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Acero y Magia: La Casa de Arabu y Otros Relatos
… de aquellos días cuando caminé por estos mundos con un corazón mas negro que el más oscuro de los pozos del infierno, e hice el mal a los ojos del hombre y de Dios
Por Andrés Díaz Sanchez

Acero y Magia - La Casa de Arabu  y Otros Relatos Robert Ervin Howard es uno de los más famosos escritores de Fantasía y eso no plantea duda alguna. Aunque su gloria llegó a título póstumo, de la mano de su héroe Conan, famoso tanto en la literatura, como el cine y el cómic, con legiones de aficionados en todo el mundo, no son menos meritorios otros personajes y textos creados por el escritor de Cross Plains, Tejas. Así pues, resulta extraño, y para muchos de sus seguidores casi sangrante, que una ingente cantidad de relatos de Fantasía Heroica y Horror, de los muchos que escribió Howard, permanezcan aún sin publicar. Al menos en España, muchas de estas obras han sido conocidas de forma minoritaria gracias al heroico y esforzado papel de fanzines como “Lhork”, “Berserkr” o “Fan de Fantasía”. Y es una lástima, pues sagas desconocidas, como las de El Borak o Cormac Mac Art no desmerecen en nada a las de Kull, Conan o Solomon Kane, editadas de manera correcta y digna. Por ello, es meritorio que haya editoriales que, de manera más o menos modesta, rescaten poco a poco este material inédito. “La casa de Arabu y otros relatos” es uno de tales intentos.
En primer lugar, un gran acierto de la editorial es la portada, magnífica ilustración del ilustrador Frazetta, que a pesar de estar centrada en el personaje Conan —no aparece en ninguno de los relatos— sí refleja la filosofía y el ambiente propios de las historias howardianas.
El libro contiene diez relatos de variada índole, un prólogo y una introducción. En estos dos últimos casos, se trata del casi obligatorio artículo en el cual acudimos a lugares comunes para los aficionados a Howard, como por ejemplo su biografía. Dada la amplia difusión de este tema, es mejor pasarlo por encima en esta reseña, pues cualquier lector podrá acceder a él a poco que busque.
Sobre los relatos, el criterio de selección parece ser el de ofrecer una visión de conjunto de toda la obra de Howard, intentando mostrarnos una miscelánea temática para, de un solo vistazo, tratar de abarcar todos los paisajes narrativos que tocó.
Así, abundan los relatos de Horror, siempre con ese aire “cósmico” típico de los antiguos pulps, que si bien en la mayoría de las ocasiones no ha resistido el paso del tiempo, en algunos casos, como en Lovecraft, Ashton Smith o el propio Howard, y debido a su calidad y sobre todo honradez, ha pasado la prueba y todavía sigue captando el interés de miles de lectores. “El morador del anillo”, “El negro sabueso de la muerte”, “No me des sepultura” o “Kelly el hechicero” son ejemplos de una dedicación exclusiva al Horror con mayúsculas, única imagen de la Fantasía que tenía Howard en cuanto a lo sobrenatural. Esto es tanto así, que la magia de Howard siempre es negra, sus magos son siempre nigromantes y sus seres ultraterrenos jamás son entes benéficos, sino criaturas espeluznantes vomitadas de los rincones oscuros del Universo. Esta visión pesimista, negativa y terrorífica del campo sobrenatural es quizás lo que hace la Fantasía de Howard (y de otros escritores famosos del pulp) más atractiva y sugerente. Cultos satánicos, maldiciones que atraviesan siglos y eras, sacrificios humanos, dioses y divinidades crueles y ávidas de almas, páramos tenebrosos, islas atávicas en océanos perdidos... Todo ello produce una mitología propia, sólida y coherente, llena de fuerza, dramatismo y profundidad, que consigue hechizar al lector.

