CAMISETAS AURORA Página de inicio de Aurora Bitzine
Relato Ciencia Ficción: Crónicas Galácticas (V)
El Vórtice Maldito
Por Dex Dorian

Relato Ciencia Ficción - Crónicas Galácticas (V) En realidad necesitábamos un buen descanso y Kattor era el lugar más adecuado, quizás por encontrarse en ese estado tan primitivo. Era una forma de alejarnos de toda esa tecnología que, al parecer, estaba trayendo más problemas que beneficios a la humanidad. Cada avance en ese sentido resultaba ser un retroceso en el proceso natural del desarrollo humano. Luego de siglos de experiencia los seres humanos aún no lograban asimilar la verdad esencial de que el conocimiento sin ética no es sino veneno.
Sabía que nuestro descanso no sería largo y que debíamos aprovechar la situación para planificar nuestra tarea principal: la destrucción del centro de investigaciones del Consorcio. Pero las dificultades eran grandes. Llegar a la Tierra era ya un problema. Sin duda que nos estarían esperando. Debían haber sido informados por los piratas de nuestras intenciones. Pero no teníamos más alternativas. Podíamos decidir escondernos, alejarnos de todo, buscar algún planetoide lejano donde poder cobijarnos. Pero, ¿por cuánto tiempo? Tarde o temprano llegarían allí e impondrían su voluntad, quizás no a nosotros, sino a nuestros hijos o nietos.
Es fácil esconder la cabeza, es fácil mirar a otro lado, pero esa actitud, a la larga, se termina pagando muy caro. Y yo lo había aprendido por experiencia. Me había hecho pirata para no tener que afrontar responsabilidades, para evitar las obligaciones que hacen que una persona sea, finalmente, un buen ser humano. Y descubrí que mi vida se reducía a un placer efímero y a un temor constante. Toda la alegría que un canalla puede recibir nunca traspasará su piel. Y yo había sido un canalla.
Cuando decidí dejar esa vida sólo pude continuar con una actividad similar, pues ya había perdido el hilo de mi existencia y no podía comenzar a tejer una nueva. Podía cambiar la trama, el motivo, pero nada más, pues sino debía deshacer todo lo hecho para comenzar de nuevo y ¿quién quiere hacer eso? Solo los verdaderamente valientes son capaces de comenzar su existencia más de una vez en la vida. Y yo, en realidad, no lo era. Mi valor estaba más en relación con la adrenalina que con la voluntad.
¿Que podía morir en el intento de detener al Consorcio? La verdad era que si no lo hacía estaría igualmente muerto, de hecho o de espíritu. Así que mi valor se asemejaba más a la desesperación que al coraje.
Observé el hermoso cuerpo dormido de Ki. Envidiaba su dulzura. Envidiaba su valor, porque ella sí tenía esa esencia, pues había decidido ser lo que su naturaleza le exigía, a pesar del costo implicado. Porque la dignidad de un ser humano se debe medir por la fortaleza en su decisión de ser lo que cree que debe ser, sin importar el costo. A ello agregaba Ki una virtud especial: su alegría. No importaba lo que le sucediera, finalmente todo cambiaba para ella con una sonrisa. Su simpleza ante la vida era, quizás, su mayor virtud y, quién sabe, si la mayor virtud que cualquiera pudiera poseer. Pocos sabrían apreciar ese don, pero quien lo posee está más cerca de la felicidad que todos los demás.
Abrió sus hermosos ojos y me miró un instante.
-¿He dormido mucho? -preguntó.
Le sonreí.
-Tú lo sabrás -dije.
-Creo que estaba realmente cansada -dijo desperezándose.
-Todos -le dije mientras acariciaba uno de sus hombros-. Creo que hemos vivido demasiadas emociones en muy poco tiempo.
Ella se quedó mirando hacia el techo.
-¿Crees que podremos derrotar al Consorcio? -preguntó casi con temor.
No lo sabía. Incluso tenía serias dudas de conseguir siquiera acercarnos. No sabía en ese momento que hacer y me encontraba completamente en blanco.
-Haremos lo posible -dije finalmente-. Intentarlo ya es algo, ¿no?
Ella me miró con sus ojos acariciantes.
-No. Los intentos fallidos no sirven para nada -dijo suavemente-. Incluso es peor que no intentarlo.
-¿Por qué? -le pregunté entre divertido y curioso.
-Porque te frustran -dijo como si fuera lo más lógico-. Y las frustraciones destruyen la fe en ti mismo...
-Creo que Enj te enseñó algo importante -le dije besándola en una mejilla.
Ella cerró sus ojos.
-Solo que en la vida nada hay más importante que ser uno mismo. ¿Y tú, -me preguntó incorporándose de pronto-, eres tú mismo?
Yo solté una carcajada, pero me callé inmediatamente ante su mirada seria.
-No... Ni siquiera sé quién podría ser...
-Eso es triste -dijo con sinceridad-. ¿Cómo puede vagar por el espacio, por la vida, sin saber quién eres ni qué quieres?
Me levanté. Quizás estaba molesto por tener que pensar en ese asunto.
-Algún día lo sabré -dije casi con dureza.
-Espero que no sea tarde -dijo ella.
La miré. Sus ojos mostraban tristeza. Me dí cuenta entonces que su preocupación era sincera, pero no quería seguir esa conversación.
-¡En fin! -exclamé para poner término al asunto-. La cuestión ahora es saber que haremos para cumplir con nuestro propósito, ¿no es así?
Ella sonrió y se incorporó.
-Solo espero que todo termine bien.
-Yo también, cariño, yo también.
Y salí de la tienda.
Fuera imperaba ese aroma a mundo antiguo que ya conocía. Miré a mi alrededor y vi las otras tiendas. Mood y Gada estaba sentado frente a la suya preparando algo de comer. Mac, Ragtan y Ratly se había sentado sobre una roca y permanecían vigilando con sus armas a su lado, advertidos de las formidables alimañas que habitaban aquel satélite.
