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Relato Ciencia Ficción: Crónicas Galácticas (y VI)
El Gran Engaño
Por Dex Dorian

Relato Ciencia Ficción - Crónicas Galácticas (y VI) -Tengo una idea que nos puede servir para saber en qué están las cosas -nos dijo Ragtan luego de habernos instalado rápidamente en Kattor.
-Eso sería muy útil -le dijo Mac en broma.
-Explícate -le pedí.
-Creo que puedo localizar alguna de las frecuencias de los micro satélites de Enj -comentó-. Así podremos saber que ha sucedido.
-Tienes razón -le dije-. Es una buena idea.
Inmediatamente se abocó a su tarea mientras los demás organizábamos nuestra estadía.
-Deberíamos localizar a Ratly -dijo Mac.
Yo lo medité un instante.
-No creo que debamos correr riesgos -comenté-. Tenemos una gran ventaja en este momento y debemos aprovecharla.
-Pero Ratly quizás se ha desalentado.
-Volveremos a alentarlo en el momento oportuno. Ragtan tiene razón. Si logramos contactarnos con Enj podremos saber que sucede e, incluso, pedirle que informe a Ratly de la situación de manera que no se entere el Consorcio.
-Si -dijo Mac-. Quizás tengas razón. Pero si ya comenzaron a distribuir la droga deberíamos actuar inmediatamente.
-Lo haremos. Pero sin la información adecuada podemos echar todo a perder. Es mejor tener un poco de paciencia.
Yo notaba que todos estaban algo deprimidos. Las cosas no habían salido en la forma que esperábamos y con el tiempo las dificultades habían sido cada vez mayores. Nuestras posibilidades disminuían y si el desaliento los dominaba, cada uno partiría por su lado y todo estaría perdido. ¿Qué podía hacer yo en esas circunstancias?
Fue Ragtan quien salvó la situación. Luego de varios intentos fallidos logró captar uno de los micro satélites de Eoi. La voz y la imagen de Enj estaban algo distorsionadas.
-Me alegro mucho de que estén bien -dijo el monje-. Creímos que estaban perdidos.
-Casi -le dije yo-. Aunque la situación se ha complicado.
-Y mucho -nos explicó él- El Consorcio comenzó una purga general. Ratly y varios piratas han huido de milagro. El Consejo Galáctico ha descubierto las intenciones de Calgary pero no puede hacer nada contra él. Incluso algunos de sus miembros están bajo velada amenaza. En cuanto Calgary pensó que ustedes estaban destruidos -continuó Enj- se sintió seguro. Sin duda que te considera el más peligroso de sus adversarios.
-No me honra -le dije yo con intención.
-Pero hay algo muy extraño -dijo Enj-. No hemos podido conseguir ni una sola imagen de Calgary. El tipo se ha mantenido en la más estricta penumbra. Incluso eliminó todo antecedente suyo de los sistemas.
-¿Con qué finalidad? -quiso saber Mac.
-Creo que esconde un pasado no muy limpio -dijo Ragtan.
-Es lo que creemos -secundó Enj-. Al parecer es el responsable de la desaparición de Colmard. Incluso los miembros del Consejo Galáctico no lo conocen.
-¿Cómo es posible? -preguntó Mood, extrañado.
-Es bastante incomprensible -dije yo-. ¿O es que no es humano? -comenté al azar.
Hubo un breve silencio.
-Quizás -dijo finalmente Enj-, pero si es una inteligencia artificial, podríamos detectarlo de alguna forma. Nosotros poseemos tecnología para ello. Pero no hay nada, absolutamente nada de él, ninguna información ni dato.
-Eso complica las cosas -dije yo-. ¿Cómo podremos atacar a alguien que no conocemos?
-Es lo que pensaba -dijo Enj-. Pero estamos trabajando en ello. Esperamos tenerles algún dato pronto.
-¡Ojalá! -suspiró Mac-. No quisiera recibir una puñalada en la espalda.
-Lo importante ahora -dije- es encontrar a Ratly y tratar de organizar una resistencia. Debemos ir a la Tierra y liquidar al Consorcio.
-Es lo principal -me apoyó Enj-. Podemos contactar a los piratas pero no creo oportuno que sepan que aún están vivos.
-No -dije-. Solo debe saberlo Ratly.
-Esta bien -afirmó Enj-. Nosotros seremos el enlace. En cuanto tengamos noticias les informamos.
-Gracias Enj.
-¿Y cómo está Ki? -preguntó él.
-Estoy bien -dijo ella desde mi espalda-. Solo que, al parecer, el Minuto Eterno no funcionó conmigo.
-Siempre funciona... -dijo Enj, pero la comunicación comenzó a fallar-. Solo debes... esperar... el momento...
-¡Se fue la señal! -dijo Rag.
-No importa -le dije-. Creo que ya sabemos lo necesario. Ahora solo nos queda esperar que noticias nos tiene Enj para poder reorganizarnos.
-Y según parece -comentó Mac- los piratas ya se dieron cuenta de las intenciones del Consorcio.
-Era de esperar -dijo Mood-. No quieren oposición de ninguna clase. Los que no se sometan a su droga, deberán ser eliminados.
*
* *
El dilema era que si nos movíamos en ese momento podríamos ser detectados por el Consorcio. Y si no lo hacíamos, Ratly y los suyos estarían perdidos sin saber que hacer.
-Creo que debemos actuar -dijo Mac son seguridad.
Mood movió la cabeza negativamente.
-Hay que pensar... -dijo-. Tú no sabes más que dar de golpes...
-¿Y que hay que pensar? -le dijo Mac con ira-. Ratly está siendo perseguido y nosotros nos quedamos aquí sin hacer nada.
-En eso tienes razón -dije-. Pero, ¿qué podemos hacer?
-Quizás aprovechar que el Consorcio está ocupado con los piratas... -comentó Ki algo temerosa de meter la pata.
Todos la miramos con asombro.
-¡Ki! -exclamó Mac, acercándosele-. ¡Eres asombrosa!
-¿En serio? -dijo ella sin creérselo.
-Es una buena idea -secundé-. Pero tenemos que pensar muy bien en cual será nuestro movimiento.
-No podemos perder nuestra ventaja -me apoyó Rag.
