A pesar de tu juventud llevas ya una trayectoria respetable, tanto en el fandom, como ahora en el ámbito profesional. Háblanos un poco de tu historia anterior a El Camino del Acero. ¿Cuándo comenzaste a escribir?
No recuerdo exactamente cuándo empecé a escribir, supongo que sería en 7º. U 8º. de la extinta E.G.B. Eran relatos muy cortos que no conservo y que giraban en torno al género de Terror, que era mi tipo de lecturas en aquellos momentos, junto a los comics de superhéroes. Algún tiempo después descubrí la Fantasía Heroica gracias a Robert Ervin Howard y ya sí me volqué en escribir, mientras me enriquecía leyendo no sólo Espada y Brujería o Género Fantástico, sino muchas otras cosas. En un principio no tenía una idea clara de hasta dónde quería llegar o cómo quería hacerlo y me limitaba a escribir relatos cortos épicos y fantásticos que después se han publicado en una gran cantidad de fanzines. Incluso ahora sigo publicando obras cortas en el circuito no profesional, tanto de papel como de Internet. También edité y co-edité mis propias revistas sin ánimo de lucro. Con el tiempo fui tomando conciencia de que quería dedicarme a la locura de escribir de manera profesional, que quería ganarme la vida con esto. Para ello intenté dar el salto hasta las editoriales y empecé a escribir novelas, pues resulta más difícil (aunque no imposible) publicar en ellas con obras cortas. Escribía y enviaba sin descanso y Timun Mas me dio la primera oportunidad, publicando “Los guerreros sin rostro” (2003). Fue el primer libro del mercenario Skarrion Gunthar, muy influenciado por los héroes de Robert Ervin Howard. El libro estaba compuesto de una novela que da título al volumen y cinco relatos que la complementan. En 2006 apareció el segundo libro de este personaje, “La Maza Sagrada”, una obra más larga, compuesta de una única novela en la que existe un mayor desarrollo del argumento y los personajes, manteniendo siempre ese espíritu propio de los libros de aventuras y Fantasía Heroica.
Y en 2006 también, ha aparecido “El camino del acero”, mi último libro.
La escritura puede llegar a ser una aventura fascinante. ¿Qué te impulsa a escribir? ¿Dónde encuentras la motivación para pasarte horas delante de un teclado?
Cada escritor es un mundo y todos tienen diferentes motivaciones a la hora de parir un libro. En mi caso, siempre he deseado transmitir al lector los gozos emocionales e intelectuales que mis autores favoritos suscitaron en mí. Uno “siente” que tiene una historia que contar y desea transmitirla al resto de la gente. El proceso de escribir es un trabajo que requiere cierto esfuerzo, pero la compensación de terminar tu obra y —sobre todo— despertar el interés de los lectores es un placer que compensa todo el tiempo invertido en hacerla. Así, una de las cosas que más me motiva son los comentarios positivos de los lectores, saber que durante unas horas les has hecho pasar un buen rato, que han compartido tus visiones y que les ha gustado. Que un lector te diga: “Tu libro me ha encantado. ¡Quiero más!”, es para mí la mayor recompensa. Los escritores son egocéntricos y se alimentan de este tipo de expresiones, ello te impulsa a seguir escribiendo y quieres llegar a más y más gente. Además, los lectores de Fantasía Heroica y aventura épica suelen ser muy fieles, emocionales y efusivos, y supone un gran placer para el escritor mantener el contacto (en realidad te ves como un aficionado igual que ellos, que lee libros parecidos e interviene en los mismos fanzines y foros). Su apoyo es una de las cosas que más anima e impulsa para seguir escribiendo
Casi la totalidad de tu obra esta enfocada en el género de la Espada y Brujería o la Fantasía Heroica, que no es estrictamente comercial ¿Qué encuentras en este genero que no te aporten los demás?
Antes decía que a uno le gusta el reconocimiento y el apoyo de los lectores, pero también escribe para sí mismo. Eso es lo más hermoso: escribir con cierta honradez aquello que deseas escribir y lograr que guste a un determinado sector del público, a poder ser lo más amplio posible. Porque si uno hace “trampa” y se amolda sólo a lo comercial, entonces se acaba la magia. Por tanto, el escritor tiene que escribir aquello en lo que se siente más cómodo, lo que le atrae y lo que le llena y le divierte. En definitiva, hay que ser personal y no comercial (la comercialidad es contraproducente a largo plazo, una opinión tal vez ingenua, pero que siempre he sostenido).
