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Relato Ciencia Ficción: Crónicas Galácticas (IV)
Guerra Ciega
Por Dex Dorian

Relato Ciencia Ficción - Crónicas Galácticas (IV) Sentimos los sacudones, pero gracias a la cámara estática logramos evitar los malestares ocasionados por el impulso Quam. Los reflejos de las pantallas se detuvieron y todo volvió a la normalidad. Pero era una normalidad que no esperábamos. Sentimos el primer impacto muy cerca de nosotros.
-¿Qué sucede? -pregunté.
Ragtan accionó su consola.
-¡Estamos bajo ataque! -gritó.
-¡Activa los escudos! -ordené-- Mood, averigua que sucede. ¡A la artillería, Mac!-le dije y cambiamos inmediatamente de posición para prepararnos para otro ataque.
-Parece que nos estaban esperando -dijo Mac apuntando los cañones de babor-.Veo dos naves del Consorcio.
-¿De que tipo? -pregunté.
Ki miró en su pantalla.
-Aquí abajo dice TN2K.
-Son naves pequeñas pero con artillería poderosa -expliqué-. ¿Qué hacen aquí?
Ki se volvió hacia mí.
-Veo otras naves... Pero no tienen siglas...
La miré extrañado.
-¿Piratas?
Mood logró un contacto.
-¡Cielos! -dijo-. Esto no lo vas a creer -y encendió el comunicador interno.
-¡Dónde está el maldito Dex! -escuchamos.
Era el inconfundible vozarrón de Ratly.
-Comunícate Mood -le ordené.
Mac comenzó a disparar.
-Tengo a una en la mira -dijo-. Está persiguiendo la nave de Ratly...
-Dale con todo -le dije-. Abre un canal con Ratly -le pedí a Mood.
-¡Hecho!
-¿Dex? -preguntó Rat extrañado-. Pero ¿de dónde saliste...?
-No hay tiempo -dije-. Después te contamos. ¿Cómo están?
-Como en la cloaca, con la mierda hasta el cuello. Nos volaron los estabilizadores
y nuestra artillería de popa.
-Vamos para allá -le dije-. Rag, activa el sigilo.
Dimos un giro y nos colocamos en posición para evitar un ataque de frente. Dos de las naves que nos habían seguido comenzaron a disminuir la velocidad. Sin duda que el sigilo había funcionado. Nos estaban buscando y no sabían que había sucedido. Se suponía que nuestras naves no poseían tal tecnología. Nos alejamos y salimos en persecución de la que seguía a Ratly.
-Mac, prepara un proyectil Surflax.
-Listo -contestó ella.
-Apunta a las toberas -le pedí- y espera mi señal.
Guié la nave lo más cerca posible y comencé a disparar los cañones. La nave comenzó
a detenerse, dejando escapar a Ratly.
-¡Ahora! -le ordené a Mac.
En cuanto vi que el proyectil entraba en curso hice girar la nave hacia arriba a toda velocidad. El proyectil entró limpiamente por una de las toberas de la nave y pocos segundos después veíamos la enorme explosión. Las otras dos naves se detuvieron para no correr riesgos. No sabían a qué se estaban enfrentando.
-Ragtan, llévanos donde está Ratly.
-¡Allá vamos!
-¿Dex? -se escuchó por el comunicador.
-Creo que están a salvo -le dije a Rat.
-Y con esto te perdono lo de la cloaca... ¿Dónde estaban ustedes?
-Es una larga historia. Ahora es mejor buscar donde escondernos por un tiempo.
-Necesitamos hacer reparaciones urgentes. Quizás buscar una nave nueva. Esta chatarra se está cayendo a pedazos.
-Así lo vemos. ¿Hay algo cerca, Mood? -pregunté.
-En eso estoy -me contestó el viejo-. No veo más que asteroides muertos.
-¿Donde estamos? -preguntó Mac.
-Cerca de Init -dijo Ratly por el comunicador-. Queríamos escondernos en las nubes de ese planeta cuando nos sorprendieron.
-Mala idea -dijo Mac-. Esas nubes generan demasiada energía y no hubieran podido
volver a despegar.
-Entonces le enviaré mis agradecimientos al Consorcio -dijo Rat en broma.
-Pero existe un lugar donde podemos detenernos -explicó Mac-: Nuga...
Ratly lanzó una maldición.
-No me gusta -comentó-. Es una colonia penal. Me da escalofríos.
-No tenemos que ir a la colonia penal -e explicó la boniana-. Al otro lado del planeta viven los familiares de los condenados. No hay control y nadie se ocupa de ellos.
-¿Crees que es una buena idea? -le pregunté a la mujer.
Ella se encogió de hombros.
-Es lo más cercano. Y la nave de Ratly no durará mucho más.
-¡Está bien! -dijo el pirata-. ¡Vamos allá!
Serían varias horas a la velocidad en que podía viajar Ratly. Las naves del Consorcio aún podían alcanzarnos.
-Rag, amplía la frecuencia del sigilo -le pedí-. ¿Ratly?
-No me he ido, aún estoy aquí -contestó.
-Trata de mantener estabilizada tu nave. Vamos a acercarnos.
-¿Lo crees prudente? -me dijo.
Mac me miró con preocupación.
-Si nos acercamos demasiado... -comenzó a decir.
-Si no logramos cubrirla con nuestro sigilo -le expliqué-, el Consorcio podrá rastrearnos.
-Entiendo -dijo ella y volvió a los controles de la nave- ¿Rat? No te muevas, por favor.
-Seré de piedra, cariño... Como a ti te gusta.
-¡Imbécil!
Solo escuchamos la carcajada de Ratly...
Con suavidad logramos acoplarnos a la nave del pirata y aplicamos la máxima potencia al sistema sigilo para poder cubrirlo.
-Creo que funciona -dijo Ragtan.
-Pues entonces, vamos a Nuga. Allí veremos que hacemos. ¿Ratly? Apaga tus motores. Te llevaremos como lastre... Es lo que siempre has sido.
-No presiones, muchacho -dijo sordamente-. No presiones...

Sabíamos bastante de Nuga. Era un planeta desolado, pobre, con poca agua y de muy difícil sobrevivencia. Allí eran enviados los peores criminales de la galaxia a cumplir sus largas, e incluso interminables, condenas. No había mucha guardia porque no era necesario. Todos los convictos llevaban un dispositivo en el cráneo que monitoreaba sus signos vitales, su ubicación y regulaba sus acciones. Cuando alguno de ellos se alteraba más de lo normal su monitor enviaba una señal, los guardias lo ubicaban y si estaba haciendo algo incorrecto, le aplicaban un doloroso golpe de energía que podía aturdirlo e incluso matarlo. Los límites estaban fijados y cualquiera que los traspasara quedaba inconsciente de inmediato.

