La nueva serie del sello Vértigo de DC Comics, con guiones de Brian Wood y arte de Riccardo Burcielli, nos presenta una espeluznante realidad. Una guerra ha estallado en el corazón de los USA, siendo New York el epicentro del huracán. En medio de todas las hostilidades, Manhattan ha sido sellada con todos sus puentes cerrados, convirtiéndose en una tierra de nadie. Tal como resume el autor: "Everyday is 9/11".
Situación: con el grueso del Ejército y la Guardia Nacional embarcados en cuestionables ofensivas preventivas a lo largo y ancho del planeta, pequeños grupos internos antisistema de carácter paramilitar se unieron, tomando ciudades del Medio Oeste. Este movimiento anárquico de intenciones poco claras avanzó sin oposición hacia la costa Este, llegando a una New York defendida por tropas regulares del Ejército de los Estados Unidos. La Gran Manzana demostró ser un objetivo demasiado grande como para ser tomado por los radicales, pero también demasiado extenso como para poder ser defendido con éxito por los militares. Este status quo estratégico acabó por prolongarse hasta convertir Manhattan en la Zona Neutral de la contienda; una franja de tierra baldía, semi-evacuada y apenas protegida por un frágil armisticio, donde sólo quedan civiles empecinados en no abandonar sus hogares, mendigos sin rumbo, turbias bandas urbanas y mortíferos francotiradores.
Ningún civil del exterior puede acceder a la DMZ; nadie, cruzando los limites metropolitanos, conoce las duras condiciones del frente. Hasta que, durante la realización de un programa informativo propagandista para la cadena federal Liberty News Network, el equipo periodístico es atacado y masacrado por la milicia local. Sólo un joven fotógrafo recién incorporado sale con vida. Desorientado y perdido, tendrá que escoger entre tratar de salir de la isla o hacer el reportaje corresponsal de su vida, logrando contar la verdad desde primera línea de fuego a riesgo de su propio pellejo.
El guionista Brian Wood se afama en crear personajes creíbles e interesantes para ubicarlos en la espinosa situación de un país dividido, parábola para muchos de la situación actual del país, pero sin llegar a interesarse, en principio, por las tramas de luchas políticas o los pormenores del origen de las hostilidades. Le interesa más concentrarse en las historias pequeñas enmarcadas en este miserable conflicto armado, historias sobre la gente que subsiste en esa franja olvidada. En la Zona Desmilitarizada siguen malviviendo miles de personas, despojadas de una vida normal, así que nos encontramos con una lucha diaria para sobrevivir en un guetto donde los parámetros de la sociedad han retrocedido varios cientos de años. Cada bloque de viviendas es una fortaleza inexpugnable, cada calle un peligrosísimo desfiladero, cada grupo de supervivientes un potencial enemigo.
DMZ es la oportunidad de Wood de sacar adelante una colección regular para un sello importante (Vértigo dentro de DC Comics) participando en todos los procesos creativos de la misma. Entre los créditos figura como creador, guionista y portadista, ocupándose además de dibujar y entintar pequeñas escenas de 2-4 páginas en cada número.
Wood pretende impactar al lector (sobretodo norteamericano) haciéndole ver que la guerra puede, por primera vez desde hace siglos, azotar el corazón del territorio estadounidense. El conflicto armado que nos muestra es la hipotética consecuencia de continuar un par de décadas con la actual política gubernamental. Como reflejan sus propias palabras: “Tan cabreada como la gente está ahora con la guerra de Bush, imagínala si se abriesen varios frentes más a lo largo del globo, obligando a aumentar impuestos y recortar servicios para poder costearla. Imagina esta situación prolongada durante 15 o 20 años sin final a la vista. La gente haría algo”.
No obstante, este no es el eje de su obra. Convertir lugares familiares en “una mezcla de 1997: Rescate en New York y Nueva Orleans tras el Katrina” es una mera excusa para contar historias urbanas. Situarlas en una zona de guerra sólo amplifica su intensidad, emoción y acción. Aunque conscientemente ha tratado de huir del referente del 11-S, en las primeras páginas del primer número, el autor rinde homenaje a la tragedia: un graffiti reza contundente la frase “Todos los días son 11-S”. Toda una declaración de intenciones.
