CAMISETAS AURORA Aurora Bitzine
Librería de Zoe: Buscador de Sombras
Yo había sido elegido por ella. Por Néfele, la Princesa de la Gente Sombría. Ella me amaba, y yo lo sabía porque una noche se me entregó en un lecho ingrávido, entre pétalos de lotos que irradiaban un olor negro
Por Juan Carlos Pereletegui

Librería de Zoe - Buscador de Sombras —¡Ten cuidado con este libro! —me dijo Zoe cuando tomé del mostrador el pequeño volumen. Iba a responderle con alguna socarronería pero su mirada me paralizó la lengua.
—Es sólo una novela —agregó—, una fantasía, pero tan bien escrita que puedes llegar pensar que es otra cosa.
Incómodo por aquellos temores, infrecuentes en mi amiga, desvié la mirada hacia la contraportada: «En un futuro próximo, el doctor Rojo, prestigioso psiquiatra español afincado en los Estados Unidos, es requerido por la embajada de su país para realizar una evaluación mental de Alvaro Carreño, prestigioso físico, también español, que se halla en el corredor de la muerte por el homicidio de su esposa norteamericana. Además de la crisis que desembocó en el macabro y sangriento asesinato, aparentemente inexplicable, Carreño manifiesta una extraña psicosis: se niega a toda costa a retirarse el Anóneiros, un casco que impide el sueño REM, librando a sus usuarios del riesgo de contraer la narcolepsia de Pisani, una extraña enfermedad de origen desconocido, que desde hace década y media se ha convertido en el azote de la humanidad. Premio UPC 2000 de novela corta.»
Hice un mohín con los labios, no muy convencido. El argumento parecía demasiado convencional, incluyendo científico loco y sanguinario, enfermedad misteriosa y aparatejo exótico de propiedades inciertas y nombre difícil de pronunciar. Casi una historia de novela de a duro.
Ojee rápidamente las páginas.
—¿Por qué escribe siempre «Anóneiros» con mayúscula? ¿Y por qué es esdrújula? Resulta mucho más natural «Anoneiros», si es una palabra inventada, lo mismo le daba.
Zoe frunció el ceño, ligeramente molesta.
—No seas picajoso, Negrete tendría sus razones, lo importante es que cuenta la historia con una riqueza de pequeños detalles, casi inapreciables, pero que le dan cuerpo hasta hacerla tan verosímil que produce escalofríos.
—No sé... —murmuré, escéptico—, no entiendo mucho de estas cosas, lo del «sueño REM», ¿qué es en realidad?
Zoe se rió un poco por lo bajo.
—Estamos un poco oxidados, ¿no? La fase REM del sueño es el tiempo durante el cual suceden los sueños más intensos. Bajo los párpados, los ojos se mueven rápidamente y las neuronas consumen tanta glucosa como en vigilia. La fase REM es tan diferente del resto de lo que ocurre mientras dormimos que los estudiosos dividen nuestro sueño entre fase REM y fase no REM.
»Ya puestos en temas técnicos —agregó con malicia—, ¿recuerdas el segundo principio de la termodinámica?, es conveniente tenerlo fresco si quieres entender algo de esta novela.
Tenía un vago recuerdo de haberlo estudiado de adolescente, pero aquella época ya estaba lejos y sólo me venía a la cabeza algo relacionado con la entropía, que a su vez tenía algo que ver con el orden y el desorden de los átomos o las moléculas o qué sé yo.
Zoe vio mi azaramiento y esta vez rió con ganas.
—¡Vaya, vaya! ¿Así estamos? El segundo principio de la termodinámica manifiesta que «La cantidad de entropía de cualquier sistema aislado termodinámicamente tiende a incrementarse con el tiempo, hasta alcanzar un valor máximo», siendo la entropía una medida del desorden de ese sistema. Dicho de otra manera, y para lo que necesitas saber para leer «Buscador de sombras», cualquier universo que dure lo suficiente, al final sucumbirá al desorden de la materia que lo forma.
Vi claramente como Zoe temblaba mientras agregaba:
—Y los seres que habiten en ese universo harán cualquier cosa con tal de evitar ese destino —musitó—. Cualquier cosa.
Muy a mi pesar, sentí como se me erizaba el pelo de la nuca.
—Parece que te ha afectado mucho —le dije mirándole a los ojos.
Ella me evitó ahuecándose el pelo, un gesto inusitado que aumentó mi inquietud.
—Lo leí de un tirón hace algunas noches, en la cama y lo que ocurrió después todavía me tiene algo conmocionada.
No supe que decir ante semejante declaración y me limité a esperar.
—Negrete juega fuerte la baza de la verosimilitud —explicó—. A pesar de ser una novela corta, hay más de una docena de personajes secundarios, además de los tres principales, y están caracterizados con tanta destreza que saltan de las páginas, llenos de vida. Por si eso fuera poco, te cuenta un montón de pequeños detalles, trivialidades que parecen no venir a cuento, pero que poco a poco van dándole consistencia al relato hasta que te envuelve y te mete en la historia de una forma imprevisible. —Hizo una pausa que se tornó dramática.— Nunca pensé que un libro podría llegar a afectarme tanto.

