Esto es lo que te daré, Astair: un brazalete de helado oro,
Los dioses los arrancaron de la roca viva, y tallaron las gemas de una vasija de ámbar,
Y un sayo de púrpura de Tiro tejieron, y el vino de un pirata trajeron.
Reyes se arrodillaran a tus pies, Astair, emperadores besaran tu mano;
Muchachas cautivas bailaran para tu deleite, delgadas y erguidas como una llamativa lanza,
Que cimbrea y se inclina ante tu benigna mirada y se arrodilla a tu mínima orden.
Galeras surcarán mares carmesí buscando deleites para ti;
Con sedas y brillantes fuentes de plata te entretejeré un mundo que resplandecerá y parecerá
Una brillante niebla en un sueño arco iris, escarlata y blanco y azul.
¿O es la gloria que deseas, Astair, la del estrépito y el fuego de la batalla?
Los vientos romperán las velas de los bajeles y la Muerte cabalgará libre a la cola de mi caballo,
Todas las tribus sobre la tierra aullarán de terror con tu nombre.
Destrozaré los tronos del mundo, Astair, y los arrojaré a tus pies;
Fuego y estandartes y perdición volarán y mis carros de hierro rasgaran el cielo,
Torbellino sobre torbellino acumulados en lo alto, la muerte y la mortífera nevisca.
¿Por qué estas triste y silenciosa, Astair, consideras mis palabras como nada?
De esclava a reina te he elevado, y aun así miras con ojos cansados,
Y nunca la risa ha seguido al suspiro, desde que de tu tierra fuiste traída.
¿Añoras las menguadas manadas, Astair? ¿Por el blanquecino amanecer del desierto?
¿Por comida dura y basta de los hombres con ojos de halcón de las tribus, y los bronceados y firmes miembros que son fuertes y enjutos,
Y los nidos de águila y las guaridas del león y las tiendas de los israelitas?
Nunca he encadenado tus miembros, Astair, eres libre como el viento que se arremolina
Vete si lo deseas. Las puertas son anchas, pero menor que el tuyo es el orgullo de un imperio
Que las abiertas tierras donde los hombres de las tribus cabalgan, cortejando a una muchacha del desierto.
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