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Librería de Zoe: Mundos y Demonios
Nadie ha salido con vida de un nido. Pero tu sendero te obligaba a venir a rescatar a tus amigos. Eso es algo que nosotras podemos entender perfectamente, porque mi propia senda quedó trazada en el momento en el que te encontré en el espacio. Ese instante en el que comprendí que el bosque te había puesto en mi camino es el que me ha obligado a seguirte.
Por Juan Carlos Pereletegui

Librería de Zoe - Mundos y Demonios —¡Aguilera! —murmuré, tomando el libro de sus manos—. Me gustó mucho «La locura de Dios».
Zoe cogió el libro y pasó las páginas, respirando el perfume evocador de la tinta.
—Eran mellizos —dijo, con voz clara, cargada de emoción—, muy jóvenes, rubios y espigados.
»Yo tenía una cita en aquel hotel con un viejo amigo. La verdad es que llevaba una semana soñando con una noche apasionada pero mi amigo tuvo que adelantar su partida inesperadamente. Me alejaba de recepción cuando les vi, sentados en el vestíbulo, idénticos como dos gotas de agua y leyendo, los dos, «Mundos y Demonios».
»Inmediatamente quedé fascinada por aquellos chicos y olvidé a mi amigo. Al unísono, habían vuelto la última pagina del libro y se estiraban complacidos. Era como ver una imagen reflejada en el espejo. Preparé una pregunta tonta y me acerqué a ellos. Tenían ojos muy claros, pelo lacio bastante largo y labios tentadores. Después del ritual intercambio de cortesías entre desconocidos, me hice la curiosa sobre sus lecturas.
—¿Siempre leéis el mismo libro a la vez?
—Sí, casi siempre.
—No, casi nunca.
—Casi siempre .
—Casi nunca.
Solté una carcajada.
—Vaya, pensaba que siendo mellizos, siempre estaríais de acuerdo en todo.
Se miraron y esta vez les tocó a ellos reírse. Yo aproveché para acercarme un asiento.
—En lo único que estamos de acuerdo siempre, es en que nunca estamos de acuerdo —me dijo el de la derecha—. Yo soy Jaime y este soso palurdo que intenta parecerse a mi, sin mucho éxito, como puedes apreciar, dice llamarse Julián.
—¡Mucha envidia es lo que hay, chaval! ¡Ya querrías tener la mitad de mi clase!
Lo cierto es que ambos vestían exactamente igual, pantalón oscuro y jersey ceñido de cuello cisne, y hasta sus ademanes eran casi simultáneos.
—¿Clase? No lo dirás por tus gustos literarios. La suerte que tienes es que siempre te apuntas a los libros que yo elijo.
—Pero si «Mundos y Demonios» lo elegí yo.
—De eso nada, tu querías lo último de Simmons.
—No, no, no... Es a ti al que le van esas tomaduras de pelo, servidas de dos en dos.
—Da lo mismo quien lo eligiera —intervine yo— ¿de qué va «Mundos y Demonios»?
El libro me interesaba por supuesto, pero aquel par de mocetones, aún más.
—¿De qué va? —repitió Jaime, sin saber por donde empezar.
—Pues de maquinas inteligentes que mueven estrellas de aquí para allá como si fueran sacos de patatas —afirmó Julián.
—No, no es de eso, es una historia épica, un enfrentamiento entre el bien y el mal. El mal son los angriffs, una raza de alienígenas cazadores para los que los humanos somos únicamente presas, sin verdadera inteligencia.
—Pero eso no es lo importante, lo importante es «La Esfera», un gigantesco cascaron de asteroides, de cuatrocientos millones de kilómetros de diámetro que esconde una estrella y seis planetas.
—Pero la esfera no es más que un decorado, uno de los muchos que aparecen en la novela. Lo importante son las razas que la habitan: noosferitas, bosquimanas, arañas...
—Y los juggernaut, no te olvides de los juggernaut.
—¡Cómo olvidarlos! con sus centenares de metros de longitud. Viven en el vacío y se alimentan de asteroides. Me recuerdan a los gusanos de Dune. Hay toda una parte de homenaje a la ciencia ficción clásica: las arañas cabalgando sobre seres humanos convertidos en zombis recuerdan a las babosas de «Amos de títeres» y los noosferitas tienen un cierto sabor a titerote de Pierce.
—Eso está claro. Además, las bosquimanas se parecen mucho que los fremen de Dune, viviendo en plena armonía con el bosque, cabalgando los inmensos juggernaut y llenas de compromisos tribales de honor y fidelidad.
—Para mi —dijo Jaime— algunos momentos de la parte de las bosquimanas son lo mejor de la novela. La excursión de Ada y Faulin al interior de la corteza, donde están los machos, es muy fuerte.
—Es cierto —admitió su hermano Julián—, la «sala de purificación» es brutal. Todo eso es pura filosofía fremen: ni un miligramo de materia orgánica debe desperdiciarse, igual que los fremen reciben la ofrenda de agua de sus muertos.