-¡Exacto! -exclamé-. Debemos decidir si nos aprovechamos para atacar al Consorcio o acudimos en ayuda de Ratly.
Mac levantó una mano.
-No podemos ir a la Tierra. No tenemos fuerza suficiente.
-En ese caso -dijo Rag-, no nos queda más posibilidad que ayudar a Ratly. Sin él, nuestra oportunidad de acercarnos al Consorcio es casi nula.
-Estoy de acuerdo -dijo Mood.
-Entonces -dije- debemos averiguar dónde está el viejo Rat.
-Esperemos que Enj logre ubicarlo.
No tuvimos que esperar mucho. Un par de horas más tarde Rag recibía una comunicación, aunque con bastante interferencia, suficientemente clara.
-...en Sakhor... -se escuchaba la voz de Enj. Su imagen era muy borrosa-. Lo tienen... y corre peligro...
-No entiendo -dijo Ki.
Mac le puso una mano en el hombro.
-Ratly está siendo atacado en Sakhor...
-¿No es ese el que llaman el planeta de las pesadillas? -preguntó Mood.
-Justamente -dije-. Algo hay en el aire de ese lugar que hace que las personas sufran alucinaciones.
-¡Y terribles! -aclaró Rag-. Lo que los vuelve unos auténticos psicópatas.
-Pero tenemos los trajes de los soldados del Consorcio -comentó Mac.
-No sé si serán suficientes -comenté- pero algo debemos hacer. ¡Rag! Coordenadas de Sakhor.
-¡Si, señor!
Y nos ubicamos cada cual en su posición.
-Bien -dije-, creo que nos jugamos los descuentos.
*
* *
La situación era difícil. Había en el sector de Sakhor ocho cruceros de largo alcance contra aproximadamente una docena de naves pequeñas de los piratas que maniobraban con dificultad para escapar de los potentes cañones de los crucero.
Como aparecimos en un cuadrante tras el planeta los cruceros no nos detectaron inmediatamente, pero no tardarían en hacerlo.
-Ubica la nave insignia -dije a Mood.
-¿Crees que podremos hacer algo contra ella? -preguntó Mac-. Lo veo difícil.
Yo le miré sin poder esconder mi temor.
-Si logramos hacerle algún daño eso les preocupará y se van a reagrupar para defender a su jefe -expliqué-. Es el procedimiento habitual.
-Y eso permitiría que Ratly y los suyos tengan tiempo de escapar -comentó Rag.
-¡La tengo! -exclamó Mood.
-¡Y sí que es grande! ¿Cómo crees que podremos hacer algo contra ella? -quiso saben Mac.
-Tengo una idea -dije no muy convencido.
-Creo que debo creer en tus ideas -me dijo ella con una sonrisa-, aunque nos frían...
-No seas pesimista -le dijo Ki desde su consola-. Hasta ahora todo ha salido como Dex dice.
-Si. Debemos tener confianza -secundó Rag.
-En ese caso, enfilemos hacia la nave insignia a toda potencia.
-Pero, ¿estás loco? -dijo Mac casi gritando.
-Aún no termino -le expliqué-. Cuando estemos lo más cerca posible, accionamos el sigilo.
-Entonces se desorientarán... -dijo Mood entusiasmado.
-¿Y después qué? -preguntó Ki.
-Vamos por parte -dije-. Primero lo primero. Rag, toda potencia. Mood, comunícate con Ratly. Mac, a los cañones.
Y tomamos cada cual nuestro sitio.
Lanzamos nuestra nave a toda potencia y aprovechando la gravedad de Sakhor logramos hacer una curva perfecta que nos colocó directamente sobre el crucero insignia.
No se demoraron más de treinta segundos en detectarnos y comenzar a disparar en contra nuestra.
-¡Escudos! -grité.
-Si colocamos los escudos no podremos accionar el sigilo -me dijo Rag.
-Paciencia -le dije con la mayor calma que pude-. Cuando te de la orden baja los escudos y escóndenos.
-Entiendo.

Relato Ciencia Ficción - Crónicas Galácticas (y VI) En ese momento recibimos un impacto demasiado cerca que nos hizo desviarnos, pero Mood logró controlar la nave, mientras Mac no dejaba de disparar los cañones que poco podía hacer contra aquella enorme nave. Seguramente las fuerzas del Consorcio se estaban riendo de nuestras intenciones.
Pero el rostro debe haberles cambiado cuando vieron que nos dirigíamos a todo dar en contra de la cabina de mando.
-¡Estamos muy cerca! -dijo Rag con temor.
-Sigue así... Acércate aún más.
-¡Nos van a hacer pedazos! -exclamó Mac.
-Si nos acercamos los suficiente sus cañones no podrán dispararnos.
-Pero nos vamos a estrellar.
-Y para evitarlo tendrán que bajar la nariz...
Entonces Rag y Mac lo comprendieron.
-¡Ya dejaron de disparar! -gritó Mood.
-Y están comenzando a girar -dijo Ki desde su consola.
-¡Sigilo! -ordené a Rag-. Eso los va a desorientar. No pueden detectarnos con sus sistemas y no pueden vernos porque estamos muy cerca...
-¡Siguen girando! -exclamó Ki.
-¡Hacia las toberas! -exclamé.
Mac ya había comprendido la operación y se colocó atenta en los cañones.
La nave dio un giro cerrado y estábamos tan cerca del crucero que pasamos a llevar uno de sus cañones. El impacto nos hizo elevarnos un poco pero Mood lo controló.
Segundos después nos ubicábamos tras la nave insignia, justo frente a uno de los gigantescos motores.
-¡Lanza todos los torpedos! -ordené a Mac.
Y no descansamos hasta que el indicador de carga quedó en cero.
-Creo que cincuenta torpedos serán suficiente. ¡Vámonos de aquí o nos arrastrará la explosión!
Y Mood giró rápidamente alejándonos de la nave mientras una serie ininterrupida de explosiones estremecía la tobera derecha de la nave, la que se inclinó completamente hacia un costado.
-¿Qué hay de Ratly? -pregunté.
Mood accionó los controles.
-No contesta. Parece que tiene problemas de transmisión...
-¡Búscalo, Ki!
