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Mitos y Leyendas: El Ciclo de Finn
Cachuluainn no es el único héroe irlandés. Paralelas a sus leyendas, existen las de otro héroe, Finn mac Cumhail.
Por Manuel Burón

Mitos y Leyendas - El Ciclo de Finn Para situar a Finn en su contexto apropiado, conviene describirle como un capitán mercenario de una banda de soldados errantes, llamada fianza en gaélico irlandés. La admisión en este grupo de aventureros era difícil, y que todos los feinnidh o nuevos reclutas, debían pasar dos pruebas. Primero tenían que permanecer en un foso mientras todos los miembros de fianza arrojaban sobre ellos una lanza: si manifestaban cualquier muestra de dolor, no era aceptado; y después tenían que correr por un bosque con todos los miembros de la fianza a la zaga: si le atrapaban no podría pertenecer al grupo. Durante aquella carrera, el finnidh podría ser descalificado si se le enredaba el pelo en una rama o se rompía un palo bajo sus pies. Es evidente que todos los miembros del fianza eran guerreros excepcionales.

El propio Finn era extraordinario dentro del grupo. Había demostrado por primera vez su coraje a los ocho años. Por aquel entonces, viajó a Tara justo antes de la fiesta de Samhain y advirtió que la gente estaba triste. Cuando preguntó qué significaba aquello, un viejo druida le explicó que todos los años en aquella época llegaba a Tara un gigante mago llamado Aillen mac Midna e incendiaba el lugar. “¿Por qué no acaban con él los guerreros?” – preguntó el precoz niño. “Porque Aillen mac Midna posee un encantamiento mágico con el que consigue que todos en Tara se rindan al sueño antes de que él llegue, de modo que no queda nadie despierto para detenerle”, contestó el viejo druida. Finn se rió y dijo que él podría matar al mago fácilmente. Cuando el druida informó al rey Cormac mac Airt del comentario del muchacho, el soberano ordenó que le trajeran a Finn y le pregunto como podría esperar que un simple niño venciera a un poderoso mago. Finn no quiso divulgar su plan, pero le hizo prometer al rey que si derrotaba ala mago, le convertiría en el más honorable guerrero de Tara. El rey accedió a ello enseguida.

Un día en que el malvado mago estaba a punto de llegar, Finn puso su plan en marcha. Era realmente sencillo: para evitar caer dormido, se coloco su afilada lanza contra el cuello de manera que su filo le cortar si se adormilaba un poco. De esta forma, cuando Aillen mac Midan lanzara su encantamiento, el dolor de la herida le mantendría despierto mientras todo el mundo en la ciudad se sumía en un profundo suelo. Cuando Aillen mac Midan se disponía a quemar Tara, Finn se levanto y asaltó al gigante por la espalda. No era un ataque particularmente heroico, aunque entrañaba el suficiente coraje para un niño de ocho años. La corte no cupo en sí de gozo al despertarse al día siguiente con el tejado sobre sus cabezas. El rey nombró a Finn su campeón. Como campeón, Finn no dejó de entrenarse con las armas aunque también reservaba tiempo para desarrollar su intelecto. Pidió al poeta de la corte, Finnegas, que le enseñara poesía y otras destrezas del saber. Un día, cuando ya estaban acabando la clase, Finn cogió un pez enorme al que Finnegas reconoció como el salmón de la sabiduría. Finnegas y Finn prepararon el salmón y se lo comieron, para así adquirir el conocimiento de todas las cosas. Desde entonces, Finn supo derrotar al enemigo tanto por la fuerza como por la astucia.

Mitos y Leyendas - El Ciclo de Finn En cierta ocasión, por ejemplo, Finn empleó sus trucos para vencer a un gigante escoceses, creando en el entretanto tres famosos puntos geográficos: Giant´s Causeway (calzada del gigante) en la costa norte de Irlanda, cerca de la isla de Rathlin, la isla de Man en el mar de Irlanda y Lough Neagh en el centro de la actual Irlanda del Norte. Finn había sabido por los bardos ambulantes que un gigante escocés se reía de la valentía y la habilidad de Finn para la lucha. Enfadado, envolvió una roca con un mensaje de desafío, tomó su honda y lanzó el misil a algo más de cincuenta millas cruzando el mar de Irlanda hasta Escocia. El escocés recibió el mensaje y, con frialdad, replicó (con mensajero, no con la honda) que le encantaría ir a Irlanda para aceptar el reto, pero no podía cruzar el mar a nado. En lugar de dar una salida fácil al gigante, Finn desenvainó su colosal espada y cortó los grandes peñascos de basalto que están desperdigados por la costa de (irlanda hasta formar pilares pentagonales y hexagonales. Luego, los dispuso uno junto al otro en el mar para formar una calzada desde Escocia a Irlanda. Entonces, el gigante, sin excusa que oponer, cruzo a Irlanda a regañadientes.

