CAMISETAS AURORA Aurora Bitzine, Fantasía y Ciencia Ficción
Mitos y Leyendas: El Festín de Bricriu
La mayor parte de la mitología irlandesa está relacionada con la guerra, pero hay otra parte que esta relacionada con la vida social, aunque las peleas y la violencia suele ser la norma. Uno de los relatos más famosos es el que se refiere a Bricriu Nemthenga y el gran festín que ofreció a los héroes irlandeses.
Por Manuel Burón

Mitos y Leyendas - El Festín de Bricriu Bricriu Lengua Venenosa era un hombre amigo de la controversia. Le encantaba ser testigo de disputas y disfrutaba enredándolas más aún., sobre todo si terminaban en sangre. Un año, decidió preparar una gran fechoría que esperaba provocaría el conflicto entre los mejores héroes de Irlanda. Lo planeó con precisión. Primero construyó una enorme sala de festejos en Tech Midchuarta , que tenia una grandiosidad superior a la del palacio del rey Conchobar en Emhain Macha y, verdaderamente, más resplandeciente, recubierto con oro y plata, que ningún otro palacio del mundo. Sólo el comedor, consistía en una gigantesca cámara rodeada de treinta sólidos pilares tan altos que para colocar cada uno de ellos fueron necesarios siete hombres y un gripo de bueyes, y para planear su posición treinta druidas. La sala incluía dependencias privadas para los huéspedes; pero la habitación más fascinante del palacio era una cámara desde la cual Bricriu Lengua Venenosa podía observar todo lo que acontecía ene. Comedor sin ser visto: su intención era utilizar esta habitación para divertirse contemplando las disputas que tramaría entre sus invitados.
Cuando estuvo acabado el salón, al cabo de un año, Bricriu viajó a Emhain Macha para invitar al rey Conchobar y a los héroes aun fiesta. Describió los preparativos y la comida, mencionó a los nobles el acomodo del que podrían disfrutar y les prometió no provocar ninguna discordia. Sin embargo, Fergus mac Roich no le creyó y advirtió a los nobles que acudir a aquel banquete no supondría ningún bien, ya que, según dijo «Bricriu no puede evitar se como es y desea siempre enfrentar a guerrero contra guerrero, sirviente contra sirviente, esposa contra esposa.» A esto, Bricriu se enfadó y juró que, auque había prometido no utilizar su famosa lengua venenosa en la fiesta, lo haría ciertamente si la corte no acudía a ella. Amenazó con hacer uso de su maligno don de la mentira y el engaño para enfrentar al padre contra el hijo, al hermano contra el hermano, a la madre contra la hija. Además, afirmó que poseía un encantamiento mágico que haría que el pecho derecho de todas las mujeres de Ulster se frotara contra el izquierdo hasta que ambos estuvieran tan agrietados y doloridos que todas las mujeres del reino se sentirían miserables, al igual que sus maridos. Ante tales amenazas, los nobles del Ulster convinieron en ir, si bien exigieron ciertas garantías: Bricriu tendría que proporcionar rehenes para garantizar su buena conducta y él mismo tendría prohibido ir al festín, pues se suponía que si Bricriu sabía que no podía ser testigo de las tensiones, no desearía causarlas. Ninguno de los nobles, sin embargo, conocía el secreto de la cámara que había construido encima del comedor.
Apenas había obtenido de los nobles la promesa de que acudirían, empezó a sembrar la discordia. Se acercó a cada uno de los tres grandes guerreros, Loeguire Buadach, Conall Cernach y Cuchulainn, por separado y les dijo: «Tú eres el mejor guerrero de Irlanda, por eso mereces la porción del campeón en el banquete». Especificó cual seria la porción del campeón, ración realmente sorprendente: un jabalí de siete años que no había comido mas que harina de cereales, leche nueces y trigo en toda su vida, que había sido estofado en un gran caldero lo bastante grande para que cupieran dentro tres hombres, además de una vaca de siete años que había sido alimentada con la misma dieta del jabalí. Este caldo de carne había sido adobado con vino hasta que la carne estuvo preparada. Cada uno de los héroes, pensando que él era el único al que el anfitrión había designado la porción del campeón, aceptó reclamarla cuando los sirvientes la trajeran. Bricriu esperaba observar la batalla resultante desde la seguridad de su habitación oculta. No fue defraudado.