-Está... Está muy cerca de Sakhor. Parece que está cayendo...
-Si -confirmó Rag-. Tiene problemas con sus motores.
-Den la orden a todas las naves piratas de salir de aquí -dije-. Mood, coordenadas de Kattor para todos.
-Entendido.
Mientras la nave insignia continuaba incendiándose en su costado y los demás cruceros de Consorcio se reorganizaban, nosotros nos dirigimos tras la nave de Ratly que ya había ingresado a la atmósfera de Sakhor.
-Mac, los trajes... Tendremos que salir a rescatarlos.
Ella obedeció de inmediato.
-Y creo que deberán llevar oxigeno puro, sino tendrán problemas para sacarlos de allí -nos recordó Mood.
*
* *
Una espesa niebla cubría todo el planeta. Sin embargo, entre la bruma, podía verse un paisaje de una belleza espectacular, de fantasía. Los primero que llegaron aquí, al ver aquello, se quitaron sus cascos para contemplar mejor el paisaje. Entonces absorbieron las microscópicas esporas que inundan el ambiente y comenzaron a sufrir pesadillas. Primero se aterrorizaron para luego volverse unos contra otros. Les siguió un estado psicótico paranoico para terminar muertos de un infarto. Había que tener cuidado, pues toda aquella belleza era engañosa y perversa.
Salimos de la nave Mac, Ragtan y yo, y nos dirigimos a la nave de Ratly que se encontraba a algunos centenares de metros. Llevábamos media docena más de trajes. Yo palpé mi Megatox que, esperaba no tener que usar, pero si Ratly y los suyos habían respirado las esporas, podían atacarnos y ser muy violentos.
La nave tenía daños serios y ya no podría ser utilizada. Intenté comunicarme con Ratly, pero su sistema solo entregaba estática.
-¿Nos arriesgamos? -dije.
Mac respondió con la acción y se acercó a la compuesta de carga, accionándola.
Seguramente Ratly sabía a lo que se exponían, por lo que, de estar bien, habría bloqueado el sistema de compuertas para evitar el acceso del aire contaminado. Entrando por la de carga evitábamos que ingresara el aire maligno del planeta.
Cuando se hubo cerrado la compuerta abrimos la que daba al interior. Había mucho humo y chispas de los paneles de las paredes. La nave estaba destrozada.
Fue Mac la que reaccionó al ver a uno de los tripulantes abalanzarse sobre mí. Estaba sin casco y su rostro mostraba las señales inequívocas de estar contaminado. Sus ojos estaban desorbitados e inyectados de sangre, así como su boca. Los dientes enrojecidos le daban un aspecto terrorífico. Mac logró darle en una pierna y el tipo cayo al suelo. Me lancé sobre él y mientras lo sujetábamos le apliqué el oxígeno puro.
Luego de un momento de agitación el tipo se tranquilizó. Por sus ojos pude ver que se encontraba mejor.
-¿Dónde está Ratly? -pregunté sin retirarle la mascarilla.
-Lo tienen atrapado en la cabina -dijo el tipo.
-Quédate aquí y no te quites la mascarilla -le dije-. Busca un casco...
Avanzamos por los pasillos oscuros hasta llegar a la compuerta que daba acceso a la cabina, pero no se veía a nadie más en el lugar. Mac permanecía en alerta.
-¿Ratly? -dije abriendo el intercomunicador.
-¿Dex? ¡Maldito hijo de...!
-¿Quieres que te saque o te deje? -le interrumpí.
-No puedes abrir -dijo-. Todo está contaminado. Y tengan cuidado con los locos que hay afuera.
-¿Cuantos hay contigo?
-Somos ocho.
-Tenemos seis trajes pero trajimos oxígeno puro -le expliqué.
-¡Eres mejor que mi mamá! -exclamó él desde adentro.
-¿Tuviste una madre? -le dije en broma.
-No te metas con ella. Además, te hubiera arrancado los intestinos con los dientes.
-¡Muy maternal! ¡Aguanten la respiración! -dije y abrí la compuerta.
Rápidamente repartimos los trajes y el oxígeno. De pronto Mac lanzó un grito.
-¡Alerta!
Y comenzó a disparar. Unos veinte tipos se nos venían encima. Ratly logró colocarse el casco y tomando una de sus escopetas, se lanzó contra los enloquecidos tripulantes.
-Lo lamento, amigos -les dijo-, pero es mejor esto que lo que les espera.
Y se puso a disparar como loco.
Mac recibió un golpe en su casco y el cristal se trizó.
-¡Dex! -me gritó.
Traté de acercarme a ella pero otro de los atacantes me golpeó duramente en la espalda. Pensé que si Mac enloquecía nuestras posibilidades eran casi nulas.
Como pude me levanté. Disparé contra uno que estaba cerca de Ratly y contra otro que intentaba asesinar a Rag. Después me lancé sobre Mac que se estaba incorporando.
Al ver su rostro quedé congelado. Ella me tomó por el cuello con una sola mano y me alzó como si fuera un monigote. Después sacó su Colt Látigo y lo levantó. En ese momento levanté la cápsula con el oxígeno y de un golpe terminé de romper el visor de su casco. Eso la obligó a soltarme y evitar así morir de asfixia. Entonces me coloqué tras ella y, con toda la fuerza que pude, le pegué la mascarilla de oxigeno en el rostro. Se levantó como si nada e intentó quitarme de su espalda, pero yo estaba agarrado como el náufrago a un tablón.
De pronto se dobló. Ratly le había dado un golpe tras una rodilla. Continué agarrado a ella con la esperanza de que se recuperara. Rag y los demás habían logrado controlar a los enloquecidos. Entonces se me acercaron y me ayudaron con Mac.
-No quisiera ver a esta puta con mal genio -dijo Ratly con su vozarrón.
-¡Puta tu madre! -dijo Mac sujetando la mascarilla.
Yo me sentí aliviado.
-¿Ves? -dijo Ratly-. Le faltaba un cariño de mi parte...
-Ya te haré cariño yo, bastardo cabrón...
-Dejen de amarse -les dije- y vámonos de aquí, que no tenemos mucho tiempo.
Y no lo teníamos.
Estábamos por llegar a nuestra nave cuando sentimos los destellos.
