CAMISETAS AURORA AURORA BITZINE FANTASÍA Y CIENCIA FICCIÓN ¡Publica con nosotros, envíanos tus relatos!
Relato de Terror: El Final de mi Soledad
Ven hacia mí y permíteme que caminemos juntos en esta senda de oscuridad. No olvides que no hay más tiempo que aquel que nos toca vivir, ni más aire que aquel que respiras ni más vida que la que día a día se escapa de nuestras manos.
La sangre llama a la sangre y la tuya será mía muy pronto.
Por Eva Sanz Fernández

Relato de Terror - El Final de mi Soledad Y aquí, en el final de mis días, escribo la única y breve crónica de lo que ha sido mi vida, pues siento que voy perdiendo las ganas de seguir en esta eternidad que me asfixia. La sed de sangre que me alimentaba cada noche y me daba la energía suficiente para poder continuar también ha desaparecido. Hace tan sólo 72 horas me alimenté por última vez, y las pocas gotas de sangre que corren por mis venas me ayudan a empuñar esta vieja pluma que escribe mis recuerdos.
No sería extraño para vosotros si os dijera que tengo las características propias de un vampiro, puedo caminar de día aunque mi fortaleza se resiente, pero sin embargo no puedo convertirme en un animal con la misma facilidad con la que lo hacen los de esa especie, ese fue mi particular castigo el día que me convirtieron.
Comenzaremos con la noche de mi nacimiento. Era una noche cualquiera del mes de agosto, pero extrañamente se había convertido en una noche muy fría y lluviosa. Los pocos campesinos que vivían a nuestro alrededor se santiguaban a medida que volvían a sus hogares, la mayoría murmuraba en silencio viejas oraciones. La lluvia cae con fuerza y golpea la ventana de la habitación en la que se encuentra Minerva. Javier la acompaña, pues el parto se ha adelantado más de la cuenta debido a la bala que ha recibido en el estómago. El médico intenta salvarla, pero se acerca a ambos y les dice que hay que tomar una decisión: la vida de Minerva o la del bebé. Javier llora desconsolado, se echa las manos a la cara y dice que no es posible, que él no puede tomar esa determinación, pero ya es tarde, Minerva está decidida y le dice al médico que salve la vida de su bebé. Ella ya ha vivido lo suficiente y quiere que esa criatura comience una nueva vida. "Javier, prométeme que cuidarás de ella” – le dijo Minerva. Cogió a su bebé por primera y última vez en sus brazos, la besó en la frente y le dijo “vive y lucha, hija mía. Que el día de tu nacimiento no quede en el olvido”.

Relato de Terror - El Final de mi Soledad Así pasaron los siguientes años, bajo la custodia de mi padre y de Enrique, un viejo amigo de la familia al que yo fui tratando como si fuera mi tío, pues cada vez que volvía de un viaje y se hospedaba en casa yo le interrogaba con miles y miles de preguntas, con esa sed de sabiduría que siempre me caracterizó. En alguna ocasión le preguntaba el por qué de esa mirada cuando me contaba sus batallas y sus aventuras, pero jamás me contestaba, casi siempre redirigía la conversación hacia otros asuntos totalmente distintos.
Yo era por aquel entonces una persona normal, a pesar del nivel cultural que intentaban darme mis 2 tutores legales. Fui instruida en distintas artes, aunque mi padre insistía que aprendiera sobre ciencias ocultas, todo ello a espaldas de Enrique, y yo no sabía cuál era el motivo exacto.
En muchas ocasiones le preguntaba a mi padre por mi madre, y él siempre me recordaba la promesa que le hizo en su lecho de muerte “te prometo que cuidaré de ella”. Por desgracia él tampoco pudo cumplir esa promesa, pues una extraña enfermedad me lo arrebató para siempre, quedando exclusivamente bajo los cuidados de Enrique. El día de su entierro unas pocas palabras se escaparon de mi boca “Descansad en paz”.
Pasé el resto de años hasta la mayoría de edad bajo la tutela de Enrique, quien decidió llevarme lejos de las tierras que tan amargos recuerdos me traían y me llevó a vivir a un antiguo castillo que tenía en las afueras de Roma.
