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Librería de Zoe: Gabriel Revisitado
No, gracias —dijo Gabriel— Prefiero lo natural; nunca me han gustado las máquinas.
Por Juan Carlos Pereletegui

Librería de Zoe - Gabriel Revisitado La librería estaba vacía, pero sobre el mostrador había un libro que reconocí al instante: «Gabriel revisitado» de Domingo Santos. Junto al libro encontré una nota escrita apresuradamente y una vieja libreta de espiral.
Abrí la nota:
Quería hablarte de Gabriel, pero de pronto me he dado cuenta de que no podía. Seguro que conoces la crónica de Domingo Santos, y si no da lo mismo, es tan antigua como la ciencia ficción: el hombre artificial a la búsqueda de lo que le diferencia de su creador. No es muy diferente del Hombre buscando a Dios, pero en el caso de Gabriel, yo fui quién le enseñó donde estaba esa diferencia...
Gabriel fue el robot humanoide construido por el Dr. Gabriel Vilalcázar para la Industrial Robotics en los lejanos tiempos de la primera declaración de independencia de Luna. Yo preparaba mi tesis en sociología y el doctor Vilalcázar me incluyó en su equipo. Estaba muy interesado en valorar el impacto que tendría sobre nuestra sociedad un robot sin las Leyes Fundamentales, las tres reglas asimovianas que humanos apocados habían hecho obligatorias para todos los robots humanoides.
Yo estaba allí cuando Gabriel despertó... es la única época de mi vida que he llevado un diario, te aconsejo que lo leas.

Zoe.

Quedé enormemente sorprendido de descubrir la participación de Zoe en aquellos hechos que ya formaban parte de nuestra historia y que Domingo Santos había novelizado con su habitual soltura y buen hacer, creando una historia intensa y emotiva, que se lee con mucha facilidad, pero que al mismo tiempo incita a la reflexión. Yo había leído el libro y ningún recuerdo de Zoe venía a mi memoria. Lleno de curiosidad, abrí con cuidado el viejo cuaderno, medio desarmado. Las anotaciones estaban simplemente numeradas, sin fechas.

1.
Madrid, Londres, Ankara, Delhi, Singapur, Hong-kong... y Tuen Mun, en la China continental. No sé cuantas horas de viaje ni cuantos aviones llevo. Me siento encogida, en forma de cuatro, me da la impresión de que nunca más podré estirarme. Y nada más llegar, no me han dejado ni respirar. Me han presentado por encima al resto del equipo y de cabeza a una reunión. El Gran Jefe, Gabriel Vilalcázar, estaba exponiendo el proyecto a un grupo de directivos. Un auténtico fanático el Vilalcázar, lleva tres años trabajando en el robot y hasta ahora lo único que ha conseguido es que su mujer le abandone. Aun tengo sus palabras grabadas en la cabeza «la idea básica es crear un robot “virgen”: un robot autodidacta, que vaya aprendiendo por sí mismo a partir de lo que le rodea y se vaya creando su propia experiencia como lo haría un ser humano...».
Me ha hecho gracia lo de «virgen», igual acabo enseñándole algo... ¡Aquí son todos tan serios y eficientes! Y eso que mí los rob-amor no me van, prefiero la carne (caliente y dura, jejeje, ¡salidilla!)

2.
¡La madre del cordero!
¿Pero, esta gente en qué estaba pensando? ¿Querían impresionar a la humanidad con «El Primer Robot Sin Leyes Fundamentales» o con «El Primer Robot Mister Universo»? Mira que en Madrid, Lara que es una fanática de los rob-amor, siempre se empeña en que lo hagamos a tres, y la tía sabe elegirlos bien, pero nunca he visto nada parecido.
La verdad es que ha sido muy emocionante, estabamos en la habitación contigua al laboratorio, viendo a Gabriel a través del espejo. Vilalcázar le ha hecho la señal al técnico y han ejecutado el bootstrap. Gabriel ha reaccionado a los pocos instantes, se ha desconectado por sí mismo el cable umbilical y se había plantado en medio de la habitación, completamente desnudo y mirando hacia el espejo, “sabiendo” que estábamos allí. Un tío de uno ochenta, noventa o cien kilos de peso, con una musculatura absolutamente perfecta, resaltando debajo de una piel bronceada y lampiña y un pollón como para ensartarlo de donuts. Vilalcázar babeaba de felicidad y yo más.
Luego Vilalcázar ha entrado, posiblemente ha sido el mejor momento de su vida. Ha sido como un padre hablando con su hijo, o como Miguel Angel hablando con su David, si hubiera cobrado vida de pronto. Es sorprendente la facilidad con la que Gabriel ha asimilado su situación, ha entendido perfectamente cual es su cometido en este instante: «Aprender».

3.
¡Gabriel se ha escapado!
Vilalcázar ya lo había advertido: «Gabriel había nacido virgen, pero no ingenuo.» Han sido unos días de infarto. La dirección de la Industrial Robotics se ha puesto nerviosa ante la perspectiva de que llegue al público la noticia de que existe un robot sin Leyes Fundamentales y ha ordenado desactivar a Gabriel. Vilalcázar ha obedecido de mala gana pero tres días después de ser almacenado, Gabriel ha huido. Se cree que debe encontrarse escondido en «Nueva Robot», la ciudad sin ley (al gobierno chino no le interesa demasiado imponerla) surgida al calor de esta inmensa factoría de la Industrial Robotics y de sus miles de operarios.
Se han tomado medidas extremas y se han formado equipos de trabajo con todos los miembros del equipo para analizar todas las hipótesis posibles e intentar evaluar y predecir sus movimientos.
Vilalcázar me ha enviado a la ciudad. Piensa que como socióloga y buena conocedora de Gabriel, estoy en mejores condiciones que nadie de predecir sus movimientos en Nueva Robot. Unas pocas horas me han bastado para formarme una opinión y comunicársela a Vilalcázar: irá a verle, Nueva Robot es demasiado caótica, pensándolo bien, lo es el mundo real en general, el auténtico, no el que Gabriel ha conocido a través de sus estudios y es demasiado «joven». En algún momento le asaltarán las dudas y necesitará consejo y acudirá al único que piensa que puede dárselo.

