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Relato Ciencia Ficción: ¡Joder, con la maquinita!
Relato ganador en el concurso Tierra de Leyendas V, en Sedice.com
Por Víctor Martínez Martí

Relato Ciencia Ficción - ¡Joder, con la maquinita! Lo sabía. Sabía que Ángela la cagaría. Domingo a las tres de la madrugada y la tenía al teléfono, sollozando.

—Javi… yo…
—¿Qué coño has hecho ahora?
—Tenemos problemas… muy… muy gordos… yo... —Su voz se detenía constantemente, ahogada por las lágrimas que se percibían al otro lado del teléfono—. Yo… no… no sabía… yo… no pensé…
—¡Ése es tu problema, que nunca piensas! —La ira le embargó repentinamente.
—Yo… la máquina… Ven, Javi… por favor…

La máquina. El mundo se vino abajo al oír esa palabra. Colgó el teléfono, subió al coche y con los ojos inyectados en sangre se dirigió a la empresa.
No era una chica responsable, ni mucho menos; no podía serlo una mujer que ha estado internada cinco años en una institución mental. Sin embargo, Javier nunca la había tratado como una loca. Bueno, o no-tan-loca como los jueces dictaminaron. Sus locuras, desde su punto de vista, siempre habían estado supeditadas a su verdadera enfermedad; padecer de Ninfomanismo Crónico y ser más fea que el copón debe ser una tortura demasiado cruel si no sabes reprimir tus instintos. Pero Ángela era más que una ninfómana para Javier. Era su socia en Record Systems S.L., era una mente brillante y, sobre todo, era su hermana. La institución había declarado que Ángela volvía a estar mentalmente sana. Hasta la fecha, Javier había ejercido de tutor y le había gestionado sus bienes. El papeleo para que Ángela pudiera volver a hacer uso de su parte de Record Systems estaba ya en marcha.

Nadie tendría por qué saber nada del asunto. Ángela se pasaría su jornada laboral delante del ordenador y controlando la producción desde casa, bien lejos de la empresa. Sin embargo, Javier había temido que pronto o tarde Ángela la cagaría. ¡Pero tan pronto!
Un día. Un jodido día fuera del psiquiátrico y ya la había cagado.
Ayer mismo, tras recoger a su hermana, ella le había insistido para que le enseñase las instalaciones actuales de la empresa. Ansiaba ver con sus propios ojos la nueva máquina de coloración molecular de la que Javier tanto le había hablado en sus visitas. Javier había accedido aprovechando que era sábado y no había nadie en producción. Ángela no tardó en bautizarla como «la maquinita».

La maquinita…

Relato Ciencia Ficción - ¡Joder, con la maquinita! La SX-3001: tecnología punta. Podías colocar cualquier objeto de cualquier materia; la SX-3001 era capaz de colorar su superficie sin añadir ningún tipo de tinte. Su funcionamiento era todo un misterio para Javier. Sólo sabía que la máquina analizaba el material, se le programaba el dibujo y tres haces láser a frecuencias determinadas —dependiendo del material— impactaban en la zona a tintar. Campos magnéticos y física cuántica hacían el resto: las moléculas se reorganizaban y adoptaban otra estructura. Los dibujos y logotipos creados eran espectaculares. Lo complicado era, por ejemplo, obtener colores vivos a partir de materiales oscuros, pero de eso ya se había encargado un viejo amigo de Javier, un lumbreras que le modificó la máquina. Maldita modificación, hecha por un amigo sin titulación ni empresa ni nada; una manipulación ilegal. Esperaba que, fuera lo que fuese lo que Ángela le hubiera hecho a la SX-3001, pudiera ser reparado sin recurrir a la empresa fabricante. De lo contrario, millones de euros irían directamente a la basura y una más que posible sanción rondaría su cuello cual espada de Damocles.

Dejando el coche mal aparcado, entró a la empresa como una exhalación; los puños apretados, la yugular bombeando sangre y una mirada asesina. Mientras recorría los pasillos, sólo pensaba cómo podía haber sido tan estúpido al darle las llaves de la empresa a una ninfómana loca acabada de salir del psiquiátrico.
¡Joder, era su socia! ¿Cómo no darle las llaves de su propia empresa?
Llegó por fin a la nave de grabación: la máquina al fondo con el característico ERROR parpadeando en rojo, Ángela llorando desconsolada en el suelo y un olor a vodka en el ambiente que presagiaba lo peor. La ira de Javier aumentaba a cada paso que daba.