Noche tras noche, mientras cenábamos, Enrique me contaba infinidad de historias de todos los viajes que realizó a lo largo y ancho del mundo, pero en cada relato yo veía un brillo extraño en sus ojos que me fascinaba. Una noche tuve el atrevimiento de preguntarle por esa mirada en sus ojos, pero cambió bruscamente de tema, haciéndome prometer que jamás volvería a preguntarle por eso. ¿Qué ocultaba realmente? Más tarde lo comprendería, y de una manera muy cruel.
Contaba ya con 25 años cuando una noche decidí salir a ver una pequeña representación teatral que se daba en casa de una amiga con motivo de su cumpleaños, y al llegar a la casa le dije a Françoise (nuestro cochero) que se marchara a descansar, que ya buscaría a alguien que me acompañara a casa, pues hacía una buena noche para pasear el corto camino que separaba ambas haciendas, que no tenía de qué preocuparse, y así lo hizo, obedeciendo mis deseos.
A media noche me acercaba a la hacienda paseando tranquilamente en soledad y contemplando la luna llena y , cuando más embelesada estaba mirando su resplandor se acercó a mí Enrique. Me dijo que había venido por mí, que no se había quedado tranquilo cuando el cochero le había comentado mi orden, así que él mismo se había acercado a la casa de María a buscarme y acompañarme en el camino.

Relato de Terror - El Final de mi Soledad Llegamos a la hacienda, y nada más entrar en la casa escuché un fuerte golpe en la puerta. Me giré y entonces Enrique se abalanzó sobre mí, me sujetó fuertemente la cintura y tapándome la boca para que no gritara me dijo lo siguiente:
“Te he amado en secreto desde la primera vez que te vi en el entierro de tu padre. Estabas tan hermosa aquel día con ese pequeño trajecito negro, y con el velo que ocultaba tus ojos cubiertos de lágrimas que… no pude resistirlo más, y en ese mismo momento decidí que serías mía. Lo quieras o no, de esta noche no pasarás.
Una vez me preguntaste por el brillo de mis ojos. Bien, hoy obtendrás la respuesta que has buscado con tanto ímpetu. Sé que me has observado, intentando escudriñar mis pensamientos, pero yo he sido más listo y he sabido esconderte mi auténtica verdad: no soy quien tú has creído siempre, como tampoco tus padres han muerto como te hicieron creer. Tu madre decidió poner fin a su vida cuando supo lo que yo era, así como tú lo vas a descubrir ahora. Mi pequeña, mi amada, creí que siempre andaría solo por este camino de sombras y veo que no ha sido así, que mis deseos han sido escuchados” y dicho esto hundió sus dientes en mi carne. El dolor fue tan intenso que perdí el conocimiento por un espacio de tiempo que no sabría definir con exactitud, pero cuando desperté estaba en mi cama, con las manos atadas y con todo mi vestido lleno de sangre. Quise gritar, pero no podía, no tenía fuerzas. Giré la cabeza y encontré de nuevo a Enrique, que con sus ojos inyectados en sangre me preguntó: “Bien, ¿qué me dices? ¿Serás mi nueva compañera?” Mi cabeza solo pudo hacer un ligero movimiento consintiendo de esa manera, así que él terminó lo que había empezado, se hizo un ligero corte en la muñeca y me dio a beber de su sangre, convirtiéndome así en una más de su especie.
En los siglos posteriores me dejé guiar por él, aprendiendo infinidad de cosas: a cazar, a atraer a los humanos con el poder de la mente, aunque también perfeccioné mis conocimientos en artes oscuras con un único fin: ser la mejor y que Enrique se sintiera orgulloso de mí, aunque mi interior albergaba otro fin: que confiara en mí para poder vengar la muerte de mis padres.
Conocí a muchísima gente, y la mayoría le decían que se había quedado corto describiéndome, pues al parecer mi belleza superaba con creces sus palabras, y eso hacía que se sintiera mucho más contento él y más confiado, cosa que me favorecía enormemente, jamás se imaginaría por dónde le llegaría el verdadero enemigo.
