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Relato de Terror: El Hombre del Saco
¿Has sido bueno este año? ¿Qué regalo quieres estas navidades?
Ho, ho, ho.
Por Manuel Burón

Relato de Terror - El Hombre del Saco Un enorme regocijo se almacenaba en su corazón al aproximarse aquellas fechas. No podía evitarlo. Juan, a pesar de ser un tipo solitario, disfrutaba viendo la felicidad en el rostro de la gente. Las tremendas sonrisas en el rostro de lo niños que están de vacaciones y esperan ansiosos sus regalos navideños y la ilusión de los adultos por reunirse de nuevo con sus parientes. Las vistosas luces de colores que adornan las calles de la ciudad, que de otra manera estarían plomizas como el cielo invernal. Todo aquello le recordaba los cuentos que escuchaba de pequeño, cuando todo aún desconocía el significado de la palabra “maldad”.
Para él todo esto terminó el día en que un fatídico accidente de coche acabó con su familia. Las brumas de ese recuerdo volvían cada año cuando las alegres luces navideñas invadían las calles. Según la policía, el exceso de alcohol del conductor fue la causa del accidente. Su padre no solía beber, pero aquél día infausto lo hizo, y eso les costó la vida a ambos. Pero eso ya no tenía importancia para él. En esas fechas, le gustaba recordar las celebraciones familiares, aunque ahora las pasara solo.
Dicen que los adultos pierden la ilusión con el paso del tiempo y las penalidades, pero él todavía acostumbraba a pedir cada año su deseo a Papa Noel. Enviaba su carta y colgaba el calcetín a la espera de un regalo que nunca llegaba. No le quedaba familia, y la habilidad para hacer amigos la había perdido en el orfanato, por eso, su mayor deseo era encontrar a alguien con quien pasar el tiempo.

La Navidad es diferente para cada persona. A doscientos kilómetros de allí, alguien la estaba maldiciendo. La solitaria carretera estaba medio helada, un viejo coche circulaba despacio. Luis, su conductor, miraba ansiosamente el marcador de la temperatura. Cualquier día de estos le dejaría tirado. Esperaba que fuera otro día, puesto que ahora se dirigía a casa de sus padres para celebrar la cena de Noche Buena.
Esta era la época de año que más le repugnaba. Todo el mundo creyéndose bueno y tratando de parecer felices. Odiaba el alboroto de los niños sin colegio, las luces horteras y sobretodo el consumismo generalizado. Era imposible salir de compras, cualquier centro comercial estaba siempre lleno a reventar. Los atascos y el estrés en el trabajo le consumían desde un par de meses antes. Pero no le quedaba más remedio que convivir con ello.

Relato de Terror - El Hombre del Saco No pudo evitar pensar en su compañero Juan. Ese tipo solitario, casi insociable, que al llegar estas fechas ponía una sonrisa forzada recordando entre dientes que nadie olvidase pedir su deseo a Papa Noel.
Se ajustó las gafas y prestó atención a la carretera. Una sombra cruzó repentinamente delante del coche, haciéndole pisar el freno. Las ruedas se bloquearon y el coche derrapó sobre una costra de hielo. Tras un giro y medio se estrelló contra los árboles que delimitaban la carretera. Por fortuna no iba demasiado rápido, así que el golpe no fue brutal en exceso.
« ¿Qué era eso?»— pensó mientras abandonaba el coche destrozado en la cuneta. El cuerpo le dolía terriblemente y notaba como la sangre le resbalaba desde una ceja. Al limpiársela se dio cuenta de que sus gafas estaban destrozadas. Las arrojó al suelo sin poder contener la rabia.
Según se enfriaba, el dolor de su pierna crecía en intensidad. Dudaba que estuviera rota, pero el sufrimiento que soportaba al apoyarla era lacerante. Se acercó lentamente al coche para coger algo de abrigo y buscar su teléfono móvil. Poco a poco el recuerdo del accidente volvía a llenar su mente.
« ¡Un alce!» — Pensó sorprendido — « ¿Qué coño hacía aquí?»
Sacudió la cabeza, y descubrió que el cuello también le dolía. Cogió el móvil y marcó en número del servicio de urgencias.
«Sin cobertura, joder» — La desesperación empezaba a apoderarse de sus pensamientos — «Maldita Navidad. Con lo bien que estaría en casa»
Afortunadamente la noche era clara. No dio crédito a sus ojos miopes cuando vio acercarse por la carretera al animal. Ante su borrosa vista una silueta cornuda se aproximaba a él con un trote simpático. Los cuernos que sobresalían de la cabeza del animal se ensanchaban en las puntas formando paletas puntiagudas. Los ojos refulgían como piedras del infierno reflejando la escasa luz de la luna.
« ¡Por todos los infiernos, si es un reno!» — Sus sienes le palpitaron con fuerza. Algo que no comprendía estaba sucediendo.
Por el otro lado de la carretera se acercaba una figura humana. No podía distinguirla claramente, pero parecía un tipo enorme cargado con un saco. Por un momento olvidó del animal y se dirigió hacia él cojeando.