-¡Los malditos nos mandan los cazas! -dijo Mac.
Eran unas veinte naves pequeñas pero con suficiente poder como para hacernos trizas. Mood se había encargado de colocar los escudos, pero eso nos impedía ingresar a la nave. Alguien disparaba contra nuestros atacantes.
-¿Quién está en los cañones? -pregunté.
Escuché la voz de Mood.
-Es Ki. Está como loca...
-Espero que no haya respirado el aire de aquí -dijo Mac.
Pero al parecer no lo había hecho. Un certero disparo hizo saltar a una de las naves atacantes.
-¡Abre las compuertas! -dije a Mood.
-Tendré que bajar los escudos.
-Será un instante -le dije para tranquilizarlo, aunque sabía que era riesgoso.
En cuanto el escudo estuvo desactivado corrimos al interior. Pero en ese momento un impacto nos dio de lleno y comenzaron a saltar chispas por todas parte.
-¡Los escudos, Rag! -grité.
-¡No responden! ¡Maldición! ¡Estamos sin potencia!
Mac saltó a los cañones y comenzó a disparar. Dos naves más atacantes cayeron pero un nuevo impacto dejó las baterías de Ki en silencio.
-¿Que pasó? -preguntó ella.
-Nos tienen -dijo Ratly con el temor en la mirada.
De pronto vimos como dos naves más saltaban hecha añicos.
-¡Ese sí que fue un buen tiro! -le dijo Ratly a Mac.
-No fui yo -le contestó ella mirándolo con asombro.
-¿Como están muchachos? -se escuchó en el comunicador.
La voz me era familiar.
-¡Es Kata! -gritó Ratly.
Otra nave atacante cayó en llamas y las demás emprendieron la retirada.
-Traten de mover esa chatarra -dijo Kata-. No podemos quedarnos aquí para siempre.
Rag logró hacer funcionar los motores y nos elevamos con dificultad.
-No creo que podamos tomar la velocidad Quam en el estado en que nos encontramos -dijo Rag-. Francamente, creo que es mejor dejar esta nave.
-¿Y que hacemos? -preguntó Mac.

Relato Ciencia Ficción - Crónicas Galácticas (y VI) -Solo nos queda trasladarnos a la de Kata... -dije-. Retiremos las baterías de kolmio y el sigilo. Ya nada más le podemos pedir a esta nave...
No me sentía feliz de tomar esa decisión. Aquella chatarra nos había acompañado en nuestras aventuras y había prestado leal servicio incluso en las situaciones más difíciles. Pero todo tiene un término en esta vida, así que decidí dejar de lado los sentimentalismos.
-¿Qué haremos con ella? -preguntó Ki con sentimiento, como si se tratara de una persona.
-Dejarla en el espacio -le contestó Ratly-. Es la única muerte digna para una chatarra como esta.
*
* *
La nave de Kata no estaba en muy buenas condiciones, pero con las baterías de kolmio mejoró bastante su funcionamiento. Casi la totalidad de la tripulación estaba compuesta por las muchachas de Kata.
-¡Me gusta tu equipo! -le dijo Ratly con intención.
-Estas chicas no solo son buenas para la lucha cuerpo a cuerpo -explicó la mujer-. También son buenas para el combate en el espacio.
-Así me parece -dije-. ¿Por que el cambio de idea?
Kata me sonrió.
-Porque me di cuenta que tenías razón. Si permitimos que el Consorcio distribuya su porquería ya no tendremos nada que hacer.
-¿Hay más sobrevivientes que nos puedan ayudar? -pregunté.
-No más de media docena de naves están en condiciones de viajar a la Tierra. El resto no tiene el equipo necesario. Pero podemos trasladar a la gente para...
-No pienso iniciar una guerra -le expliqué-. Es quizás lo que ellos esperan, que aterricemos en alguna parte con un ejército. No. Quiero ir al Consorcio donde producen la droga y hacerlo desaparecer.
-¿Y por qué no lo demolemos desde es espacio? -preguntó Ratly.
-Porque antes tenemos que estar seguros que la droga está allí, que no se ha distribuido...
-Y que se encuentre el bastardo de Calgary -concluyó Mac.
-Exacto -confirmé-. Además, seguramente el edificio tiene escudos propios de protección y es necesario desactivarlos. De otra forma no habremos sino perdido el tiempo y sacrificados vidas innecesarias.
-De acuerdo -dijo Kata-. ¿Y cómo piensas acercarte sin que te vean?
-Con el sigilo... -dijo Mood.
-Pero solo una nave puede usarlo. No tenemos tiempo para preparar otra más -comentó Rag.
-Así es -dije-. Y no necesitamos más. Solo una nave pequeña para poder dejarnos caer sin que nos noten.
-¿Y qué haremos los demás? -preguntó Kata.
-La peor parte -le expliqué-: desviar la atención.
-Y exponernos a que nos hagan pedazos... -dijo ella con desgano.
-La opción no es tampoco muy confortable -dijo Mac.
Hubo un momento de silencio.
-Tendremos que informarles a los demás -dijo finalmente Kata-. Algunos van a preferir quedarse.
-No necesitamos que vayan todos -comenté-. Necesitamos la mayor cantidad de naves posible, pero sólo con los pilotos y los artilleros. Nadie más.
-Comprendo. Creo que eso podemos arreglarlo.
Y nos dirigimos a Kattor.
*
* *
A nadie le gustaba la idea pero todos estaban de acuerdo en que ya no había alternativa. El Consorcio había demostrado sus intenciones y había que actuar.
Finalmente logramos preparar ocho naves. Yo elegí la más pequeña para instalar el sigilo y utilizarla para aterrizar. Las otras, equipadas con baterías de kolmio, podían maniobrar lo suficiente como para tener ocupados los cruceros del Consorcio.
No faltaron voluntarios para esa tarea. La mayoría estaba harto del Consorcio y muchos piratas estaban dispuestos a cualquier sacrificio para terminar con esa pesadilla.
El problema era poder ingresar a la Tierra, traspasando su escudo de protección. Después había que ingresar al edificio del Consorcio y desactivar su sistema de defensa.
-¿Cómo podremos esquivar las defensas lunares? -preguntó uno de los piratas.
Les indiqué el plano tridimensional.
