El argumento es el siguiente: un niño nace cojo, en el seno de una aristocrática familia espartana. El noble Aristarcos, su padre, ha de dejarlo abandonado en el Monte Taigeto, como manda la tradición espartana. De tal modo, los bebés que no puedan ser guerreros en el futuro y servir así a la patria, serán devorados por los lobos o bien morirán a causa del frío o el hambre. Cleidemo —así se llama el pequeño— no sufrirá ninguno de estos destinos, ya que será recogido por una familia de ilotas mesenios que le criarán en los años sucesivos como si fuera su propio hijo, ocultándole su auténtica estirpe. Hay que decir que los ilotas son los esclavos de los ciudadanos libres de Esparta y provienen del pueblo mesenio, el cual fue antaño libre, antes de que los invasores dorios —antepasados de los actuales espartanos— invadieran sus tierras y les sometieran a una cruel esclavitud. Cleidemo será rebautizado por su nueva familia mesenia con el nombre de “Talos”. Aunque será un simple pastor, aprenderá que los ilotas tienen sus propias sociedades secretas, que conspiran en la oscuridad, para quitarse de encima el yugo de sus amos espartanos. Talos ha de jugar un papel importante en tales ámbitos, y se le complicarán aún más las cosas cuando conozca a su auténtico hermano —el segundo hijo del noble Aristarcos—. Ambos serán enemigos letales, pero en el fondo sentirán un lazo de sangre que les impedirá darse uno al otro la muerte, a pesar de que el destino provocará que se enfrenten en diversas ocasiones. En el futuro, cuando Talos sepa de dónde procede en realidad, tendrá que elegir entre el legado de la sangre espartana, o el de la crianza, la amistad y el amor junto a las gentes de su infancia, los ilotas mesenios. Porque finalmente, tras muchos avatares, habrá un enfrentamiento entre unos y otros y Talos/Cleidemo, ya consumado guerrero y estratega, tendrá que empuñar su espada contra los de uno u otro bando.
Siguiendo los viajes y las desventuras de Talos, el lector irá visitando los puntos comunes más apasionantes de la historia griega de tal época: la invasión persa de Jerjes con sus batallas más famosas: Maratón, Salamina y —como no podía ser menos, dado el título, y haciendo especial hincapié en ella— el enfrentamiento de las Termópilas y el heroico sacrificio de Leónidas y sus Trescientos. Más tarde, hallaremos a Talos en Jonia y Asia Menor, envuelto en las intrigas de poder de Pausanias y otros reyes y políticos espartanos, en las cuales jugará un importante papel. Y por último, intervendrá en la rebelión de los mesenios, tras el gran terremoto que asoló Esparta.
Como se puede deducir, no hay mejor marco para una novela de aventuras ambientada en la Grecia Antigua.
Además, Manfredi, eficiente hacedor de best-sellers, compone un drama familiar al estilo de las grandes telenovelas. Así, tenemos al protagonista divido entre dos herencias que le desgarran, incluidos dos padres y dos madres, todos ellos ejerciendo un peso atroz en la vida del muchacho. Especial atención merece la relación amor-odio con su hermano de sangre Brito, que ya se comentó más arriba. No podía faltar, por supuesto, el elemento romántico, en la persona de Antinea, una joven ilota de la que cae profundamente enamorado, siendo correspondido de inmediato por ella. Lógicamente, ha de tratarse de un amor imposible, por circunstancias que prefiero no revelar para no reventar el suspense del posible lector. El drama —dramón, si se permite decir— está servido.
Aparte de estos elementos muy comerciales y efectivos, hay otras influencias que, mejorándolas o complementándolas, merecen ser destacadas. No se puede dejar aparte el tema del niño abandonado a la muerte, pero recogido por una familia humilde. Un muchachito que, al ser de sangre aristocrática, siente impulsos heroicos mucho más fuertes que los de los otros chicos de baja estirpe. Ya ha aparecido antes esta historia, desde Moisés, hasta el mito de los changelling nórdicos —bebés humanos que roban los elfos, plasmado en La Espada Rota, de Poul Anderson—, pasando incluso por el cuento popular El Patito Feo. Es una revisión del mito a la que Manfredi acude, ahora en el ámbito espartano.