Los guardias tenían prohibido todo contacto con los prisioneros. El servicio duraba
tres años en los cuales ganaban el equivalente a diez en cualquier otro servicio. Luego
de cumplido su período nunca más podían regresar. Cualquier falta implicaba el despido sin sueldo, por lo que cuidaban mucho su trabajo. Cada seis meses los visitaba una nave del Consorcio que los proveía de todo lo necesario. Ninguna otra nave podía acercarse. Cañones de gran potencia estaban ubicados en todo el planeta para destruir a los intrusos. Pero se había permitido una pequeña población civil al otro lado del planeta, en un pequeño valle relativamente fértil. Fuera de allí había un desierto de miles de kilómetros donde imperaban las tormentas de arena y donde nadie, en sus cabales, se atrevería a meterse. Estaban prohibidas las armas y cualquier tipo de vehículo. Los días de visita los recogía una nave del penal y luego los devolvía a su sitio. Esa gente sobrevivía por medio del intercambio. Ellos producían verduras frescas que el penal les cambiaba por lo que necesitaban. La pobreza de aquella gente era penosa, pero preferían aquello con tal de estar cerca de su pariente prisionero. No eran muchos. Un par de miles en total. Y no debían causarnos problemas si no ubicábamos a cierta distancia.

Gracias al sigilo habíamos podido descender sin ser detectados.
-Creo que aquellas montañas pueden servir -dijo Mac señalando un roquerío escabroso
en medio del desierto.
-Me parece -dije-. Se ve una hondonada que nos protegería de las tormentas. Quizás encontremos agua.
Mood activó un sensor en busca de los que podría haber allí.
-Creo que hay agua cerca -dijo-. Pero hay otra cosa...
-¿Qué? -Quise saber.
-Metal... Hay mucho metal allí.
-¿Metal? ¿De qué tipo?
-No lo sé. Es algo extraño, pero... No sé...
-¡Por favor, Mood! Sin tanto titubeo -le pedí.
-Es que no parece mineral natural -dijo.
Lo quedé mirando.
-¿Quizás una nave escondida?
-No. Es demasiado irregular...
Mac se le acercó.
-¿Señales de personas? -preguntó.
-Ninguna -confirmó Mood-. No hay vida de ninguna clase.
-Pues entonces, descendamos. Dile a Ratly que separaremos su nave.
En el lugar había más de 40 grados a la sombra. Mood tuvo la idea de colocar entre las dos naves las telas térmicas utilizadas para las tiendas y creamos así un pequeño espacio mas confortable. De todas formas debíamos trabajar rápido en la reparación de la nave de Rat y marcharnos de allí lo antes posible.
Con Mac encontramos agua en una caverna a un par de kilómetros de donde estábamos.
Era fresca y no tenía contaminantes. Mac se adentró en la caverna para investigar.
De pronto me llamó.
-¡Ven aquí!-me dijo con vehemencia.
Bajé un centenar de metros por una gruta estrecha y miré donde Mac me indicaba. Había gran cantidad de armamento y herramientas.
-¿Qué crees tú? -le pregunté.
Mac me miró con inquietud.
-Quizás preparan una fuga masiva.
-¿Cómo? No pueden salir del lugar sin ser aturdidos o muertos.
Mac tomó una herramienta que era una especie de casco.
-Supongo que esto serviría para retirarles el dispositivo de seguridad.
Lo tomé.
-Llevémoslo. Ragtan debería saberlo.
El ingeniero lo tomó en sus manos y lo observó un instante.
-No puedo asegurarlo, pero creo que Mac tiene razón.
Ratly lanzó una maldición.
-¡Estamos en medio de su arsenal! Si llegan a aparecer, estamos fritos.
-Quizás no -dije pensativamente.
-¿Que te propones? -preguntó Mac.
-Nada. Creo que no harían nada por temor a ser descubiertos.
-Es probable -dijo Ragtan-. De todas formas apuremos los trabajos y larguémonos de aquí.
-Estoy de acuerdo -dijo Ratly con entusiasmo.
Sin embargo, yo me quedé preocupado. Entré a la nave a descansar un momento. Ki estaba instalada en mi camarote, desnuda, tendida en la cama.

Relato Ciencia Ficción - Crónicas Galácticas (IV) -Dex, que bueno que viniste...
-Ahora no, Ki.
-¿Que te pasa conmigo? -dijo haciendo un mohín coqueto.
-Nada. Hay un pequeño problema que solucionar.
-¿Te puedo ayudar?
-No lo creo.
Me tendí a su lado. Ella se me acercó y comenzó a besarme.
-Relájate por un momento, cariño. No es bueno estar siempre preocupado -me dijo con ese murmullo cálido y tentador que le era propio.
-Estoy de acuerdo -le dije-. Pero cuando me relajo contigo...
-Te prometo que me voy a controlar-dijo mientras me quitaba la ropa..
-Ya me has dicho eso otras veces.
Pero ya no se iba a detener, así que, finalmente, me rendí a sus encantos.
Estábamos en eso cuando Mac entró al camarote.
-¿Descansando? -dijo con ironía.
Yo traté de incorporarme pero Ki no me lo permitió. Entonces Mac se acercó a mí, sentándose a mi lado. Yo me cohibí por aquella situación. Antes había participado en algunas aventuras de ese tipo, pero aquella mujer me producía una inquietud extraña.
-Perdona que te interrumpa en este momento -me dijo divertida-, pero he estado pensando respecto del armamento que encontramos...
-...y la posibilidad de una fuga -le dije-. Tranquila, Ki, por favor.
Pero no me hizo caso y se subió sobre mí.
-Justamente. ¿Te imaginas a toda esa carroña en libertad?
-Es lo que pensaba... ¡Oh, Ki! Tranquilízate.
-Creo que debemos hacer algo -continuó Mac sin inmutarse.
Yo intentaba concentrarme en la conversación pero Ki se encargaba de que me distrajera.
-Pensé en... en... ¡Ki!
-...colocar una Surflax cuando nos fuéramos... -concluyó Mac por mí.
-Justamente... -dije con dificultad.
-Eso podría atraer las naves del Consorcio -dijo ella.
-¿Qué harías tú? -pregunté.
Ki continuaba tendida sobre mío mientras Mac me miraba a los ojos como si nos encontráramos en la cabina, conversando cómodamente.
-Quizás dejar un sensor que envíe una señal al penal para que vengan a investigar.