Una buena mañana me encapriché y quise jugar al escondite con él. Acabábamos de mudarnos a un antiguo castillo en el norte de España, un lugar que no había visitado nunca pero que guardaba una magia especial para mí, ya que cada noche disfrutaba de ese bello paisaje dando largos paseos, sin importarme demasiado mi alimentación. El accedió a mis juegos, me decía en muchas ocasiones que me consentía demasiado, pero yo sabía por qué era, ya que deseaba mi cuerpo y yo aun me había resistido a eso. Me escondí en una de las habitaciones y sentía su voz, cómo me llamaba, hasta que noté que sus pasos bajaban hacia la bodega, y era justo lo que yo quería. Acababa de entrar en una de las pocas mazmorras que se conservaban en la zona cercana a la bodega, así que de un buen golpe le introduje y cerré la puerta con todos los cerrojos que existían.

Relato de Terror - El Final de mi Soledad “Pequeña, venga, déjame salir” – me decía Enrique
“Juguemos un poquitín más” – le insistía yo
Así pasaron varias horas hasta que comenzó a impacientarse y a gritar, me chillaba que le dejara salir, que se estaba empezando a agobiar por ese encierro, hasta que una sonrisa maliciosa se dibujó en mi rostro y, mirándole fijamente a los ojos, desaparecí de allí y tardé varios minutos en volver a la bodega, pero esta vez no iba de vacío, llevaba unos cuantos ladrillos y algo para hacer un poco de masa
“¿Qué vas a hacer con eso?” – me dijo
“Adivina, adivinanza. ¿Para qué se pueden usar ladrillos y masa?” – le pregunté, soltando una sonrisa maquiavélica – “todavía tienes valor de preguntarlo. ¿Creíste que alguna vez olvidé la muerte de mis padres? Pues te equivocas, aquí y ahora vengaré su muerte. Por si no te has dado cuenta la mazmorra no tiene ninguna salida posible y sus muros son lo bastante fuertes como para evitar derrumbarse. Voy a tapiar la puerta el tiempo suficiente para que puedas debilitarte o morir, eso sólo lo sabrá tu organismo”.
“No seas inconsciente, mi niña. ¿Por qué revolver el pasado?”
“Maldito y mil veces maldito. ¿Crees que acaso tuve opción la noche en que quisiste convertirme? ¿Crees que he olvidado todo aquello? Te equivocas. He vivido todos estos años aguardando el momento oportuno para poder ventar la muerte de mis padres, que el único pecado que cometieron fue el de aceptarte en nuestra familia, y así se lo pagaste, pero esto no quedará así, serán mis propias manos las que te maten definitivamente”, y diciendo esto terminé de cerrar la puerta, evitando así que pudiera convertirse y escapar de alguna manera de la mazmorra. Subí a mi habitación, cogí mis cosas y me marché una semana a visitar a María.
Fueron unos días muy agradables para mí, pues a su lado recordé antiguas travesuras, pero cuando llegaba la noche no podía evitar sentir la necesidad de abalanzarme sobre ella y morderle el cuello, pero no, yo no deseaba esa existencia para ella, así que pasada la semana de margen me marché, prometiéndole que volvería muy pronto y me quedaría para siempre a su lado, pero eso jamás sucedió.

Relato de Terror - El Final de mi Soledad Regresé al castillo y bajé a las mazmorras. Llamé a Enrique y me contestó con un susurro de voz, se encontraba muy débil y ya no era ninguna amenaza para mí. Quité los ladrillos que tapaban la entrada, abrí la puerta y allí me lo encontré, tirado en una esquina, con la cara muy demacrada por la cantidad de días que había pasado sin alimento. Intentó luchar conmigo, y justo cuando se iba a abalanzar sobre mí me eché a un lado, viendo cómo caía su cuerpo al suelo. Simple despojo, vaga imagen de lo que un día fue… Le agarré por el cuello y haciendo que su mirada se encontrara con la mía le di un beso en los labios. ¡Penoso! Sus labios sonreían creyendo que le perdonaba, pero, poniéndole a una distancia prudencial de mí le clavé una estaca en el corazón sin dejar de mirarle, que mi imagen fuera lo último que captara de esta vida inmortal. A los pocos minutos se convirtió en polvo bajo mis manos. Mi venganza estaba cumplida. Recogí las pocas pertenencias que sobre mí allí quedaban y me marché del castillo y de España, deseando olvidar para siempre todo lo que me había sucedido, pero fue imposible, el recuerdo de Enrique me siguió hasta hoy, que lo revivo para poner fin a mis días, y parece que fue ayer.