Había varios otros colonos de Kattor deambulando por el lugar en sus quehaceres. Y entre ellos divisé a la niña y su madre que habíamos rescatado de Ru. La pequeña Fym estaba feliz en aquel sitio, correteando y jugando con algunos otros niños de la colonia. La madre, Fummy, se había repuesto bastante y se veía reanimada.
Me encaminé hacia donde se encontraban mis amigos.
-Creo que debemos decidir que hacer, y pronto -dijo Mac en su acostumbrado tono perentorio.
Yo me la quedé mirando.
-Si, capitán -dije luego.
Ella me sonrió y su rostro volvió a dulcificarse.
-Mac tiene razón -comentó Ratly-. Aquí tampoco estamos seguros.
-Las naves del Consorcio nos deben estar rastreando en todos los sitios posibles -aclaró Ragtan- y cuando terminen con ellos, volverán a los conocidos.
-Lo sé -dije tomando asiento junto a ellos-. Y creo que ustedes coincidirán conmigo a que es imposible que podamos destruir al Consorcio nosotros solos.
Los demás me miraron con un gesto aprobatorio.
-¿Qué hacemos? -quiso saber Mac.
-Debemos buscar apoyo -dije-. Sé que es un riesgo, pero de otra forma estamos perdidos.
-Pero, ¿quién podría querer ayudarnos? -preguntó Ratly.
-Solo puedo pensar en los piratas.
Los demás hicieron un gesto de reprobación.
-No me parece... -comenzó a decir Rag.
-Debemos intentar convencer a algunos -le interrumpí-. Además, hay algo que me ha llamado la atención.
-¿De qué se trata? -me interrogó Mac.
-¿Por qué tanto empeño en liquidarnos? -les dije-. Han puesto casi toda la flota en nuestra búsqueda. Eso no tiene sentido ni siquiera después de haber destruido su arsenal. Somos solo una pequeña nave y ellos saben que no podríamos traspasar los sistemas de seguridad terrestre.
-¿Entonces? -dijo Ratly cruzando los brazos.
-Tengo la sospecha que el Consorcio no cuenta con la aprobación del Consejo Galáctico. Más aún, podría ser que parte de él esté en contra de Calgary.
-Pero el «podría ser» no es suficiente -dijo Mac con cautela.
-Lo sé -asentí-. Pero solo de esa forma se justifica el esfuerzo del Consorcio contra nosotros. Porque si no, no tienen más que distribuir la droga y estamos acabados.
-Y si no lo han hecho es porque no está lista -dijo Ragtan.
-Exacto -confirmé.
-Y si logramos causar más inconvenientes -continuó Mac-, el Consejo va a querer saber lo que sucede.
-¿Me comprenden? -les dije-. Quizás podamos llegar al Consejo a través de los piratas y averiguar su participación en este asunto.
-De todas formas, será difícil acercarse a los piratas -comentó Ragtan.
-No tanto -dijo Ratly-. Hay una forma.
Lo quedamos mirando. El pirata sonrió y nos dijo:
-¡Madak!
-¿Que es eso? -preguntó Mac.
-Es un pequeño planeta -le explicó Rag- conocido como «la roca del atardecer».
-Allí se esconden los piratas en ocasiones -le comenté-. Siempre hay mucha gente en la única ciudad del planeta, pues es una especie de centro de comercio e intercambio de traficantes, contrabandistas y falsificadores. Muy rentable para los políticos del Consejo.
-Lo que sea que tú necesites -le dijo Rat-, allí sin duda lo encontrarás.
-Y lo más probable es que muchos piratas que huyeron de Ru estén ocultándose en Madak.
-De todas formas el riesgo es grande -insistió Mac-. Podrían traicionarnos.
-Es cierto -dijo Ragtan.
Pero Ratly les hizo un gesto para que callaran.
-Creo que habría alguna posibilidad -dijo meditativamente-. ¿Recuerdas a Lopp? -me preguntó.
Yo hice un gesto afirmativo.
-Tiene una deuda conmigo -dije.
-¡Así es! -confirmo Rat-. No creo que se atreva a traicionarte después de lo que hiciste por él. Por lo menos podemos ponerlo al tanto y el podría conseguir apoyo de algunos piratas.
-Es una idea -le dije-, siempre que esté dispuesto a correr el riesgo y ya sabes que...
-Pues debes presionarlo -espetó el pirata-. Si está vivo es gracias a ti, así que pásale la cuenta con esto.
-No creo que hayan más opciones -dijo Mac-. Si existe esta alternativa, hagámoslo.

Relato Ciencia Ficción - Crónicas Galácticas (V) -¡De acuerdo! -asentí-. Pero, ¿qué haremos con toda esta gente? -dije señalando a los demás que se encontraban en el improvisado poblado.
-Deberemos llevarlos con nosotros -dijo Ragtan-. No podemos dejarlos aquí porque si vienen del Consorcio lo van a pasar mal.
-Estoy de acuerdo -dijo Mac.
-Además, algunos de ellos han prestado buen servicio en mi nave -dijo Ratly.
-Debemos ponernos en camino lo antes posible -dije poniéndome de pie.
Los demás me imitaron. Nuevamente nuestro destino dependía de supuestos. Pero ya nos estábamos acostumbrado.
*
* *
Madak era un planeta poco acogedor. El agua era escasa y la poca vegetación que había, se encontraba en muy pocos lugares. Uno de ellos era la única ciudad que allí existía.
Vivir en ese lugar era una experiencia desesperante. Por su rotación, el planeta siempre estaba ubicado en la misma posición frente a su rutilante sol amarillento. Una parte del planeta recibía los rayos furibundos, produciendo temperaturas de 50 y hasta 60 grados. El otro hemisferio, siempre oculto, contenía hielos eternos y temperaturas extremadamente frías.