-Podría ser... una buena... idea...
-Veo que no puedes concentrarte -dijo.
-Es difícil -le aseguré-. Con Ki...
-Lo sé -dijo Mac-. Hablaremos en otro momento.
Y se puso de pie, pensé que para irse, pero comenzó a quitarse la ropa. Ki se incorporó y la miró.
-Creo que tendremos una fiesta privada -dijo con una de sus sonrisas maravillosamente
ingenuas.
Mac, totalmente desnuda se recortó a nuestro lado.
-¿Podrías dejarme algo? -le dijo a Ki mientras le acariciaba un brazo.
Yo cerré los ojos. Esperaba que dejaran de mí algo que sirviera.
*
* *
Ratly lo pensó un momento.
-No me gusta -dijo-. Intervenir en algo así nos podría traer problemas. ¿Qué hay si logran fugarse de igual forma? Nos van a perseguir hasta el infierno.
-El problema Rat -le expliqué- es que si logran fugarse ninguna colonia estará segura.
Muchos de los que están aquí es de por vida por haber causado masacres.
-Lo sé... Lo sé... Pero no me gusta.
Ragtan levantó una mano.
-¿Puedo decir algo?
Rat le miró.
-No estás en el colegio, idiota. Habla.
-Creo que hay una solución -dijo con calma-. Todo ese armamento es de tecnología del Consorcio. Si colocamos un detonador magnético no habrá explosión; simplemente quedarán destruidas las baterías.
-Pero podrán percibir la señal -dije.
-No si aprovechamos una tormenta -comentó el ingeniero.
-Me parece una buena idea -dijo Mac.
-Está bien -dije-. Mood, monitorea las tormentas y avísanos cuando venga una.
-¡Hecho! -dijo como era habitual en él.
Pero nuestro plan no pudo realizarse.
Esa noche Mood detectó movimiento cerca. Unos sesenta hombres armados con fusiles Grob de corto alcance rodearon nuestras naves.
-¿Que hacemos? -pregunto Mood.
Mac se sentó en los controles.
-No podemos iniciar una batalla pues nos detectarían.
-Creo que debo ir a hablar con ellos -dije.
Mac se paró frente mío.
-¡De ningún modo! Esos cretinos disparan y después preguntan.
Ki se me acercó y me tomó de un brazo.
-¡Esperen! -dijo Ragtan-. Ello no saben que encontramos su armamento. Quizás solo quieren saber que hacemos aquí.
-O quizás quieran las naves -dijo Ki con su tono casual.
Yo la miré con una sonrisa.
-Siempre me asombras, muchacha -le dije y ella sonrió complacida.
-¿Qué hacemos? -quiso saber Mood.
-Comunícate con Ratly en la otra nave y avísale le dije-. Que no haga nada sin una orden -después me volví a Mac-. Hazte cargo. Voy a hablar con ellos.
-Pero...
-Si algo me sucede váyanse de aquí lo más rápido que puedan.
-No te vamos a dejar... -comenzó a reclamar Ki.
-Por favor, escúchenme. Trataré de convencerlos que no sabemos nada y de averiguar que quieren.
-Ratly en la línea -dijo Mood y lo conectó.
-Oye, Dex -dijo ya al tanto de lo que sucedía-, ¿los volamos?
-De ningún modo -le dije-. Eso alertaría al penal.
-¿Que piensas hacer?
-Hablar con ellos.
-De acuerdo. Voy contigo. Yo te apoyo.
Me desprendí de Ki y me encaminé a la salida.
-Rag, prepara un despegue de emergencia -dije y salí.
Vi como Ratly bajaba desde su nave. Nos detuvimos y enfrentamos al grupo.
Había varias mujeres entre ellos. Todos se veían muy delgados y hambrientos.
-¿Qué hace aquí? -preguntó uno de ellos.
-Tuvimos problemas con nuestra nave -dije.
-¿Y como pudieron bajar sin ser detectados?
Pregunta inconveniente, me dije. Si llegaban a saber de nuestro sistema sigilo, estábamos perdidos.
-Pedimos autorización -mentí-. Tenemos que marcharnos en la madrugada. ¿Quiénes son ustedes?
Pero no contestaron. Estaban hablando entre ellos.
El tipo se volvió hacia mí.
-Quiero subir a su nave -dijo.
-¡Imposible! -le contesté en tono perentorio.
El levantó su arma.
-No tienen mucho donde elegir. Somos más que ustedes.
Yo le sonreí.
-¿Eso creen?
No me lo esperaba, pero de ambas naves comenzaron a bajar los demás, todos armados
y se ubicaron a nuestro lado.
El tipo me miró un momento con inquietud. No estaba seguro de qué hacer. De pronto levantó su arma para disparar.
-¡Quietos! -grité y saqué mi cuchillo Rambo, lanzándoselo.
Lo recibió en pleno pecho y cayó de espaldas. Los demás retrocedieron.
-¡Nadie dispare! -grité, y me acerqué a nuestros visitantes-. Nadie quiere una masacre, ¿no es cierto? Pues entonces, váyanse.
Comenzaron a retroceder lentamente hasta desaparecer en la oscuridad.
Mac se colocó a mi lado.
-No sé si te diste cuenta -me dijo- pero se dirigen a la caverna donde está el armamento.
La miré. Tenía razón.
-¡Nos vamos! -dije.
-Pero mi nave... comenzó a reclamar Ratly.
-No hay tiempo -le dije.
Ki se me acercó con un fusil en la mano.
-¿Que haces con eso, cariño? -le dije.
-Ayudarte... -me contestó animosamente.
-¿Y sabes usarlo?
-No tengo idea. Esperaba no tener que hacerlo.
Le di un beso.
-Sube a la nave, chiquilla. Nos vamos de aquí.
Mood nos esperaba con malas noticias.
-Hay una señal que sale de aquí cerca. Se acerca una tormenta...
-Siempre que puede empeorar -dijo Mac con tono de resignación-, empeora.
-Y hay más -continuó Mood-. Creo que nos han descubierto.
-¡Nos delataron! -dijo Mac sentándose rápidamente en los controles.
-Pronto enviarán las naves del penal -dijo Ragtan.
-No -explicó Mood-. La señal va al espacio...
Lo miré interrogativamente.
-¡El Consorcio! -exclamó Mac-. Alguien está avisando al las naves del Consorcio.
-Hay que salir de aquí y pronto -dije.
Inmediatamente encendimos los motores. La nave de Ratly no estaba completamente reparada y no podría despegar sola, por lo que debíamos acoplarnos a ella y ayudarla con nuestro impulso.