-Enfrentarnos a ellas sería suicida -dijo Kata.
-Por eso entraremos por la puerta trasera -expliqué.
-Pero seguramente tendrán allí todas las otras defensas -comentó Mac.
-Sin duda -dije-, pero no ingresaremos frente a ellas...
-¿Entonces cómo? -quiso saber Mood.
Indiqué con mi dedo índice un punto entre la tierra y las posibles defensas satelitales.
-¿Es posible hacer el ingreso en esta zona, Rag? -pregunté al ingeniero.
Hubo un murmullo general. Rag se acercó al plano tridimensional y observó con cuidado.
-Cualquier cosa es posible -explicó-, pero ya sabes que la potencia Quam no es segura ni precisa. Hay un margen de error...
-¿De cuanto? -insistí.
Ragtan continuó observando.
-Es probable que más de una nave colisione con la atmósfera -dijo-. Hay muy poco margen entre ésta y los satélites.
-Pero, ¿se puede hacer? -preguntó Ratly.
-¡Claro! Todo es posible. Pero no es seguro.
-La idea no es mala -dijo Kata-. Si aparecemos tras las defensas tenemos la posibilidad de destruirlas antes que puedan tomar posición de ataque.
-¡Exacto! -dije-. Ahora solo depende de ustedes, si están dispuestos a correr el riesgo.
Hubo un breve silencio. Uno de los piratas se adelantó.
-No tenemos otra posibilidad -dijo convencido-. Si logramos destruir al Consorcio, creo que habrá valido la pena el riesgo.
-Estoy de acuerdo -secundó Ratly.
Los demás aprobaron.
-En ese caso, preparemos las naves. Solo el personal necesario de navegantes y artilleros. Tripulación mínima. Y distribuyan equitativamente la munición. Menos la nave que ocuparemos nosotros.
-¿No vamos a llevar munición? -preguntó Mac con preocupación.
-No la necesitamos. Nosotros debemos ingresar directamente a la Tierra y no tendremos que enfrentarnos con nadie. Y tenemos poca munición.
-Tienes razón -dijo Ratly-. Y yo voy contigo esta vez.
-De acuerdo -dije-. Rag, prepara la nave.
Y todos nos pusimos en movimiento.
*
* *
Desde mi habitación los veía trabajar con ahínco mientras yo preparaba los planos de ataque. Resultaba grato ver a grupos que siempre habían sido rivales trabajando armoniosamente en busca de un objetivo común.
-Así somos los humanos -dijo Ki, entrando a mi habitación y acercándoseme, luego de hacerle el comentario-. Solo nos unimos cuanto tenemos un enemigo más poderoso. Cuando no sucede eso, buscamos enemigos en nuestros iguales.
-Siempre me sorprendes -le dije besándola en una mejilla.
-Voy a ir contigo -dijo.
-¡De ningún modo! -espeté de inmediato.
-No me voy a quedar aquí mientras ustedes corren los riesgos. Quiero estar contigo.
-Ki, tu no eres...
-No me importa lo que digas. Voy a ir. Y no me lo podrás impedir.
La quedé mirando un momento. Su mirada decidida la hacía verse aún más hermosa.
-Repito -dije-: siempre me sorprendes. Pero no quiero que te suceda algo.
-¿Por qué?
-Porque no me lo perdonaría.
-¿Por qué? -repitió y se me acercó.
La miré a los ojos. No quería decirlo, porque no quería comprometerme.
-Porque te mereces...
-¡Déjate de idioteces! -exclamó y me empujó haciéndome caer sobre la cama.
Ella se inclinó sobre mí.
-Yo te amo... -dijo con suavidad- Tú me amas, aunque no te atrevas a decirlo.
-Ki... Yo...
-¡Cállate! -exclamó suavemente en mi oído-. Te daré una muestra de lo que somos capaces la bonianas cuando nos enamoramos... El resto, vendrá después.
Si, me repetía. Ki siempre me sorprende...
*
* *
Las naves estaban en posición.
-Coordenadas listas -se escuchó decir repetidamente por el comunicador general.
Ratly y Mac estaban sentados juntos, lo que me hizo sonreír. Mood se ubicó tras la consola de comunicaciones y control de vuelo. Ragtan manipulaba la consola de poder. Me coloqué frente al panel de dirección y Ki se colocó a mi lado.
-Bien. Creo que ha llegado el momento.
-Todas las naves en posición -dijo Mood-. Esperan la señal.
-¡Hagámoslo! -dije-. Mood, da la orden. Rag, ¡lánzanos!
Y las ocho naves se perdieron en el espacio infinito.
Fue cosa de breves minutos, cumplidos los cuales, el remezón de la frenada nos hizo temblar. Inmediatamente accioné los controles.
-Estamos en buena posición -dije-. Rag, aplica el sigilo.
Una de nuestras naves apareció de pronto muy cerca nuestra.
-¡Mood, a la izquierda!
Nuestra nave hizo un giro violento y la otra nave pasó por nuestro lado casi sin control. De pronto la vimos remecerse y poco después estalló en llamas.
-¡Maldición! -exclamó Mac entre dientes-. Se estrelló con la atmósfera.
-¿Quién era? -quise saber.
-Eso ya no importa -dijo Ratly.
Mood me hizo una seña.
-Kata me comunica que están en posición de ataque.
-Que hagan lo suyo -dije-. Nosotros nos vamos a lo nuestro.
Poco después vimos en pantalla como nuestras naves neutralizaban los satélites de defensa. Pero el problema no terminaba allí. Seguramente mandaría una flota desde el centro de defensa lunar y nuestros amigos se verían en serios problemas. Pero eso ya estaba previsto. Comenzaron a dispersarse para hacer más difícil la persecución.
Mientras, nosotros nos lanzamos al planeta ocultos por nuestro sistema sigilo. Debíamos caer lo más cerca posible del edificio del Consorcio para no perder tiempo. Nos favorecía el que aquel lugar estaba rodeado de parques, pero sin duda que el ataque habría alertado las defensas.
-Podemos aterrizar a un par de kilómetros -dijo Mac-. Desde allí...
-No -le interrumpí-. Rag, hacía las puertas del edificio.
-¿Cómo? -dijo él asombrado.