La ciudad de Madak estaba en un área intermedia y por ello era conocida como «la roca del atardecer», pues siempre había la misma luz, la misma sensación infinita de que el sol se ocultaba sin que nunca sucediera. Y después de algunos días uno comenzaba a desesperarse. Algunos, al cabo de los meses, lograba asimilar aquella situación desesperante y podía medir sin problemas el tiempo, a pesar de no existir el día y la noche. La luz de permanente crepúsculo le daba a uno la sensación, por un efecto visual, de ver en blanco y negro, o en tonos sepia.
Para evitar sorpresas descendimos a cierta distancia de la ciudad, entre unos riscos profundos donde era muy probable que nadie se animara a meterse. Organizamos a la gente para que se preocupara de darle mantención a las naves, dejándolos a cargo de Ragtan. Ratly y yo nos colocamos trajes al estilo madakí, holgados y vistosos. Mac a Ki deberían parecer nuestras esposas, con la vestimenta típica de telas suaves y livianas. Nos favorecía al ocultamiento la costumbre de colocarse un pañuelo grande sobre la cabeza.
Nos acompañaría otro grupo que debía dar aspecto de una familia, encargados de comprar alimentos. Mood los lideraba con Gada e incluía a Fym y su madre Fummy, y tres mujeres más. El hecho de ir un solo hombre, y de edad, a cargo resultaba menos sospechoso y más seguro.
Ellos harían el camino más directo para volver lo antes posible. Nosotros en cambio, daríamos un rodeo para que no pudieran relacionarnos.
Ratly comenzó a reclamar por aquel rodeo pues, después de dos horas, estaba cansado del calor y el polvillo que se levantaba en todas partes.
-Esta porquería de planeta debería reventar -dijo.
Pero su humor mejoró cuando entramos a la ciudad. Dejamos nuestro vehículo en custodia en una bodega destinada a ello y caminamos entre el gentío.
La plaza principal era bastante espaciosa y tenía un aspecto singular. Como protección del rasante sol, los comerciantes colocaban paños triangulares de vistosos colores que sujetaban en el suelo clavando dos puntas y levantando la tercera con una vara. La brisa los inflaba desde atrás, dando la impresión de una multitud de veleros estáticos sobre un océano pardusco.
Cientos de personas realizaban allí transacciones. Cualquier cosa que uno necesitara, si no la tenían, la conseguían rápidamente, sin importar si era legal o no. Medicamentos, alimentos exóticos, joyas, estimulantes, armas, vehículos, el bazar era omnidotado. Algunos políticos relacionados con el Consejo, e incluso algunos consejeros, participaban de aquel negociado aprovechando sus privilegios, lo que beneficiaba a todos pues, de esa forma, Madak se aseguraba una existencia tranquila.
Ratly me dio un codazo.
-¡Mira! -me dijo señalándome un grupo de cuatro muchachas hermosas y de escasa ropa que compraban alguna bisutería.
-¡Rat, por favor! -le dijo Mac-. Deja eso para después...
El pirata la miró con sus ojos duros.
-Idiota. ¡Son muchachas de Kata! -dijo con ira-. Las conozco bien...
-Me lo imagino -le contestó Mac.
-Quiere decir que la ramera se esconde aquí -dijo y miró a su alrededor.
Yo le imité. Todo podía fracasar si nos descubrían.
Nos retiramos de la plaza y nos dirigimos a los callejones que eran más seguros.
-¡Qué no daría por volarle el culo a esa perra! -dijo Ratly con ira.
-No podemos -le dije-. Pondríamos en riesgo toda la misión.
Lanzó un escupitajo al suelo y continuamos avanzando hasta llegar a la fachada de un edificio grande y sólido. En todo el frente del muro había una sola pequeña puerta de metal. Ratly dio unos breves golpes y al momento la puerta se abrió. Un tipo enorme armado hasta los dientes se plantó frente nuestro.
-Que desean -dijo con voz profunda.
-Queremos ver a Lopp -le dije.
-¿Traen invitación? -preguntó.
Ratly sacó su Colt Látigo y se la colocó en los genitales al gigante, el que abrió desmesuradamente los ojos.
-¿Está bien ésta? -le dijo-. Ahora date la vuelta y camina delante de nosotros sin hacer tonterías.
El tipo obedeció. Avanzamos por un pasillo hasta llegar a otro portón. Al abrirse, entramos a un especie de patio cubierto repleto de plantas, piletas con agua y muchachas bonitas.
El gordo Lopp estaba tendido en un camastro mientras cuatro chicas le afeitaban; una la cabeza, otra el pecho, los genitales y las piernas. Recordé entonces su aversión a toda vellosidad.
-¡Llegaron visitas! -dijo Ratly con su vozarrón.
Lopp se volvió y lo miró extrañado. Yo me quité el pañuelo y el gordo me quedó mirando un momento sin saber que decir.
-¡Dex! ¡Que alegría! -gritó con su voz de soprano.
Se levantó y se amarró un paño en la cintura. Se me acercó con los brazos abiertos. Yo sentí alguna repugnancia, pero en esas circunstancia no podía ponerme remilgado.
-¡Estás estupendo! -comentó Lopp estampando un sonoro beso en mi mejilla.
Ki y Mac me miraban con cara de sorpresa.
-Gusto en verte, Lopp -le dije algo cohibido-. Veo que no superas tus traumas.
-¿Traumas? ¡Ah! Si. Ya sabes que odio tener pelos en el cuerpo -explicó en su tono afeminado-. ¿Quienes son tus amigas? ¿Las estás vendiendo?
Yo las miré.
-Ganas me dan a veces -dije-. Pero, no. Son dos buenas amigas.
-Y bellísimas, querido. Podría conseguirte un buen dinero por ellas.
-No lo creo -le dije con una sonrisa.