En mi caso siempre me han gustado los elementos épicos: luchas, acción, batallas, aventuras, trepidación… No tengo vergüenza en reconocerlo, pues lo considero tan legítimo como escribir sobre cualquier otra cosa. En un principio hacía primar lo épico sobre la historia, pero ahora procuro hacerlo al revés y doy más importancia a los personajes y la trama que a la parte “guerrera”. Sin embargo, siempre hay un fondo latente de dureza y epicidad, que explota en situaciones violentas o bien se percibe en el carácter de los personajes y las sociedades en que se mueven. Si a este aspecto “heroico” le añades el “fantástico” de crear tu propio mundo y hacerlo girar con cierta consistencia, tienes la Fantasía Heroica o Espada y Brujería.
He escrito sobre géneros como Ciencia Ficción o Terror y no descarto dedicarme a cualquier otra cosa que suscite mi interés. Pero hoy por hoy lo que más me gustan son los ambientes de Fantasía Heroica. Además, en ellos se pueden incluir elementos de otros géneros (horror, novela negra, romántica, etc.), pues un género nunca es estanco y se nutre de todos los demás.
También has cultivado el mundo del cómic ¿Qué puedes contarnos acerca de tus incursiones en ese terreno?
En mi época de fanzines hice varios guiones cortos de Fantasía Heroica y Carlos Jiménez Marín les dio forma gráfica. Salieron publicados en varias revistas no profesionales. Una de ellas fue “Sangre y Acero”. En 1999 obtuvimos el segundo premio en el Certamen de Comics Bárbaros de Planeta-De Agostini precisamente con una de esas historietas, “La mujer de las sombras”. Después volvimos a coincidir en el cómic autoconclusivo “El Espartano”, publicado por la editorial Aleta en 2004. Trataba sobre una historia épica con elementos fantásticos protagonizada, lógicamente, por un hoplita espartano. Me ha gustado mucho hacer guiones de cómic y no descarto volver a este medio, pero por el momento estoy concentrado en la literatura.
En tu obra se percibe el lejano eco de los clásicos de la fantasía y de la aventura. ¿Cuáles han sido los autores que mas han influido en tu forma de encarar tus obras?
Mis influencias principales vienen de los autores clásicos de aventuras y acción, como Howard, London, Haggard, Burroughs, Conan Doyle, Rosny y varios más que me dejo en el teclado. En cuanto al Fantástico, me gusta en especial la Fantasía Heroica o Espada y Brujería, con escritores como Leiber, Moorcock, Poul Anderson y en general las “vacas sagradas” del género. En su día leí mucho acerca del horror lovecraftiano y también me interesa la CF, tanto clásica como moderna: Heinlein, Asimov, Herbert, Vance... Un género que me encanta y al que siempre vuelvo es la novela negra, aquí habría una larga lista de autores que reseñar, por lo que me quedaré con los clásicos, como Chandler, Hammett, Ross McDonald o James Hadley Chase. Fundamental para documentarse y sentirse cómodo escribiendo Espada y Brujería es tener una buena base histórica. Me encanta la Historia, tanto ensayo (que leo como si fuera novela) como ficción. Esas son mis influencias principales, aunque leo otras cosas que escapan a esas catalogaciones. Uno debe ser curioso e inquisitivo, picar de todo aquello que le llama la atención y no restringir el interés a cuatro temas. De ese modo, tanto como lector y como escritor, te enriqueces mucho más.
Hablando de El Camino del Acero. Danos tu punto de vista acerca del libro.
