Conan el Libertador, es, respecto al orden cronológico, la última novela (la décimo primera) de las que publicó Martinez Roca dentro de su colección Fantasy. Y sí, ya sé que MR sacó 12 novelas, pero la que queda, y que reseñaré más adelante, es la versión novelada de la película Conan el Destructor, con lo que no pertenece realmente al ciclo literario (es decir, al Conan de las novelas), sino más bien al del cine. Al igual que ocurre con las adaptaciones que hizo Marvel en viñetas de las dos películas del cimmerio, que no pueden integrase dentro de la cronología Marvel.
Lo primero que llama la atención de esta novela es la portada. Y no es por la magnífica ilustración de Ken Kelly, no, sino más bien porque tanto en cubierta como en el lomo se atribuye la autoría de este libro a Karl Edward Wagner, cosa totalmente errónea, ya que en realidad está escrito por los incombustibles L. Sprague de Camp y Lin Carter. No sé muy bien a qué se deberá este error, ya que en el interior sí que está bien especificado quiénes son los verdaderos escritores, pero me temo que alguien en MR se llevó, o se debería haber llevado, un buen tirón de orejas, porque es, como se dice popularmente, una cagada de cuidado.
Respecto a la historia, seguramente el aficionado al cimmerio la conoce más por su famosa adaptación a las viñetas. Esta ocupaba originalmente cuatro números de The Savage Sword of Conan (del 49 al 52), y en España fue publicada en el Super Conan número 1 (y pide una reedición a gritos). Efectivamente, se trata de la aventura donde Conan cambia su libertad por una corona, la que marca un antes y un después en su vida, pues a partir de esta historia se convertirá en el rey de Aquilonia, la más poderosa nación de su era. Y como ha pasado alguna otra vez, sobre todo con relatos menores del cimmerio, seguramente la adaptación a las viñetas supera a la novela. Y es que aquellos cómics eran una obra maestra: un inspirado guión de Roy Thomas (es curioso ver qué quitó y qué añadió a la historia original literaria), y el dibujo de John Buscema (lápiz) y Tony deZúñiga (tintas), ambos dando de lo mejorcito de su carrera. En resumen, un cómic memorable por méritos propios.
Eso no quiere decir que la novela sea mala, ni mucho menos. Viendo los autores, y sabiendo que fue el propio Sprague de Camp quien ordenó y sistematizó los relatos originales de Conan, añadiendo muchas cosas de su propia cosecha, es fácil ver que este libro sigue exactamente la misma tónica de las 12 novelas que formaron el primer ciclo de lo que hoy es el Conan literario. Perfectamente intercalado entre El Tesoro de Tránicos y El Fénix en la Espada, este volumen nos muestra al Conan de de Camp, que si no es el howardiano, al menos es al que, para bien o para mal, estamos acostumbrados. La historia en sí trata del avance del ejército rebelde hacia el interior de Aquilonia, pues el cimmerio dirige la rebelión contra el tirano rey loco Numedides y su brujo, Thulandra Thuu. De esta manera, las batallas son siempre en grupo, ejército contra ejército, y nunca bárbaro contra grupo de enemigos. Esto en sí no es malo, pero si es diferente a lo habitual, aunque hay que reconocer que los movimientos de los ejércitos y las distintas estrategias están bien llevados, y que la prosa es ágil y amena. De Camp y Carter consiguen hacer una historia entretenida y bien hilvanada, que mantiene el interés a lo largo de todo el libro. La magia, muy correcta, lejos de efectismos baratos y directamente sacada de la desarrollada en los escritos de Robert E. Howard (de hecho, Thulandra Thuu se teletransporta a la manera de los hechiceros de Yimsha, y amenaza a una mujer con aplicarle una tortura que el maestro del Círculo Negro infringe a Yasmina, donde le hace revivir todo el sufrimiento de sus vidas pasadas —ver El Pueblo del Círculo Negro, de Robert E. Howard—). Los secundarios, sacados directamente de relatos de Howard, como Gromel o Ascalante, que se confabularán poco después contra el monarca bárbaro —ver El Fénix en la Espada, de Robert E. Howard—. El final, ya sabido: Conan triunfa y se sienta en el trono de Aquilonia, marcando un punto y aparte en su vida. Supongo que si Howard hubiera vivido más, hubiera acabado escribiendo la historia de cómo el cimmerio se hizo con el trono, y quizás esa historia hubiera sido muy diferente. Pero un hecho tan importante en la vida del bárbaro tenía que ser contado, y si no lo hizo Howard, al menos lo hizo su principal seguidor literario, de Camp. Y no lo hizo mal si hoy por hoy, en la conciencia de todo fan, Conan se ganó el trono como es narrado en Conan el Libertador.
Por cierto, y a título personal: me ha decepcionado que la frase que le dirige Conan a Numedides mientras le estrangula (“Eres un perro rabioso… y sólo hay una manera de tratar a los perros rabiosos.”), una de mis favoritas del cimmerio, no salga en la novela. Es decir, que fue una invención de Roy Thomas. Me ha decepcionado en la novela, claro está, a la vez que me ha constatado un hecho que ya tenía claro: qué grande es Roy Thomas.
En resumen: una novela imprescindible dentro del ciclo del Conan literario. Quizás no tanto por cómo se cuenta que por lo que se cuenta, pero no decepcionará a ningún aficionado del cimmerio.
Título: Conan el libertador
Titulo original: Conan the liberator
Serie/colección: Serie Conan Inédito, Colección Fantasy nº 61
Autor: L. Sprague de Camp y Lin Carter
Portada: Ken Kelly
Traducción: Joan Josep Mussarra
Edición: Martínez Roca
ISBN: 84-270-2179-8
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