CAMISETAS AURORA AURORA BITZINE FANTASÍA Y CIENCIA FICCIÓN ¡Publica con nosotros, envíanos tus relatos!
Mitos y Leyendas: Antígona
Al no haber más hijos de Edipo, Creonte reinó como regente otra vez, como había hecho después de la muerte de Layo.
Por Manuel Burón

Mitos y Leyendas - Antígona Su primera orden fue señalar la infamia de Polinice, de luchar contra su patria, y por tanto su cuerpo y los de sus aliados permanecerían sin enterrar, siendo presas de buitres y perros. Así que, mientras que llevaba a Etócles a enterrar con pompas reales, el cuerpo de su hermano fue dejado para secarse al sol y mojarse con el rocío; un guardia permanecería para verlo de día y de noche, si pena de muerte, y ningún amigo debía darle sepultura.
Pero Antígona, fiel a su hermano como a su padre, permanecía junto a Polinice, que en su último aliento la hizo prometer hacerle ritos funerarios sin los que su alma no podría descasar en paz. Ni las amenazas de Creonte pudieron aterrorizar su corazón. Ismena lloró con ella por su hermano, pero no tenía la osadía de compartir tan piadosa misión. Sola y a la luz de la Luna, Antígona se dirigió al campo sembrado de cuerpos, entre los que buscó el de su hermano. Lavándolo con lágrimas, ella se esforzó por arrastrarlo sin ser vista por el vigilante. Todo lo que ella podía hacer era suave y silenciosamente rociar el cuerpo con polvo; eso era suficiente para salvarlo de vagabundear miserablemente por la orilla del río Estigia.
Por la mañana, uno de los guardias fue a decirle aterrado a Creonte que, a pesar de todas sus vigilancia, el cuerpo de Polinice durante la noche había sido ligeramente cubierto de tierra, desconociendo quién lo había hecho. Creonte, iracundo, mandó quitarle la tierra y vigilarlo mejor: perderían sus propias vidas si permitían a alguien tocar el cuerpo. Con esta amenaza el hombre regresó a su sitio, contento de quitárselo de encima tan ligeramente, ya que el resentimiento de él contra Polinice era tan famoso que los guardias echaron a suertes para ver quién llevaría las noticias de tan peligrosa misión al rey.
Durante el día una gran tormenta de viento llenó el aire de polvo. Antígona otra vez se aventuró para encontrar, lo que ella temía, que el cuerpo de su hermano había sido despojado de su abrigo de tierra. Otra vez, ahora durante el día, estaba intentando cubrirlo, cuando el guardia la cogió y la llevó ante Creonte, que se portó como un tirano al saber quién le había desafiado.

Mitos y Leyendas - Antígona — ¡Imprudente niña!— gritó— ¿No conocías la ley que proclamé ayer?
—Yo conozco una ley que no es de ayer ni de hoy—contestó ella con impávida mirada— La ley eterna que me prohíbe dejar el cuerpo del hijo de mi madre sin enterrar.
— ¡Si tal es el amor por tu hermano, tú le amarás en el Hades!— contestó el rey.
—La muerte es lo peor que puedes hacerme, pero mi nombre vivirá como la que no temió hacer el deber de una hermana. Y morir antes de mi hora será lo mejor ante un mundo de tanto dolor.

