El relato original fue publicado en un el único número de La revista de fantasía y ciencia ficción. El éxito de este relato de soledad, opresión y desesperanza, impulsó a Silverberg a retomar el argumento y enriquecerlo con una mayor profundidad social y política para convertirlo en novela.
Publicada en l968, “Estación Hawksbill” de Robert Silverberg es una de las obras clásicas de la ciencia ficción, cuyo argumento plantea dos ubicaciones temporales y espaciales: los Estados Unidos de comienzos del siglo XXI -con un gobierno represivo y totalitario- y la Estación Hawksbill, a dónde son enviados los disidentes políticos, en medio del desolado paisaje del período cámbrico de la Tierra, hace mil millones de años, donde no representan peligro político alguno.
El prólogo de Pohl, él habla de que la invención del mundo que supone una novela, implica una ideología subyacente. En la novela de Silverberg, el –entonces- futuro imaginario fascista y ciertos pasajes con tono de denuncia social, parecen muy propios de una sociedad que creció con las Guerras mundiales, la Guerra fría y posteriormente Vietnam. Ya habíamos leído manipulaciones totalitarias en obras como 1984 (1949) de George Orwell, Fahrenheit 451 (1953) de Ray Bradbury, o El fin de la Eternidad (1955) de Asimov.
El autor narra con realismo -aunque sin llegar a crudeza- la vida en el penal, la forma en que los presos gozan de una aparente libertad que no es en modo alguno humanitaria, pues con el paso del tiempo merma la voluntad e incluso la cordura de varios.
Silverberg nos introduce en la vida de un personaje central, Jim Barret, el primer prisionero en la Estación, quien de estar solo tangencialmente interesado en la revolución se convierte paulatinamente en un líder comprometido y relativamente bien adaptado a la desolación reinante. El sentido viene dado por la llegada de un nuevo prisionero, cuyo motivo de destierro los otros procuran dilucidar, y por la relación que entabla con Barret, a quien hace reflexionar en torno a su vida.
Más allá de la imposibilidad tecnológica de los viajes en el tiempo, o de lo poco verosímil que pueda resultar el ambiente de relativa concordia y solidaridad en un contexto que permite el aislamiento de los opositores al régimen dominante mediante el destierro a la prehistoria, la novela hace gala de una prosa de calidad, logra crear una atmósfera opresiva, el argumento resulta ameno y Barrett evoluciona adecuadamente.
La novela comienza ya un periodo de madurez del autor, en el cual contribuyó a conformar lo que sería la New wave. Silverberg, en un gesto optimista que no sorprende en él, opta por un final inesperado que ofrece una esperanza para los de “abajo”.
Pensando en nivel simbólico, probablemente la genialidad de la idea de Silverberg sobre un destierro a una isla desierta -a la manera de novelas de aventuras- o sobre un planeta prisión remoto –pensemos por ejemplo en Salusa Secundus, planeta prisión de la Casa Corrino, en el universo de Dune de Frank Herbert- reside en que, desde la perspectiva del humanismo occidental, del pasado es imposible intentar escapar. En este sentido, el quiebre final de “Estación Hawksbill” da mucho que pensar.
Autor: Silverberg, Robert
Título original: Hawksbill Station
Título: Estación Hawksbill
Pról.: Frederik Pohl
Trad.: Antonio Prado
Edición: Barcelona: Plaza y Janés, 2000
ISBN: 84-01-01371-2
|