Sin embargo, cuando el gigante se presentó en la casa de Finn, el héroe irlandés no aparecía por ninguna parte. Su esposa, la bella Sava, invitó al gigante a que pasara y le comunicó que Finn estaba fuera. Le rogó que se sentara junto a la cuna. El gigante así lo hizo, acomodándose junto al enorme bebé que medía cinco metros y medio A medida que pasaba el tiempo y veía al colosal bebé, el gigante se sintió cada vez más aterrorizado pues, razonaba que si aquel era el hijo de Finn (así se lo aseguró Sava) ¿ cómo sería el padre?. Mientras cavilaba de esta forma, el bebé se salió de la cuna y cogió la mano del gigante. Se metió uno de sus dedos en la boca y lo mordió. Lo masticó y se lo tragó haciendo una mueca. Aquello era demasiado para el gigante, que saltó como un resorte y atravesó corriendo la calzada de vuelta; nunca más se atrevió a hacer comentario alguno sobre la fuerza de Finn como luchador.

El bebé no era otro que Finn disfrazado. En cuanto el gigante se marchó, Finn se precipitó hacia la costa y comenzó a arrojar enormes terrones de tierra sobre él. El agujero que provocó al sacar el terrón más grande, extraído de lo que es hoy Irlanda del Norte, se llenó con agua convirtiéndose en Lough Neagh, el lago más grande de la isla. La porción de tierra cayó en la parte menos honda del mar de Irlanda, y se convirtió en la isla de Man. Hoy en día los profesores de geografía de todo el mundo comentan a sus alumnos la similitud entre la forma de la isla de Lough Neagh y la isla de Man.

Mitos y Leyendas - El Ciclo de Finn No obstante, Finn no siempre era tan astuto. Al envejecer, empezó a albergar dudas sobre su fuerza física y al igual que muchos ancianos, decidió reafirmase a si mismo con una joven y bella esposa. Eligio a Grainne, la hija del alto rey de Irlanda, y ella muy a pesar de su voluntad, le acepto por obedecer a su padre. Pero no le quería y mostró su resentimiento por tener, en su calidad de mujer noble, que casarse por razones políticas. En consecuencia, en el banquete de su boda lanzo miradas intrépidas hasta fijarse en un apuesto joven, sin duda alguna de alta estirpe, que estaba sentado en el extremo de la mesa. No sólo era fuerte y viril, sino que también tenía un semblante inteligente, algo ausente en muchos guerreros jóvenes que únicamente pensaban en matar, beber y hacer el amor. Preguntó a su dama de compañía quién era aquel muchacho y ésta enseguida hizo averiguaciones: se llamaba Diarmaid ua Duibhney, además de ser un excelente guerrero y poeta, había sido bendecido por el dios del amor Oengus por lo que ninguna mujer podía resistirse a sus encantos. Sin embargo, continuo la vieja doncella, era veleidoso como correspondía a un hombre que podía elegir a las mujeres. Aquel último comentario hizo que Grainne le deseara aún más, y decidió utilizarle para escapar de su desdichado matrimonio, así como para satisfacer su instinto, ya que ante sus ojos era maravillosamente apuesto.
Grainne urdió un plan. Con la ayuda de su dama de compañía, preparó una potente poción adormecedora y ordenó a su doncella que la echara sigilosamente en las bebidas de todos los comensales, salvo en la de Diarmaid. Cuando todos excepto él se durmieron, Grainne se acercó y se entregó a él con descaro. Para su consternación, él la rechazó exponiendo que era miembro del fianna de Finn y no podía deshonrar la promesa hecha a su señor. Al principio, Grainne trató de avergonzarle tachándole de cobarde, pero al ver que eso no surtía efecto, le amenazó “Cuando todos se levanten mañana, les diré que me violaste y ¿a quién te parece que creerán? ¿Quién puede dudar de la palabra de una joven novia?”. Diarmaid, con ánimo de llegar a una solución, convino en irse con ella sin perder la esperanza de encontrar un modo de salir del apuro. Los dos huyeron al bosque.