-Y el viejo Ratly, el pirata más peligroso de Ru -dijo el gordo acercándosele-, ¿qué haces aquí? -dijo acercándosele.
-Si se te ocurre besarme, te rajo -fue la poco amistosa respuesta de Rat.
-No me ensuciaría la boca, querido -le dijo el afeminado.
-Tenemos problemas -le dije yo para poder entrar en materia.
-Lo sé. Ya sabes que me entero de todo. Pero, ¿qué podría hacer yo por ti? Ya sabes que odio la violencia y...
-Tú también estás en problemas -le dije.
Me miró con extrañeza.
-¿Yo? ¿Por qué? No he hecho nada... Bueno... Si he hecho muchas cosas ilegales, pero nada fuera de lo acostumbrado...
-No se trata de eso -le comenté-. Es algo que nos afecta a todos.
El tipo hizo una seña con la mano y varias muchachas corrieron a servirnos bandejas con alimentos. Nos tendimos sobre algunos camastros en medio de aquella selva artificial.
-Supe que tenían problemas con el Consorcio -dijo Lopp.
-El problema «es» el Consorcio -le dije.
Y le relaté todo lo sucedido en la forma más resumida posible.
El gordo permaneció en silencio un momento.
-Si lo que me cuentas es cierto...
-Lo es. Te lo aseguro.
-Entonces estamos en graves problemas -comentó-. La cuestión es ¿qué podría hacer yo?

Relato Ciencia Ficción - Crónicas Galácticas (V) -Solo convencer a otros, piratas, traficantes, contrabandistas, a unírsenos en esto. Y averiguar en qué posición está el Consejo Galáctico.
-¡Oh! -exclamó Lopp-. Me estás pidiendo un imposible.
-Pues entonces lo vas a perder todo -dijo Ki en su tono casual.
Lopp se la quedó mirando.
-¿De dónde vas a sacar clientela para tu negocio si el Consorcio da una orden en contra? -le dijo Mac.
-Sin contar con que pueden ordenarle a una de las chicas que te vuele tu lindo culo -agregó Ratly divertido.
-Entiende, Lopp -insistí-. Si no hacemos algo, ya nadie podrá hacer nada más en la vida sin que el Consorcio se lo permita. Será una esclavitud total.
-No discuto la gravedad del asunto -dijo el gordo-, pero no sé como podría convencer a otros de declararle la guerra al Consorcio.
-Pero a ti te creerían -le dije-. Si tú les cuentas todo esto y haces correr la voz, muchos de ellos van a comenzar a preocuparse y sin duda que nos apoyarían.
-No estoy discutiendo eso -dijo-. Pero, ¿cómo piensan ustedes atacar al Consorcio?
Mac escupió un cuesco de alguna fruta.
-Debemos destruir el edificio donde están produciendo la droga -dijo.
-¿En la Tierra? -gritó chillonamente el gordo-. ¿Están locos?
-No tenemos otra opción -dijo Ratly-. Pero si tenemos ayuda podemos crear un distractivo y así tendríamos una oportunidad.
-Entiendo. ¡En fin! Haré lo posible. ¿Cuanto tiempo tengo?
-Ya casi nada -le dije-. Cada día que pasa la posibilidad de que distribuyan la droga es mayor.
-¿Y quien se hará cargo de organizarlo todo? -dijo Lopp-. Yo no sabría como hacerlo.
Yo señalé a Ratly.
-Rat lo hará. Los piratas le respetan.
-Eso es cierto -dijo el aludido con satisfacción.
-Y si nos abren camino -dijo Mac-, nosotros volamos al Consorcio.
-Calgary incluido -agregó Ki.
Lopp meditó un instante y bebió de su copa.
-¡Está bien! ¡Qué mierda! Si no lo hacemos perdemos igual.
Yo sentí un alivio. Nuestras alternativas se ampliaban.
-Gracias, Lopp -le dije.
-No es necesario -dijo él con una sonrisa-. Si estoy aquí es gracias a ti, cariño. Nadie quiso ayudar a este marica -comentó a las muchachas-. Si Dex no me hubiera sacado de ese sitio, me habrían reventado.
-Debemos marcharnos para no despertar sospechas -le dije.
-Por supuesto. Y te prometo que pondré todo de mi parte para convencer a algunos.
-Te creo -le dije.
-Hay otra cosa -intervino Ratly.
-¿Otra más?
-Sabemos que aquí se encuentra Kata...
-¡Esa perra inmunda! -exclamó el gordo-. Desde que llegó me ha echado a perder el negocio. Vende a sus niñas por cualquier bicoca. Las explota miserablemente.
-¿Te gustaría deshacerte de ella? -dijo el pirata.
-¡Me encantaría! Pero ya sabes que aquí nadie haría algo así. Además, se comenta que está en muy buenas relaciones con el Consorcio, o por lo menos con sus soldados.
Yo decidí intervenir.
-No me parece prudente, Rat. Podrías perjudicar todo el asunto...
-No te preocupes. No dejaré rastros. Solo necesito saber dónde está.
-No hay problema -dijo el gordo- ¿Liendre? -gritó y todos nos miramos.
Un tipo pequeño, delgado y blanco apareció en entre la penumbra.
-Liendre te puede guiar -dijo Lopp-. El conoce todos los vericuetos de esta ciudad. Y, además, sabe como pasar absolutamente desapercibido. No habla, claro, porque le arrancaron la lengua los del Consorcio.
Ratly miró al hombrecito con asco.
-Está bien -dijo finalmente.
-El problema es que te voy a deber una -dijo Lopp.
-No -contesto Rat-. Ninguna. No lo hago por ti, sino por nosotros, por todos los piratas. Esa perra nos traicionó en Ru.
-No me extraña. Espero que resulte todo bien.
-Y yo espero que consigas lo que te pedimos -le dije.
-Ya sabes, Dex, que pondré todo mi empeño en ello.