-Nunca antes he hecho algo así -dijo Mac-. Podemos estrellarnos y ya no podremos despegar.
-Pero no podemos dejarlos aquí -le expliqué.
Me senté junto a ella.
-¿Cómo lo hacemos? -me dijo con temor en la mirada.
-Tú colócate sobre ellos. Yo los engancho.
-¿Con una tormenta encima? ¿Estás Loco?
-¿Los dejamos aquí? -le dije.
Ella me miró un instante.
-¡De acuerdo!
La maniobra era riesgosa y complicada y nos quitaría bastante tiempo. Solo esperaba que los motores de la nave de Ratly funcionaran bien para poder vencer la gravedad del planeta.
El primer intento falló y nuestra nave golpeó duramente a la otra. Mac estaba concentrada en su tarea.
Volvió a intentarlo. Entonces sentí los clic de los enganches y activé los seguros.
-¡Cielos! -exclamó Mood.
Miramos al monitor principal. Un enorme muro de arena se acercaba a nosotros a gran velocidad.
-¡Quinientos kilómetros por hora! -gritó Ragtan indicando la velocidad a que avanzaba la mole de arena-. Si no atrapa será como estrellarse con un muro de hormigón.
-Que Ratly encienda sus motores a toda potencia -dije a Mood-. La navegación la hacemos nosotros.
Este envió rápidamente el mensaje.

Relato Ciencia Ficción - Crónicas Galácticas (IV) Lentamente las dos naves comenzaron a elevarse. Las primeras ráfagas de la tormenta nos alcanzaron y desbalancearon nuestras naves.
-Rag, aplica el sigilo de inmediato -le ordené.
-Puede que no funcione. Casi toda la potencia está en el despegue y no puedo retirarla.
-No importa. En cuanto logremos estabilizarnos, cámbiala gradualmente.
-De acuerdo.
-Detecto naves en órbita -dijo Mood-. Son del consorcio.
-¿Nos han visto? -pregunté.
-No lo parece. Están navegando en otra dirección.
La tormenta se nos venía encima. Las naves lograron elevarse lo suficiente pero el choque con aquel enorme muro de arena podía ser fatal.
-¡Aprovechemos las fuerza de la tormenta! -dije y coloqué la nave de forma de recibir el impulso en la cola-. Cuando te diga -dije a Mac- lleva los motores al máximo.
-Entendido...
Sentimos como recibíamos el impulso del viento.
-¡Ahora! -grité y Mac forzó los motores al máximo. Poco a poco nuestras naves acopladas comenzaron a alejarse de la tormenta y a elevarse. Minutos después nos despegábamos de la tormenta, disminuíamos la potencia y Ragtan amplió la capacidad del sigilo para cubrirnos.
-Naveguemos en dirección contraria a la de las naves del Consorcio -dije-, para que no nos puedan detectar visualmente.
-Es extraño -dijo Mood- pero se están separando.
-¿Hacia donde se dirigen? -pregunté.
-Un grupo hacia el penal y el otro... creo que a la colonia civil.
-Pues vámonos por el medio.
Mood dio un grito.
-¡Están destruyendo el penal! -dijo.
Con Mac nos miramos extrañados. En el monitor podía verde los tremendos disparos de los cañones golpeando de lleno las instalaciones.
-¡Y la colonia...! -agregó Mood.
-No lo entiendo -dije.
Mac volvió a poner atención en los controles.
-Solo sé que debemos irnos lejos lo antes posible -comentó aumentando la velocidad a medida que vencíamos de la gravedad de Nuga.
-Lo están destruyendo todo -siguió informando Mood.
-Quizás supieron lo del intento de fuga -dijo Rag.
-O pensaron que eramos nosotros quienes lo preparamos -comento Mac.
-Es muy extraño -dije-. No es lógico. ¿Para qué destruir una colonia penal? No tiene sentido.
-¿A dónde nos dirigimos? -preguntó Ragtan.
-¿Mood? -dije yo.
El viejo comenzó a estudiar el mapa galáctico.
-No podemos aplicar la potencia Quam enganchados con la nave de Ratly -dijo-, por lo que solo nos queda desaparecer... No veo nada cerca que nos pueda servir...
-Pues que sea lejos, no importa -dijo Mac.
-Lo más cercano es Ru -comentó-. Tres días...
-Creo que no debe quedar mucho allí -dijo Ragtan.
-Pero es una buena idea -dije yo-. No creo que nos busquen allí y, además, podríamos reparar definitivamente la nave de Ratly. ¿Crees que puedes duplicar el sistema sigilo? -le pregunté a Rag.
-Creo que sí. En realidad no es complicado si tenemos el equipo necesario.
-En Ru hay de todo -dije-. ¡Vamos allá!
*
* *
Pero nos esperaba una sorpresa.
En cuanto nos acercamos al planeta tres naves piratas nos salieron al encuentro disparando.
-Estos idiotas... -dijo Ratly por el comunicador.
Nuestros escudos eran suficientes para defendernos. El armamento de aquellas naves no nos dañaría.
-Avísales que somos nosotros -le dije a Rat.
-No quieren contestar -me dijo-. Y ahí vienen de nuevo. Les voy a dar una sorpresa.
-¡Espera! Si saben quienes somos, ¿por qué nos atacan?
-Se habrán vendido al Consorcio -dijo Mac.
-Está bien, Rat -dije-. Destruye una de ellas. Quiero saber que pasa.
-De acuerdo.
Las pequeñas naves piratas volvieron al ataque disparando sus inútiles cañones.
Ratly hizo un solo disparo y una de las naves voló en pedazos. Las otras dos se retiraron rápidamente.
-¿Que hacemos? -preguntó Mac.
Yo me quedé pensando un minuto.
-No podemos descender -dije-. Quizás nos estén esperando.
-¿Y? -insistió ella.
-Vamos hacia los hielos -dije.
Mac volvió a tomar los controles.
-No me gusta. Es un lugar inhabitable...
-No tenemos alternativa -le dije-. La nave de Ratly no aguantará mucho más. Y como se encuentra no sirve de mucho.
-Me sigue sin gustar -repitió.
-Con un vehículo pequeño podemos volver a Ru -dijo Ragtan- y conseguir lo que necesitamos.
-Esa es la idea -le confirmé-. Además, quiero saber por que nos atacan sin decirnos nada. No es una forma habitual de los piratas. Ellos acostumbran avisarte que te van a destrozar. Disfrutan con ello.
-¿Piensas que no son piratas? -dijo Mood.
-Pienso que algo ha sucedido...
