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Mitos y Leyendas: El Cortejo de Gerd
Frey hijo de Njord, el dios de los vientos y de los mares, y de Skadi, la hija giganta de las tormentas, Tjasse. Frey, que llegó al Asgard con su padre y con su hermana, era descendiente de los Vanir. Frey era el dios del buen tiempo y del Sol, cosas de un valor incalculable para los nórdicos, que pasaban gran parte del año entre tinieblas y con gélido frío. Debido a que por naturaleza le estaba otorgado ser un dios creador de vida, a Frey se le tenía una alta consideración. Por lo tanto, es normal que se le representara como un dios muy apuesto.
Por Manuel Burón

Mitos y Leyendas - El Cortejo de Gerd Tras la guerra ente los Aesir y los Vanir, a Frey se le concedió un sitio en el Gladsheim y se le entregó el control sobre el reino del Alfheim, la tierra de los duendes y de las hadas. Era un reino muy apropiado para el señor de la luz.
Además Frey poseía el arma más temida, con la excepción de Mjölnir, en todo el universo. Cuando fue aceptado en el Asgard los dioses le entregaron una espada que cuando se desenvainaba luchaba ella sola por su propia voluntad. La fiel montura de Frey era el jabalí de oro, Gullinbursti. En algunas ocasiones se sabe Frey viajaba en su maravilloso barco, Skidbladnir, que cuando no lo usaba se podía plegar y guardar en el bolsillo.
Un día en que Odín se encontraba en otro lugar, Frey subió al Hlidskiaf. Si se hubiera enterado de esto, el castigo por haberlo hecho habría sido rápido y duro; pero el “padre de todos los dioses” no se encontraba allí. Aprovechando esta circunstancia, Frey no dudó en sentarse en el asiento desde el que se veía todo. Un momento después estaba observando el Jotunheim, donde vio a una bella giganta que salía del castillo de su padre. Su nombre era Gerd, y a Frey le resultaba imposible apartar la vista de ella. Gerd estaba rodeada de un halo de hielo que magnificaba y aumentaba su belleza. Desde ese momento, Frey supo que tenía que poseer a la giganta; pero no sabía como cortejarla, puesto que una relación con una giganta estaría muy mal considerada en el Asgard.
El dolor que le producía su amor no correspondido empezó a apoderarse de él. Comía cada vez menos, y apenas probaba su aguamiel. Poco después, su padre, Mjord, tuvo un encuentro con Skirnir, el ayudante de Frey. Le preguntó qué era lo que preocupaba a su hijo, pues el tomaría las medidas oportunas para solucionarlo. Frey le había confesado a su fiel asistente su amor por Gerd y la frustración que sentía por el hecho de que no le estuviera permitido tener una relación con ella, tanto por parte de los Aesir como de los gigantes.
Entonces le llegó la inspiración a Frey. Le dijo a Skirnir que viajara al Jotunheim y le confesara a Gerd el amor que por ella sentía, y a cambio de ello Frey le ofreció a Skirnir todos los tesoros que estaban a su disposición. Skirnir estuvo de acuerdo en ir, pidiendo la espada de Frey como pago por sus servicios. También le pidió poder llevarse el caballo mágico de Frey, Blodughofi, que podía ver en la oscuridad y no tenía miedo al fuego.
Aunque la idea de deshacerse de su maravillosa espada hizo dudar a Frey, no pudo resistirse ante lo que Skirnir le estaba ofreciendo. Aceptó los términos de su amigo y por un momento le embargó la alegría al pensar en el maravilloso rostro de Gerd. Pero pronto volvió a caer en el desánimo, desplomándose en su trono y suspirando profundamente. Mientras tanto Skirnir, con la espada de Frey en la mano, se montó sobre Blodughofi y se encaminó hacia el Jotunheim.
Cabalgando a toda velocidad, Skirnir pronto llegó al castillo de Gymir. Cuanto más se acercaba, más alto oía los aullidos de los perros guardianes de Gymir, que no eran otra cosa que los mismos vientos del invierno. Arriba en la distancia vio el círculo de fuego que rodeaba el castillo, pero como Skirnir sabía que el corcel de Frey no tenía miedo del fuego, clavó espuelas en el lomo del caballo y se lanzó de cabeza contra la ardiente barrera.

Mitos y Leyendas - El Cortejo de Gerd Afortunadamente Skirnir llegó cuando Gymir estaba fuera cazando. El mensajero localizó sin dificultad a Gerd y le contó el gran amor que Frey sentía por ella. Gerd respondió con indiferencia. No quería tener nada que ver con un dios cuya tarea principal era el calentamiento de la tierra; al fin y al cabo, ella era una giganta del hielo y tenía que ser fiel a los suyos. Su rechazo fue tan tajante que Skirnir se puso furioso. Desenvainó la poderosa espada de Frey y amenazándola con ella, advirtió a la giganta de lo que ocurriría si continuaba negándose a aceptar el amor de alguien tan poderoso.
Sin embargo, la giganta siguió rechazando a Frey. Como último recurso, a ésta se le ocurrió sacar su propio bastón, que estaba cubierto de runas. Le dijo que con él tenía el poder para llega a convertirla en la persona más solitaria del universo. La amenazó con trasportarla a los confines del mundo, donde solo podría ver las puertas del Niflheim. Allí se haría tan vieja y tan horrible que ningún hombre, gigante o dios querría tener nada que ver con ella, excepto el gigante Hrimgrimnir, que vivía cerca del Niflheim. Hrimgrimnir era el más vil de todos los gigantes. Sus caricias eran como la misma muerte.
Tras oír la amenaza de Skirnir, y dándose cuenta de que en verdad tenía el poder para hacerla realidad, Gerd se percató de que no tenía otra opción que aceptar. Skirnir se puso muy contento después de oír la decisión de Gerd y se dispuso a regresar al Alfheim cuando ella lo detuvo. Le dijo que se encontraría con Frey en el bosque de Barri después de que pasaran nueve noches, afirmando que necesitaría todo ese tiempo para prepararse mentalmente para el cambio que su vida iba a experimentar. Después de que se encontraran en el bosque, ella aceptaría ser su esposa.
Cuando regresó Skirnir le contó a Frey las buenas noticias, sin embargo, a Frey no le parecieron tan buenas. Bramaba y gritaba desesperado, quejándose de que nueve noches le parecía un tiempo demasiado largo para satisfacer su deseo. Sin embargo no lo quedaba más remedio que resignarse y esperar. Transcurridos los nueve días acordados, los dos se encontraron en el bosque de Barri y consumaron su relación, tal y como Gerd le había prometido, haciendo que del bosque baldío brotara la vida al fundirse en uno la fría y gélida tierra con la cálida y vivificante luz del sol.

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Aurora Bitzine revista de fantasía y ciencia ficción a 1 de agosto del 2007