Nos despedimos lo más rápidamente posible y nos dirigimos a la salida.
-Ustedes vuelvan a la nave -comenzó a decir Rat.
-¡No! -le interrumpió Mac-. Es mejor que vayamos todos. Tendríamos mejores posibilidades.
-En eso tiene razón -secundé a Mac.
Ki me tomó de un brazo.
-Pero yo solo sería un estorbo.
La miré con ternura.
-También puedes ayudar, cariño. Ya veremos...
Y seguimos a Liendre por las estrechas callejuelas de la ciudad. Al momento me encontraba completamente perdido. No sabía dónde estábamos ni como salir de allí. El laberinto de Madak era famoso. La ciudad se había construido sin ningún orden y la mayor parte de los callejones no permitía el paso de vehículos. Quizás había sido hecho así ex profeso para evitar, precisamente, lo que queríamos hacer. Pero, por otra parte, eso nos daba la ventaja de la sorpresa. Además, Kata no nos esperaba. A mí no me agradaba mucho ejercer la práctica de la venganza, pero sabía que para Ratly era un asunto de honor, y yo no me interpondría en ello.
Liendre nos hizo una seña y lo seguimos, entrando a un edificio abandonado y casi en ruinas. Levantó algunos escombros y nos señaló una tapa de concreto en el piso.
-Espero que no sea otra cloaca -dijo Ratly.
Y Liendre afirmó con la cabeza y una gran sonrisa en su desdentada boca.
-Creo que nosotras vamos a esperar aquí -dijo Mac con una mueca de asco.
-De todas maneras -secundola Ki.
Ratly me miró con un gesto de interrogación.
-La idea fue tuya -le dije yo encogiéndome de hombros.
-¡Maldita sea! -dijo-. De una u otra forma esta perra nos hace pasar por la mierda.
-Los placeres exigen sacrificio -dijo Mac y las dos muchachas rieron por lo bajo.
Rat lanzó una maldición soez y nos pusimos a levantar la tapa. Bajamos por una escalerilla y encendimos las linternas. Vimos que el asunto no era tan grave, pues había una delgada vereda que evitaba que tuviéramos que meternos en la porquería. Liendre avanzaba como si estuviera en su casa, a pesar de la pestilencia.
Fueron varios centenares de metros hasta que el hombrecito nos hizo una seña para subir.
Ratly fue el primero y retiró la tapa. Liendre salió después.
Nos encontramos en un patio bastante amplio y con alguna vegetación.
-Esta casa es mejor que la que Kata tenía en Ru -comentó Rat-. Debe ser el pago del Consorcio.
Liendre nos hizo seña que nos calláramos y nos indicó por donde seguir. Llegamos a una pared y nos señaló que debíamos subir por allí. Las uniones de los bloques permitían poner pies y manos pero la altura era de más de diez metros. Ratly me miró con asombro.
-¿Cómo esperará este tipo que yo pueda subir allí con mi pierna mecánica?
Pero liendre se encaramó como una mosca hasta alcanzar un balcón desde donde nos arrojó una cuerda.
Subimos con alguna dificultad. Subimos también la cuerda para que nadie la viera y la escondimos en el balcón. Después no acercamos al ventanal.
Kata estaba allí con dos tipos y varias muchachas que montaban un espectáculo erótico lésbico para los clientes.
Liendre me tocó el brazo. Le miré y él me hizo algunas señas.
-¿Que quiere decir este tipo? -preguntó Ratly.
-Creo que dice que esos tipos son del Consorcio -dije.
Liendre afirmó con la cabeza.
-¡Maldición! No podemos hacer nada ahora -dijo el pirata.
Entonces Liendre nos hizo otra seña y nos mostró un balcón contiguo. No era difícil llegar a él.
Yo retiré la soga y de un salto alcancé el otro balcón. Para Ratly fue más difícil pues no podía saltar con su pierna, pero logró deslizarse por la cuerda. Liendre llegó con gran facilidad.
La habitación estaba vacía. Era un dormitorio. Ratly miró a su alrededor y después se acercó a la pared contigua a la habitación anterior.
-No se escucha un demonio -dijo-. Debe ser muy gruesa.
-Se me ocurre algo -dije-. Si armamos un barullo, podemos aprovechar el desorden que se va a producir.
-Tendría que ser un gran barullo -dijo Rat.
Yo saqué una Surflax.
-¡Oh, no! ¿Quieres volar el edificio?
-No. Reduciré la potencia al mínimo. Pero Liendre puede colocarla en algún lugar estratégico.
-¡El culo de Kata! -exclamó Ratly.
Le entregué la bomba a Liendre, le expliqué que tenía dos minutos y desapareció por el balcón. Con Ratly nos acercamos a la puerta y la abrimos levemente. Momentos después Liendre volvía. Traía una gran sonrisa, por lo que me imaginaba que había hecho alguna diablura. Por sus señas pude deducir que había arrojado la Surflax en el estanque de agua ubicado en el techo del edificio.
-¡Va a llover! -dije.
Y fue un hecho. En ese momento se sintió la explosión. Cuando el agua comenzó a caer por todas partes me di cuenta del ingenio de Liendre, pues de esa forma no pensarían en un ataque, sino en un accidente.
Todos comenzaron a salir de sus habitaciones, algunos a medio vestir. Vimos aparecer a Kata que estaba furiosa pues su peinado y su pintura se habían deshecho y se veía peor que lo normal.
Ratly hizo amago de salir, pero le detuve.
-No es el momento. Cuando todos comiencen a bajar, los seguimos.
Asintió con la cabeza.
Aprovechando la circunstancia colocamos nuestros pañuelos sobre nuestras cabezas, cubriéndonos casi completamente. Le hice una seña a Liendre que se fuera y éste desapareció por la ventana.