-¡Quizás ya están aplicando la droga! -dijo Mac.
-Eso es lo que temo. Espero que no sea así.
Descendimos en la cubierta helada de uno de los cascos polares. Ru estaba a unos mil kilómetros y no sería difícil llegar allí. El problema era hacerlo sin ser descubiertos.
Si nos atacaron sabiendo quienes eramos, sin duda intentarían matarnos si nos descubrían.
Ru estaba en ruinas. Nunca había sido mucho más que eso, pero lo que nosotros habíamos conocido ya no existía. Buscamos algún sector que estuviera en pie. Al norte de la ciudad se encontraba el barrio de las prostitutas y la casa de Kata. Estaba intacta.
Ratly apretó los dientes.
-¡Esa maldita perra...!
-Veremos si encontramos a alguien -dije-. Rat, tú acompaña a Rag y consigan lo necesario para la tu nave.
-De acuerdo.
Hice una seña a Mac y nos encaminamos a la casa de Kata. Aún estaba desierta. La mujer no tenía previsto volver. No por un tiempo, por lo menos. La falta de todo tipo de ropa y alimentos mostraba que la evacuación había sido organizada.
Salimos de allí y comenzamos a revisar las otras construcciones que se encontraban aún en pie.
-¡Dex! -me llamó Mac por el comunicador- Creo que debes ver esto.
Localicé su posición. Estaba en una bodega amplia y mal iluminada. Seguramente la utilizaban para reparar naves. Había mucho instrumental y repuestos.
-Avisa a Ragtan -le dije-. Creo que hay de todo lo necesario.
Caminé entre la chatarra. Un ruido me hizo volver. Pensé que era una rata que se escondía entre las latas. Las retiré de un puntapié.
Una niña escuálida me miraba con sus ojos redondos y asustados ante la vista de mi Megatox. Se la quité de enfrente y la enfundé.
-¿Qué haces aquí? -le pregunté.
Mac se acercó a la niña y la tomó en sus brazos.
-No tengas miedo. ¿Estás sola?
La niña no hablaba. Solo nos miraba.
-Llevémosla a la nave -dije.
-¡No! -dijo ella- Mi mamá... -y volvió a guardar silencio.
-¿Está tu madre aquí? -preguntó Mac.
-¿No le harán daño? -quiso saber la niña.
-Claro que no -le dijo Mac con ternura.
-Ella... está enferma -dijo la niña y señaló con su mano hacia un montón de chatarra.
Me dirigí allí.
Una mujer demacrada y muy débil me miró con ojos afiebrados. Saqué mi cantimplora y le di a beber un trago de agua. Después retiré la chatarra y la ayudé a levantar.
Ragtan y Ratly entraron al lugar.
-¡Que mierda...! -dijo el pirata al vernos con las dos mujeres.
-Una madre y su hija -dijo Mac en tono sarcástico-. ¿Te lo explico mejor?
Ratly la miró con ira.
Ragtan mientras, estaba feliz de haber encontrado esa mina de tecnología.
-Aquí hay de todo -dijo-. Ratly, ayúdame a llevar estas cosas al vehículo.
El pirata hizo una mueca de disgusto pero colaboró.
-Tendremos que llevarlas -dijo Mac señalando a la madre y su hija-. No van a sobrevivir aquí.
-De acuerdo - le dije y tomé a la mujer en mis brazos.
Casi no tenía peso. Estaba muriendo de hambre. Y su hija le seguiría pronto si no les ayudábamos. Volvimos al vehículo y nos dirigimos a nuestras naves.
Mood le aplicó a la mujer las medicinas necesarias. Ki estaba fascinada dándole de comer a la niña. Era una experiencia diferente a todo lo que estábamos acostumbrados.
-Tendremos que llevarlas con nosotros -dije-. No podemos dejarlas aquí.
-Ya no tenemos espacio -dijo Mood.
-Pueden quedarse en mi camarote -dijo Ki-. Yo puedo mudarme al de Dex.
Yo hice un gesto de desesperación.
-Mejor al mío -dijo Mac sonriendo-. No creo que Dex soporte dos noches seguidas contigo. Y lo necesitamos.
-De acuerdo -dijo Ki y siguió entretenida con su nueva tarea.
La mujer comenzó a dar signos de reaccionar a la medicina.
-Mi hija... Dónde está mi hija...
-Está bien -la tranquilizó Mood-. No se preocupe.
-¿Quienes son ustedes? -dijo balbuceando.
-El es Dex, Dex Dorian -dijo Mood.
La mujer abrió los ojos.
-¡Usted es el culpable!
Yo incliné la cabeza.
-No fue mi intención -dije-. Descanse. Después le explicaré...
-Ellos volvieron -dijo la mujer.
La miré extrañado.
-¿Volvieron?
-Después del primer ataque... La ciudad no fue completamente dañada... Solo destruyeron las naves que intentaban despegar...
-¿Y volvieron?
Ella cerró los ojos un instante.
-Es mejor que descanse -me dijo Mood-. Está muy débil.
-Volvieron -continuó balbuceando ella- y dijeron que si no lo entregábamos... nos destruirían... Y lo hicieron.
-Pero, yo ya me había ido...
-No les importó. Y atacaron Sagadi y Vertena.
Yo le miré extrañado. Ambas colonias eran de mala fama, pero no eran piratas.
Los de Vertena se dedicaban al contrabando.
-Pero, ¿que tienen que ver?
-Ellos lo quieren a usted como sea -explicó ella-. Amenazaron con seguir destruyendo colonias... si no lo entregábamos.
-Y con eso obligan a todos a salir en persecución nuestra -dijo Mac-. ¡Malditos bastardos!
-¡Por eso nos atacaron al llegar -dijo Mood.
-Y por eso destruyeron el penal de Nuga...

Relato Ciencia Ficción - Crónicas Galácticas (IV) Me di cuenta de la perversidad del Consorcio. Buscaban poner a todos en nuestra contra por medio del terror.
-¿Que hacemos? -dijo Mac.
Me senté un momento y observé a Ki jugando con la niña. Era un hermoso espectáculo.
-Tendremos que atacarlos -dije.
-¿Estás loco? -gritó Mac-. Nos harían pedazos.
-Quizás lo mejor sería volver a Eoi -comentó Mood.
-No -dije-. Si lo saben los destruyen. Y ellos no se van a defender...
-Es una guerra asquerosa la que están haciendo -dijo Mac-, una guerra ciega.
-Por eso pienso que debemos buscar un punto donde atacarlos que los desvíe de las colonias.
-¿La Tierra? -dijo Mood con temor.