4.
¡Bingo!
Gabriel estuvo anoche con Vilalcázar. El Gran Jefe me lo ha contado todo, pero me ha pedido que lo mantenga en secreto. Este hombre cada vez me sorprende más, casi juraría que está de parte del robot.
El caso es que sabe donde se esconde, no ha querido decirme como lo ha averiguado, y nada menos que me ha pedido que vaya a verle. No ha avisado a los de Seguridad ni a la policía, así que lo primero que he pensado es que Vilalcázar confiaba en mí para convencer a Gabriel de que debe regresar, pero este hombre cada vez me sorprende más.
«Gabriel no se dejará convencer por nadie, está decidido a buscar una misión en el mundo acorde a sus capacidades y yo no puedo impedírselo, no quiero impedirselo, pero en su educación hay “lagunas” que no hubo tiempo de llenar y he pensado que quizá usted pudiera hacer algo al respecto.»
Me he quedado boquiabierta, luego he recordado el día en que Gabriel «despertó» y también se me ha abierto otra cosa.

5.
Vilalcázar me dio la dirección de un hotel en Nueva Robot. Cuando toqué en la puerta no sabía lo que me iba a encontrar y estaba bastante nerviosa, casi parecía una jovencilla virgen e inexperta. Gabriel preguntó quien era sin abrir la puerta y se lo dije. En el laboratorio habíamos tenido ocasión de hablar, aunque no de intimar. Él abrió aparentemente sin ningún temor. Vestía pantalón y camisa, llevaba bigote y perilla falsos y se había rapado el cráneo. «Te envía Vilalcázar». No era una pregunta.
Yo me quedé admirándole, no se parece a ninguno de los rob-amor con los que he estado… todo en él respira inteligencia, no puedo verle como un robot. Es como un niño prodigio, excepcionalmente inteligente pero totalmente inexperto.
Entré cerrando la puerta a mi espalda y me desabroché lentamente un par de botones de la blusa. «Vilalcázar me ha pedido que te explique algunas cosas que no aprenderás en la red» le dije. El se bajó inmediatamente los pantalones y vi como su sexo se alzaba de golpe, al impulso de su voluntad electrónica. Me eché a reír. «No, no, nunca hagas eso, sólo funciona así en los vid de la red. La realidad es mucho más sutil y complicada».
Le enseñé a sentir las señales que deja una mujer cuando está dispuesta, a reconocer el momento en el que se puede pasar de la amabilidad a la intimidad y de ahí a la pasión. Gabriel era una esponja que empapaba todo aquel conocimiento empírico y al final de la tarde había aprendido a comportarse como un auténtico galán. Yo estaba cansada, me sentía encerrada y tenía hambre. Ansioso por exhibir su recién adquirida caballerosidad, Gabriel me invitó a cenar en un lujoso restaurante. Las máquinas de juego de los numerosos casinos de la ciudad no tenían secretos para él y se financiaba holgadamente gracias ellas. Fue una cena increíble, tan romántica como nunca pude suponer. Gabriel interpretó su papel con tanta maestría que me sedujo irremediablemente. Cuando volvimos a la habitación yo estaba ansiosa pero en cuanto empezó a desnudarme, volvió a parecer un vulgar rob-amor.
Fue una noche interminable, de repetición en repetición. Al amanecer yo esta saturada de placer, pero completamente exhausta, en algún momento de la madrugada perdí la cuenta de los orgasmos, pero había logrado mi objetivo: ninguna mujer hubiera sospechado que Gabriel era otra cosa que un amante tierno, experimentado… e incansable.
Por la mañana Gabriel pidió un desayuno para dos mientras yo me duchaba. Vilalcázar me había advertido del tiempo del que podía disponer y ya era momento de salir de allí, pero después de devorar toda la comida con un hambre del demonio, se me había reabierto el apetito. Antes de que pudiera decir nada, Gabriel me miró «Antes de que te vayas ¿No podríamos dar un repaso rápido?». En sus ojos había un brillo de malicia. Me embargó el orgullo del maestro ante su alumno, pero enseguida empece a sentir algo mucho más profundo y dejé de pensar.

Me asaltó la risa, primero tímida y enseguida a carcajadas. No me extraña que Domingo Santos no llegara a conocer nunca el papel de Zoe en la educación de Gabriel. Había sido un secreto bien guardado. El diario continuaba siguiendo los pasos de Gabriel, pero pronto advertí que no Zoe no había vuelto a encontrarse con el robot. Yo conocía el resto de su historia: su intervención había sido decisiva para que la rebelión selenita no acabara en un baño de sangre, el tierno romance con Helena Murt, que tanto debía a las enseñanzas de mi amiga, y su final, siempre debido a la causa humana y a su bienestar. Sin ninguna duda había sido un gran hombre en todos los aspectos y ahora sabía el papel de Zoe en su grandeza. Estoy seguro de que aquella noche Zoe le dio algo de lo que nos diferencia de las máquinas y lo convirtió en humano.

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Aurora Bitzine revista de fantasía y ciencia ficción a 1 de octubre del 2006