Relato Ciencia Ficción - Crónicas Galácticas (V) Cuando se había juntado un grupo numeroso, salimos. Ratly tenía sus ojos fijos en la proxeneta. Me preocupaba que notaran su cojera y que alguien lo reconociera. La mayoría de las chicas de Kata conocían a Rat. Pero éste estaba tan obsesionado con la idea de liquidar a la mujer que no le preocupaba.
De pronto Kata ingresó a una habitación. Ratly lo notó y se dirigió Allí. Yo entré en la habitación contigua y salí por la ventana para ingresar por la otra.
Vi a la mujer de espaldas a mí. Ratly le apuntaba con su Colt Látigo.
-¡Eres una perra traicionera! ¡Hiciste matar a tu propia gente!
-No tuve alternativa, Rat -se defendió ella-. El Consorcio me tiene atrapada.
-¡No me vengas con mentiras...!
-No te miento -dijo ella con desesperación-. Es verdad. Me dijeron que si no colaboraba con ellos me matarían y a todas mis chicas.
-¿Y crees que te voy a creer?
Entonces la mujer se dio vuelta y me vio.
-Dex... Perdona...
-La traición se paga caro -le dije duramente.
-¡Miren! -gritó levantándose el mojado cabello de la nuca e inclinando la cabeza.
Yo me acerqué con cautela. Vi un pequeño bulto y lo palpé.
-¡Como los de Nuga! -dije a Rat.
Este se acercó y tomó a la mujer con brusquedad para mirar en su nuca.
Ella se incorporó.
-Créanme que lo lamento mucho. Por eso me opuse a hacer algo en la reunión, en Ru. No quería verme obligada...
-Pero lo hiciste.
-¡Y que querías...! -gritó desesperada-. Además, la mayoría de mis chicas están igual que yo. Así saben dónde estamos y, si se les da la gana, nos liquidan. Hay dos tipos aquí del Consorcio.
-Así vimos -dijo Rat-. Los estaban divirtiendo con tus cuadros plásticos.
-De esa forma los tengo tranquilos. ¡Muchachos, créanme! Ojalá pudieran liquidar a esos cretinos. Los odio más que ustedes...
Ratly dudó. Yo me di cuenta que la situación era complicada. Si nos mentía, todo estaría perdido. Pero si era sincera podía ser de gran ayuda.
-Quizás sea verdad lo que dice -dijo Ratly- pero yo la mataría para estar seguros.
Kata inclinó la cabeza.
-Está bien. Si no me crees, hazlo. Seguramente el Consorcio lo hará igualmente. No me dejarán vivir... Y prefiero que me mate un pirata.
Fue el tono en que lo dijo. Si era falso, era una gran actriz. Pero a mí me pareció sincera.
-¿Quieres colaborar con nosotros?
Ella me miró son desesperación.
-¿Qué podría hacer?
-Darles información falsa -le dije.
-¿Y si me descubren?
-¿No te matarán igual? -le dijo Ratly.
-Si -dijo con resignación-. Tienen razón. Ya llevo en mi conciencia lo de Ru.
-No sabía que la tuvieras.
Ella hizo un gesto de vencimiento.
-Está bien -dijo-. Creo que llegó el momento de hacer algo por los demás.
-Y por ti misma -le expliqué- pues si no te matan, con la droga que preparan no será necesario. Serás su esclava por siempre, y tus hijos y sus hijos y así, por siempre.
-Si es cierto lo que dices.
-Lo es. No lo dudes.
-En ese caso, pueden contar conmigo.
-Bien. Ahora sácanos de aquí por la puerta principal.
Ella me miró con sorpresa.
-Pero, ¿y si los descubren?
-Será tu prueba de confianza -le dije.
Ratly me miró y supe que tampoco estaba muy de acuerdo conmigo.
Pero salimos por allí. Kata nos acompañó hasta la puerta. Yo me detuve y me acerqué a ella, la tomé por los hombros y la besé en una mejilla frente a todos los que allí estaban.
-Gracias Kata -le dije. Y agregué más suavemente-. Y aprende a elegir a tus verdaderos amigos. Y si decides traicionarnos, ruega que los del Consorcio nos liquiden, porque si no volveremos y esta vez no habrá perdón.
Ella me miró con inquietud. Di media vuelta y me alejé. Ratly se colocó a mi lado.
-Si nos traiciona nos vamos al diablo.
-No lo hará -le aseguré-. Sabe que tiene más que perder si apoya al Consorcio.
Volvimos a meternos por los callejones.
-No tengo idea a donde vamos -dijo Ratly con mal humor.
-Yo tampoco -le aseguré.
Pero no necesitamos saberlo pues pronto vi acercarse a Liendre con las dos muchachas.
-¿Cómo les fue? -quiso saber Mac.
Ratly le explicó brevemente lo sucedido. Ki nos miró.
-¡Oh! -dijo-. Fue muy lindo...
Los tres la quedamos mirando. Ella se encogió de hombros.
-¡Qué quieren! Soy así...
Yo la abracé.
-Y por eso te amamos tanto... -Después me volví a Liendre-. Vuelve donde Lopp y explícale lo sucedido -le dije- y que después Kata deberá retribuirle las pérdidas.
El tipo hizo una seña de afirmación con la cabeza y se marchó.
-Vamos al vehículo -dije-. Debemos desaparecer.
En el camino nos interceptó Mood. Se le notaba preocupado.
-La pequeña Fym y su madre han desaparecido -nos explicó-. Las hemos buscado por todos lados.
-¡Maldición! -dijo Ratly.
-¿Qué hacemos? -preguntó el viejo.
-No podemos dejarlos -dijo Ki.
-Y si las han atrapado los del Consorcio... -comenzó a decir Mac.
-Hay que encontrarlas -dije-. Mood, vete con los víveres y los demás. Nosotros nos haremos cargo.
Afirmó con la cabeza y se marchó.
Mac me miró.
-¿Por dónde empezamos?