—De todas formas, todo eso no deja de ser una trama secundaria. Lo realmente importante es el triángulo amoroso de Isa, Benazir y Hari.
—Bah, —le rebatió Julián— eso es simplemente relleno, es mucho más importante el trasfondo político de la rebelión de la Hermandad contra el Imperio y cómo eso provoca el acercamiento de la Utsarpini y el Imperio, los antiguos enemigos.
—¡Que dices! Si eso no es más que presentación para calentar motores y crear tensión entre Ada Kharole, la hija del Khan de la Utsarpini y Chac Zar, el mercenario ksatrya, que representa al Imperio.
Yo estaba fascinada con aquel juego de ping pong, la facilidad con la que se pasaban la pelota del uno al otro pero no dejaba de maquinar la forma de conseguir jugar con otras pelotas, más interesantes. Pero, por el momento, debía limitarme al libro. Debía ser bueno cuando era tan difícil de definir y cuando surgían tal cantidad de personajes y situaciones al intentar explicarlo.
—Parad un momento, por favor —pedí—, que no me estoy enterando de nada. ¿En qué quedamos? ¿Cual es la trama principal?
Los dos hermanos se miraron, negociaron con los ojos durante un instante y al parecer acordaron que fuera Julián el portavoz.
—Es que es dificilísimo explicar el argumento. Al menos hay cinco tramas entremezcladas, de las que salen varias subtramas. Todo empieza con el descubrimiento de «La Esfera» y parece que lo principal va a ser el enfrentamiento que provoca entre angriffs y humanos. La Utsarpini y el Imperio se ponen de acuerdo para enviar una superpoderosa nave imperial, la Asura Nama, bajo el mando de Ada Kharole pero con una tripulación mixta, que incluye a Chac Zar, el mercenario ksatrya, en representación del Imperio.
—Pero luego se va descubriendo que hay algo más importante —continuó Jaime—, qué mucho de lo que está ocurriendo es fruto de un plan de los noosferitas para enviar una expedición a la Vía Láctea, donde unas maquinas inteligentes están desplazando las estrellas, acumulándolas en el núcleo de la galaxia.
—Eso puede tener nefastas consecuencias para toda la galaxia e incluso para el cúmulo de Akasa-Puspa —sentenció Julián.
—¿El cúmulo de Akasa-Puspa? —pregunté—, ¿y eso qué es?
Los hermanos hicieron un gesto de incredulidad.
—¿No has leído «Mundos en la eternidad»? —preguntó Jaime.
—Pues no, me suena «Mundos en el abismo», aunque tampoco le he leído —respondí.
—No, no, lo que tienes que leer es «Mundos en la eternidad» —explicó Julián—, que es la novela original. «Mundos en el abismo» y su continuación, «Hijos de la eternidad», fueron apaños editoriales que se hicieron para poder publicar «Mundos en la eternidad», en una época en la que una novela de esa longitud era impublicable...
—Siendo de dos españoles desconocidos: Juan Miguel Aguilera y Javier Redal —finalizó Jaime. Yo me iba a acostumbrando a ese dialogo en el que cada hermano terminaba la frase del otro.
—O sea, que primero hay que leer «Mundos en la eternidad».
—Bueno, tampoco es imprescindible —contestó Jaime—, con la introducción que hace el propio Javier Redal y lo que se va leyendo, sobra para entender «Mundos y Demonios».
Pero yo seguía aguardando una explicación sobre Akasa-Puspa y fue Julián quien se brindó, al fin, a dármela.
—Akasa-Puspa es un cúmulo estelar de los que orbitan la Vía Láctea, cuya trayectoria, en un momento dado, cruzó el plano de la galaxia, arrastrando con él al Sistema Solar, que pasó a ser parte del cumulo...
—Eso ocurrió 25 millones de años antes de la historia que se narra en «Mundos y Demonios» —continuó Jaime—. Los humanos se expandieron por el cúmulo, varias civilizaciones crecieron y se derrumbaron. El Hombre olvidó su planeta natal y también el tiempo en el que habitaron en la Vía Láctea. Mucho tiempo después se formó el Imperio y más recientemente la Utsarpini...
—Para el Imperio, los de la Utsarpini son unos bárbaros. Es cierto que la tecnología de la Utsarpini es inferior a la del Imperio...
—Pero los habitantes del Imperio han perdido el espíritu castrense y el interés por la guerra y la conquista. Por eso, cuando la Hermandad se rebela contra el Imperio tienen que acercarse a la Utsarpini...
—Un acercamiento lleno de recelos y desconfianzas.
—Ya lo voy entendiendo —afirmé.
Lo que yo entendía, en realidad, es que había llegado el momento de que las cosas comenzaran a rodar en la dirección que a mi me interesaba.
—¡No sé porque ponen la calefacción tan alta! —exclamé, desabrochándome al tiempo, dos botones del escote, dejando que asomara la puntilla del sostén. Los dos hermanos enrojecieron e intentaron desviar la vista, pero yo me incliné, como si hubiera visto algo en el suelo, frente a mi. Fueron ellos, por supuesto, los que pudieron verme hasta el ombligo y cuando me incorporé, leyeron en mis ojos, que, si eran buenos chicos, también podrían ver el tesoro que escondía más abajo.
