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Mitos y Leyendas: Edipo
Después de la destrucción de Anfión, Layo llegó al trono de sus antepasados después de su exilio. Entre todos los descendientes de Cadmo, el más famoso y el más infeliz fue el hijo de este rey, condenado por un oráculo a matar a su propio padre y al marido de su madre.
Por Manuel Burón

Mitos y Leyendas - Edipo Prevenido de este destino cuando su reina Yocasta tuvo un niño, Layo le arrojó al monte Citerón, con sus pies atados para que el niño no pudiese salvarse. Pero un cabrero que cargó con esta cruel misión, sintiendo pena por el niño y aunque él dijo al rey que había hecho su trabajo, se lo dio a otro pastor, que se lo llevó a su amo Pólibo, rey de Corinto. Éste recibió al niño amablemente y lo crió bajo el nombre de Edipo; entre tanto Layo y Yocasta estaban seguros de que el niño había sido destrozado por las bestias salvajes, creyendo así vivir sin hijos, y así esperaban engañar al oráculo.
Polibo y su mujer Peribea, que no tenían hijos, adoptaron al niño como suyo; cuando pasaron algunos años unos pocos en Corinto que él no estaba en la verdad. Edipo maduró sin dudar nunca que estos padres adoptivos eran su padre y su madre, hasta que un día, enana fiesta algunos borrachos se burlaron de él diciendo que era un niño adoptado. Furioso, fue a buscar a Peribea para que le dijera la verdad. Ella intentó desentenderse, pero no pudo negar que él era de nacimiento desconocido. El consternado joven se dirigió a Polibo, que también le dio dudosas respuesta prohibiéndole preguntar más; desde entonces para él sería un desconsuelo si no llegaba a conocer a sus verdaderos padres.
Pero estas insinuaciones hicieron que Edipo ansiase saber la verdad, y pensó en el oráculo de Apolo. Dejando secretamente Corinto, viajó a pie a Delfos, donde la sacerdotisa no le dio una respuesta total a sus preguntas, pero le dio un consejo terrible:
«¡Evita a tu padre, joven de mal agüero! Si te encuentras con él, morirá en tus manos; luego te casarás con tu propia madre y darás lugar a una raza destinada a crímenes y dolor.»
Edipo se fue estremecido. Ahora él creía entender por qué Polibo y Peribea guardaban el misterio de su nacimiento. Sintiendo aflicción por ellos, que le querían mucho, decidió no regresar a Corinto y buscar una tierra lejana, donde si enloquecía no cometería esa malvada misión; él quería alejarse de sus padres que pensaba amenazados por tan calamitosa maldición.

Mitos y Leyendas - Edipo Desde Delfos se fue a Beocia, cuando en un camino vio a un anciano en un carro que iba con un arrogante sirviente, ordenando a todos que le dejasen paso. Edipo, acostumbrado a mandar más que a ser mandado, contestó al hombre y le tiró al suelo; entonces su amo arrojó una jabalina a este presuntuoso joven. Edipo se lanzó sobre el anciano, le tiró del carro y le dejó muerto al lado del camino. Con el orgullo de la victoria, Edipo continuó su camino ignorante de que el orgulloso señor al que había matado en una desigual lucha no era otro que su propio padre, Layo. Un viajero que encontró el cuerpo del rey le enterró donde yacía y la noticia llegó a Tebas por el auriga que, huyendo del asaltador, se excusaba de su propia cobardía afirmando que una banda de ladrones había caído sobre ellos en el camino estrecho.
Vagando de ciudad en ciudad, Edipo llegó a Tebas para encontrarla apenada no sólo por la muerte de su rey, sino también por el miedo a un monstruo que vivía en las altas montañas más allá de la ciudad. Era la Esfinge, que pensaban que era hermana de Cerbero, el perro de tres cabezas de Hades. A cualquiera que se acercara el monstruo le decía un acertijo, y si no lo contestaba lo devoraba al instante. Hasta que algún hombre no lo acertara la Esfinge no se iría, y tanto mal se cernía sobre la ciudad, que la bestia arrasó los campos de alrededor. Cada día un tebano se encontraba con la muerte, demostrando su poca inteligencia ante la del monstruo; su última victima había sido un hijo de Creonte, hermano de Yocasta, que actuaba como regente. Viéndose incapaces de acertar la adivinanza de la Esfinge, Creonte proclamó que cualquiera que pudiera contestar la adivinanza, aunque fuera el más pobre extranjero, lograría como recompensa el reino de Tebas, con todos los tesoros del rey y la mano de Yocasta en matrimonio.
Cuando Edipo entró en la ciudad, un heraldo recorría las calles haciendo esta proclamación, e hizo que este joven sin amigos prestase atención. Parecía que la vida no le quería; todo lo que deseaba era escapar a ese destino, al crimen con el que le amenazaba el oráculo. En seguida se presentó ante Creonte, afirmando que no temía contestar a la Esfinge.