-De esa forma no les daremos tiempo a organizarse y podemos ingresar más rápidamente.
-Pero es muy arriesgado -dijo Ratly.
-¿Te asusta?
-¡Claro que no! -dijo herido en su orgullo- ¡Hagámoslo!
Y la nave se dirigió velozmente al lugar indicado. Como era pequeña no tuvo problemas para aterrizar en la explanada frontal del edificio.

Relato Ciencia Ficción - Crónicas Galácticas (y VI) Nos benefició el que no pudieran vernos en su sistema de radar y cuando aparecimos en ese sitio los guardias se sorprendieron y solo atinaron a correr al interior del edificio.
-¡Abajo! -ordené-. Llegó el momento final...
Las compuertas se abrieron y saltamos al exterior. Nos recibió una lluvia de disparos. Ratly salió tras nosotros y portaba una «ralladora».
-¡Déjenme abrir paso! -gritó si se colocó frente a nosotros, disparando sin descanso, con su risa estruendosa acompasando los disparos.
La mortífera arma destruía todo lo que se le interponía. Mac aprovechó de lanzar una Surflax y la entrada al edificio saltó hecha añicos.
-¡Adentro! -grité mientras disparaba mis Megatox.
Pero las defensas interiores eran poderosas. A los guardia se sumaban los rifles automáticos, mucho más peligrosos.
Lanzamos algunas Surflax y logramos silenciar una zona, por la cual ingresamos.
-Guíanos, Mood -dije al viejo.
-Si las cosas no han cambiado, el laboratorio principal debe estar en el piso 28.
-¿Y la oficina de Calgary? -preguntó Mac.
-Sin duda que en el último, el 107.
-A los ascensores -dije y corrimos.
-Es riesgoso -dijo Mac-. Pueden atraparnos en ellos.
-¿Y que quieres, subir 107 pisos por la escala? -le dijo Ratly.
E ingresamos a la caja metálica. Pulsé el botón 40 y la máquina se disparó.
-¿Por que el piso 40? -preguntó Mood.
-Porque así pensarán que no sabemos donde ir. Ustedes bajan al 28 y nosotros subimos al 107.
La caja se detuvo y las puertas se abrieron. Rag salió y un disparo lo lanzó al interior.
Ratly se asomó y vio al guardia. Inmediatamente disparó su «ralladora» que destruyó medio muro, guardia incluido.
-¡Dispara ahora, cretino! -gritó.
Yo me incliné para ver a Rag.
-¡Estoy bien! -exclamó, tomándose el brazo-. Puedo continuar.
-De acuerdo -dije-. Ratly, quédate con él. Busquen el sistema de escudos.
-¡Hecho!
-Mood y Mac bajarán al laboratorio.
-No. Yo voy contigo -dijo ella.
-Yo acompaño a Mood-dijo Ki-. Ustedes vayan a buscar a Calgary.
Quise replicar pero mi di cuenta que no era el momento.
Nos separamos y con Mac comenzamos a subir los casi cuarenta piso que faltaban por la escala.
-¿Como va todo? -pregunté por el intercomunicador.
Ratly me respondió.
-Hemos bloqueado los ascensores así que tengan cuidado con las escalas.
-De acuerdo -dije-. ¿Mood?
-Vamos llegando. No hay guardias en esta zona.
-Eso es extraño -dije-. Tengan cuidado.
Mac corrió por las escalas sin problema.
-Espérame -le dije-. Recuerda que yo soy un humano normal.
Se detuvo y se volvió.
-¿Quieres que te lleve en brazos? -dijo con una sonrisa pícara.
Yo levanté el arme y disparé. Ella se lanzó a un lado y pudo ver al guardia que había tras ella que caía liquidado al piso.
-Creí que te habías enojado -me dijo.
-Contigo cariño, nunca -le contesté-. Y puede que acepte tu oferta.
Y continuamos subiendo.
-Tenemos problemas -dijo Mood por el comunicador.
-¿Que sucede?
-Esto está repleto de guardias -dijo.
-¿Ratly? Ayuda a Mood -ordené.
-De acuerdo, aunque no sé para qué.
-¿Que quieres decir?
-Que si hay tanto guardia, seguramente están protegiendo el laboratorio.
-Tienes razón. No vale la pena correr el riesgo.
-¿Donde están ustedes? -quiso saber el pirata.
-En el piso 98 -dije-. ¿No se nota?
-Por tu respiración... -dijo Ratly soltando una carcajada- yo creí que con Mac habían hecho un «descanso» -dijo con intención.
-Busquen la sala de control de los escudos.
-No te preocupes -comento Rat-. Atraparé a un guardia y le preguntaré con mucho cariño.
-Después -dije- salga de aquí.
-¿Y si no puedes salir? -me preguntó Ki.
-No te preocupes. ¡Obedezcan!
Y corté la comunicación cuando alcanzamos el piso 105.
-Ya estoy muerto -dije.
Mac se me acercó.
-¿Respiración boca a boca? -me preguntó con un guiño.
Tomé una bocanada de aire y continué subiendo los dos pisos que faltaba. Una ráfaga nos detuvo. Mac saltó sobre mi y ambos caímos al piso.
-Tienen defensas automáticas -dijo echando mano a una Surflax.
-No -le dije deteniéndola-. Calgary puede escapar...
-Si es que no lo ha hecho ya.
-No lo creo. Se siente seguro.
-¿Entonces?
Escuchamos las órdenes pisos abajo. Los guardia comenzaban a subir. Mac tomó una Surflax.
-¿Cuantos segundos por piso? -preguntó.
-Uno... más o menos -dije.
Programó la granada y la soltó por el hueco de la escala. La explosión nos obligó a pegarnos en la pared. Cuando pasó el bullicio y el humo vimos que había caído un trozo de la escala y muchos guardias estaban en el suelo.
Yo tomé mi Megatox y apunte hacia uno de los rifles automáticos.
-Veremos si conservo mi puntería -dije y dispare tres tiros.
El arma se silenció. Mac se adelantó y otro rifle automático disparó sobre ella. Se lanzó hacia adelante y comenzó a disparar hasta el que rifle quedó destruido.
Nos quedaba solo un tramo de escala.
-¿Habrán más trampas?
