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Mitos y Leyendas: Níobe
Tebas se fundó con mucha mortandad; se escribieron muchas historias de sangre debido al odio de los dioses rivales. El destino de Penteo fue ser cortado en pedazos por las mujeres de su casa, siendo su líder su propia madre, porque se enfadó ante la adoración salvaje de éstas a Dionisos.
Por Manuel Burón

Mitos y Leyendas - Níobe Otra reina que veneró al rey del vino fue Dirce, esposa del usurpador Lico. La hija del legítimo rey fue Antíope, amada por Zeus, a quien dio dos gemelos, Anfión y Zeto, criados humildemente como pastores, en el monte Citerón, mientras su madre vagaba solitaria en el exilio, y al final se dice que enloqueció debido a sus desventuras. Alguna vez cayó bajo el poder de Dirce, que en su odio por la cautiva se equivocó, ordenando que fuese arrastrada hasta la muerte por un salvaje toro conducido por Anfión y Zeto, pero cuando ellos supieron que la víctima era su madre, condujeron a un grupo de pastores contra la ciudad, mataron a Lico y ataron a la cruel Dirce a los cuernos del toro para hacerla perecer cayendo en su propia trampa.

Anfión llegó así a ser rey de Tebas, ciudad que él amuralló con el poder de la música, pues, debido a la habilidad que él tenía tocando la lira que Hermes le dio, con sus sonidos encantadores las piedras se movían como él las ordenaba. Pero sobre sus hijos también cayó una maldición de ira y de dolor.
Anfión se casó con Níobe, hija del condenado Tántalo, que era hijo de Zeus. Ella tuvo siete hijos nobles y siete bellas hijas; entonces, orgullosa de su gran familia, osadamente, se regocijaba de Leto, ya que sólo tenía dos gemelos. Pronto estos dos gemelos eran el divino Apolo y Artemisa, cuya despreciada madre pidió que la vengaran contra esta presuntuosa reina.
“¡Es suficiente!”, Apolo cortó el triste relato. “Basta de quejas, hay que castigar.”
Envueltos en una oscura tormenta de nubes, el hermano y hermana volaron hacia Tebas, donde fuera de los muros, n la arena los siete hijos de Níobe estaban ejercitándose en carreras de carros, lucha y otros deportes. No tuvieron más aviso que le sonido del carcaj de dios; el mayor fue alcanzado por una flecha en el corazón y cayó sin un quejido entre los pies de sus caballos. El segundo intentó que sus carros volaran, pero no le valió de nada, alcanzado por la infalible puntería de Apolo. Así también ocurrió con el tercero y cuarto hermanos, traspasados por una simple flecha. El quinto y el sexto corrieron para recoger los cuerpos caídos de sus hermanos, pero cayeron antes de que pudiesen coger a los muertos. Sólo quedaba el más joven, pelo largo, cara imberbe, que, adivinando lo que debería hacer ante el enfadado dios, se arrodilló para pedirle clemencia, pero la fatal flecha ya estaba señalando su pecho.

Mitos y Leyendas - Níobe La noticia de esta repentina matanza, rápidamente se extendió por la ciudad. Anfión se encerró en una cuadra desesperado por la pérdida de sus hijos. Níobe escondió a sus asustadas hijas bajo ella, como a polluelos bajo las alas de su madre; se dieron prisa para salir al campo en que sus siete hijos estaban tumbados sin vida alrededor del altar de Leto. A la vista de ellos, la rabia era más fuerte que el dolor y, levantando su cabeza hacia los dioses que se habían vengado, su madre gritó amargamente:
“¡Triunfa cruel Leto, pero incluso ahora mis hijos sobrepasan a los tuyos!”
Como respuesta sonó el arco de Artemisa, y la hija mayor cayó cuando estaba llorando sobre sus hermanos muertos. Pronto la segunda, con un grito agudo, puso su mano en su corazón; luego la tercera hermana que la sujetaba cayó junto a ella, sangrando de una invisible flecha. Una a una todas las hermanas fueron cayendo, hasta que sólo quedó la más pequeña que, aterrorizada, se colgó de su madre, cuyo orgullo ahora desapareció; estalló en lágrimas y la estrechó con sus manos en una oración suplicante:
¡¡Perdóname solo a una, la última de todas!”
Cuando ella habló, la última flecha de Artemisa alcanzó a la niña en el seno de su madre. Sin una herida, la misma Níobe cayó como muerta, su corazón roto, sus miembros sin movimiento, sus ojos fijos y en su cara solamente lágrimas que no dejaban de fluir. Dicen que cuando los rayos del Sol y los fríos rayos de Luna se reflejaban en esa imagen de piedra, llora por los hijos de Níobe, de los que se había enorgullecido contra los celosos dioses.

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Aurora Bitzine revista de fantasía y ciencia ficción a 1 de julio del 2006