Mitos y Leyendas - Edipo Le condujeron fuera de los muros a la zona donde vivía cubierto con los huesos de quienes habían errado el acertijo. Aquí debía de buscar solo a la criatura, ya que su voz les hacía temblar. Pronto la encontró sentada en una roca, un monstruo horripilante, con cuerpo de león, alas de águila y cabeza de mujer. Pero Edipo no estaba preocupado por morir o vivir, así que no se acobardó por sus horribles miradas.
—¡Di tu acertijo!— gritó; la Esfinge gruñó.
—¿Qué única criatura cambia el número de sus pies? Por la mañana va a cuatro pies, al mediodía a dos y por la noche a tres pies. Y cuantos menos pies tiene es más fuerte.
Fijando sus crueles ojos en el joven frunció el ceño al no verle perplejo que incluso sonreía a esa cara de piedra, contestando.
—El acertijo es fácil. Es el hombre, que en su infancia anda a cuatro pies, luego anda firmemente a dos y en su vejez debe apoyarse en un bastón.
Furiosamente, al oír su acertijo adivinado por primera vez, la Esfinge dio un grito estridente, batió sus alas y desapareció entre las rocas, para no ser vista nunca más en Tebas. Con gritos de alegría los espectadores salieron a saludar al inteligente joven, que les había librado de tal monstruo. Le aclamaron como rey y se casó con la viuda Yocasta, lo que más le gustó, ya que creía que así estaba a salvo de su innatural unión predicha por el oráculo, pues creía que Peribea era su madre.
Durante años, reinó en Tebas en paz y prosperidad, toda la gente le obedecía y le tomaban por un favorecido de los dioses. Él amaba a su esposa Yocasta, mayor que él, y tuvieron cuatro hijos, los dos gemelos Etéocles y Polinice, y dos hijas, Antígona e Ismena. Pero cuando fueron mayores la suerte del reino cambió. Sobrevino una plaga y la gente pidió ayuda a su rey, que envió a Delfos a su cuñado, Creonte, para preguntar al oráculo el porqué de la peste.
La respuesta fue porque venía como castigo por la sangre de Layo, que no había sido vengado. Edipo hizo preguntas sobre la muerte de su predecesor. Prometiendo hacer justicia con el criminal, cualquiera que fuese, consultó con Tiresias, el vidente privado de visión en su juventud porque había espiado a la diosa Atenea, que apenada por su vejez, le dio una maravillosa agudeza a sus oídos. Así pues, entendía la voz de todos los pájaros; también colmó su mente de místico conocimiento de las cosas pasadas y futuras. Pero el adivino no quería decir a Edipo lo que sabía.
«Amargo es conocer cuando ignorar es mejor. Déjame ir a casa con un peligroso secreto escondido en mi corazón.»
En vano la gente le buscó, en vano el rey le ordeno hablar. Finalmente Edipo le injurió haciéndole partícipe del asesinato. Esta grave acusación hizo hablar al anciano.
—Escucha entonces, rey, si tú debes saber la verdad. Tú mismo eres el hombre que asesinó a Layo en la encrucijada a Delfos. Por ese motivo, y no por otro, esta maldición se cierne sobre la ciudad.

Mitos y Leyendas - Edipo Ahora Edipo recordó al anciano que había asesinado en la lucha cuando venía hacia Delfos. Ansiosamente, él presionó a Yocasta con preguntas sobre su primer marido. Le describió con pelo gris, de comportamiento altanero y con negros corceles; le dijo que había sido asesinado por ladrones en una encrucijada, y cada palabra confirmaba más a Edipo la verdad. Pero su esposa se reía del sabio adivino.
—Incluso el oráculo del dios podía hablar erróneamente— dijo ella— ya que Layo fue avisado en Delfos que caería a manos de su hijo, quien a su vez, se casaría con su madre. Nosotros sólo tuvimos un hijo y fue arrojado, para que muriera al monte Citerón cuando no tenía ni tres días, así nuestra casa escaparía a tan funesta maldición.
Dio la casualidad de que entre los espectadores se hallaba el cabrero encargado de la muerte del niño y Yocasta le llamó para confirmar sus palabras. Pero el anciano cayó de rodillas, confesando que no pudo abandonar al bebé para ser destrozado por lobos y águilas y se lo dio a un sirviente del reino de Corinto.
Yocasta dio un grito, ya que supo que su marido pasaba por ser hijo de ese rey y empezó a adivinar la verdad, ahora clara para el pasmado Edipo, que él y no otro había cumplido de mala gana al matar a su propio padre y casarse con su madre. Mientras permanecía horrorizado tapando su cara por vergüenza y horror, ella fue a su habitación como si estuviera fuera de sí. Cuando la puerta se abrió ella se había ahorcado con su ceñidor.
«¡Tus penas han terminado, pero para mí la muerte es un pequeño castigo!», lloró sobre su cuerpo muerto. Y con la hebilla del ceñidor de Yocasta hirió sus dos ojos, así que mediodía se convirtió para él en noche.
Anciano y ciego, su pelo se volvió gris de repente; Edipo salió a tientas de su palacio, pobremente vestido como cuando entró en la ciudad en su juvenil viaje y sosteniendo el bastón con el que mató a su padre. Su gente dejó de rodearle. Sus propios hijos no intervinieron. Sólo sus hijas, Antígona e Ismena, le siguieron llorando y rogándole que se quedara. Él no se detendría; cuando le habían conducido fuera de la ciudad, Ismena le dejó y regresó con sus hermanos, que luchaban por el reino.
Pero Antígona prometió que nunca le abandonaría y con él se alejó de su lugar de nacimiento. Guiado por ella, fue de ciudad en ciudad como un mendigo ciego, hasta que llegaron a Atenas, donde Teseo era rey. Él dio refugio a los exiliados en un templo de Colonos. En este santuario Edipo vivió algunos años, pobre y triste; sus vecinos sentían lástima por ser una victima y gentilmente fue atendido por Antígona hasta que la muerte le llegó, acabando con sus desgracias.

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Aurora Bitzine revista de fantasía y ciencia ficción a 1 de agosto del 2006