-Si duda -le dije.
Pero me lancé a la carrera.
Mac me seguía de cerca. Logramos llegar al último descanso. Una puerta enorme de hierro, como una caja de seguridad, nos impedía el paso.
-¿Una Surflax?
-Y ¿dónde nos protegemos?
-¿Entonces?
Lancé una maldición y golpeé la puerta con los puños.
Suavemente esta se abrió. Con Mac nos miramos sorprendidos.
-¡Es una trampa! -dijo ella.
-Eso creo. ¿Tu derecha? -le pregunté.
-Bien -contestó y se colocó en posición.
Ingresamos de un salto y caímos al suelo. Había un silencio absoluto.
Lentamente nos pusimos de pie.
-Estamos en la oficina principal -dijo ella.
Allí había un gran retrato de Colmard, sentado en un sillón barroco y con su expresión bonachona. Mac se dirigió hacia una puerta de roble la que se abrió bruscamente. Un tipo enorme tomó a Mac por el cuello, la desarmó y la arrojó contra una pared como si fuera de papel. Detrás del energúmeno apareció una figura. Cuando puse atención no pude reprimir mi sorpresa.
-¡Colmard! -dije casi en un murmullo.
-Así es, señor Dorian. Y debo felicitarlo por haber llegado hasta aquí -dijo con seguridad apuntándome con un arma antigua -arroje su arma.
Mac intentó levantarse para atacar al guardia pero éste la volvió a arrojar al piso con facilidad.
-No le recomiendo ser agresiva con Joth -dijo Colmard-. Es un... digamos... hermano suyo. Pero mucho más fuerte. Es un nuevo tipo de MAC.
Pero Mac no escuchó y volvió a atacar al tipo, el que la levantó en vilo y la dejó caer con fuerza. Pude sentir el impacto y ver como Mac se resentía del dolor.
-Es mejor que se quede quieta -dijo Colmard- o la hará pedazos.
Mac obedeció.
-Me gustan las antigüedades, señor Dorian -comentó Colmard-, como esta pistola parabellum de hace más de tres siglos. Pero sepa que funciona perfectamente bien.
-¿Que pasó con Calgary? -quise saber.
Sonrió maliciosamente.
-No existe. Nunca existió. Yo lo creé para desviar la atención de mi persona. Así el mundo lo odiaba a él mientras yo organizaba todo...
-Pero usted ya debería estar muerto -dijo Mac desde el suelo.
-Si. Y para ser sincero, la verdad es que ya no soy yo, por decirlo así. Me han trasplantado el hígado dos veces, los riñones tres, el corazón una vez... Casi todo mi cuerpo esta compuesto por órganos ajenos, más jóvenes y vitales. Menos el cerebro, claro.
-El que se le ha secado -dije yo.
-No lo crea, Dex. Hemos descubierto que si el resto del organismo trabaja bien, el cerebro se mantiene en perfecto estado, indefinidamente, si mantenemos una buena irrigación. Son los males orgánicos y las toxinas las que destruyen la mente.
-¿Y qué toxina destruyó la suya? -dijo Mac con sarcasmo.
El energúmeno se agachó para golpearla pero Colmard lo detuvo.
-Ya habrá tiempo para eso -dijo.
-Pero, ¿para qué ha hecho todo esto? -pregunté-. ¿Que sentido tiene esclavizar a la humanidad?
Colmard me miró sonriendo.
-Estoy salvando a la humanidad, señor Dorian. Con esta droga se terminarán los conflictos y podremos vivir en paz por siempre.
-Pero convertidos en esclavos.
-¿Y qué otra cosa ha sido la humanidad? La mayoría de los seres humanos no hace sino buscar la esclavitud que mejor les acomoda. Pero causan graves conflictos con ello. Con esta droga pondremos término a todo ello. Un solo amo es suficiente... Y necesario, diría yo.
-Y ese amo sería usted, ¿no? -dije-. Además, no sabe que podría suceder a futuro. Desconoce los efectos secundarios...
-Ya enfrentaremos eso cuando suceda -dijo Colmard con absoluta calma.
-Creo que comete un error profundo -insistí-. Usted quiere convertir a los hombres en máquinas.
-Somos máquinas, señor Dorian. Máquinas biológicas y nada más.
-En eso se equivoca -le dije-. Usted nos convertirán en máquinas al privarnos de la voluntad, que es lo que nos hace humanos. Va a destruir la naturaleza humana. ¿Qué pasará en el futuro? ¿De dónde saldrán los líderes después que pierdan la voluntad?
-De un grupo selecto. Incluso pensé que usted podría formar parte. Pero es mejor cualquier cosa que continuar con las eternas masacres, ¿no cree?
-No. El precio es demasiado alto. Creo que la humanidad debe aprender a convivir en armonía, con mutuo respeto, pero no privándose de su propia naturaleza.
-Es usted un iluso.
-Quizás. Pero prefiero mi ilusión a su pervertida realidad.
-Lamento oír eso. Usted podría ser un buen elemento.
-¿Y dejar que me convierta en máquina? Jamás confiaría en mí de otra forma.
-En eso tiene razón. Lo lamento por usted -dijo y levantó su arma.
Vi como apretaba el gatillo, vi la explosión saliendo del cañón del arma y como el proyectil se dirigía directo a mi pecho.
En ese momento y en fracciones de segundo, la puerta se abrió y vi entrar a Ki como un celaje, cayendo sobre mí y arrojándome al suelo junto a Mac. Ante la confusión, ésta aprovechó la situación. Sacó el cuchillo Rambo de mi bota y antes que Joth, el energúmeno, reaccionara, se lo lanzó, ensartándoselo en un ojo hasta la empuñadura. El tipo cayó de rodillas y luego se desplomó como un saco de patatas.
Colmard, que me apuntaba para volver a dispararme, al ver la acción de Mac cometió el error de cambiar de objetivo, pues ya era tarde. La muchacha había dado un rápido giro en el suelo y tomado una de sus Colt Látigo, disparó al magnate en el pecho. Y siguió disparando.
Los proyectiles destrozaban cada parte del cuerpo donde se incrustaban. Mac se puso de pie y continuó disparándole, mientras se le acercaba, hasta que Colmard quedó convertido en una bolsa sanguinolenta desplomada en el suelo.
