CAMISETAS AURORA Aurora Bitzine
Librería de Zoe: 6
En Casa tenemos todo lo que necesitamos, y no moriremos nunca. ¿Para qué queremos ser mayores?, ¿para qué tener hijos?, ¿para no jugar más?, ¿para volvernos unos viejos marranos como Jay?
Por Juan Carlos Pereletegui

Librería de Zoe - 6 Cuando Zoe puso en mis manos aquel librito, que apenas debía reunir las palabras necesarias para dejar atrás la novela corta, creí percibir un brillo singular en sus ojos... y no me engañaba.
—Una vez estuve enamorada —me dijo—, enamorada de verdad..., sólo una vez. —El brillo se tornó húmedo y yo desvié la vista hacia el libro para no ver caer una lágrima por aquellas mejillas que para mí representaban la alegría de la vida.
—Daniel Mares —murmuré—, «6»..., no es un título muy ilustrativo...
—Estábamos pensando en casarnos —dijo Zoe, sin prestarme atención, con la voz ligeramente opaca por la emoción que aquellos recuerdos le provocaban—, y yo quería niños, muchos niños, pero él no estaba de acuerdo, por eso me regaló este libro. —Sus ojos se volvieron soñadores.—Acabábamos de hacer el amor, de forma apasionada e intensa. Me proporcionaba un placer singular y sorprendente, con él, nada era igual que antes, ni lo ha sido después. Ahora sé que a él lo amaba de verdad y que eso lo cambia todo.
»Con mi dedo empapado de sus fluidos, dibujaba laberintos serpenteantes sobre su abdomen, mientras le hablaba de los niños, una vez más.
Él metió la mano bajo la almohada y sacó un pequeño paquete; yo rasgué el envoltorio con alegría infantil y me quedé sorprendida al ver el título: «6», pasé la vista por la contraportada.
—¿Una novela de ciencia-ficción sobre niños? —pregunté sorprendida.
—Si y no —me respondió él, enigmático—. Los protagonistas parecen niños de 6 años, ese es el motivo del título, y en realidad lo son... en cierto modo, pero también son algo más, mucho más en realidad.
Hice correr las páginas entre mis dedos y vi nombres familiares: Wendy, Peter, Alicia..., Rudy, aunque este me parece que era de otro cuento.
—Parece un refrito de «Peter Pan» y «Alicia en el país de las maravillas» —comenté, bastante escéptica.
—Lo sencillo sería decir sí —me respondió—, que Daniel Mares ha cogido las historias de Barrie y Lewis Carroll y las ha reescrito en clave de ciencia-ficción, y eso es lo que parece al principio, pero luego... Cuando te quieres dar cuenta, Mares te ha metido un nivel más, impensable, reventándote el punto de vista, metiéndote por sorpresa en un lugar al que, quizás, no hubieras ido por propia voluntad.
Le di un beso para agradecerle el regalo y me quedé pegada a sus labios, su sabor me inundó el paladar y el mundo, el universo entero, se redujo a las sensaciones que su cuerpo despertaba en mi cuerpo.
Cuando volví a ser dueña de mis sentidos, al cabo de bastante rato, rebusqué entre las sabanas hasta dar con el librito. Estaba algo maltrecho, al parecer lo más fuerte del envite había ocurrido sobre sus páginas. Lo ojeé con curiosidad.
—¿Así que no es un cuento para niños? —le pregunté.
—Ni lo más mínimo —me contestó—, al principio lo parece, pero la impresión sólo dura unas pocas páginas. Es como esos dibujos que tienen trampa, en los que, según el enfoque del ojo, puedes ver una anciana o una joven desnuda.
»La historia empieza con el punto de vista de unos niños jugando y riendo en una especie de casa mágica en la que todo es perfecto y maravilloso; pero no tarda mucho en aparecer otro punto de vista, otra realidad mucho más siniestra y terrible, pero sin abandonar en absoluto la primera. Según como enfoques el cerebro, puedes estar leyendo una u otra, puedes cambiarla de párrafo a párrafo.
—O sea, que no son precisamente unos niñitos adorables.
—Al contrario, SON unos niñitos adorables; hacen cosas de niños, que resultan encantadoras y en ningún momento dejas de verlos como niños. Pero también son unos monstruos, no por culpa suya, ya que hasta el final, ellos no son conscientes de lo que son, ni donde están.
—Pues si son unos pequeños monstruos, entonces no hay historia, simplemente son niños normales y corrientes —bromeé—, cuando quieras te presento a mis sobrinitos.
Él se rió.
—Lo curioso es que tienes razón: son niños normales y corrientes que sólo se preocupan por jugar. Se pelean y están jugando, se odian y están jugando, se aman y están jugando, se matan y están jugando, porque cuando los niños juegan no tienen límites, somos los adultos los que se los ponemos, para que no se conviertan en monstruos.
»En realidad esa es la esencia de la educación: mostrarles los límites, que aprendan cuando es poco y cuando es demasiado, guiarles sobre el filo de la arista y confiar en que algún día sean capaces de recorrerla solos. Un equilibrio casi imposible de encontrar y mucho menos de transmitir.

