Acababa de despertarse. No tuvo tiempo de reaccionar.
Tenía los ojos vendados. Estaba atada.
Mujeres de risa enferma la rodeaban.
-¿Qué es? ¿Qué es? - Preguntaban.
Tenía algo en la boca.
Tenía un gusto horrible, a sangre, o... a algo muerto. Carne. Tenía hambre.
- ¿Qué es?
No pudo precisarlo pero lo tragó con ganas.
- ¿Qué es? ¿Qué es?
Poco a poco fue recobrando las sensaciones de su cuerpo.
Estaba dolorida, como si la hubieran golpeado antes de... lo que pasara.
El coro de risas de mujeres dementes comenzaba a atormentarla.
El dolor también.
- ¿Qué es? ¿Qué es?
Sentía el cuerpo dolorido, cada músculo, era difícil desperezarse por el inútil laberinto de su carne. Cada punto de su cuerpo dolía, el pecho que le gritaba costillas, astillas, el fuego de las sienes, el labio hinchado, los pies
- ¿Qué es?
maltratados, ni siquiera era posible adivinar cuál había sido el tormento, por qué no lo recordaba, qué había pasado.
Deseó que fuera un sueño.
- ¿Qué es?
Gritaban las mujeres mientras ella recogía en su boca, con avidez, el siguiente bocado. Sus brazos entumecidos, era difícil moverlos, sintiendo cómo la sangre volvía a circular entre las ataduras apretadas como torniquetes,
preguntarse y desear, desear estar lejos y que todo termine, como si fuera obvio que nada más podría pasar.
- ¿Qué es?
Los brazos apretados, los torniquetes que la inmovilizaban apenas permitían el más mínimo movimiento, la lenta circulación que apenas empezaba, y sus movimientos inútiles que parecían acrecentar el placer del coro de mujeres horribles de risas espantosas que arañaban su oscuridad
- ¿Qué es?
- ¿Qué es?
Se estremeció. Intentó gritar, pero un nuevo bocado se lo impidió. Demasiado hambrienta como para rechazarlo, esta vez sintió cómo la sangre bajaba por su garganta, remedio insuficiente para la sed que empezaba a consumirle el despertar.
- ¿Qué es? ¿Qué es?
Lentamente volvía a recobrar la movilidad en los brazos, y empezaba a pensar en la posibilidad de intentar desatarse, como pudiera, las risas seguían creciendo, cada vez más parecidas a alaridos;
Volvió a comer como un pichón hambriento, mientras trataba de pasar sus dedos entre las cuerdas...
entonces advirtió que era imposible.
que no iba a poder liberarse así.
- ¿Qué es?
Preguntaron, sabiendo qué era.
Ahora ella también lo sabía.
Entonces empezó a gritar.
Sus gritos se confundieron con las risas que en la distancia por fin, se confundieron con el silencio.
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