Pero quizás el reto más importante para Wood fue escribir sobre algo que nunca había vivido en sus carnes: “Empecé este proyecto hace años por mi cuenta, antes de comenzar a buscar una editorial que lo publicara. Durante ese tiempo leí docenas de libros escritos por reporteros de guerra o sobre ellos. Además, he estado viendo la guerra por televisión, y una cosa me vino a la mente que realmente me ayudó a construir este cómic. No sé nada acerca de la guerra. Nunca he estado en una, ni he pertenecido a un ejército… nada. No tengo parientes que vivos que hayan luchado en una guerra. Soy totalmente incapaz de escribir una honesta y sincera historia de guerra. Sólo sería un cliché. Pero una cosa para la que estoy preparado es para escribir acerca de ‘ver la guerra’. Con la Guerra Fría, la Primera y Segunda Guerras del Golfo y Afganistán, lo sé todo acerca de ver la guerra a través de las noticias. Esto es lo que hace mi protagonista, Matty: es un chico corriente que ve una guerra y habla sobre ella”.
A diferencia de la mayor parte de las obras de ficción que han abordado el tema de una nueva e hipotética guerra civil nacional, Wood toma la determinación de no introducirla mediante una imaginaria situación post-apocalíptica. Nos deja con la simple condición sin ecuanum un conflicto de estas características no puede germinar en un país prospero: la desigualdad social. Seamos francos, el enfrentamiento ideológico nunca ha sido capaz por sí mismo de impulsar a la población a las armas. No mientras que la economía y tecnología hayan permitido una clase media numerosa con sus necesidades básicas y sociales cubiertas.
Es ahí donde destaca la voluntad de Wood, que indaga en las causas y procesos plausibles que harían tambalearse su país, sin tener que recurrir a tan fácil y repetido (y cobarde) recurso como un holocausto nuclear o similar. Sabe cuan importante es para su historia crear un escenario verosímil, y lo añade con verdadera profundidad. Esto marca la diferencia entre inventarse una historia e inventar Historia (caso bastante más interesante).
Burchielli, artista totalmente desconocido para el mercado norteamericano, fue descubierto durante una feria de cómic en Nápoles y confiesa abiertamente la influencia en su obra de autores consagrados como Moebius o Juan Giménez. El arte de Burchielli es minucioso, sucio y detallista, en especial en lo referente a indumentaria, arquitectura, o vehículos. Aunque afirma que la parte más complicada no fue, como cabría pensar, el retrato de una ciudad que apenas conoce (tarea que realizó gracias a la gran cantidad de material gráfico que Wood le proporcionó), sino toda la imaginería militar de la serie. Ese grado de complejidad descriptiva es un apoyo fundamental a la hora de visualizar la ciudad devastada. El artista no conocía in situ lo que iba a dibujar y, rigiéndose exclusivamente mediante referentes fotográficos, se esforzó para que resultaran reconocibles. Cabe destacar el excelente color de Jeromy Cox, con una paleta de tonos que potencian el clima opresivo entre lo apocalíptico y lo ruinoso de la urbe en decadencia.
En USA la recepción ha sido más bien tibia: ventas medias y críticas favorables, pero sin conseguir despegar lo suficiente como para despuntar. La edición que publica Planeta DeAgostini es en tomo rústico de 128 páginas y recoge las cinco primeras entregas de esta serie que ya ha alcanzado el número 25 en su país de origen. Cuenta con un prólogo a cargo de Brian Azzarello y un texto final a cargo del mismo Brian Wood. Eso si, hubiera sido imprescindible incluir un mapa de Manhattan para poder seguir mejor los acontecimientos.
Resumiendo, DMZ es una estupenda serie, con guiones más que interesantes y un elaborado aspecto gráfico a tener muy en cuenta. Conserva un buen soplo de aire europeo y prescinde de todo elemento fantástico o artificioso para enmarcarse dentro de una suerte de relato periodístico puro y duro. Un cómic en absoluto para todos los públicos pero que cautivará a aquellos que busquen algo diferente, comprometido y consistente. Como diría el célebre reportero Robert Capa: “si tus fotos no son lo suficientemente buenas es que no te has acercado lo suficiente”.

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