También puede verse en Manfredi la larga mano del autor de aventuras italiano por excelencia, Emilio Salgari. Talos, así como el resto de grandes protagonistas de esta novela —y los de otras del autor, como el Alejandro de Alexandros—, son individuos extremos en sus emociones y sentimientos. Esta “hiperemocionalidad” —si se permite este término— provoca ríos de lágrimas y tormentas de congoja, que a veces resultan incluso repetitivas y acercan peligrosamente al aburrimiento. Los amores duran hasta la muerte, así como los odios. Los “buenos” son seres abnegados hasta la heroicidad y se dejan arrastrar por sus pasiones. En ocasiones, ni siquiera pueden evitarlo. Talos recuerda a Sandokan o al Corsario Negro, en el sentido de que, por mucho que se esfuerce, hay una terrible fatalidad que pesa sobre su cabeza, un destino final oscuro y desgraciado que intuye y no puede evitar. En el caso de Talos de Esparta, los provocadores de este destino fatal son los propios dioses, que lógicamente no aparecen físicamente en el texto. Pero siempre están presentes, como entidades reales aunque inasibles, en las invocaciones o maldiciones de los protagonistas. Desde el principio hay múltiples alusiones a la crueldad/maldad de los dioses para con los humanos y el lector comprende que, como los héroes de Salgari, Talos está abocado a una vida violenta y desgraciada, con breves destellos de amor y amistad. No obstante, todo ello ha de terminar en tragedia absoluta, como mandan los propios dioses.
Manfredi, que es arqueólogo e historiador y conoce perfectamente de lo que escribe, sabe aún mejor cómo pulsar las simpatías del “gran público”. Así pues, “acerca” el carácter de sus personajes al lector actual para volverlos soportables e incluso amados. Así, causan cierto sonrojo la nobleza y el espíritu humanitario con que trata a los espartanos, pueblo cruel e implacable donde los haya. Eso no quita, todo hay que decirlo, que mantenga las necesarias dosis de severidad y marcialidad en los momentos apropiados. Pues Manfredi es, básicamente, un autor épico y siente una admiración sincera por los valores guerreros de la Antigüedad. Eso es lo que le salva, el contrapeso épico y marcial a la blandura con que trata a veces a sus personajes. El autor tiene la habilidad de saber conjugar la crueldad de estas épocas antiguas, con un mundo emocional de sus personajes, capaz de encandilar al lector corriente y moliente, a quien repugnaría y asustaría la forma de pensar de un auténtico espartano.
Lo mejor de “Talos de Esparta” es lo que siempre brilla en las obras de Manfredi: el entretenimiento. Sus novelas son una cascada de aventuras y viajes, sazonados con enfrentamientos bélicos y batallas de elevada carga épica, que consiguen mantener pendiente al lector. Utiliza un estilo fluido y fresco, rápido, a veces tosco y simple, pero siempre muy efectivo cuando se trata de narrar y captar la atención. Ese es, sin duda, el factor determinante de su masivo éxito: sus novelas son pura y simple diversión.
Quien quiera rigor histórico sin paliativos, tanto en situaciones como en la mentalidad de los personajes, echará pestes de “Talos de Esparta”, así como del resto de libros del autor. A veces incluso provocará la sonrisa burlona —incluso la carcajada— de quien desee de verdad meterse en la piel de un auténtico espartano. Pero el que desee un acercamiento un tanto ingenuo al Mundo Antiguo, donde aparezcan sus crueldades, pero suavizando siempre las aristas afiladas que podrían herir las sensibilidades “modernas”, y quien al mismo tiempo quiera pasar un rato de pura diversión con un libro de aventuras, disfrutará de un rato ameno con este libro, “Talos de Esparta”.
VALERIO MASSIMO MANFREDI
TALOS DE ESPARTA
EDICIONES DEBOLSILLO
ISBN: 84-9793-733-3
370 páginas.
Formato: Bolsillo.
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