Tomás Moro creó hace tiempo el término “utopía”, para referirse a un proyecto optimista, un sistema social que pareciera irrealizable. Los escritores modernos tienden más a la distopía (1) , a la pérdida de valores más que a la revalorización, a la anulación de los paradigmas, de las relaciones causales, aunque establecer el límite entre utopía y distopía a veces se dificulta. “El sueño de la razón produce monstruos” afirmaba Goya, y uno lo recuerda también al leer panoramas considerados utópicos como el de “La República” de Platón, la “El año 2000” de Bellamy.
Tras la experiencia histórica del surgimiento del fascismo y la rápida expansión del ideario y los métodos comunistas en occidente, durante la primera mitad del siglo XX, varios autores crearon obras en que retrataban pesadillas de autoritarismo. Según el teorema de la imposibilidad de Arrow, conocido por los economistas, es imposible de encontrar un mecanismo de elección social que cumpla características óptimas de bienestar general y evite la arbitrariedad de criterio. En este sentido, la novela de Huxley, como “Nosotros” de Zamiatin, "1984" de Orwell, “Fahrenheit 451” de Bradbury y otras, nos hace pensar que la búsqueda de la perfección social conduce al horror.
“A puerta cerrada, el infierno son los demás” –decía Sartre- y el infierno de Huxley es un infierno moderno, fordista, higiénico, en el cual todo se encuentra planeado, jerarquizado y vigilado por un poder central. Plantea una sociedad totalitaria en la que el individuo se encuentra al servicio del Estado, que es a su vez manejado por una aristocracia –los Controladores. En el planeta Ford la ciencia permite alterar la inteligencia, los instintos, y las aptitudes de los individuos, para integrarlos en un estricto sistema de castas.
En “El mundo feliz” -la novela más famosa de Huxley y lectura casi obligada para los interesados en el pensamiento utópico-distópico y en la ciencia ficción- los sentimientos y pasiones han sido químicamente eliminadas, la familia ha sido abolida y todos son obligadamente dichosos.
Con sólida base sociológica y psicológica, el autor nos muestra un impactante conductismo aplicado y se da incluso el lujo de aludir a connotados pensadores en los nombres de los protagonistas.
El narrador afirma que todos son dichosos y así se consideran casi todos los habitantes de Ford, pero el autor nos deja ver un entramado social turbio y nauseabundo. Ya desde el Centro de Incubación y Acondicionamiento, desde las remotas probetas que han sustituido el vientre materno, los hombres, intencionalmente, no son todos iguales. Ese lugar ostenta con humor negro el lema “Comunidad, Identidad, Estabilidad”, parodiando tal vez el de “Libertad, Fraternidad, Igualdad” de la Revolución Francesa, la primera revolución social del mundo moderno.
La diferencia entre unos y otros es genéticamente buscada para clasificar a cada ser que nace en un estrato social y es también, física, intelectual y psicológicamente insalvable. Más aún, un "Épsilon" (proletario casi esclavo) debe estar tan complacido con su condición como un "Alfa" o líder. La obra desarrolla una feroz anticipación crítica a la tecnología reproductiva, los cultivos humanos y la hipnopedia.
Huxley crea su planeta con base en una profunda observación crítica de nuestra existencia cotidiana- existe ahí un hondo miedo a la libertad, a la soledad y al libre albedrío. Dicho miedo se amortiza con píldoras de soma, una droga compuesta de cocaína y morfina; con orgías catárticas, promocionadas por el Estado con el rimbombante eufemismo de “Servicios de solidaridad”, que son la única posibilidad de interrelación entre los distintos estratos sociales; y con deportes extremos.
Cuando algunos, como Bernard Marx, se resisten a la droga y al condicionamiento psicológico, se torna necesario un reacondicionamiento que anule la disidencia, la duda, la heterodoxia.
En esa sociedad en la que el hombre ha sido alterado y devaluado con el beneplácito público, no es sorprendente que existan “reservas de salvajes”, algo intermedio entre el régimen apparheit y el parque zoológico, con el objeto de recordar los “tiempos de barbarie”. El quiebre cultural que confiere sentido a la novela se produce justamente cuando Bernard Marx y Lenina Crowne van a la reserva de salvajes y traen a Jonh –un salvaje procedente de un par de Alfas- para integrarlo a su sociedad.
Algo que llama la atención en ese enfrentamiento de “civilización y barbarie”, es que parecería que Huxley opta por la barbarie. De hecho, en la crítica a esta obra que hace Vargas Llosa en “La verdad de las mentiras”, también afirma identificarse con el salvaje, cuyo principal conflicto no es la validez moral de la alteración de los individuos con fines casi esclavistas, ni la marcada e insuperable desigualdad social, o la dependencia generalizada de drogas en el planeta Ford, sino la pérdida de la religiosidad y la desenfrenada libertad sexual.
La reflexión humanística de la obra va aparejada de una disyuntiva entre la ceguera social de Lenina, la “chica neumática” (con una actitud despreocupada y una sexualidad libre, aunque ascética, katártica y desvinculada del amor) y la ceguera social del Salvaje (que conlleva un deseo rebosante de culpa, de frustración e ira, que lo conduce a la violencia contra quienes ama y su propia muerte).
“Hay diferentes matices de lo peor”, Ciorán dixit. Huxley plasma, con un lenguaje sencillo y directo el matiz que implica el sacrificio de la libertad ante otras comodidades, en una sociedad desenfadada, saludable y tecnologizada. En Ford se ha erradicado la guerra y la pobreza, pero en medio del confort general, hay quienes se cuestionan la pérdida conjunta de la diversidad, del arte, de la religión y de la familia.
"O qué maravilla!
cuántas criaturas bellas hay aquí!
cuan bella es la humanidad!
O mundo feliz,
en el que vive gente así!"
-Shakespeare, “La Tempestad”, acto V
(1) Palabra que no registra aún el “Diccionario de la Real Academia”, pero cuyo significado es preciso y su uso relativamente extendido. Se documenta por ejemplo en Real Academia Española: Banco de datos (CREA) Corpus de referencia del español actual, en http://www.rae.es [Consulta: marzo 2006] De acuerdo con el “Oxfrord English Dictionary” el término fue acuñado a fines del siglo XIX por Jonh Stuart Mill.
Título: El mundo feliz
Título original: A Brave New World
Traducción: Ramón Hernández
Buenos Aires: Hyspamérica ediciones, 1970
ISBN: 84-7634-094-X
|