Enfurecido por tanta osadía, Creonte dio la orden de encerrarla enana cueva y dejarla morir. Fue obedecido, ya que los ciudadanos temían cruzarse en su camino, aunque todos murmuraban contra él por su falta de honor luchando contra los muertos. Pero Ismena encontró el valor de oponerse a él, acusándole falsamente de ser cómplice en el piadoso delito y pidiendo compartir su destino. Luego otro intercedió por ella, el hijo de Creonte, Hemón, que era el prometido de Antígona y la amaba más que a su vida. Se dirigió a su padre con reverencias, intentando convencerle para que considerase que todos los hombres se avergonzarían de él por esa crueldad: los tebanos murmuraban, aunque no lo decían claramente, afligidos por la hermana que no merecía la muerte al evitar que el cuerpo de su hermano fuese destrozado por las bestias salvajes. Como el rey que era, le hizo recordar que no podía despreciar la buena voluntad de su gente, como el árbol que se sostiene contra viento y marea llega a ser derribado, en vea de permanecer firme doblándose.
— ¿Tú me enseñas sabiduría?— le cortó tajante su padre. —Ya veo cómo el amor por esa traidora te ciega, pero tú no serás mi enemigo por una mujer. Demasiado tarde aprenderá que es mejor obedecer a la vida que a la muerte.

Cuando Antígona había sido llevada a su castigo, otro vino a doblegar la voluntad de Creonte. Fue el ciego Tiresias, cuya propia visión le advirtió sobre las calamidades de Tebas por el destino de la inocente Antígona y la exposición sacrílega de Polinice a bestias y pájaros. Los dioses estaban enfadados, declaró, por la injusticia cometida con los hijos de un rey. Pero, igual que Edipo, le rey habló amargamente ante la reprimenda del adivino:
— ¿Quién te ha sobornado para asustarme con esas mentiras?— Y este insulto hizo que el anciano hablara claramente.
— ¡Antes de que sol se ponga, tú pagarás por la doble maldad, es decir, dos cuerpos por uno! ¡Su sangre caerá sobre tu cabeza! ¡Llevadme lejos del que desafía a los dioses!

Sin más palabras, el vidente se fue apoyándose en un niño que le había llevado ante la presencia del rey. Tan solemne fue su consejo que Creonte, solo, comenzó a vacilar de su decisión. Llamó a los ancianos de la ciudad a consejo y les preguntó lo que debía hacer.
— ¡Enterrar el cuerpo de Polinice y liberar a Antígona de su tumba!— dijeron unánimemente.

Mitos y Leyendas - Antígona Viendo que todos los hombres estaban contra él, Creonte hoscamente accedió. Ordenó que Polinice fuese enterrado con honores al lado de su hermano, y él mismo iría a la cueva donde Antígona había sido encerrada. Hemón, su prometido, fue el primero que llevó hachas y palos para liberarla; entonces, mirando a través de un agujero soltó un lamentable grito por lo que vio dentro. Demasiado tarde; se echó la pared abajo, dejando a todos ver cómo la noble Antígona se había estrangulado con su velo. Hemón, desesperado y sin palabras, cogió su espada y antes de que su padre pudiese sujetarle la mano, se la clavó cayendo sobre el cuerpo de su amada.
Cuando su madre, la reina de Creonte, oyó lo que había ocurrido, también ella se suicidó; así pues Tiresias dijo la verdad, que antes de que el sol se pusiese la casa del rey pagaría con dos cuerpos por uno. Toda la ciudad lloraba de pena por lo que el endurecido y furioso Creonte ordenó una vez más no enterrar a los enemigos de la ciudad.
Pero otra vez el viudo e infantil rey tuvo que doblegar su obstinada voluntad. Adrasto, gracias a la rapidez de su caballo, escapó a Atenas y buscó la ayuda de su rey, y Teseo, el rey, no desoyó las súplicas. Con una gran armada marcharon a Tebas, pidiendo a Creonte que enterrase a los muertos, para que sus espíritus descansaran. Los tebanos no querían más luchas, pero su tirano no hacía nada por evitarlo. Los seguidores muertos de los siete héroes fueron amontonados en siete filas, para ser solemnemente quemados en el campo con los debidos ritos. Evadme, la viuda de Capaneo, se arrojó a la pira funeraria de su marido. Sobre las cenizas Teseo construyó un templo a Némesis, genio de la retribución; después se retiró con sus aliados, y durante un tiempo Tebas logró paz pata lamentar su maligno destino.

subir
Aurora Bitzine revista de fantasía y ciencia ficción a 1 de noviembre del 2006