Acero y Magia - La Casa de Arabu  y Otros Relatos Esta Fantasía “oscura” aparece también en otros relatos del volumen, como “La Casa de Arabu” —casi una novela corta— o “Delenda Est”, pero en ellos surge el otro gran pilar de Howard: la heroicidad. Porque si bien el universo es un lugar tenebroso, lleno de horrores cósmicos que acechan al hombre, los héroes howardianos reafirman su humanidad luchando contra estas pesadillas no con la razón, la lógica, la religión o la magia “blanca”, sino con la pura fuerza, la voluntad y el espíritu de lucha más inquebrantable. La respuesta de Howard ante el Horror Cósmico no es la pasividad, sino el combate. Sus protagonistas son guerreros que oponen los aceros y los puños, los músculos y el sudor, a la magia. Y esa fuerza de voluntad volcánica les permite, precisamente, vencer a lo ultraterreno. Quizás, para Howard, el Horror sólo puede ser vencido mediante la voluntad de lucha y victoria en su estado más puro, desnudada de la razón o la lógica. Finalmente, todo se resuelve en una batalla implacable, en una lucha ciega. Y esto es, tal vez, lo más tosco y criticable de Howard, pero también lo más hermoso y lo que fascina a las legiones de seguidores del escritor tejano. A donde no puede llegar con argumentos y tramas complejas, con idearios abstractos, llega con la pura pasión. Porque Howard puede ser criticado por muchas cosas, pero jamás por falta de honradez o coherencia. También resulta atrayente el que no haya maniqueísmo. Los héroes no luchan para que el bien se imponga al mal, para ayudar al mundo o a la sociedad. Eso puede llegar como consecuencia, pero no como objetivo. Los personajes son muchas veces “antisociales”, solitarios, inmorales, rehuyen las grandes causas y la filantropía barata. Sólo quieren su propio bien, se aferran a su propia libertad y su visión del mundo ni siquiera es optimista. Al contrario, son radicalmente pesimistas, pues la vida carece de sentido para ellos. Sólo lo obtiene cuando luchan, matan, sangran y se entregan a los placeres de la carne. Entonces se sienten vivos y plenos, pero tras el éxtasis de la batalla caen otra vez en la melancolía. Como el propio Howard, que llegó a suicidarse, pero se exaltaba en sus escritos, sus bárbaros son “de grandes alegrías y grandes melancolías”. Este ideal de “anti-héroe”, profundamente dramático y humano, no lo ideó a propósito, pero en mi opinión es la fortaleza de sus personajes, que por ello siguen cautivando a pesar del paso del tiempo. Ninguno de los continuadores de la obra de Howard ha sabido captar tal profundidad, y menos en Conan, personaje bastardeado hasta la saciedad, convertido a veces incluso en un héroe de las masas, cuando no en adalid de las grandes causas, y hasta en bufón musculoso. Todos han olvidado que los héroes de Howard son “sociópatas”, que buscan de un modo u otro la soledad, melancólicos, pesimistas, oscuros, instintivos y animales, que ven la vida como una mala noche en una mala posada. Este mundo gris cobra sentido sólo en la sangre y la lujuria de la batalla. Incluso Kull o Conan, siendo reyes, se sienten lejos de un pueblo de súbditos que les adora hoy y mañana les teme y les odia. Lideran a los hombres y recaban odios y adoraciones, pero en el fondo siempre están solos, y ahí reside su genialidad.

Hay otro trasfondo interesante que toca la selección de relatos de este libro. El histórico. En “La casa de Arabu” o “Delenda Est” aparece la fascinación por la Antigüedad que siempre demostró Howard, hasta el punto de que sus mundos fantásticos son remedos de épocas pretéritas terrestres, y además sin recato ni disimulo alguno, llegando a utilizar nombres históricos reales para muchos de sus personajes y lugares imaginados. “La casa de Arabu” está ambientado en el Oriente Medio babilónico y “Delenda est” en la decadencia del Imperio Romano, cuando los bárbaros —tema recurrente en Howard— arramblan y destrozan la civilización. En ambos, claro está, aparece el Horror sobrenatural, bien encajado y creíble en un trasfondo histórico, pues no se mueve en primer plano, a la luz del día, sino en los rincones y oscuridades que rehuye el historiador.
Merecen reseña especial dos relatos: “Lanza y colmillo” y “Un jeopardo devorador de hombres”. Aquél fue el primer relato publicado de Howard y se detecta una tosquedad argumental mayor, con una trama demasiado lineal. Está ambientado en la época prehistórica y, a través de la violencia, aparece el tema de las razas: Cromagnon contra Neandertal. Otro pilar howardiano: la importancia suprema de las razas en el destino del hombre, como si la propia raza fuera el dueño tiránico del hombre, y no un aditamento o una característica secundaria de su ser. “Un jeopardo devorador de hombres” es un relato del Oeste, de los muchos que escribió, bastante desconocidos en España, que, aunque épico y entretenido, flojea por ser el menos lúgubre y profundo de todos, así como el más “positivo y alegre”. Por otra parte, en ninguno de estos dos relatos aparece el elemento fantástico.
En cuanto al estilo, mucho se ha dicho sobre la tosquedad de Howard, pero estos relatos lo desmienten. Sus descripciones de razas, demonios, la magia y el horror, así como de las batallas, las luchas, la voluntad y la barbarie, están llenas de fuerza y colorido. En algunos casos alcanza el grado de prosa poética, y entonces el estilo es más importante que la narración en sí. Se trata de unos modos perdidos, que los escritores de Fantasía modernos ya ni se plantean adoptar. Es el estilo de los Pulps en su máxima expresión, con todos sus aciertos y errores, elevados a la mayor potencia.
“La casa de Arabu y otros relatos” no es desde luego la obra máxima de Howard, pero para sus aficionados será un plato de gusto, y para los que lo desconozcan, representará una visión de conjunto de su obra, a la que no volverán si les resulta tosca o pueril, o bien rastrearán con avidez si les ha llegado al alma. En cualquier caso, esta selección de relatos siempre resultará interesante.

Acero y Magia - La Casa de Arabu  y Otros Relatos

Título: La Casa de Arabu y Otros Relatos
Título original: Spear and Fang, Sea Course, The Haunter of the Ring, A Man-Eating Jeopard, Black Hound of Death, Dig me no Grave, The House of Arabu, Kelly the Conjure-Man, Delenda Est y Cassonetto’s Last Song
Serie: La Barca de Caronte
Autor: Robert E. Howard
Traducción: Carlos Díaz Maroto y Luis Alboreca
Editorial: Jaguar Ediciones
ISBN: 84-96423-09-3

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Aurora Bitzine revista de fantasía y ciencia ficción a 1 de diciembre del 2005