Falume de España frenó su cabalgada cuando las carmesíes luces del ocaso cayeron
Para brindar con el fantasma de Bahram en la escarlata tierra del Infierno.
Las dentadas ruedas de sus espuelas chocaron tan rápido que entro con estruendo los ardientes cielos;
La puesta del Sol reflejada en los adornos de su brida y la Luna en sus ojos.
Las olas eran verdes y despedían brillos más allá de las colinas de Thule
Y las ondas golpeaban las pezuñas de su caballo como una serpiente en una charca
Con alas de vampiro las sombras giraron alrededor de su cabeza,
Hasta que al fin llegó a un reino inmenso en la Tierra de la Muerte Sin Descanso.
Una hueste le rodeó queriendo aplastarle horriblemente, aferrando sus plateadas riendas;
«¡Alejaos, hueste inmunda! ¡Decid al fantasma de Bahram que Falume ha llegado de España!»
Entonces la figura ataviada de llamas de Bahram surgió: « ¿Qué quieres de mí, Falume?»
«Oh, Bahram a quien sobre la tierra yo maté donde las aguas del Tajo retumban,
Ahora sin embargo apelo a tu vida de antaño en medio del ardiente Occidente,
He cabalgado hasta el Infierno para pedirte que me digas hacia donde debo ir para encontrar descanso.
Mi barba es blanca, y borrosa mi vista, y estoy listo para la partida.
Habla sin engaños: ¿Dónde esta la mística isla de Avalon?»
«Una legua más allá de viento del oeste, una milla más allá de la Luna,
Donde el tenebroso mar ruge sobre una desconocida orilla y las apartadas estrellas yacen ocultas:
Los capullos del loto perfuman allí los bosques donde los tranquilos ríos relucen,
Y rey y caballero en la mística luz de la eras dormitan y sueñan.»
Con un repentino salto Falume se giró, desapareciendo en medio de una etérea sacudida
Hasta que llegó a la tierra de España con el ocaso a sus espaldas.
«Los sueños no son para mí, sino vivir en libertad, el rojo vino y el rugido de la batalla;
Enfrentando a las tempestades y recorriendo las sendas hasta que no cabalgue más.»
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