Pero de momento estabamos con «Mundos y Demonios».
—Entonces —continué como si nada—, es una space-opera más: hiperespacio, bichos raros, pasarse por el arco del triunfo toda la física pasada y por venir, y héroes musculosos machacando alienígenas, igual que John Wayne liquidaba comanches.
Los hermanos, pasado el subidón de testosterona, habían recobrado la compostura. Se miraron de soslayo.
—Hombre, la verdad es que Chac Zar me recuerda un poco a Yul Brynner en «Taras Bulba» —afirmó Jaime.
—Eso es porque los mercenarios ksatrya están inspirados en los cosacos, pero en realidad, Chac Zar es más bien modelo Schwarzenegger.
El calorcillo que sentía en mi interior se transformó en un incendio, sólo de pensar en el macizo austríaco.
—Hombre, Schwarzi está muy bueno... muy bien quiero decir... aúnque ahora ya debe tener más lifting y silicona que Madonna, pero crucificado en Conan, era una cosa para verlo.
—Puede ser —concedió Julián, haciendo el típico mohín que hacen todos los tíos cuando una mujer afirma estar colada por un cachas. ¡Cómo si a ellos no les fueran los cuerpos serranos!
—No es nuestro tipo —afirmó Jaime, auxiliando a su hermano—; volviendo a «Mundos...», lo bueno es que Aguilera ha conseguido una space-opera hard. Ha escrito una aventura trepidante sin ofender, demasiado, las leyes de la física.
—Más todavía, Aguilera no ha olvidado el origen primigenio de la ciencia-ficción: «instruir deleitando» y ese punto se lo anota también, además de muchos otros.
—Efectivamente —apoyó Jaime—. Todas las cuestiones astronómicas están explicadas en extenso pero muy bien insertadas en la acción. Nada del típico ladrillo de tres paginas que te largan los yanquis cuando quieren presumir de hard, y que aburre a los caracoles.
—Y casi lo mismo con la ingeniería de la Asura Nama y la navegación estelar. Las características de la nave y la logística necesaria para el viaje hasta la esfera están descritos dentro de la propia acción, la mayor parte, explicadas por los mismos personajes.
—Desde luego —convine—, si hay que explicar algo, la mejor forma de hacerlo es en forma de dialogo.
»Entonces —agregué—, recapitulando, tenemos una esfera inmensa que encierra un sistema planetario con colonos humanos, una flota de alienígenas sanguinarios, los angriffs, que están haciendo de las suyas y dos antiguos enemigos que acuden al rescate con una nave imperial, la Asura Nama, haciendo el papel del Séptimo de Caballería. Salvan a los buenos, matan a los malos, y acaba con Chac Zar y Ada Kharole mirando como tortolitos una puesta de sol. ¿No es así?
—Pues me temo que no —dijo Jaime, mientras Julián movía la cabeza de izquierda a derecha—, es una space-opera pero no sigue el guión clásico, es bastante más complicada. Lo que ocurre con la Asura Nama cuando llega a la esfera es mejor que lo leas tu misma, pero te puedo decir que hará un viaje insospechado hasta uno de los brazos espirales de la Vía Láctea.
—Y luego más allá incluso.
—Efectivamente, más allá.
—¿Sin romance?
—Bueno, romance hay desde luego, aunque otra vez se sale de lo común. Lo de Chac Zar con Serpiente Pálida es bastante fuerte y ya te hemos contado el encuentro de Ada Kharole con los machos bosquimanos. Más que romance, es puro sexo.
«Como lo que yo tengo pensado para vosotros» pensé para mis adentros.
—Y luego hay una historia de amor que en el fondo es muy tierna, aunque aparentemente resulta bastante dura, que es la de Isa, Benazir y Hari, que le pone el toque romántico.
—Romántico, pero no almibarado —advierte Julián—. Isa Govinda me recuerda ese verso de Quevedo: «Polvo será, mas polvo enamorado». Él ya no es nada, apenas un cerebro conectado a un sistema de soporte vital, pero cuando se encuentra en situación de pedir lo que quiera, literalmente cualquier cosa, lo que pide es la vida de Benazir.
—Aún a sabiendas de que ya no va a ser suya.
—Bueno chicos, veo que hay tela para rato para seguir hablando de «Mundos y Demonios» y yo tengo hambre. —Por el momento todavía me refería a hambre de comida.— ¿Qué os parece si os invito a cenar?
Todavía hablamos algo sobre angriffs, bosquimanos y juggernaut durante la cena, pero lo cierto es que fue una cena muy corta y una noche muy larga.

Título: Mundos y Demonios
Serie: Bibliopolis Fantástica 35
Autor: Juan Miguel Aguilera
Portada: Juan Miguel Aguilera
Edición: Bibliopolis
ISBN: 84-96173-39-9

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Aurora Bitzine revista de fantasía y ciencia ficción a 2 de enero del 2006