-Tú y Ki váyanse al vehículo y espérennos.
Las dos chicas me obedecieron. Ratly mantenía su mano cerca de su Colt.
-¡Cálmate! -le dije-. Deben haberse extraviado como cualquiera que no conozca este laberinto -le expliqué.
Recorrimos con cautela la plaza y nos internamos por algunos callejones. De pronto Ratly me detuvo.
-Allí hay soldados del Consorcio -dijo.
Yo miré con cuidado. De pronto observé unas figuras entre los cajones. Eran la niña y la madre que estaban escondidos. Le señalé a Ratly el sitio. Los soldados se encaminaron hacia la plaza.
Nos dirigimos hacia donde se ocultaban Fummy y la niña y les hice señas que salieran de allí.
-Me asusté cuando vi los soldados -dijo la mujer, temerosa.
-Vamos. Nos están esperando -les dije sin más.
Al poco rato estábamos en el vehículo en dirección a nuestras naves.
Ragtan nos esperaba con malas noticias.
-Primero aparecieron dos -dijo mostrando los puntos en la pantalla-. Luego llegaron otras cuatro. Son patrulleras de corto alcance.
-Eso es grave -comenté-. Significa que hay cruceros cerca.
-¿No podremos salir? -consultó Mac.
-Con los sigilo, yo creo que si -dijo Ragtan-. Pero pueden localizarnos visualmente las patrulleras.
-Pero tenemos que irnos -dije-, pues sino echaremos todo a perder. Es mejor que crean que vinimos a abastecernos.
-La pregunta es -dijo Ratly- si no nos delató la maldita perra...
-No lo creo. Nos están buscando en todas partes. -dije-. Vámonos pronto.
Preparamos las naves y comenzamos el despegue.
Ratly salió primero desplazándose sobre la superficie del planeta alejándose del radio de detección de las patrulleras. Nosotros le seguimos de cerca.
Cuando nos hubimos alejado bastante nos elevamos. Nos separamos de la nave de Ratly para evitar no sorprendieran a ambos. De pronto Ragtan gritó.
-¡Cruceros!

Relato Ciencia Ficción - Crónicas Galácticas (V) La pantalla mostró cuatro puntos grandes e inconfundibles. Hicimos un giro para alejarnos, pero las naves nos seguían a gran velocidad. De pronto sus cañones comenzaron a disparar.
-¿Pero cómo mierda supieron...? -comenzó a decir Mood cuando uno de los disparos pasó cerca nuestro.
-¡Toda potencia! -dije a Ragtan-. Tendremos que huir con Quam.
-No veo otra forma -secundó Mac.
-No comprendo como nos localizaron tan fácilmente -dijo Mood.
-¿Coordenadas? -preguntó Rag.
-Volvamos a Kattor -dije-. Allí veremos.
El ingeniero ingresó las coordenadas correspondientes.
-Listo. Cuando digas.
-¡Ahora! -ordené y nos proyectamos en el espacio tiempo.
*
* *
Las pantallas solo emitían estática. La nave estaba paralizada.
-¿Qué sucede? -pregunté a Ragtan.
-No tengo idea -dijo-. Deberíamos estar cerca de Kattor...
-No tengo señales en mi pantalla -dijo Mood-. Nada... Solo estática.
-¿Que mierda sucede? -dijo Mac.
Ragtan comenzó a manipular su consola.
-Hay un sistema auxiliar que podría servir -dijo-. Si estamos en una nube cósmica o algo así, la estática disminuirá bastante.
Algo apareció en la pantalla. Poco a poco las señales mejoraron. Lo increíble era que todas las pantallas daban una señal similar, especie de espirales que corrían de arriba a abajo.
-¡Oh no! -exclamó Rag.
-¿Que sucede? -pregunté.
Me miró aterrorizado.
-Caímos... Caímos en un vórtice maldito...
Todos sentimos un escalofrío. Menos Ki que preguntó:
-¿Qué es eso?
-Es difícil explicar -le dijo Ragtan.
-Es cuando caes cerca de la explosión de una supernova -le expliqué-. La energía de la explosión crea un campo negativo.
-Es como quedar suspendidos en el tiempo -dijo Rag-. Un lapsus del cual no se puede salir...
-¡Oigan! -dijo Mood-. ¡Cambiaron nuestras coordenadas!
Miré la pantalla. El viejo tenía razón.
-¿Crees que fue desde los cruceros? -preguntó Mac.
-No lo sé -dije.
-No lo creo -explicó Ragtan-. No hubieran tenido tiempo.
-¿Y cómo lo hicieron?
-La única forma es desde el interior de la nave -explicó el ingeniero.
-¿Uno de nosotros? -dijo Mac.
Me di cuenta de lo sucedido. Salté de mi asiento y me dirigí al camarote que ocupaba Fym y su madre. Entré de golpe.
-¡Dónde está! -dije a la mujer con agresividad.
-¿Qué cosa? -preguntó ella con nerviosismo.
-El dispositivo que te dieron los soldados...
Ella abrió los ojos.
-¿Ella? -preguntó Mood.
-Cuando desapareció fue porque la contactaron los soldados -les expliqué-. Entonces le entregaron un dispositivo.
Ragtan lanzó un grito.
-¡Aquí! Es un sensor señuelo. Por eso nos localizaron tan fácilmente. Además, pudieron modificar nuestras coordenadas en caso que lográramos escapar.
La mujer comenzó a sollozar y la niña la acompañó.
-¿Por qué hiciste esto? -le preguntó Ki acercándosele.
-Me dijeron... que nos iban a ayudar...
-Y mira como te ayudaron, estúpida -le espetó Mac-. Nos atraparon a todos para siempre en un vórtice maldito...
-¡Yo no sabía! -gritó ella con desesperación-. Ellos dijeron que solo quería saber que hacían...
