“Roma Eterna” es una ucronía que parte de una premisa tan interesante como ambiciosa: la pervivencia de la antigua Roma como dominadora del mundo entero, a través de los siglos.
En este libro, pues, se juega con la idea de que la Roma Imperial no hubiera caído ante las sucesivas invasiones bárbaras, tras el desmembramiento del Imperio en dos mitades, regidas por las ciudades de Roma y Constantinopla. Esta Roma ucrónica de Robert Silverberg habría contenido las sucesivas oleadas de invasores de Germania y de Oriente Próximo y por tanto ningún peligro externo le impediría seguir conquistando sin freno, ejecutando una política expansiva y agresiva fundamentada en su increíble potencia militar. No sólo habría evitado el peligro de los bárbaros, sino que a la larga superaría también el peligro de absorción de la mitad occidental por la oriental, regida por Constantinopla, consiguiendo, por fin y de nuevo, la unificación de ambos imperios en uno solo y con una sola capitalidad, la ciudad clásica de Roma, una urbe que crece también sin freno, abarrotada de arcos de triunfo, estatuas y monumentos dedicados a la riada de victorias que consigue a través de los siglos. En esta ucronía, Moisés no consiguió sacar al pueblo hebreo de Egipto, pues ni siquiera cruzaron el Mar Rojo. Por tanto, la religión judía no tuvo tierra donde desarrollarse ni adquirió la fuerza necesaria como para dar a luz a un mesías hereje: Jesucristo. El Cristianismo nunca existió. Tampoco existió la otra gran religión que pudiera haber hecho mella en Roma, al morir tempranamente Mahoma, pereciendo con él la semilla del Islam. Roma se habría expandido no solo por Europa y Asia, sino también por toda África y, cruzando el Atlántico, llegaría a las costas de América y a sangre y fuego conquistaría tanto las extensiones de lo que es hoy América del Norte, como los grandes imperios precolombinos de Centro y Suramérica. En realidad, “América” nunca existió como nombre para aquel continente, llamado “Nova Roma”. Como vemos, no parecen existir límites y los propios romanos están convencidos de haber sido elegidos por los dioses para liderar el mundo entero, bajo un solo gobierno y un solo Estado mundial.
Este periplo ucrónico termina en lo que serían los años setenta de nuestra era cristiana (el calendario del libro se rige por la fundación de Roma, es decir, el 753 antes de Cristo) y deja la puerta abierta para la carrera espacial, en la que se supone que Roma también llevará la batuta, para seguir su labor conquistadora en otros planetas.
Robert Silverberg ha encarado tan vasto proyecto de una manera efectiva y práctica. Cada capítulo es una historia “autoconclusiva” en sí misma, en una época diferente y con unos protagonistas diferentes, y narra un momento clave de la ucronía, uno de esos instantes en los que la historia que conocemos podría haber cambiado para dirigirse por otros derroteros. En este sentido, recuerda un tanto a las sucesivas “crisis históricas” de la primera trilogía de las Fundaciones de Asimov. Pero en el caso de “Roma Eterna” no se pretende arreglar en cada situación un entuerto, pues hay momentos trágicos para la propia Roma en los que a veces los hombres no parecen poder escapar al drama de los acontecimientos. No es un camino de rosas éste de la Roma ucrónica, sino un sendero afilado y pedregoso, con múltiples peligros y problemas en los que se suceden tanto fracasos y calamidades estrepitosas, protagonizadas por emperadores inútiles, como victorias espléndidas que propician, a la larga, la pervivencia del Imperio.
Silverberg destaca en el tratamiento de los personajes. En las sucesivas “microhistorias” de esta gran historia ucrónica, veremos generales y emperadores romanos de distintos jaeces, cónsules, embajadores e incluso simples ciudadanos sin peso político, pero espectadores valiosos en todo caso. También habrá enemigos de la propia Roma, conquistados y perdedores que proporcionan su punto de vista amargo y en cierto modo resignado ante un poder invencible. Se nos muestra un amplio catálogo de tipos humanos, con su dotación de grandezas, valentías, generosidades, inteligencia y decisión, pero también con lo peor de la raza: crueldad, estupidez, ambición desmedida y pura maldad. Toda la majestuosidad y la eficiencia de un sistema que unifica el mundo y evita las grandes guerras, trayendo una “pax romana” sin fin, no esconde la otra cara de la moneda, más oscura y sangrienta. Es tal vez un sistema eficaz, quizás el único posible para conseguir la unidad de los pueblos de la Tierra. Pero no es perfecto.
El estilo, el lenguaje y los otros aspectos técnicos de la narración son impecables. Silverberg no es un purista del estilo, pero mantiene un nivel de calidad bastante alto, dentro de los cánones de la Fantasía y de la literatura de evasión en general. También es un escritor en cierto modo pesimista, pues sus relatos de “Roma Eterna” suelen estar protagonizados por perdedores en esta vorágine de acontecimientos, o por ganadores que pagan un precio demasiado alto por su victoria.
También resulta intachable la obra de documentación, que presenta una Roma ucrónica absolutamente creíble, tanto en los grandes ámbitos como en los pequeños detalles.
Resulta extraño que, siendo un famoso escritor de Ciencia Ficción, Silverberg haya terminado su libro precisamente en nuestros años setenta (y por cierto con un final un tanto sencillote), cuando podría haberse explayado en una Roma que saliera de nuestro planeta y surcara las estrellas, dando lugar a un Imperio espacial que nada tendría que envidiar al de Star Wars, Trantor u otras sagas de “space-opera”. Sin embargo, no explota este potencial y por eso la novela queda un tanto “castrada”, al escatimarnos esa historia de una Roma invencible del Futuro. Esta magna obra, la ucronía sobre una Roma imperecedera, necesitaría una trilogía, o al menos otro libro más. Silverberg ha dejado las cosas a medias, aunque esta mitad tenga un nivel muy alto.
¿Acaso Robert Silverberg está escribiendo ya otro libro sobre la Roma Eterna, esta vez en el ámbito estelar? Esperemos que sea así. En todo caso, el tiempo y la historia lo dirán.
Título: Roma Eterna
Título Original: Roma Eterna
Serie: Ucronía
Autor: Robert Silverberg
Traducción: Emilio Mayorga
Portada: Alejandro Colucci
Edición: Ediciones Minotauro
ISBN: 84-450-7610-1
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