Mitos y Leyendas - El Festín de Bricriu A los pocos minutos de estar sentados, los tres héroes habían reclamado la porción del campeón y se habían enzarzado en una pelea para imponer su opinión. Las afiladas y brillantes espadas chocaron con tanta rapidez que los testigos aseguraron que parecía que un relámpago hubiera cruzado la habitación. Conall Cernach y Loeguire Buadach atacaron inmediatamente a Cuchulainn pero, al no ser justa una lucha de dos contra uno, el rey Conchobar y Fergus mac Roich intervinieron para separarlos. El rey declaró que ninguno de ellos tomaría la porción del campeón aquella noche sino que se la repartirían. A la noche siguiente, según el soberano, se haría un juicio sobre cuál recibiría la siguiente porción del campeón.
Si embargo, en aquel punto Bricriu vio otra oportunidad de causar problemas. Abandonó su habitación y se entrevistó secretamente con las esposas de los tres héroes, que se preparaban para entrar en el salón y sentarse con sus maridos. Primero ante Fedelm, la esposa de Loeguire, después ante Lendalair, la esposa de Conall, y finalmente ante Emer, al esposa de Cuchulainn, Bricriu hizo la siguiente declaración: «eres realmente más bella que las esposas de los rivales de tu marido y tu esposo es verdaderamente el mejor de los tres; por tanto tú y tu séquito deberíais entrar primero en el salón del banquete. Es más, ¡insisto en ello!». Impresionadas por la sentencia de Bricriu, las tres mujeres, cada una con cincuenta acompañantes, se dirigieron al salón determinadas a llegar las primeras. Al principio, los tres grupos caminaron con gran pompa pero al ver a los demás, aceleraron gradualmente el paso para llagar las primeras a las puertas. En un momento, ciento cincuenta y tres mujeres corrían como alma que lleva el diablo hacia la puerta remangándose el vestido y descuidando incluso el decoro. En el interior, los guerreros aterrorizados por aquella horda y ante el temor de ser atacados por enemigos, ordenaron que se cerraran los postigos. Las mujeres llegaron a la puerta y empezaron a gritar para que abrieran. Cada uno de los hombres, al oír la voz de su esposa, se lanzó a abrir la puerta, en cambio, el rey Conchobar, disgustado por la falta de dignidad, lo prohibió. A pesar de ello, Loeguire y Conall taladraron agujeros en los muros del salón y dejaron pasar a sus mujeres. Cuchulainn simplemente se agachó, metió la mano por debajo de la pared y levantó el muro lo suficiente como para que pasara su esposa. Ni que decir tiene que el resto de las mujeres se apresuraron a pasar por la abertura y en la sala reinó la algarabía.
Para entonces Bricriu había estado muerto de risa sino llega a ser porque la proeza de Cuchulainn hizo que él y su esposa cayeran por la ventana justo en el cubo de los desperdicios la salida salón. Cubierto de porquería, Bricriu corrió hacia la puerta y exigió que le dejaran pasar. Al principio, el guardián no le reconoció en su lamentable aspecto, pero Bricriu le empujó y declaró furioso que el festín se había acabado a menos que quien había inclinado el salón lo pusiera derecho. Cuchulainn sujetó el muro inclinado y lo puso recto de nuevo. A pesar de ello, se estropeó la fiesta aquella noche y todo el mundo se retiró.
A l mañana siguiente, el rey Conchobar sugirió que los guerreros demostraran su derecho a tomar la porción del campeón realizando una gran hazaña; los tres héroes Loeguire, Conall y Cuchulainn, partieron inmediatamente en busca de aventuras. Loeguire salió primero pero le sorprendió la niebla y un gigante con un garrote que después de robar su carro y su espada se escapó. Después le siguió Conall, que encontró la misma niebla y el mismo hurto por parte del gigante del carro y la espada. El último fue Cuchulainn, quien también se enfrentó a la niebla y al gigante, pero, no sólo le mató, sino que le arrebató las posesiones de Loeguire y Conall. Los nobles reunidos quisieron declararle merecedor de la porción del campeón aquella noche, pero Loeguire y Conall se quejaron de que la niebla y el gigante no eran sino trucos de las gentes del sidh, amigas de Cuchulainn. El rey Conchobar, cuyo único deseo era ser totalmente justo, rechazó que victoria fuera de Cuchulainn y declaró que por aquella noche no se otorgaría la recompensa de la porción del campeón.