-Deberíamos arrojarlas al espacio -dijo Mac.
-¿Cuál? -preguntó Rag-. No tenemos tiempo ni espacio. Estamos en ninguna parte.
Hubo un breve silencio.
-¿Qué podemos hacer? -preguntó Mood.
Ragtan dio un suspiro.
-Nada, que yo sepa.
-¿No podemos utilizar la potencia Quam para salir de aquí? -quiso saber Mac.
-¿A donde? Es difícil de explicar -dijo el ingeniero-, pero estamos fuera del tiempo y el espacio. Flotamos en la nada. ¿Cómo podemos salir de la nada? ¿Hacia donde?
Había desesperación en el ambiente, pero aún conservábamos el control.
-Pero si pudimos entrar -dijo Ki con su habitual ingenuidad-, ¿por qué no podremos salir? Digo yo, si estamos en la nada, entonces no es nada... Estamos nosotros.
Yo la miré casi con compasión. Mac estuvo a punto de decirle alguna de sus habituales franquezas.
Pero Ragtan la miró con los ojos muy abiertos.
-¡Ki, eres un Genio! -gritó y corrió a la cabina.
-¿Yo? -dijo la muchacha, pero todos seguimos a Rag.
-¿Qué te propones? -le consulté.
-Algo desesperado. Debo decirlo. Pero en la actual circunstancia da lo mismo.
-Explícate -le pidió Mood.
-Como bien dijo Ki, si entramos de alguna forma, naturalmente deberíamos poder salir de alguna otra, pues «somos» algo en la nada.
-¿Y cómo? -preguntó Mac- No entiendo un carajo de esto.
-Vamos a utilizar la potencia Quam...
-¿Pero no dices que no hay dónde ir?
-No iremos a ninguna parte -dijo él mientras manipulaba su consola.
-No entiendo -le dije.
-Coordenadas, cero -dijo con una sonrisa.
Los demás nos miramos.
-¿No lo entienden? No estamos en ninguna parte, así que si decidimos viajar a ninguna parte capaz que lleguemos a alguna...
Mac le miró con curiosidad.
-¿Alguien comprendió lo que dijo?
-Yo -le aseguré-. Si entendí bien, no necesitamos ir a ningún lado, sino que crear algún efecto temporal... ¿Es eso?
-Justamente. No podemos estar en la nada y ser algo, por lo tanto solo debemos romper el lapsus, abrir una brecha temporal.
-Bien, ¡hagámoslo! Sea lo que eso sea -dijo Mac tomando posición.
-¿Y si no resulta? -preguntó Ki.
-Lo más probable -le explicó Rag desde su consola- es que reventemos como un globo.
-Así que la alternativas es quedarnos aquí eternamente o desaparecer para siempre -dijo Mac-. No han cambiado mucho nuestras opciones. ¡En fin!
Cada uno ocupó su sitio.
-No hay potencia -dijo Ragtan.
Lo miramos.
-¿Cómo que no hay potencia? -repitió Mood.
-No lo sé. Seguramente la batería se descargó al ingresar al vórtice maldito.
-¿Y qué hacemos?
-Quizás podamos utilizar la de la artillería -dijo Mood.
-Voy a ver -dijo Rag y se dirigió a la parte trasera de la nave.
Esperamos un instante y de pronto todo en la nave volvió a la normalidad. Al momento apareció Rag.
-¡Listo! Hagámoslo de una vez y que sea lo que sea.
-Estoy de acuerdo -dijo Mac.
Ki me miró con desesperación.
-No te preocupes, chiquilla -le dije-. Estoy seguro que saldrá bien -le mentí.
-Toda la potencia -dijo Ragtan.
-¡Enciendo! -informé y pulsé el botón ante la mirada desesperada de todos los presentes..
La nave comenzó a estremecerse. Sin duda el riesgo era grande pues le estábamos diciendo a la nave que viajara a potencia Quam al mismo sitio donde se encontraba, por decirlo así. Un zumbido fuerte nos ensordeció.
De pronto se escuchó una explosión. Una luz potente rodeó toda la nave. Durante unos instantes pareció que todo iba a caerse a pedazos. De pronto se hizo el silencio total.
Nos miramos. Ragtan accionó su consola.
-¡Salimos! -gritó con entusiasmo-. ¡Lo logramos!
Todo volvía a la normalidad y ya estábamos festejando, cuando escuchamos el grito de Mood.
-¡Colisión!
Y vimos en su pantalla como una onda gigantesca se acercaba a nosotros.
-Es la explosión de la supernova -dijo Ragtan-. Debemos salir de aquí de inmediato.
-Potencia Quam -le dije-. Y esta vez aseguren las coordenadas.
-¿Kattor? -preguntó Mac.
-Exacto.
-¡Ya está aquí! -gritó Mood.
-Potencia lista -informó Rag.
-¡Nos vamos! -dije y pulsé el disparador.
Y esta vez resultó. Cuando el impulso se detuvo pudimos ver en el espacio la luna verde.
Todos lanzamos un suspiro de alivio.
-¡Oigan! -dijo Mood.
-¿Que sucede ahora? -dijo Mac con temor.
-Han pasado dieciocho días... -dijo y nos miramos.
-No es extraño -dijo Ragtan-. En un vórtice maldito no hay tiempo. Pudimos estar allí mil años y pensar que eran diez minutos.
-Bueno -comenté-, quizás eso nos ayude después de todo. El Consorcio piensa que se deshizo de nosotros y esa es una gran ventaja. No nos esperan.
-¡Eso es cierto! -dijo Mac.
-Aunque en dieciocho días -dijo Mood- pueden haber comenzado la distribución de la droga.
Nos miramos.
-Tendremos que buscar el medio de averiguarlo -dije-, aunque signifique perder nuestra ventaja.

Continuará ...
subir
Aurora Bitzine revista de fantasía y ciencia ficción a 1 de junio del 2005