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Ciclo Robert E. Howard: Conan (Vol.1) 1932-33
Que me dejen vivir intensamente mientras viva; quiero saborear el rico jugo de la carne roja y sentir el sabor ácido del vino en mi paladar, gozar del cálido abrazo de una mujer y de la jubilosa locura de la batalla cuando llamean las azules hojas de acero; eso me basta para ser feliz.
Por Francisco Calderón

Ciclo Robert E. Howard - Conan (Vol.1) 1932-33 Por fin, setenta años después de ser escritos, podemos disfrutar de una edición íntegra de los relatos originales de Howard que tienen por protagonista a Conan de Cimmeria.
Sobre los relatos:
Y es que la versión más conocida de dichos relatos ha sido sin duda la que prepararon, años después de la muerte del autor, L. Sprague de Camp y Lin Carter. Estos autores fueron los responsables de un ciclo de doce novelas que han sido consideradas la espina dorsal del Conan literario. Nada más erróneo. Cualquiera que haya podido leer los doce libros (y en España hemos tenido tres ediciones distintas, una de la Editorial Bruguera, en los años 70, otra de Planeta, en los 80, y una última de Martinez Roca, en los 90) del tirón, puede llevarse una idea equivocada del verdadero espíritu del Conan literario. Y es que De Camp y Carter no eran Howard.
No voy yo a tirar por tierra aquí el trabajo de estos dos autores, pero es que Howard era un genio, uno de esos escritores que aparecen de vez en cuando y que ellos solitos se inventan todo un género literario. De hecho, en el ámbito de la fantasía heróica, en el siglo veinte solamente la figura de Tolkien está a la altura de la obra del autor tejano.
Sprague de Camp y Lin Carter cogieron los relatos de Howard y los revisaron, introduciendo algunas leves modificaciones orientadas a dar mayor coherencia interna a la serie. Ordenaron los relatos del cimmerio según una cronología vital, es decir, según suceden los hechos en la vida del bárbaro, y no en el orden en que el autor los escribió. Y después rellenaron las supuestas lagunas que pudiera haber en esa cronología con nuevas narraciones, unas veces adaptaciones de relatos del propio Howard en los que cambiaban escenario y personajes para hacerlos narraciones de Conan, y donde introducían situaciones sobrenaturales para convertirlos en relatos de Espada y Brujería; y otras veces eran de nuevo cuño, salidos de la propia pluma de los autores, y cuyo nivel en muchos casos lamentablemente no estaba a la altura.
Cuando lees este libro, la sensación es muy diferente. Los relatos saltan en el tiempo como si el propio cimmerio nos los contase, según los va recordando, sin seguir ninguna ordenación lógica. La narración es puro Howard, sin modificaciones ni artificios, y Conan siempre es Conan, el bárbaro puro, salvaje y elemental, instintivo y primordial, sí, pero también inteligente, enfrentado a todo tipo de amenazas, naturales y sobrenaturales, con su fuerte brazo, su poderosa espada y su eterno coraje. Si queréis saber de verdad quién es Conan, aquí tenéis no su esencia destilada, sino simplemente su esencia verdadera.
Los relatos van del entretenimiento de calidad a la obra maestra: “El fénix en la espada”, “La hija del gigante helado”, “El dios del cuenco”, “La Torre del Elefante”, “La Ciudadela Escarlata”, “La Reina de la Costa Negra”, “El coloso negro”, “Sombras de hierro a la luz de la luna”, “Xuthal del crepúsculo”, “El estanque del negro”, “Villanos en la casa”, “El Valle de las Mujeres Perdidas” y “El diablo de hierro” fueron escritos todos (y por ese orden) entre 1932 y 1933. Y no solamente podemos encontrar varias obras maestras entre ellos (“La Torre del Elefante” es, probablemente, el mejor relato corto fantástico de la historia), sino que estamos nada menos que ante la creación de un nuevo género. Dos décadas antes de la Tierra Media de Tolkien, Howard ya nos presenta un mundo fantástico absolutamente detallado, con razas, países y culturas, inmerso en un marco histórico definido que abarca miles de años. Y mezclando épica, terror, aventura, magia, intriga… Howard nos regala un cóctel absolutamente nuevo: la Espada y Brujería, género del que se convierte en creador y máximo exponente.

Ciclo Robert E. Howard - Conan (Vol.1) 1932-33 Así que ahora, por fin, tenemos los primeros relatos de Conan en España por primera vez tal y como fueron concebidos por el autor. Es decir, que estamos ante la creación de un género y a la vez su obra maestra. Y además la edición, en cuanto a papel, tapas, presentación… es absolutamente insuperable: papel satinado, impresión de alta calidad, tapas duras de tela impresa, dentro de un precioso estuche para conservarlo in secula seculorum.
