultaba oscuro, y triste, como una gran cueva llena de mazmorras donde monstruos, incluso más horrendos que Azrael, se inclinaban a su paso cuando pasaban ante él. Sin embargo dos más captaron su atención, aquellos que parecían ser su mano derecha e izquierda, ambos con apariencia humana. Apenas lograba verlos pero uno de ellos era una mujer bella e impresionante mientras que su compañero mostraba un aspecto andrajoso.
Los tres se reunieron en una de las mazmorras donde formaron un triángulo. Hablaron sobre que era el momento de escapar, el mundo estaba corrompido y eso les daría fuerzas para cruzar el portal. Las carcajadas de los tres fueron intensas y desagradables, para al instante cesar. Sus cantos crearon una especie de agujero negro, y el líder, Azrael la cruzó con tan mala fortuna de encontrarse poco después con Karen.
Ethan no quería ver más y extrajo el dedo. El Dios cayó hacia el suelo desfallecido, mientras que sus engendros, jóvenes poseídos, lo hicieron también volviendo a sus formas humanas.
Ethan, con mucho esfuerzo, se extrajo la katana que atravesaba su brazo izquierdo, y después la otra. Estaba furioso, quería acabar con aquel engendro, e intentó decapitarlo, pero esa piel era demasiado fuerte y los demás muchachos ya iban reponiéndose, por lo que debía seguir otro plan. Con arma en mano empezó a correr; sabía a donde se dirigía, a clase de química, donde una vez allí intentó recordar las lecciones de esa mañana, de los productos que mezcló y una mini explosión le quemó la mano. Sin saber si lo estaba haciendo bien o no esparció el producto químico por mesas, suelo, puertas, y cuando Azrael entró acompañado de los demás su mano temblaba con la solución que debía hacer explotar todo aquello. Se estaban acercando a él, y mientras lo hacían, caminaba hacia la ventana, su única salida.
—Nunca debiste enfrentarte a mí, nunca debiste haber matado a mi hermana, y ahora lo lamentarás, maldito engendro. Vuelve al lugar del que has escapado.
Unos segundos antes de saltar lanzó el segundo producto químico y hubo una gran explosión que lo lanzó lejos. A ciencia cierta no supo cuanto estuvo inconsciente, pero cuando volvió en sí las sirenas ya resonaban, parte del instituto ardía, no había ni rastro del monstruo, aunque una persona esperaba junto a él: era su hermana, aunque con el aspecto que él la recordaba y no llena de sangre.
—Muchas gracias, Ethan, nos ha ayudado a muchos.
—No, no lo he hecho. Nuestros padres han muerto, tú estás muertas,
—Has salvado vidas, recuérdalo, y nos has liberado a muchos, pero esto no ha acabado. Debes huir.
—¡No! No me importa nada, ni pudrirme en una cárcel. ¡Estoy solo!
—No lo estás. Jaydeen te espera, búscalo, él te ayudará. No te rindas, no dejes que mi muerte haya sido en vano. Estas criaturas volverán y tú sabes como enfrentarte a ellas. Pide ayuda a nuestro hermano mayor, por favor, no te rindas. Sé que el futuro te depara algo grande y que encontraras a alguien muy especial.
Ethan asintió, y durante varios días, y con la espada del guerrero japonés guardada, deambuló entre pantanos sabiendo que la policía estaría buscándolo. El tiempo trascurrió y su huida se hizo eternamente larga; estuvo desaparecido durante más de un mes hasta que decidió que era el momento de pedir ayuda a su hermano mayor. Sin embargo, aún debían buscarle por lo que preparó un plan de distracción.
De niños todo el mundo les confundía a él y a Karen. Siempre había sido un niño algo afeminado, escuálido, e incluso en la adolescencia tenía cierto aire de feminidad. Y ahora tras un mes de huída y con el pelo más largo, casi aparentaba su hermana, o al menos eso esperaba. Con la tarjeta de crédito de Karen compró varios billetes de tren, e incluso de avión, para finalmente pagar en efectivo su viaje en autobús. Supuso que todas esas compras despistarían a los detectives. Así pues empezó su huida, su viaje a Nueva York, donde escondido al final del autobús, no se percató de que sombras le seguían, y que su lucha sólo había empezado.

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Aurora Bitzine revista de fantasía y ciencia ficción a 1 de julio del 2008