Librería de Zoe - 6 Los niños de «6» han crecido sin crecer, sin más límites que los que cada cual lleve en su corazón.
Él extendió su brazo y rozó con la punta de los dedos mi pecho desnudo, no sé si por auténtico deseo o por dejar el tema. Yo sentí la descarga eléctrica que siempre me provocaba su contacto pero esta vez me resistí, dándole un cachete en el dorso de la mano; deseaba llegar hasta el final con aquel libro.
—¡Me estás poniendo los pelos de punta! —exclamé—. No puede ser tan malo como eso.
Él pareció conformarse y apartó la mano.
—No sólo es tan malo como eso, sino que aun hay más.
—¡Imposible! ¡Es un libro cortísimo!
—Los venenos se venden en frascos pequeños —cariño—. Por ejemplo: ¿quieres vivir para siempre?, ¿qué estarías dispuesta a hacer?, ¿qué estarías dispuesta a hacerle a los demás?
Evidentemente son preguntas sin respuesta, todo depende del momento, de las condiciones, de los porqués y paraqués. Hay vidas que no vale la pena vivir e instantes cuya magia reside en su finitud.
—¿Eso es lo que les han ofrecido a los niños? ¿La inmortalidad? —pregunté, desasosegada.
—No, el juego no va de la inmortalidad, no es lo que pretenden los que lo han inventado, pero la inmortalidad aparece como una tentación, como un resultado colateral, indeseado pero seductor, como un fruto prohibido al que deben resistirse, y recuerda, no son más que unos niños, unos niñitos adorables.
—Entonces ¿en qué quedamos?, ¿es una novela de ciencia-ficción o un tratado de ética?
—Es ciencia-ficción pura, de la mejor, de la que se lee como una aventura fascinante pero te deja mal cuerpo durante días.
Sus dedos avanzaron de nuevo, esta vez hacía el interior de mis muslos, y ya no hubo fuerza ni voluntad que los detuviera, pero cuando acabamos me encerré en el estudio y me leí «6» de una sola vez.
Salí dispuesta a decirle que, a pesar de todo, seguía queriendo niños, pero él se había marchado. Sólo me dejó una nota sobre la mesa: «Sé que no lograré convencerte, por mucho que lo intente.»

Título: 6
Serie: Espiral-Ciencia Ficción, número 9
Autor: Daniel Mares
Portada:
Edición: Juan José Aroz, editor
ISBN:
Año de publicación: 1997

Título: 6
Serie: Gotas, número 6
Autor: Daniel Mares
Portada: Que Nümura
Edición: PulpEdiciones
ISBN: 84-95741-28-8
Año de publicación: 2003

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Aurora Bitzine revista de fantasía y ciencia ficción a 1 de febrero del 2006