Mención especial merecen los dibujos de Mark Schultz que ilustran los relatos. Dibujos al más puro estilo pulp, que destilan clasicismo y saber hacer, con el barroquismo justo y una calidad impresionante. La caracterización de los personajes es muy creíble, incluso para los que, como yo, estén muy acostumbrados a la versión gráfica habitual de John Buscema, Barry Windsor-Smith o Fran Frazetta. En el blanco y negro, Schultz se nos revela como un maestro del claroscuro, dando una profundidad a sus dibujos que hace que parezcan bajorrelieves, y en las ilustraciones en color, nos deleita con su maestría y su dominio de tonos y matices. No puedo evitar pensar cómo quedarían esas ilustraciones a gran tamaño y enmarcadas en el salón de mi casa, junto a mis adorados prerrafaelistas.
Sobre la miscelánea:
Por si tener la edición original de estos relatos fuera poco, el libro incluye casi 130 páginas de lo que han denominado miscelánea, que no es otra cosa que un montón de extras imprescindibles para el aficionado hyborio: una primera versión pre-publicación de “El Fénix en la espada”, que incluye varios textos muy interesantes sobre Cimmeria y la melancolía que identifica a sus habitantes, eliminados en la versión definitiva; “Notas sobre diversos pueblos de la Edad Hiboria”, un interesante apunte del autor que analiza las características raciales y culturales de los aquilonios, los hombres de Gunderland y los cimmerios; el ensayo completo “La Edad Hiboria”, donde Howard nos describe el marco pseudo-histórico donde se sitúan todas las aventuras, remontándose hasta los tiempos del rey Kull y la Atlántida, ocho mil años antes de la Edad Hyboria, y mostrándonos también lo que sucederá siglos después de la caída de Hyboria, con la formación del mundo tal y como lo conocemos; un total de cinco sinopsis de relatos, que el autor escribía previamente a la narración, lo que nos da una imagen clara del proceso de creación de la obra; un borrador sin título, o más bien un relato incompleto de diez páginas, que junto a la sinopsis del relato les sirvió a Sprague de Camp y a Lin Carter para terminarlo y publicar “Un hocico en la oscuridad” (con lo que ahora podemos saber, en la versión terminada, lo que hay de Howard y lo que han escrito sus continuadores); y por último, varios esbozos de mapas y una lista de nombres de países, dioses y personas que realizó el propio Howard.

Ciclo Robert E. Howard - Conan (Vol.1) 1932-33 A continuación, en los apéndices, encontramos por primera vez en este libro algo que no ha salido directamente de la pluma de Howard: aparte de una explicación sobre cómo se ha conseguido establecer la fecha de creación de los relatos que se incluyen en el libro (y que resulta, cuando menos, curioso por lo exhaustivo), y un precioso portafolio de bocetos de Mark Schultz, se incluye un apasionante ensayo de Patrice Louinet, una de las mayores entendidas que existen de la obra del autor tejano, llamado “La génesis de Hiboria” donde la autora analiza el proceso de creación del cimmerio y su mundo, aportado muchos datos esclarecedores sobre las influencias que tuvo Howard a la hora de concebir su obra, así como un análisis psicológico del propio Howard a través de su más famosa creación, donde podemos llegar a una conclusión sorprendente: Conan no es tanto lo que a Howard le hubiera gustado ser, como lo que Howard en realidad era.
En definitiva, esta miscelánea enriquece el libro enormemente, y una vez leídos los relatos es un placer poder sumergirse en los diversos estudios que se añaden alrededor de ellos.
Sobre la traducción:
Un tremendo error para el que esto suscribe ha sido mantener en los relatos las traducciones originales de Beatriz Oberländer que se realizaron hace ya veinte años. No es que las traducciones fueran malas, que no lo son en absoluto, sino que se hicieron sobre los relatos revisados por De Camp y Carter, y esta vez tenemos ante nosotros los relatos originales de Howard. ¿Solución? Han repasado las traducciones, cambiando cosas allá donde se han visto necesarias para hacerlos coincidir con los relatos originales. Y el error (aparte de que una edición de este calibre merece una nueva traducción) es que estas revisiones tienen ciertos fallos.
En “La Ciudadela Escarlata”, observamos ciertas diferencias entre el original howardiano y la versión que se nos ofreció durante muchos años revisada por De Camp y Carter. Por ejemplo, vemos que la capital de Aquilonia en el original se llama Tamar, y en la edición revisada este nombre es cambiado por Tarantia, para no confundir a los lectores, ya que en “La Hora del Dragón”, Howard denominó Tarantia a la capital, que fue el nombre que finalmente ha quedado reconocido “oficialmente”. Se ve que Howard cambió, conscientemente o no, el nombre de esta ciudad de un relato a otro, y De Camp, percatado de ello y con buen tino, cambió el nombre de Tamar en “La ciudadela escarlata” por el de Tarantia.