-No. No podríamos llegar allá fácilmente. Ya saben que podemos cubrirnos con el sigilo y tendrán sondas visuales.
-¿Entonces?
-Rabka -dije.
Mood y Mac me miraron con asombro.
-¿Estás enfermo? -dijo ella-. ¡Es el lugar más custodiado de la galaxia, el principal arsenal del Consorcio!
-Si lo destruimos le causamos un gran daño. Además, no creo que esperen que hagamos algo así con las naves que tenemos.
Mac me miró con atención.
-Puede que tengan razón. El riesgo es grande.
-Lo sé. Pero si no hacemos algo que los distraiga, continuarán destruyendo colonias.
El Consorcio está desesperado por encontrarnos pues teme que pongamos a todas las colonias en su contra si se sabe lo de la droga.
-Ellos lo están haciendo -dijo Mood-. No creo que estén felices de ser destruidos.
-Pero si nos liquidan todo queda en paz. La mayoría no cree lo de la droga.
Mac suspiró profundo.
-¡Está bien! ¡Hagámoslo! Solo espera lo que dirá Ratly.
-Ya lo sé.
Me acerqué a Ki.
-Es una niña preciosa -me dijo-. Y muy inteligente.
-Y tú te ves preciosa con ella. Tienes instinto maternal.
-Todas la bonianas somos excelentes madres.
-No lo dudo. Tu madre debe ser una bellísima persona.
-Lo era... Murió cuando yo era niña.
-Lo lamento.
Ki me miró con sus ojos llenos de inquietud.
-No sirvo de mucho ¿verdad?
Le tomé de una mano.
-A mí si me serves, cariño.
-Me refiero a que todo el asunto de Eoi no ha servido para nada. No he tenido ninguna intuición, nada... Yo...
-No te preocupes. Ya llegará tu momento.
-No sé. Me siento muy mal aquí sin poder ayudarlos... Hacer algo...
La besé suavemente en los labios.
-Sin tu espíritu no podríamos soportar todo esto, Ki. Y eso es muy valioso.
-Y tú un mentiroso muy galante... Por eso te quiero.
*
* *
Por supuesto Ratly se opuso al proyecto, pero pronto todos se dieron cuenta que no teníamos mucho donde elegir. Como fuera nos iban a perseguir hasta destruirnos y, en esa circunstancia, nuestra mejor defensa era un buen ataque. Y Rabka era la máxima expresión del poderío del Consorcio; un arsenal enorme de proyectiles, cañones, armamento ligero y todo lo que un buen soldado querría tener en su armario.
-¡Destruirlo! -dijo Ratly-. Si pudiéramos saquearlo haríamos una fortuna.
-Pero no podemos -le dije-. Ya sabes lo difícil que es entrar allí.
-¿Y cómo lo haremos?
Yo encendí una pantalla y apareció un plano del lugar.
-Todo el arsenal de encuentra a dos kilómetros de la superficie -expliqué-. Hay a lo menos quince controles en el camino, muchos de ellos automáticos. Cualquiera que intente entrar quedará frito.
-¿Entonces?
-Hay una posibilidad y es el ascensor de carga -les indiqué en el plano-. Por él entra y sale el armamento. Nuestra única alternativa es poder subirnos a ese ascensor y bajar, colocar los explosivos y salir.
-¡Qué sencillo! -dijo Ratly en tono de burla-. ¡Cómo no lo pensamos! ¿Y que haremos con los cuatrocientos guardias que lo custodian cuando el ascensor está activo?
¿Les enviamos a nuestras bonianas para desviar su atención?
-Eres un... -comenzó a decir Mac, pero la detuve.
-Tenemos uniformes del Consorcio -dije-. Si dos de nosotros logramos entrar, el asunto está hecho.
-Yo quedo excluido por mi pierna mecánica -dijo Ratly.
-¡Que conveniente! -le dijo Mac.
Se miraron con ira.
-Dejen de pelear entre usted, par de estúpidos -dijo Ki.
-Gracias Ki -le dije-. Iremos Ragtan y yo.
Mac dio un respingo.
-Pero, yo...
-Tú te quedas. Si algo nos sucede solo tú los puedes sacar. Además, Ragtan está preparando unos explosivos especiales muy eficientes y a prueba de errores... Eso espero...
Todos guardamos silencio un momento.
-¿Cómo descenderemos la nave? -preguntó Mood.
-No lo haremos -dije.
Me miraron sin comprender.
-¿Y como piensas bajar? -quiso saber Mac.
-En un torpedo -le expliqué-. Por su tamaño no lo podrán detectar. Y le pondremos un sistema de paracaídas. Ustedes nos guían y activan el descenso.
-Es una locura -dijo Mac.
-¿Cómo piensan salir de allí? -preguntó Ki.
-Robaremos una nave. Cerca del ascensor está el hangar con las naves de patrullaje.
-¡De acuerdo! -dijo Ratly-. Puede resultar. Pero ¿que sucede si los capturan?
-Se van de aquí a la Tierra y destruyen el Consorcio como sea. No hay nada más que hacer.
-Perfecto -dijo Mac molesta-. Bien. Hagámoslo. Matémonos todo de una vez.
-De acuerdo -dijo Ratly-. Total... ¿quién quiere vivir para siempre?
-Espero que tú no -le dijo Mac-. En ese caso me suicido...
Ragtan apareció radiante.
-¡Miren lo que he hecho! -dijo y nos mostró unas pequeñas cajas negras-. Tienen suficiente explosivo para volar esta cabina y un detonador triple.
-¿Triple?
-Si falla uno sigue el otro. Y son imposibles de desactivar.
-¡Genial! -dijo Mac con ironía-. Así, si no pueden salir, están fritos.
Yo le tomé de un brazo.
-Con o sin bombas, si nos atrapan, estamos fritos.
Ella me miró con angustia en la mirada.
-Si te atrapan te mato -me dijo.
-Voy a volver. No te preocupes.
Y comenzamos con los preparativos.
*
* *
Esperamos la llegada de una nave de carga para iniciar la misión. Así nos asegurábamos que el ascensor estaría funcionando. Nunca hacían esperar los cargamentos por temor a un ataque. Sabían que era el momento más riesgoso y por eso tenían tanta seguridad.
Pero, como siempre sucede, toda su seguridad se dirigía a la posibilidad de un ataque desde afuera. No se esperaban que dos tipo intentaran algo desde adentro y esa era nuestra ventaja.
El torpedo era estrecho. No podíamos utilizar dos para no llamar la atención, por lo que tuvimos que acomodarnos Ragtan y yo en ese breve espacio.