En un principio mi intención fue hacer una novela de aventuras autoconclusiva al margen del universo de Skarrion Gunthar, en la cual hubiera mucha acción y viajes que llevaran al lector por diferentes escenarios (montañas, llanuras, ciudades, etc.). Quise ambientarla en una especie de Antigüedad Terrestre y me pareció interesante que el protagonista fuera alguien de nuestra época, para mostrar el choque de culturas entre nuestra sociedad progresista y un mundo salvaje y cruel. Por ello todo comienza cuando este protagonista agoniza en una cama de hospital y, tras cerrar los ojos, despierta ocupando el cuerpo de un poderoso conquistador, en un implacable mundo de aceros. Se verá envuelto en guerras, tramas políticas, romances y erotismo y muchos viajes. Con el tiempo irá cambiando su forma de ver las cosas para amoldarse a este nuevo mundo. Aparte de esta transformación del personaje principal hay un desarrollo de los secundarios, que he intentado hacer ricos y creíbles, nada maniqueístas, con defectos los “buenos” y virtudes los “malos”. En definitiva, intento hacerlos reales para que el lector pueda entenderlos y verlos no como seres tópicos, sino auténticos y nítidos. También hay personajes femeninos y tienen mucho peso en la obra. He tratado de huir también del tópico en ellos para dotarles de carácter y fuerza y las historias de amor que se narran no son las habituales, sino complejas, problemáticas, con momentos buenos pero también con aristas, como en el mundo real. He tratado de acercar al lector una visión del mundo que quizás le escandalice, pero que era la que debía imperar hace miles de años, en nuestro propio planeta. Quiero que la entienda y que incluso llegue a simpatizar con ella, dándose cuenta de la tremenda fuerza del entorno y la sociedad en el individuo.
En definitiva, es una obra épica de aventuras, pero también una obra más profunda y ambiciosa, más filosófica, si se me permite la expresión.
¿Por qué un mundo tan semejante a la Grecia clásica?
Porque me parece un entorno maravilloso. Tiene una estética propia que casa lo épico de las narraciones homéricas o las crónicas de las grandes batallas de Salamina, Termópilas o Maratón, con una brillantez cultural sin precedentes. Cabe decir que Grecia “parió” conceptos y vocablos científicos, psicológicos, médicos o sociales que aún hoy utilizamos. Los Juegos Olímpicos tienen su referente en Grecia y sistemas políticos como la democracia tomaron allí su concepción primigenia. En realidad, es una de las bases de toda nuestra cultura occidental y todavía hoy se estudia a Aristóteles o Platón y se lee a Homero. El cine continúa acudiendo a sus leyendas y el panteón mitológico griego aún nos encandila. La Filosofía fue creada en Grecia, como primer intento de escapar de cualquier visión mística o divina, para entender el universo desde un punto de vista racional, a la medida del hombre. La Grecia Antigua simboliza la libertad del hombre en sí mismo y para sí mismo, frente a un mundo exterior más tosco, atrasado y oscuro.
Me atraía mucho dar mi propia visión de este mundo de las polis griegas y es lo que he tratado de hacer en este libro.
Háblanos acerca del proceso creativo. ¿Cómo se forja una novela como El Camino del Acero? ¿Qué técnicas utilizas?
En primer lugar hay que planificarlo todo. Se coge cuaderno y bolígrafo y uno empieza llenar páginas de anotaciones, sinopsis, tramas, argumentos, esquemas y cualquier cosa que ayude a dar forma a la historia. Esto es fundamental. No se puede crear una novela compleja improvisándola sobre la marcha, hay que rumiarla una y otra vez. Incluso es bueno anotar cualquier cosa que se te ocurra, frases sueltas, bosquejos de personajes o situaciones... De esta manera estás ejercitando el “músculo creativo” y obligas a la mente a producir la materia prima sobre la que después trabajarás en el teclado. También debes planificar aspectos técnicos y formales como la sucesión de hechos temporales dentro de tu obra, tablas de tiempos, cronologías… y hacer mapas y diagramas sobre batallas o movimientos de los personajes en tu propia geografía. En definitiva, no se puede dejar nada al azar y hay que tenerlo todo muy claro antes de tocar una sola tecla del ordenador. Repito, esto es importantísimo y es un error en el que caen/hemos caído muchos escritores que empiezan: si no has planificado cada aspecto de la novela, cuando te pongas delante del ordenador llegará un momento en que te bloquees y pierdas tiempo mirando la pantalla, sin hacer nada. Te desmoralizarás, lo irás dejando una y otra vez y al final la novela se va al carajo. Si uno se estanca debe tener cerca el bolígrafo para volver a escribir el problema, proponer mil y una soluciones y dejar trabajar a la imaginación hasta que se consiga la idónea. Es mucho más rápido y práctico.