Pasó el tiempo y continuaba sola. Nadie fue capaz de soportar mi existencia, mi forma de vivir. El último recuerdo que me queda de un humano a mi lado fue el de Miguel, aquel muchacho díscolo, de pelo negro, sonrisa sincera y unos mirada tan profunda que cualquiera se asustaría con solo mirarle, pero yo no.
Me decía que se había enamorado de la palidez y suavidad de mi piel, de mi sonrisa cautivadora y misteriosa y de mis ojos verdes y de mirada angelical. Me decía “mi ángel”, qué lejos estaba yo de ser todo eso. Era un ser demasiado puro para que permaneciera a mi lado mucho tiempo. No pude retenerle, ya que fui incapaz de demostrarle lo que ellos llaman amo r, así que una noche llorando se marchó, diciéndome que no volvería a saber nada más de él, y así fue, hasta que una mañana se encontraron el cuerpo en su casa tirado en el suelo bajo un charco de sangre y con las venas cortadas.
Un extraño sentimiento de ira y destrucción se apoderó de mí en ese preciso instante, y ahí fue cuando me di cuenta de que verdaderamente amaba a Miguel.
Intentaba destruir todo lo que se interponía en mi camino hasta que en ese camino se cruzó una joven que se dirigía tranquilamente a su casa después de una buena juerga, pero nunca llegó, ya que murió en mis brazos, totalmente desangrada.
Me abalancé sobre ella, casi sin dejarle tiempo para salir corriendo, la cogí como si fuera una vulgar muñeca de trapo, ladee su cabeza para dejar al descubierto su cuello y me dispuse a clavarle mis colmillos. Puedo asegurar que percibía cómo los latidos de su corazón bombeaban con más fuerza la sangre de su interior. Su mirada reflejaba angustia, miedo, sé que intentaba gritar porque abría la boca, pero mis poderes ejercían tal influencia sobre ella que le era totalmente imposible. La miré a los ojos fijamente y le dije “tú y tu especia pagaréis muy cara mi tristeza. Esta noche te daré muerte y saciarás mi sed de sangre. Encomiéndate a tu Dios si es que tienes fe, porque yo seré el diablo que te arrebatará tu alma”, y dicho esto hundí mis colmillos, dejando que la sangre fluyera libremente hacia mi garganta.
Mi boca sentía cómo ese dulce líquido rojo corría por mis venas, pues jamás había probado un manjar tan exquisito, tan sublime. Saqué un pequeño frasco de un bolsillo interior de mi abrigo y lo llené de sangre, quería dejarme un pequeño resto para otro momento, deseaba volver a sentir lo mismo mientras bebía de nuevo su sangre.
Sacié mi sangre y mi venganza con ella, y cuando apenas le quedaba un pequeño aliento de vida dejé de beber y coloqué su rostro frente al mío, quería observar la muerte de un humano de nuevo. De pronto sus brazos se desplomaron, el Angel de la Muerte había venido en su busca, así que tan solo dejé caer su cuerpo bruscamente al suelo, como algo inservible, y procedí a continuar mi camino hacia ninguna parte. El golpe de su cuerpo contra el suelo me hizo estremecer, nunca supe por qué, hasta hoy.
Hoy conocí el motivo, ya que ella era una especie de ángel y yo fui su demonio, porque desde el mismo día en que le mordí mi sed de sangre se ha ido apagando poco a poco, y tengo claro que eso es lo que me matará definitivamente. Creo que con ella se acabó todo, que ya nada me queda por hacer en este mundo, salvo marcharme y dejar a mis generaciones el legado de alguien que cometió un gran error: matar a un ser inocente tan solo por apagar sus sentimientos.
Ya es hora de ir despidiéndome de todos vosotros. Ha sido un placer redactar en unas pocas páginas mi vida, confío en que os pueda servir de algo. Llegó la hora de partir, Minerva y Javier ya están aquí y me están esperando con los brazos abiertos. Ahora sé que podré abandonar con tranquilidad esta inmortalidad y descansar en paz, llegó mi momento. Papá, mamá, ahora sí estaremos juntos para siempre.

subir
Aurora Bitzine revista de fantasía y ciencia ficción a 1 de noviembre del 2007