CAMISETAS AURORA Página de inicio de Aurora Bitzine
Relato Fantástico: La Sombra Encadenada
¿Sabemos realmente quien es nuestro enemigo? ¿Sabemos acaso donde encontraremos nuestros amigos?
Por M. Isabel Rodríguez Ballesteros

Relato Fantástico - La Sombra Encadenada Siempre permanece detrás de mí, al acecho. En un principio me angustiaba y su presencia me parecía opresiva, pero con el tiempo me he acostumbrado a sus rarezas y he de reconocer que si se fuera la echaría de menos. Claro, es contradictorio: yo fui creado para destruirla y ella tenía la obligación moral de acabar conmigo. Éramos enemigos naturales y por tanto nuestro destino estaba ligado por la muerte o tal vez por las heridas. Sin embargo un nigromante de ojos tristes al que los dos perseguíamos, lógicamente por separado (en aquellos días de soledad una alianza con la Sombra parecía inconcebible), decidió que ya que teníamos tanto tiempo libre para perseguirle y odiarle bien podríamos congeniar.

Creo recordar que ella le buscaba únicamente para recuperar ciertas palabras de la vieja lengua que el nigromante había osado robarle a su amo, pero mis motivos eran menos prosaicos: tenía intención de perforar sus entrañas con hierros candentes por puro altruismo. A decir verdad nunca me pareció correcto que molestasen a los difuntos, y aunque nuestro hombre nunca incurriese en la necrofilia sí que se beneficiaba de ellos. Viajaba por los cementerios despertando esqueletos e interrogando a las almas en pena para que le confesasen dónde habían escondido sus pequeños tesoros. Si alguna vez estuviste muerto coincidirás conmigo en que es una falta de educación imperdonable.

Para bien o para mal mis planes justicieros se truncaron una noche en la que por azares de la vida los dos le atacamos a la vez en una encrucijada. El nigromante nos lanzó una maldición sin excesivos esfuerzos y entrelazó nuestros caminos con unos susurros arcanos. Huyó montado en uno de esos dragones pardos tan molestos que hacía aparecer cada poco estallando unos frascos rugosos contra el suelo, dejándonos a la Sombra y a mí confusos y perplejos con nuestras muñecas (o lo que quiera que tengan las Sombras bajo sus ropajes) unidas con cintas negras.

Tras los primeros segundos de perplejidad intenté cortar el lazo con mi espada, pero no logré nada más que caer al suelo arrastrando a la Sombra conmigo. Ambos gritamos de manera un tanto ridícula antes de ponernos de nuevo en pie para descubrir, espantados, que la cuerda nos impedía alejarnos más de dos o tres metros. Cuando ambos dejamos de forcejear sentí su mirada traspasando el velo negro que cubría su rostro. Nadie que no haya estado cerca de una Sombra puede hacerse a la idea de la inquietud que produce estar ante un ser condenado que ha vencido a la muerte pactando con el Oscuro. Es imposible soportar durante mucho tiempo su cercanía, la manera siniestra en la que deslizan unas formas que se intuyen terribles bajo las telas, el gemido agónico de su voz de hielo. Y allí estaba yo, atado a una de ellas.

Relato Fantástico - La Sombra Encadenada Debo decir en mi descargo, aunque suene pretencioso, que supe mantener la compostura como corresponde a un buen guerrero. Me limité a permanecer tranquilo e indiferente mientras ella me estudiaba, sin traslucir el temor que sentía. Ciertamente me había enfrentado a gran número de Sombras, pero jamás había logrado vencer a ninguna. En ocasiones, si los dioses del azar estaban de mi parte, conseguía espantarlas con unos pobres conjuros chapurreados y un hacha labrada que me regaló mi creador hace ya algún tiempo.