Ratly se acercó.
-¿Están cómodos? -dijo.
-Hubiera preferido una de las chicas -dijo Ragtan.
-Yo también -le secundé-. Pero no vas a tener tiempo ni de pensar...
Ratly tomó la cubierta.
-Suerte, muchachos. Y no se demoren mucho en volver.
-Si, papi -dijo Ragtan.
Rat cerró la compuerta del torpedo y sentimos como éste tomaba posición en la tobera de lanzamiento.
En un instante saldríamos disparados hacia la atmósfera de Rabka. La temperatura subiría considerablemente pero nuestros trajes térmicos y el aislante nos protegería.
Después caeríamos como una pedrada sin ninguna guía para evitar ser detectados. No seríamos sino un aerolito más para las pantallas del arsenal.
Los paracaídas se abrieron a doscientos metros del suelo y el tirón fue tremendo.
El torpedo cayó pesadamente y sentimos el golpe con fuerza. Activé la chapa electrónica y la tapa del torpedo saltó.
Nos incorporamos y observamos a nuestro alrededor. Era un campo desierto. Nos quitamos los trajes térmicos. Debajo vestíamos el uniforme militar del Consorcio. El ascensor de carga del arsenal se encontraba a un par de kilómetros, después de un bosque, así que nos pusimos inmediatamente en camino.
Media hora después estábamos a pocos metros. Los vehículos de carga salían de la nave y entraban al ascensor y viceversa. Nuestra oportunidad era poder subirnos a uno de esos vehículos. Una vez que entraban nadie ponía atención en ellos. Todos los guardias miraban hacia el lado contrario.
Con Ragtan nos acercamos agachados y nos dirigimos hacia un sembradío. De pronto Ragtan me detuvo.
-¡Maldición! -dijo-. Está minado.
No habíamos previsto eso.
-¿Que hacemos? -pregunté.
Ragtan manipuló un aparato y esperó un momento.
-Con esto podemos ver donde están colocadas -dijo- pero no se si son de contacto
o se activan por vibración.
-Tenemos que correr el riesgo -le dije-. Además, no creo que sean vibradoras, pues las harían explotar los animales.
-Tienes razón. Vamos. Sígueme y camina sobre mis pisadas. Están demasiado juntas.
Me pareció interminable. Además, quedábamos bastante expuestos pues no podíamos arrojarnos al suelo. Solo nos protegían las plantas que tenían medio metro de altura.
Por fin logramos llegar a la cerca electrónica. Ragtan volvió a manipular el sensor.
-Están muy juntos los rayos -dijo-. No podremos pasar.
-¡Tenemos que hacerlo!
-Si lo haces vas a quedar cortado en cubitos -me explicó.
-Busca una solución.
-¡El suelo! -dijo.
-¿Quieres cavar un hoyo? Apenas tenemos minutos, no dos años...
-No. La tierra aquí es blanda. Podemos abrir una brecha por debajo de la malla.
Inmediatamente saqué mi cuchillo y comencé a cavar. Rag tenía razón. La tierra del sembradío era esponjosa y no costó mucho para abrir un hueco suficiente para pasar.
-Debemos correr casi pegados al suelo hasta la nave -le dije.
Rag guardó su equipo y se preparó.
-¡Vamos! -dijo y salimos velozmente.
Justo en el momento de llegar un vehículo militar pasó junto a nosotros y casi atropella a Rag. Le di un tirón y lo coloqué junto a mi. Vi acercarse un camión cargado.

Relato Ciencia Ficción - Crónicas Galácticas (IV) -De un salto, o lo fregamos todo -le dije.
Ragtan tomo aire.
Cuando el camión pasó junto a nosotros corrimos a su lado. Iba muy rápido. Logré tomarme de la baranda trasera y subí. Rag corría como loco detrás. Estiré mi mano para ayudarle.
-Vamos, vamos -comencé a decir casi para mi mismo.
Rag hizo una seña de desaliento.
Creo que fue mi mirada asesina la que lo convenció y haciendo un esfuerzo considerable logró acercarse lo suficiente. Lo subí de un tirón al vehículo y lo empujé hasta el fondo.
Ragtan respiraba con dificultad por el cansancio.
-Cálmate -le dije-. Respira con tranquilidad por la nariz.
El obedeció y al momento comenzó a sentirse mejor. El camión entró al ascensor y, tal como pensaba, nadie puso atención en él.
Una vez abajo comenzarían a descargar. Entonces saqué mi cuchillo y corte la lona superior.
-Sube -le dije a Rag-, y quédate quieto.
Permanecimos sobre el vehículo un rato hasta que el ascensor se detuvo. El camión tomaría posición para la descarga y nosotros debíamos salir de allí sin ser visto.
No era sencillo.
Un vehículo de descarga se acercó por la parte posterior y dos tipo subieron al camión para colocar las cajas en posición. Me descolgué por un costado suavemente aprovechando la penumbra. Rag comenzó a imitarme y un instrumento salió de su bolsillo y se dirigió al suelo. Alcancé a tomarlo antes de caer. Nos miramos y el continuó descolgándose. Entonces nos alejamos hacia unas cajas y nos metimos entre ellas.
-¡Mira! -dijo Rag-. Una tremenda dotación de Surflax.
Sabía lo que significaba. Ragtan colocó una de las bombas y la activó. Después avanzó hacia otro sector donde se encontraban almacenados detonadores térmicos. Colocó la siguiente cajita.
Cuando iba saliendo de allí lo detuvo un guardia.
-¿Que hace aquí? -preguntó en tono perentorio.
Ragtan le sonrió nerviosamente.
-Yo... Estaba orinando -dijo finalmente.
-Es una falta grave... Deme su código...
-Claro -dijo y metió una mano en el bolsillo.
Yo me había escabullido por detrás y le clavé el puñal al guardia.
-¿Qué código le ibas a dar? -le pregunté a Rag.
-Este -dijo y sacó un objeto redondo y largo-. Dispara doscientos mil voltios.
Le sonreí.
-De haberlo sabido, no hubiera tenido que matarlo. Aunque no le hubiera servido de mucho -dije observando el último detonador en manos de Ragtan.
-Bueno... Mala suerte... Para él, claro... La ignorancia es nuestra enemiga, ¿no?
Inmediatamente se colocó junto a otras cajas.
-Son torpedos y misiles. ¡Esto va a reventar todo el planeta! -exclamó.
-Espero que no antes de irnos. Y creo que debemos hacerlo ahora.
Volvimos al ascensor. Había un par de guardia allí.
-Baja el visor del casco -le dije- y sígueme.