A la mañana siguiente, Finn se despertó y comprobó que la novia no estaba. Por fin, sonsacó a la vieja dama de compañía que, evidentemente, estaba al corriente de todo. Finn juró venganza y persiguió a la pareja con todo el fianna.

La persecución duró siete años y se extendió por toda Irlanda y parte de Escocia. El primer año, Diarmaid se resistió honorablemente a las provocaciones sexuales de Grainne, aún en la esperanza de hallar algún modo de resolver su dilema y devolvérsela virgen a su marido. Dejó signos en todos los lugares donde acamparon para demostrar a Finn que Grainne estaba aun sin manda (ropa blanca intacta, carne de venado sin empezar, una hogaza de pan sin abrir, un jarro de vino intacto). Finn continuaba la persecución. Al cabo de un año, a pesar de sus intentos por evitarlo, Diarmaid sucumbió a sus encantos. Aquello agradó a Oengus, el dios del amor irlandés, quien acudió en ayuda de los dos jóvenes fugitivos. Les dio una capa mágica con la que se harían invisibles, así como una lanza también mágica. Los amantes se salvaron varias veces aquel año con aquellos objetos. Una vez, atrapados en una fortaleza, Diarmaid cubrió a Grainne con la capa y ella se escabulló fácilmente sin ser vista por entre las tropas de su marido. Mientras tanto Diarmaid utilizó su lanza, que podía alcanzar una mágica altura para saltar por encima del enemigo y escapar.

Mitos y Leyendas - El Ciclo de Finn Tras años de persecución, Finn se rindió y los dos amantes se asentaron, tuvieron cuatro hijos y se reconciliaron con Finn. Éste, incluso. Les concedió permiso para volver a Tara, donde vivieron los tres en tensa paz durante algunos años. Pero, mientras tanto Finn, preocupado aún por su virilidad, buscó vengarse hasta que llegó por fin la oportunidad. Una tarde, el fianna había salido a cazar y un colosal jabalí dio una cornada a Diarmaid, sacándole los intestinos por un gran agujero que le hizo en el vientre. Al estar caído sobre la tierra rodeado por el fianna, algunos de sus miembros suplicaron a Finn que salvara a Diarmaid. (Finn, al parecer tenia la mágica habilidad de curar las heridas tomando agua en sus manos, donde se convertía mágicamente en un bálsamo curativo, y vertiéndola en la herida). Finn se dio cuenta de que tenía a su enemigo en su poder y al fianna como testigo. Se acercó a un manantial cercano, cogió agua con las manos cerradas como un cuenco y se dirigido de nuevo hacia el herido Diarmaid para tropezar a propósito y dejar que se le cayera todo el líquido. Volvió otra vez al manantial a por más agua pero, una vez más tropezó y la perdió. Repitió su actuación por tercera vez. Para entonces, el pobre Diarmaid había perdido demasiada sangre y, mientras Finn se acercaba al manantial en un cuarto intento, murió. Todos en el fianna sospecharon que Finn le había dejado morir, lo que hizo caer una sombra sobre la organización.
Grainne guardó luto durante un año y, luego resolvió hacer lo más oportuno. Para disgusto de todos, regresó con Finn. A pesar de su aparente triunfo, Finn se sentía molesto ya que, si bien había recuperado a Grainne finalmente, sus actuaciones pasadas y su naturaleza presumida no daban al anciano un momento de paz. Siempre estaba imaginando una aventura entre Grainne y un miembro del fianna, o suponiendo sospechosas miradas de flirteo entre su mujer y algún joven. Llegó a desesperarle su afán por demostrar su fuerza y virilidad y trató de compararse con los miembros más jóvenes del fianna. Un día, durante una competición, intentó cruzar de un salto el río Boyne, pero cayó dentro y se ahogó. Grainne se volvió a casar al cabo de un año.

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Aurora Bitzine revista de fantasía y ciencia ficción a 2 de enero del 2006