—¿Qué has hecho ahora?
—Javi... perdóname… por… favor… yo… —No sólo estaba llorando. Temblaba de pánico.

Llegó hasta ella. Apestaba a alcohol, pero ahora que estaba más cerca distinguió otro olor que parecía provenir de la SX-3001. Un olor que quedaba amortiguado por las mamparas de la máquina, un olor a quemado que le recordaba vagamente a… No, no podía ser. Se olvidó de Ángela, bordeó la máquina hasta tener a la vista las mamparas transparentes y…

Y toda su rabia se tornó en la desolación más absoluta. La mampara salpicada en sangre; dentro un cuerpo desnudo de un veinteañero yacía con sus genitales hechos trizas, los ojos abiertos en una mueca de horror. Todo el suelo de la plataforma era un charco carmesí. Dantesco era un adjetivo más que apropiado para describir la escena; el desgraciado había muerto desangrado.
Javier estaba pálido. Un cadáver en su empresa. Un asesinato provocado por una loca ninfómana, socia capitalista, usando una máquina retocada ilegalmente. Sin duda era el fin de Record Systems. Quince años de lucha continua para mantener la empresa a flote a base de sudor y lágrimas, quince años reducidos a polvo en una noche de borrachera. Javier sintió desfallecer… Su hermana volvería al manicomio, pero, ¿y él? ¿Prisión? Todo su cuerpo tembló de repente y se dejó caer al suelo, pasto de la desesperación que le embargaba. Sus ojos se humedecieron y su garganta se secó.

Relato Ciencia Ficción - ¡Joder, con la maquinita! —Esto es… inaudito… —farfulló casi sin voz.

Hubiera querido pellizcarse y sentir dolor, pero aquello no era un sueño, sino una pesadilla demasiado real. Nunca imaginó, de entre todas las desgracias posibles, que su hermana fuera capaz de cometer una estupidez tan grande como aquélla.

—¿Qué pretendías? ¿Joder con la maquinita? —le recriminó—. Pues la jodiste bien hermanita… La jodiste bien…

Ángela quiso disculparse, y entre sollozos dijo:

—Él me amaba…

¿Amar?, pensó Javier. Amar en una noche de borrachera a alguien que acabas de conocer… Muy típico de Ángela. En eso no había cambiado.

—Me dijo… que… que se tatuaría mi nombre en… en…

Sí, sabía perfectamente dónde quería tatuarse el nombre de Ángela, el infeliz. Ahora lo entendía todo.

—Me amaba de verdad… Yo… No podía… esperar… y…
—No sigas… —le atajó—. No sigas…

Qué situación tan ridícula… El mundo le daba vueltas sólo de pensarlo. La SX-3001 tenía todos los sistemas de seguridad contra accidentes para el operario. Pero no contemplaba que un operario metiese a un ser humano en la máquina, por supuesto. ¿En qué cabeza hubiera cabido semejante despropósito? Javier tenía la respuesta: en la de Ángela. Sonrió. Ya le resultaba hasta gracioso. Todo el empeño que los ingenieros habían invertido en seguridad para la SX-3001 habían sido superados por la mente retorcida de Ángela. Un máquina tan perfecta, tan "a prueba de errores", tan…

De pronto, una idea ridícula cruzó por su cabeza. Se levantó. Llegó hasta el panel de control. Pulsó un par de teclas y en la pantalla apareció:

¿Desea deshacer los cambios realizados en el modelo?

—Sí.

La máquina se impregnó de una luz turquesa cegadora durante un segundo y se abrió la mampara. De allí salió un veinteañero borracho tapándose sus partes pudendas.

—Lo... lo siento... ya... me marchaba —le dijo avergonzado a Javier mientras buscaba sus pantalones.

Los dos hermanos se miraron pasmados mientras aquel infeliz corría buscando la puerta. Tuvo que ser Ángela quien exclamara:

—¡Joder, con la maquinita!

Ilustraciones por Isabel Sánchez
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Aurora Bitzine revista de fantasía y ciencia ficción a 1 de diciembre del 2005