Porque yo no soy un mortal, siempre se me olvida comentarlo. Un mago, al que en mis primeros años creí poderoso, se tomó la libertad de crear un cuerpo mejor preparado para combatir el Mal de lo habitual, dotándolo de músculos poderosos y una belleza serena. Luego trajo desde la Quinta Esfera el espíritu del primer guerrero muerto que pudo invocar y lo vinculó a ese recipiente sin más contemplaciones. El espíritu elegido fui yo, aunque nada recuerdo de mi anterior vida. De la época previa al despertar solamente conservo una terrible sensación de soledad, como si hubiese estado vagando por la nada durante eternidades imprecisas. Podría decirse que me alegré de esta nueva oportunidad.

Habrá quien crea que debido a lo peculiar de mi nacimiento, por llamarlo de alguna manera, no debería haber temido a Sombra o muerto alguno. Pero es que no es lo mismo ser un resucitado sin memoria que un ente diabólico sin alma. Para mí la infancia es un páramo vacío sin recuerdos, pero desde el momento en que abrí los ojos a este nuevo mundo he vivido como un mortal. Aunque mi cuerpo sea más fuerte también necesito alimentarme, dormir, besar y, por supuesto, puedo ser destruido. Las Sombras en cambio son seres que llegado el momento de la despedida, en lugar de aceptar el destino y sumergirse en el olvido al que todos estamos condenados, se aferran con furia a esta realidad. A veces el Renegado atiende sus súplicas y con una cierta ironía les concede un simulacro de vida basado en la servidumbre y el desespero.

Todas ellas me espantan, pero fui traído aquí para combatirlas, así que con cierta reticencia reniego de mis temores y las persigo. Obviamente mi creador está decepcionado, esperaba que su guerrero acabase por siempre con todas ellas. Me temo que en mis otras vidas tampoco debí ser un luchador demasiado hábil, ya que pese a todos mis esfuerzos para ellas no represento más que una pequeña molestia. Eso me avergüenza, yo también tengo sentimientos y mi orgullo herido clama venganza. Aunque esto último no sirve de nada porque en cuanto me veo a mí mismo frente a una muerta flotante toda mi furia se evapora y solamente soy capaz de mascullar un par de letanías inconexas. Soy un fracasado, no por ser un miserable cobarde o un inútil. Soy un perdedor porque hace tiempo que dejé de luchar contra esa parte de mí mismo que odio.

Relato Fantástico - La Sombra Encadenada Entonces percibí su agitada respiración y en medio de mi estupor comprendí que ella, igual que yo, seguía sintiendo la vida en cada bocado de aire. Y estaba asustada. Su voz clara y transparente cortó el aire mientras las palabras vibraban en torno a mí, hechizándome. Me habló de viejos miedos que yo conocía meciéndose en noches de incomprensión, de un destino trágico y no siempre elegido. Ella también había visitado las tierras de la desesperación, donde entre muros pardos de arcilla la certeza de saberse distinto en un mundo hostil relampagueaba, abriendo grietas de luz en las paredes. Jamás pensé que encontraría en mi enemigo un semejante. Así que ante aquel nuevo descubrimiento reaccioné de la única manera aceptable: me dije a mí mismo que era una Sombra distinta. Exacto. Ella era especial, digna de comprensión y respeto.

No sabría explicar cómo se operó en mí este cambio, pero lo cierto es que me puse en pie y la tendí la mano. Dudó unos instantes y finalmente aceptó mi ayuda, sellando así un pacto sin palabras. Desde ese momento yo no he vuelto a atacar a Sombra alguna ni ella a obedecer a su dueño, aquel que la devolvió a la vida. Por ello mi creador y su amo nos buscan, y derrochan su oro contratando mercenarios que les venguen. Pero da igual, sabemos defendernos. Por las noches, mientras yo duermo, ella planea sobre mí cuidándome y protegiéndome. Vigilando. Vagar por las esferas mortales sin poder separarnos es estimulante a la par que peligroso. Y me da igual; por una vez en mi vida no tengo miedo y estoy dispuesto a luchar por conservarla a mi lado. Porque una muerta así no se encuentra todos los días.

Coméntalo con el Autor en Sedice
subir
Aurora Bitzine revista de fantasía y ciencia ficción a 1 de octubre del 2005