Mac lo miró.
-A ver si te arreglan con un trasplante, cabrón -le dijo rematándolo con un tiro en la cabeza.
Se volvió hacia nosotros y quedo helada.
Ki estaba en mis brazos. Su pecho mostraba una gran mancha de sangre.
-Dex... Dex... -balbuceaba ella.
Mac se colocó a nuestro lado.
-Ki, no te mueras -le dijo.
La rubia me miró.
-Enj tenía razón -dijo-. Supe que estabas en peligro. Lo vi con toda claridad y supe entonces que éste era mi destino, el propósito de mi vida...
-No, Ki... -dije.
-Debía salvar la vida a quien nos salvaba la vida a todos...
-No, cariño... No debiste hacerlo...
Ki tosió con dificultad.
-Dex...
Me acerqué a ella.
-Dex... bésame...

Relato Ciencia Ficción - Crónicas Galácticas (y VI) Acerqué mis labios a los suyos. Entonces sentí como recibía su último aliento como una bocanada fresca que me llenaba la boca. Todo mi cuerpo tembló ante esa sensación. Era algo dulce, suave, que me hizo estremecer. Y cerré los ojos.
La abracé con fuerza. Mac tenía sus ojos llenos de lágrimas. Después tomó el cuerpo inerte de Ki en sus brazos y lo levantó.
-¿Que vas a hacer? -pregunté.
-Llevarla a Bona, para que descanse en su tierra -dijo aguantando un sollozo mientras nos mirábamos fijamente.
Asentí con la cabeza.
En ese momento ingresó Mood.
-¡Cielos! -dijo al vernos con el cuerpo inerte de la muchacha.
-¿Que sucedió? -le pregunté.
-No lo sé -dijo Mood-. De pronto Ki se paralizó, dijo tu nombre, y salió corriendo con el demonio... ¡Lo lamento mucho...!
Con Mac nos miramos.
-Bajemos -dije finalmente.
Cuando llegamos al vestíbulo vimos al Consejo en pleno esperándonos, con Ratly apuntándoles, impidiéndoles el paso. Una cantidad de soldados del Consorcio estaban sentados en el suelo con las manos en la nuca mientras otros piratas les custodiaban.
-Señor Dorian -dijo el Presidente acercándoseme-, sabemos lo sucedido y le estamos muy agradecidos. Usted ha salvado...
-Hemos hecho el trabajo que debieron hacer ustedes -dije en tono de reproche.
-Lo sé... Crea que no nos sentimos orgullosos... ¿Que piensa hacer ahora?
-Pulverizar este edificio hasta los cimientos.
-No creemos que sea necesario -dijo el Presidente-. Ahora nos haremos cargo y créame que...
-No confío en ustedes -le interrumpí sin poder contener mi desprecio-. Los políticos son los seres menos confiables de la galaxia. ¿Cuántos estaban con Colmard? ¿Cuántos hicieron la vista gorda? ¿En cuántos podría confiar? No, señor presidente. No correremos riesgos. De la orden a las naves de detener todo ataque -le dije en todo perentorio.
El presidente tomó su comunicador y dio la orden.
-¿Ratly? -dije.
-Dime...
-¿Los escudos?
-¡Desactivados!
-Que en cinco minutos borren del mapa esta porquería -ordené.
-Será un gran placer -dijo y se comunicó con la nave de Kata que esperaba las órdenes.
-¿Lista para disparar?
-Nos dejaron de atacar. Es extraño... -dijo la mujer.
-No te preocupes -le dijo el pirata-. Prepara tus cañones.
-Bien. Salgan de allí pronto.
-Comete un error, señor Dorian -insistió el Presidente-. Mucho de lo que hay aquí podría aprovecharse en beneficio de las personas.
-El error lo van a cometer ustedes si no salen de aquí pronto -les dije mientras con Mac nos dirigíamos a nuestra nave.
Todos los miembros del Consejo salieron corriendo despavoridos. Caminamos rápidamente alejándonos del lugar.
Tras de nosotros, el edificio recibía una tremenda descarga de los cañones de la nave de Kata y comenzó a estallar desde la cúspide al suelo, envuelto en el fuego purificador. Solo quedaría un gran agujero.
Llegamos a la nave. Mac colocó el cuerpo de Ki dentro de una cápsula.
Ratly me puso una mano en el hombro.
-¿Qué harás ahora, Dex?
Suspiré.
-Me quedo -dije-. Esta es mi casa...
-No creo que te dure mucho -comentó el pirata-. Te conozco.
-No esta vez, Rat. Estoy cansado -le aseguré.
Me acerqué a Mood.
-Volveré a Kattor -me dijo-. Otros quieren intentar fundar de nuevo la colonia.
-Buena idea -dije-. Les deseo suerte -y le di un abrazo.
Mac me miraba con sus hermosos ojos verdes vidriosos.
-Debo volver a Bona, a buscar mi equilibrio -dijo.
-Lo entiendo. Sé que lo conseguirás.
-Te echaré de menos -dijo ella con suavidad.
-Y yo a ti... Pero, ¡quién sabe!
-Si -dijo y sonrió-. ¡Quién sabe!
Se me acercó y me dio un apretado beso.
Me separé de ella y miré a Ragtan.
-Yo me quedo también -dijo él-. Alguien puede necesitar un buen ingeniero aquí.
-No me cabe duda -le secundé.
Bajamos de la nave y caminamos hacia la ciudad. Los motores de la nave se encendieron y vimos como despegaba y se alejaba. Pronto quedó un cielo estrellado y silencioso.
-Te invito una copa -dijo Rag.
-Acepto -le contesté.
-En realidad toda la humanidad te debe una copa, cuando menos.
-No gracias. Terminaría alcoholizado. ¿Que vas a hacer ahora?
-¿Después de la copa? Dormir... Dormir mucho. Y después buscaré una mujer... O dos... O tres...
Yo sonreí.
-¿Y que vas a hacer tú, Dex? -preguntó.
Miré el cielo un momento.
-Dormir -dije suavemente-, y soñar con Ki.


Fin
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Aurora Bitzine revista de fantasía y ciencia ficción a 1 de julio del 2005