Mitos y Leyendas - El Festín de Bricriu Por la mañana, los tres caballeros volvieron a salir. Esta vez se dirigieron a Connacht para que el rey Ailill y la reina Maeve decidieran quien recibiría la porción. Ambos mostraron gran regocijo al ver a Cuchulainn y enseguida le alzaron como vencedor. El joven guerrero había derrotado a un gato gigante que había intentado robarle la comida, había arrojado una rueda de carro al tejado de palacio y había tirado al aire cien agujas una a una de tal forma que cada aguja se encajó en el ojo de la anterior; una vez lanzadas todas, cayeron el tierra entrelazadas enana cadena. Por si esto fuera poco, Cuchulainn expulsó de palacio a los fantasmas mandados por Loeguire y Conall, que corrieron despavoridos. Después de realizar tales proezas, Cuchulainn era merecedor del gran premio.
Sin embargo Maeve y Ailill no declararon públicamente su elección, sino que llamaron a cada héroe por separado, les regalaron una copa les declararon ganadores en secreto. A Loeguire le dieron una de bronce, a Conall una de plata y a Cuchulainn una de oro. Al parecer Maeve y Ailill prefirieron no declarar quién era el ganador por temor a que los perdedores destruyeran el palacio. Para evitarlo, obtuvieron la promesa de cada uno de ellos de que hasta que regresaran al salón del banquete de Bricriu no mostrarían su trofeo de victoria. Al llegar allí, la copa de Cuchulainn demostró a todos que era el ganador; sin embargo Loeguire y Conall sembraron de nuevo la duda en la mente del rey Conchobar al jurar que Cuchulainn había comprado la copa en lugar de ganarla. Una vez más, la porción del campeón quedó vacante.
Al día siguiente, los tres contrincantes se fueron al lago ene. Que vivía el gran druida Uath, hijo de Imoman. Después de que explicaran la razón de su visita, el druida les hizo prometer que soportarían determinada ordalía y que acatarían su decisión sobre cuál de ellos merecía la porción del campeón. Uath explicó que cada candidato debía cortar la cabeza del druida y al día siguiente él cortaría la del héroe. Loeguire, que llegó primero, aceptó el desafío, ya que estaba seguro de que Uath no podría vivir sin cabeza. Decapitó al druida y quedó horrorizado al comprobar que Uath, todavía en pie, recogía su testa y salía. A la mañana siguiente, Uath paseaba por el lago con su cabeza firmemente cocada sobre sus hombros; en cambio Loeguire no apareció por ninguna parte. Era el turno de Conall quien, convencido de que Loeguire había cometido algún error; cortó la cabeza del druida de un fuete golpe. También entonces, el cuerpo decapitado se inclinó, tomó su cabeza y se encaminó hacia el bosque. A la mañana siguiente, Conall desapareció mientras que Uath se presentó a la cita para aguardar a que Cuchulainn hiciera uso de su turno. Cuchulainn le cortó la cabeza sin esfuerzo, para ver después como el druida se marchaba. Al día siguiente, sin embargo, al contrario que sus cobardes predecesores, apoyó debidamente su cabeza en un palo y esperó a que Uath le asestara el golpe. Uath cogió una gran hacha y la alzó por encima de su cabeza simulando que iba a cortársela, pero en el último momento invirtió el filo para que fuera la parte plana la que golpeara el cuello de Cuchulainn. Uath declaró entonces que Cuchulainn era el ganador y el verdadero merecedor de la porción del campeón. Para sorpresa de muchos, Loeguire y Conall protestaron a pesar de todo esta decisión ya que, según señalaron, nadie había estado allí para ser testigo de la entrevista entre Uath y Cuchulainn y, sin testigos la decisión quedaba invalidada. Otra vez más la porción del campeón quedó vacante.

Mitos y Leyendas - El Festín de Bricriu Al día siguiente, los cortesanos se dirigieron al castillo de Cu Rui Mac Dare donde, sin muchos problemas, Cuchulainn pudo triunfar sobre el gigante del mar, veintisiete atacantes y un monstruo de quince metros. Ni que decir tiene que Loeguire y Conall huyeron al primer asomo de peligro. Esta vez, sin embargo, Cuchulainn pudo demostrar su gesta, ya que no sólo la corte estaba allí para atestiguarlo, sino que tenía en su poder la cabeza del gigante, las otras veintisiete cabezas y el corazón del monstruo que había extirpado del cuerpo a través de la garganta de la criatura. Arropado con aquellas indiscutibles pruebas, Loeguire y Conall no pudieron negar el poderío de Cuchulainn, pero convencieron al rey Conchobar de que, dado que las pruebas habían sido realizadas fuera del Ulster, no podía reclamar el nombre de campeón del Ulster.
Para entonces, Cuchulainn, disgustado por el lamentable episodio, se retiró de la competición. Sin embargo, el destino le echó una mano, ya que en el momento en que el rey su corte se ponían en camino hacia Emhain Macha, un horrible ogro irrumpió en el salón. Su enorme cabeza era tan grande y tenía tal maraña de pelo sucio y andrajoso que en él podrían haber encontrado refugio treinta becerros en una tormenta de invierno. Tenía los ojos amarillos del tamaño de calderos, sus dedos eran más gruesos que la muñeca de un hombre y llevaba un hacha que ni siquiera veinte bueyes habrían sido capaces de transportar. El ogro les hizo el mismo reto que Uath el druida. Al no aceptar nadie, el honor del Ulster quedaba cuestionado, por o que el rey ordenó que trajeran a Cuchulainn. Por no ver a su país deshonrado, Cuchulainn aceptó. Decapitó al ogro y, tal como había sospechado, contempló como el monstruo se inclinaba, recogía su cabeza y salía de la sala. A la mañana siguiente, la criatura regresó y, fiel a su palabra, Cuchulainn colocó su cabeza sobre el bloque esperando el golpe fatal. El ogro hizo como si le fuera a decapitar pero, en un momento dado, invirtió el filo de manera que sólo el extremo plano golpeara la cabeza del héroe. En ese momento, el ogro se transfiguró y apareció Uath, enfadado porque la decisión no había sido aún satisfecha. El rey, avergonzado por si equivocación, declaró que desde aquel momento Cuchulainn sería reconocido como el mejor guerrero de toda Irlanda y, con ello, todos volvieron al salón del banquete de Bricriu para contemplar al héroe consumir la porción del campeón.

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Aurora Bitzine revista de fantasía y ciencia ficción a 1 de junio del 2006