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Mitos y Leyendas: Los Siete contra Tebas
Después de la muerte de su anciano padre, Antígona regresó a Tebas, donde encontró a sus hermanos gemelos en una dura lucha. Etéocles y Polinice acordaron compartir el reino entre ellos, gobernando un año cada uno, pero aun así desconfiaba el uno del otro y su tío Creote, no podría mantenerles como amigos. Primero gobernaría Etéocles, en su turno de oficio, y su hermano se iría de la ciudad, así él reinaría solo.
Por Manuel Burón

Mitos y Leyendas - Los Siete contra Tebas Así pues exiliado, Polinice buscó refugio en Argos, esperando la ayuda de su rey, Adraste. Por la noche, llegó antes al palacio de este rey que otro fugitivo, Tideo de Calidón, hijo del rey Eneo y hermano de Meleagro, que por muerte de un pariente también tuvo que huir de su tierra nativa. En la oscuridad estos dos extranjeros se tomaron por enemigos y desenvainaron sus espadas; entonces al ruido de las armas Adastro y sus hombres les separaron. Tan pronto como la luz de la antorcha iluminó los escudos de los guerreros, el rey soltó un grito de amenaza.
¿Quiénes sois y de dónde venís?
Un oráculo le había dicho a Adastro que sus dos hijas estaban destinadas a casarse con un león y un jabalí. Polinice tenía una cabeza de león en su escudo y en el de Tideo estaba la de un jabalí, reconociendo su parte en la caza del gran jabalí de Calidón conducida por su hermano. Viendo estos emblemas, el rey de Argos saludó contento a los extranjeros cuando vio que realmente no eran un león y un jabalí. Les dio la bienvenida a su casa y supo que sus nacimientos eran reales; casó a sus dos hijas, Argia y Depile, ambas contentas de tener tan guapos maridos en lugar de bestias.
Agradecido por ese yerno, Adastro adoptó la causa de Polinice contra Etéocles, y llamó a sus familiares y aliados reuniéndoles en un ejército par devolverle el trono. Siete eran los capitanes de ese ejército para devolverle el trono. Siete eran los capitanes de ese ejército – Adastro; sus hermanos Hipomedonte y Partenopeo; su sobrino Capaneo, su cuñado Anfiarao, Tideo y Polinice, y se les conoció como los Siete contra Tebas.
Uno solo de estos héroes se echó atrás de la empresa –Anfiarao, famoso como guerrero y como vidente—. Adivinando que sólo uno regresaría vivo de Tebas, Anfiarao, para escapar de las importunidades del rey, se escondió en un lugar secreto sólo conocido por su esposa Erifila. Cuando Adastro no salía sin el que consideraba el ojo de la armada, Polinice pensó en atraer a Erifila, que creía que poseía la voluntad de su marido para que él hiciera lo que deseara. El hijo de Yocasta había traído de Tebas un tesoro ancestral, que no era otro que el collar hecho por Hefestos, para Harmonía, esposa de Cadmo. Con este deslumbrante objetivo él sobornó a Erifila para que le revelase el paradero de su marido y poder persuadirle de ir en contra de Tebas. Con desgana, Anfiarao se unió al ejército; pero estaba tan resentido por la vanidad traicionera de su esposa que, antes de partir, hizo jurara a su hijo Alcmeón que mataría a Erifila, si él no regresaba vivo.

Mitos y Leyendas - Los Siete contra Tebas Ante Tebas el ejército aliado acampó en el monte Citerón y Tideo marchó como heraldo para exponer que a Polinice le tocaba reinar ahora. Etéocles le despachó con una respuesta insolente de desafío; la ciudad estaba llena de hombres armados, fortificada con una muralla alta con siete puertas, detrás de las que el usurpador se sentía seguro. Incluso para animar a los ciudadanos, mandó llamar al vidente ciego Tiresias, que le dio un oscuro pronóstico.
“Tebas permanecía en un horrible peligro, que sólo desaparecerá con el más joven de su casa real; su vida es ese sacrificio que, libremente ofrecida, puede salvar a la ciudad.”
Ante esta declaración, nadie quedó más consternado que Creonte, el hermano de Yocasta, al pensar que su querido hijo Menoceo era el más joven de la familia. Propuso entonces enviarle a Delfos, para permanecer a salvo bajo el santuario de Apolo. Pero el valiente imberbe había ofrecido su vida a su ciudad nativa. Antes de oír al oráculo él subió corriendo a la torre más alta de la muralla y se arrojó entre los agresores.
Este sacrificio parecía ser suficiente para la salvación de Tebas. Cada no de los siete héroes toó una puerta diferente; pero todos retrocedieron ante los defensores, que, saliendo resueltamente, expandieron la muerte y la derrota entre sus enemigos. Tantos guerreros valientes cayeron que cuando una vez más el ejército argivo atacó Etéocles envió un heraldo para proponer que la lucha quedaría determinada por un combate único entre él y Polinice.
Así acordado, los hermanos se encontraron fuera de la muralla y lucharon entre los dos ejércitos de modo tan fiero que juraron estallar en gotas gruesas sobre las cejas de los espectadores; cada parte gritaba para animar a su propio campeón. Juntos sonaban como jabalíes; rompieron sus lanzas en el escudo del contrario; tomaron sus espadas con sed desesperada por la sangre del hermano que manaba de todas las juntas de su armadura, hasta que ambos cayeron muertos en el campo.
Los dos lados reclamaban la victoria y en su disputa volvieron a luchar, pero ahora con más furia que antes. Otra vez los invasores fueron derrotados y todos sus líderes, excepto Adastro, murieron, como Anfiarao había vaticinado. Los tebanos, también, sufrieron tantas pérdidas que una batalla ganada de forma tan cara se la llamaba una victoria cadmeana.

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Aurora Bitzine revista de fantasía y ciencia ficción a 1 de octubre del 2006