Relato de Terror - El Hombre del Saco — ¡Amigo, amigo! ¡Necesito ayuda, por favor! — gritó al aldeano que se acercaba lentamente. No alcanzaba a comprender qué podría hacer alguien a aquellas horas en un lugar tan apartado, pero su capacidad de raciocinio estaba a punto de desbordarse.
Cuando logró distinguir al hombre del saco se le hizo un nudo en el estomago. El miedo le provocó una descarga de adrenalina que le impulsó a huir.
No podía esperarse nada bueno de alguien vestido de Papa Noel en un sitio como ese.
« ¿Y si el accidente no ha sido fortuito? » – pensó horrorizado
La pierna de dolía horrores y la sangre le brotaba de nuevo desde la herida de la ceja, nublando su ya deficiente visión. Pero el pánico le impulsaba a huir con todas sus energías. Se metió en un sembrado, dirigiéndose hacia un pequeño bosquecillo cuya silueta se recortaba en el horizonte clareado por la luz de la luna. Cada varios pasos volvía la mirada hacia atrás para tratar de encontrar al misterioso hombre del saco. No podía verle, pero si podía escuchar su risa malévola: “ho, ho, ho”.
Casi al límite de sus fuerzas llegó a la arboleda donde pretendía despistar a su perseguidor, que seguía desquiciándole con sus malignas carcajadas. Apoyó la espalda contra un árbol para tratar de recuperar el aliento. El corazón se le salía por la boca, latiendo desesperado. Los pulmones apenas podían suministrarle el aliento que tanto necesitaba. Los huesos le dolían como si fueran de cristal y se hubieran partido en miles de esquirlas que lacerasen su maltrecho cuerpo desde el interior.
Entonces sus ojos desorbitados descubrieron a aquel diabólico animal. Un reno le miraba fijamente con los ojos enrojecidos.
«Esto no puede estar ocurriéndome» — pensó al ver cargar al animal. Un asta le abrió el vientre. Se tapó la herida con las manos para evitar que las tripas se le salieran. La vida se le escapaba entre los dedos. Su mente trataba de encontrar una explicación lógica para lo que le estaba aconteciendo, una razón para morir de esa manera, pero no daba con ella.
— Ho, ho, ho
Escuchó de nuevo aquella risa mientras agonizaba. Giró la cabeza en la dirección que venía la carcajada, con la certeza de que iba a morir. Tan sólo pudo distinguir un tipo enorme. Alto y grueso, con un poblada barba blanca y un grotesco traje rojo, que se le acercó y sin mediar palabra le golpeó con un pesado saco.
El día de Navidad amaneció radiante. Aunque hacía frió el sol brillaba con fuerza, penetrando por la ventana de Juan y despertándole.


Relato de Terror - El Hombre del Saco «Un día precioso» — pensó al abrir lo ojos. Era temprano, pero no le gustaba holgazanear en la cama, aunque fuera día de fiesta, así que se levantó a prepararse el desayuno. Algunas veces tenía la impresión de que su optimismo era forzado, se obligaba a si mismo a parece alegre, aun estando solo. Precisamente esa soledad era lo que mas le martirizaba en el mundo. Su gran deseo era compartir su vida con alguien, una pareja, una familia, tener amigos.
Mientras preparaba el chocolate recordó la pesadilla de la noche anterior. No cesó de oír una tremenda y profunda carcajada, que le persiguió durante su sueño: “ho, ho, ho”.
Decidió tomárselo en el salón, pero al entrar, descubrió un enorme bulto justo donde había dejado su calcetín de Papa Noel.
«Que extraño»— pensó —« ¿Quién habrá dejado esto aquí? Nadie tiene la llave de mi casa, ni tengo amigos ni parientes.»
Desató el nudo con nerviosismo y lo que vio le dejo estupefacto. Un espasmo le brotó del estomago y no pudo evitar vaciar su contenido sobre la alfombra. Lo que allí había le hizo vomitar: la cabeza inerte de Luis, su compañero de oficina que le miraba con los ojos desorbitados de quien encuentra una muerte repentina.

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Aurora Bitzine revista de fantasía y ciencia ficción a 1 de diciembre del 2006