Sin embargo, no todo es tan rígido, pues una vez que has levantado el esqueleto del edificio en tu mente algunas cosas cambiarán. Los personajes tienen tendencia a actuar por sí mismos y te dan sorpresas. Pero eso son efectos secundarios y naturales. La planificación tiene que estar ya hecha cuando empieces a teclear.
En el estilo, trato de ser claro y directo. No soy un virtuoso de la palabra y lo que me interesa es narrar una historia que resulte entretenida para el lector. Eso no quita que a veces resulte más literario y descriptivo, pero por lo general me baso en la acción más que en la descripción. Mi objetivo es que el lector jamás se aburra y para ello intento darle al texto un ritmo de acontecimientos lo bastante rápido.
En “El camino del acero” he usado el narrador en primera persona en lugar del universal en tercera. Ello produce más cercanía al protagonista, pues todo lo ve y siente a través de él. El lector se vuelve más subjetivo y no le choca leer las opiniones que constantemente este narrador introduce. Estas opiniones serían chirriantes si las dijera un narrador universal —tendría que usar personajes para introducirlas—. Pero con el primero no hay problema.
Otro aspecto no habitual es el uso del presente como tiempo verbal de la novela. ECDA está escrita en presente en lugar del pasado, que suele ser lo habitual. Con el presente también se produce una inmediatez mayor, pues los hechos que uno lee están ocurriendo ahora, en este mismo momento, mientras el lector respira y mira la página. Aún no han acabado. Esto produce mayor frescura y cuando hay momentos intensos el efecto es más fuerte, como de “embestida”. Por ejemplo, no es lo mismo decir: “El guerrero le cortó un brazo y le hundió la espada en el pecho”, que “El guerrero le corta un brazo y le ensarta la espada en el pecho”.
En definitiva, quiero hacer un libro que jamás aburra, que se lea rápido porque entre bien. El lector no puede tener la mente ocupada en otra cosa que no sea el texto. Esto sería un fracaso. Odio los libros que aburren. El libro tiene que enganchar al lector, mantener su interés, obligarle a preguntarse qué pasará a continuación, una y otra vez. El libro tiene que “tirar” del lector, nunca al contrario.
En El Camino del Acero no aparece la magia y lo sobrenatural es poco frecuente. En La Maza Sagrada ocurre lo mismo. ¿Por qué no haces más hincapié en los elementos fantásticos?
El mundo de ECDA, así como el de Skarrion Gunthar, son inventados y eso ya de por sí es un hecho “fantástico”. Sin embargo, es cierto que no he introducido apenas magia y que lo sobrenatural no tiene un gran peso estético en la obra (es decir, no aparecen brujos, hechiceros, conjuros, etc.).
No me gusta que la magia sea un recurso fácil para resolver todo tipo de situaciones, una especie de “arreglalotodo” que uno se saca de la manga cuando le conviene. En muchos libros hay magos que son capaces de hacerlo casi todo, tan poderosos que te sorprende que no venzan al malo de turno en la primera página. Además, a veces no suelen explicarse las normas internas que rigen cada sistema mágico y por tanto su plausibilidad queda a la piedad del lector, que decide si “se cree” lo que ocurre o bien si lo desprecia como algo irreal, incluso dentro del universo en que transcurre la historia. La magia tiene que tener un punto de encanto y misterio, pero también ha de guardar cierta coherencia interna y respetar sus propias leyes, que deben parecerle sólidas al lector. Si no puedo crear un buen sistema mágico que se amolde a la historia, prefiero no incluir nada de estos elementos. Es decir, la magia sirve a la historia y no al contrario. Si para hacer una historia interesante no hace falta magia, ¿para qué incluirla de manera gratuita? Además, si la magia se vuelve algo tan cotidiano como un móvil o una tostadora, pierde su encanto. Por ello no es bueno saturar una obra de magia, de nuevo hay que decir que es mejor meter muy poca o no meter nada. Para ECDA no era necesario incluir magia “al uso”. El elemento sobrenatural está personificado sobre todo en El Vigilante y todo lo que le rodea, y esto sí es fundamental para el desarrollo y comprensión de la obra.