Ya en la edición española, vemos que la traducción original de Beatriz Oberländer ha sido revisada por la misma traductora. En esta ocasión cambia Tarantia (nombre que daba a la capital en la traducción original, ya que esta se hizo desde la revisión de De Camp) por Tamar, para darnos la traducción del relato original. El problema surge cuando la traductora se deja un “Tarantia” (ver página 128), con lo que en la misma página de esta edición española nos encontramos con dos denominaciones distintas para la misma ciudad. Y es un fallo de traducción, que lo he comparado con el libro original americano y en este relato siempre se denomina Tamar a la capital de Aquilonia (curioso también que al principio el reino negro de Kush era escrito por Howard como Cush).
Algo parecido ocurre con los patronímicos. Desde la etapa Vértice en que, por ejemplo, “cimmerian” se traducía como “cimmeriano”, ha habido multitud de cambios en las traducciones de los nombres de los distintos pueblos que aparecen en los relatos de Conan: khotianos y khotios, nemedios y nemedianos, zamorios y zamorianos, khitanios, khitanos y khitanianos, hybóreos e hyborios (e hyborianos, incluso)… aunque hace ya unos años, desde los cómics de Conan publicados por Planeta, se produjo una especie de acuerdo sobre las traducciones de los patronímicos. El caso más claro es el de hybóreos, que habíamos podido leer durante muchos años, por hyborios, traducción mucho más lógica para el término “hyborian” (aunque es verdad que el propio Howard usó al principio a veces el término “hyborean”). Así, la Era Hybórea pasaba a ser la Era Hyboria. Pues bien, en la revisión de la traducción se ha tenido en cuenta todo esto, y vemos que los kothianos que aparecen en la primera traducción se han convertido en kothios en ésta. Pero una vez más, ha habido errores, y podemos ver a algún kothiano infiltrado entre tanto kothio.
Y un error dentro de un error: cada relato viene precedido de una pequeña introducción fielmente copiada de las que acompañaban a los relatos en la edición revisada por De Camp. En el libro original americano de esta edición estas introducciones no existen. No comprendo por qué en esta edición española han sido incluidas, ya que si se pretende presentar tal cual los relatos originales de Howard, en el orden en que los escribió y no en orden cronológico en cuanto a la edad de Conan que se estableció más tarde, sobran estas pequeñas introducciones que tratan de dar cierta continuidad a los relatos, más que nada, porque el orden de los relatos cambia totalmente. Y además, y de ahí viene el error dentro del error, las traducciones de estas introducciones no se han revisado. Así, en estos pequeños textos, sigue habiendo hybóreos y khotianos, frente a los hyborios y los kothios de los propios relatos. Y una cosa que no entiendo a título personal: la manía de escribir Hyboria con i latina (Hiboria) y Ophir con f (Ofir), al igual que se castellanizan (horriblemente, a mi parecer) nombres como Pallantides, que pasa a llamarse Palántides, con tilde y todo.
Todo esto se hubiese solucionado con una nueva traducción, que como he dicho antes, es lo que la edición merece. Y es que hay errores en la traducción que se produjeron hace veinte años y que se podrían haber evitado ahora, cuando lo que ha ocurrido es que han vuelto a repetirse. Un ejemplo: en “El dios del cuenco”, cuando el cimmerio encuentra el cadáver de Kallian Publico en su “casa de reliquias” a la vez que un guardián, ambos piensan que el asesino es el otro. Así, el guardián da la alarma tirando de un cordón que hace que suenen unas campanas. El cimmerio, que cree que el guardia es el asesino, dice en el original en inglés “Why did you do that? It will fetch the watchman”, lo que literalmente quiere decir “¿Por qué lo has hecho? Eso atraerá al guardián” (refiriéndose, claro está, a las campanas que dan la alarma). En la traducción de hace veinte años, y me temo que también en la de esta reciente y lujosa edición, se puede leer “¿Por qué lo has hecho? Voy a buscar al guardián”. ¿Parece un error menor? No lo es. No me imagino a Conan yendo a buscar al guardián (y diciéndolo así, alegremente) porque alguien que él considera otro ladrón ha matado al gordo mercader dueño de la casa (con quien además el cimmerio no se llevaba nada bien).
En cualquier caso, con sus enormes aciertos y sus pequeños errores, si tienes que comprarte un libro este año, que sea éste. Yo ya estoy deseando que salga el segundo, os lo aseguro, y es que no hay que olvidar que éste es el primer tomo de una trilogía, y se prevé que salga un libro al año. Por su precio, quizás esta periodicidad es de agradecer, pero cuán larga se va a hacer la espera...
¡Salve Conan!

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Aurora Bitzine revista de fantasía y ciencia ficción a 1 de agosto del 2006