Librería de Zoe - Buscador de Sombras »El centro de la historia lo componen las cinco entrevistas que el doctor Rojo tiene con Carreño. A través de ellas, el psiquiatra descubre que Carreño se encontraba inmerso en un experimento de búsqueda de la materia oscura del universo. —Yo miré al techo, involuntariamente, intentando recordar. Zoe hizo un gesto de fastidio.— ¿Tu que hacías en el instituto? —preguntó mosqueada—, además de espiar a las chicas y meneártela. —Tomó un poco de aire.— La materia oscura es la materia que según las ecuaciones del modelo del big-bang, ¡eso sí que sabes lo qué es!, ¿no?, debería contener el universo, pero que los astrofísicos no logran detectar por ningún lado. Bueno, pues Carreño la ha encontrado, o mejor dicho, la materia oscura le ha encontrado a él.
»¡Sí, ya lo sé! ¡Sólo es una fantasía! Pero lo que me pasó la otra noche, no fue ningún sueño...
Yo seguía en silencio, algo amedrentado por aquella extraña pasión que el libro parecía haber despertado en Zoe.
—Carreño es seducido por Néfele, princesa de la Gente Sombría, hija de la reina Belecis, nieta de la reina Brimfante: las tres diosas que gobiernan el País de la Sombras. ¡No te rías, coño! Cuando digo seducido es seducido de verdad, ¡vamos! ¡Qué se lo folla! —nunca había visto a Zoe tan exaltada—..., y no sólo a Carreño.
»Estaba en la cama, pensaba leer algunas páginas hasta que me entrara el sueño y terminé con la primera entrevista, bastante adormilada..., me disponía a cerrar el libro cuando sentí un roce sutilísimo en los labios que me despabiló al instante. Me senté sobre la cama sobresaltada, con el corazón repicando a Gloria. Intenté serenarme y pensar racionalmente, pero era imposible, no tenía ninguna duda: alguien me había besado... O algo.
»Me había desvelado, así que seguí leyendo hasta un poco más allá de la tercera entrevista; acompañé a Rojo a la profunda mina de Highwater en la que Carreño realizaba sus experimentos y me sentí aterrada por los secretos de la Gente Sombría que el físico guardaba en sus diarios, pero me quedé prendida de su princesa, Néfele, igual que Carreño... Igual que Rojo. Dejé al psiquiatra huyendo por los túneles de la mina y cerré el libro de golpe. !Aquello no servía para calmar mi ansiedad!
»Apagué la luz e intenté conciliar el sueño cuando me asaltó un nuevo terror: ¿cómo podía pensar en dormir sin el Anóneiros, con el riesgo de contraer la narcolepsia de Pisani? Luchaba con mi mente para sacudirme toda aquella sugestión ridícula cuando sentí un roce entre las piernas que me provocó un sobresalto, mitad de temor, mitad de placer. Alargué el brazo para encender la luz pero un velo suavísimo envolvió mi rostro y se insinuó entre mis labios que abrí al instante, permitiendo que aquella sensación indescriptible me acariciara la punta de la lengua, llenándome de voluptuosidad.
Zoe hizo una pausa en su sorprendente relato y me miró fijamente. Tenía el rostro arrebolado, un rojo encendido, exacerbado por el contraste con su cabello blanco y los labios le brillaban como a una adolescente decidida a hacerse mujer.
Hace mucho tiempo que conozco a Zoe y sé bien de su pasión por la vida y por el amor pero nunca había llegado a identificar a la joven de sus historias con aquel cuerpo marchito. Volví a mirarlo con otros ojos y reparé en la curva de su talle esbelto, ceñido por el austero vestido negro que dibujaba la forma de su pecho, erguido por arte del sostén pero no por ello menos orgulloso.
—El tiempo no pasa en balde —dijo, interpretando mi mirada—, pero hay fuegos que arden bajo tierra, con el calor de un horno, aguardando la ocasión de rebrotar. —Hizo una larga pausa, yo estaba tan sorprendido que no sabía qué decir.—No crees nada de lo que estoy contando, ¿verdad?
Respiré hondo.
—Creo que te quedaste dormida con el libro entre las manos y soñaste con esa tal Néfele.
Zoe sonrió, una sonrisa ambigua, indescifrable, llena por igual de promesas de infierno y amenazas de paraíso.
—¡Quizá tengas razón! ¡No lo sé! —exclamó—, lo cierto es que algo o alguien me estaba besando como nunca lo habían hecho antes y mientras yo me derretía, un pensamiento atravesaba mis neuronas una y otra vez: «Sueña conmigo», «Sueña conmigo», el mismo mensaje que Néfele había conseguido enviar a Carreño a través del abismo que separaba nuestros universos. A pesar de la languidez que me iba ganando, yo intentaba convencerme de que todo aquello, como tu dices, no era más que un sueño, pero la sensación que hasta entonces había estado jugando con mi lengua, bajó por el cuello, se dividió y se enroscó en mis pechos, tan solo un instante, lo justo para que nunca pueda olvidarlo... Cruzó el ombligo despertando el anhelo de una felicidad perdida y me hizo abrir las piernas, ansiosa..., y ya nada más quise saber. ¿Qué me importaba si aquello era sueño o realidad? Tanto era si Néfele me amaba o me seducía para sus propósitos, si abría la puerta a un nuevo tiempo o al fin de los tiempos, tan sólo pedí que no me abandonara nunca, y juré que ningún precio sería excesivo para retenerla a mi lado. Ninguno.
Incrédulo y fascinado miré de nuevo la portada del reducido volumen que sostenía en las manos: Javier Negrete, «Buscador de Sombras».

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Aurora Bitzine revista de fantasía y ciencia ficción a 1 de mayo del 2006