Los Guerreros sin Rostro tenía una ambientación “árabe”, La Maza Sagrada se desarrollaba en un remedo del África Negra y El Camino del Acero tiene un aire muy claro de la Grecia Antigua. ¿Por qué te preocupas tanto del aire “histórico” de tus novelas?
No se puede crear nada de la nada. El proceso creativo no consiste en hacer aparecer algo absolutamente nuevo, sino recombinar millones y millones de datos e ideas —simples o complejas— que uno ha asimilado a lo largo de todas sus lecturas, coger de aquí y dejar de allá, agitarlo en la coctelera de la imaginación y sacar el propio mundo “inventado”. Así pues, para hacer verosímil cualquier mundo fantástico, uno debe acudir en mayor o menor medida al mundo real, el nuestro, el histórico. Tolkien tiene mucho de la Edad Media europea y Howard plasmó en sus obras ambientes tomados de la Antigüedad terrestre, aunque pasados por su propio tamiz. Cuanto más “histórico” sea tu mundo, más fácil será de asimilar y aceptar para el lector. Eso le da coherencia, fuerza, solidez y proporciona un referente visual rápido y creíble. La Espada y Brujería es una especie de subgénero de novelas históricas en las que se incluyen elementos sobrenaturales. La Historia misma nos proporcionará todo tipo de situaciones y marcos en los que desarrollar nuestras tramas y argumentos. Luego tú añades tu punto de vista y tus matices personales. Pero la base es siempre histórica, lo quieras o no.
¿Cómo ves el panorama fantástico en general y el español en particular?
Lo veo muy bien y cada vez mejor. Ahora hay más libros de Fantasía y de temática más variada. Por ejemplo, se ha producido una explosión de títulos de Fantasía en la literatura juvenil, muchos de ellos tras la estela de Harry Potter. Esto puede parecer baladí para los que preferimos una literatura más “de adultos”, pero esos libros juveniles están creando una nueva generación de chavales que ya leen sobre magos, dragones, guerreros y mundos de leyenda, y esos chicos tal vez sigan con este tipo de lecturas según vayan creciendo, aunque amoldándolas a su edad. Veo con optimismo, pues, el porvenir lejano.
En cuanto al presente y el futuro inmediatos, son bastantes satisfactorios. Los libros de Fantasía incluso compiten en el mainstream de las librerías con la narrativa contemporánea o la novela histórica, cosa hasta hace poco impensable en este país. El género fantástico no sólo atrae a muchachos con el juego de Rol debajo del brazo, sino que lo lee gente de muy diferentes edades y profesiones. Debe popularizarse aún más, pues no tiene nada que envidiar a ningún otro género. Por otro lado, las adaptaciones cinematográficas acercan más este mundillo a los no aficionados y mucha gente “pica” para probar.
Aún así, hay mucho trabajo por hacer. Las editoriales empiezan a sacarse complejos y a luchar por mezclar sus obras con las del resto, salir del guetto del rincón de librería y entrar en las novedades generales. Pero tienen que esforzarse más por presentar sus obras como adultas, sobre todo en el plano estético (portadas, logos, etc.). Pues las ilustraciones tipo cómic atraen a un público joven pero repelen al más adulto. Así, con todo lo demás.
En cuanto a los autores de Fantasía españoles, ocurre tres cuartos de lo mismo. Ya se ven muchos libros de españoles junto a los de extranjeros, pero aún queda camino por recorrer hasta que haya tantos de aquí como del extranjero. Esto no sólo es trabajo de las editoriales o los lectores, para sacarse los típicos complejos, sino sobre todo de los escritores. Muchos son tan derrotistas que ni lo intentan. Pero hay que ser tenaces y luchar por estar ahí y llevarse un buen pedazo de pastel. La situación es mejorable, desde luego. Ante eso o te echas a llorar o tratas de cambiarlo, porque nadie te va a dar las cosas hechas. Hay que seguir trabajando e insistiendo a pesar de que parece más rentable para una editorial publicar un inglés o un norteamericano antes que un español. Si seguimos por este camino, todo eso cambiará. Yo soy optimista, sé que las cosas irán para mejor y cada vez habrá más autores españoles de Fantasía en el candelero y que el público los acabará aceptando de igual manera que a los extranjeros.
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