Nos acercamos a los otros guardias. Uno de ellos hizo seña de que nos detuviéramos.
-Su código -me dijo.
Yo miré hacia los lados y vi que estábamos solos.
-Dale tu código -dije a Rag.
Este lo comprendió y sacó su «atontador». La descarga lanzó al guardia al suelo en un segundo. El otro intentó levantar su arma pero yo ya le había puesto un puntapié en el estómago. Después le golpeé en la cabeza con fuerza y quedó inconsciente.
-Ocultémolos entre las cajas -dije.
Después nos subimos al ascensor junto con un camión y subimos tranquilamente hasta la superficie. Rag miró su reloj.
-Tres minutos -dijo entre dientes.
Nadie se fijo en dos guardias que venían saliendo, así que nos dirigimos tranquilamente hacia el hangar.
-Dos minutos... Creo que debí darles más tiempo -dijo Rag.
-Si no hay problema saldremos de aquí en un instante.
Una nave patrullera estaba en la puerta del hangar, dispuesta para salir. El único problema era que ya tenía piloto.
-¡Baje de allí! -le ordené.
-¿Qué? ¿Que sucede?
-Le ordeno que baje. Estamos haciendo inspección.
-Pero debo salir... Nadie me dijo...
-Un minuto y medio -dijo Rag.
Yo levanté mi arma y apunté al piloto.
-Si no baja, disparo.
-¡Espere! Ya voy... -dijo y comenzó a descender por la escalerilla-. ¿Que es lo que sucede?
-Necesitamos su nave.
-¿Pero...?
No alcanzó a terminar. El puñetazo que le dí le rompió la mandíbula.
-Bueno -dije-. Ya no la va a necesitar.
-¡Un minuto! -exclamó Rag.
Le indiqué que subiera a la patrullera. En ese momento sentí el disparo. Nos habían descubierto. Media docena de guardias corrían hacia nosotros. Saqué mi arma y disparé en su dirección. Vi caer a dos, pero no esperé más. Prácticamente volé hasta la cabina y activé los controles.
-¡Medio minuto!
-¡Nos vamos!
Y la nave comenzó a despegar. Un disparo nos dio de lleno y nos hizo desviar hacia el hangar. No podía tomar altura. Apliqué toda la potencia y me lancé por el interior del edificio, disparando contra las otras naves, abriéndonos paso para alcanzar la otra salida.
Vi aparecer un grupo de guardia y activé los cañones automáticos.
Rag golpeó desde atrás mi asiento.
-10... 9... 8...
-Ya vamos... Ya vamos -dije y logré sacar el vehículo a la pista.
-5... 4...
Y nos elevamos a toda velocidad, alejándonos del lugar.
-2... 1... ¡Cero!
Y no pasó nada...
-Rag... -dije en tono de reproche.
-Pero si yo... Estaba todo bien -se justificó-Incluso...
En ese momento sentimos el estallido. Fue una explosión formidable. En realidad había que agradecer que Rag calculara mal el tiempo pues eso nos permitió alejarnos algo más y aunque la onda explosiva nos alcanzó, pude estabilizar la nave.
-Vamos arriba, Rag. Al espacio.
Pero no iba a ser tan fácil. Un disparo me puso en alerta. Tres patrulleras nos perseguían.
También habían logrado sortear la explosión.
-¡Agárrate! -le dije a Ragtan.
Di varios giros, pero no podía despegarme.
Las explosiones continuaban. Entonces di la vuelta completamente y salí en dirección al arsenal.
-¿Qué estas haciendo? -grito Rag.
No le contesté. Las patrulleras me seguirían hacia allá. Otra explosión reventó frente nuestro. Logré girar con dificultad y la onda de choque me golpeó por un costado.
La nave que nos seguía más cerca no tuvo tanta suerte y perdió el control, sumiéndose en la onda de calor.
Las otras dos giraron huyendo del lugar, pero ahora yo estaba tras ellas, así que comencé a disparar todo lo que tenía. Logré darle a una pero continuó en el aire. De pronto el disparador no respondió.
-¡Maldición! -dije.
-¿Qué pasa? -Quiso saber Rag.
-Se atoró el disparador. Seguramente la explosión...
-¡Mierda!
Las dos naves se habían colocado detrás nuestro. Si nos daban estábamos liquidados.
Maniobré para esquivarlas pero seguían pegadas a la cola.
-Bueno -dije con resignación-, ya hicimos lo importante.
Y uno de nuestros perseguidores explotó.
-¡Que mierda...! -dije y vi la nave de Mac acercándose.
La otra patrullera huyó velozmente.
-¿Se encuentran bien? -escuché por el comunicador.
-Perfectamente -dije...
-No tanto -protestó Rag.
-Pues vayan hacia el campo para que puedan subir a bordo -nos indicó Mac.
Podíamos ver como las explosiones continuaban. Parecía un volcán en erupción.
Sin duda que no quedaría nada del arsenal.
Descendimos en un prado y Mac bajó su nave junto a nosotros. Subimos rápidamente.
-¡Vámonos! -ordené-. Enviarán más naves a perseguirnos.
Y nos elevamos rápidamente.
*
* *
-Fue muy estúpido que descendieran -dije a Mac.
-¡No hay por qué! -dijo ofendida.
Incliné la cabeza.
-Está bien. Te la debo. Pero fue un riesgo innecesario.
-No por lo que yo vi. Te iban a mandar al demonio.
Me acerqué y la besé.
-No sé que haría sin ti.
Ella me sonrió con picardía.
-No sabes que hacer conmigo... -me contestó.
-En eso tienes razón.
Nos miramos fijamente.
-¿Que sucederá ahora? -quiso saber Mood.
-Pues que enviarán a toda la flota a buscarnos -dijo Mac.
-¿Solo eso? -dijo Mood-. Podemos descansar entonces...
-Debemos desaparecer -dije-. Rag, potencia Quam.
-¿Coordenadas? -preguntó Mood.
Medité un momento. ¿A dónde ir en aquellas circunstancia? ¿Dónde escondernos
para evitar que siguieran destruyendo colonias en nuestra búsqueda?
-Las de Kattor -dije finalmente.
Mood me miró extrañado.
-¿Es una buena idea? Recuerda que ya estuvieron allí...
-Por lo mismo. No van a pensar que nos escondemos en el mismo sitio donde todo comenzó.
-Si -dijo meditativamente- Puede ser una buena idea -secundó-. ¡A Kattor!
Y nos proyectamos en el espacio.

Continuará ...
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Aurora Bitzine revista de fantasía y ciencia ficción a 3 de mayo del 2005