Nuestra nave descendió suavemente sobre un campo verde y espacioso. Ninguno de nosotros tenía la menor idea de lo que nos esperaba y, por lo mismo, decidimos portar nuestras armas, previniendo dificultades.
-Creo que estos tipos tienen una tecnología de primera -dijo Ragtan, siempre interesado en el campo de la ingeniería-. Si pudieron atraernos con esa facilidad y dirigir nuestro aterrizaje tan limpiamente, es que saben muy bien lo que hacen.
Abrí la compuerta de salida y respiramos un aire puro que nos llenó los pulmones con una agradable sensación de bienestar. Acostumbrados al viciado aire de las naves o a la contaminada atmósfera de Ru, aquello resultaba una experiencia reconfortante.
-Este es un planeta privilegiado -dijo Mood observando a su alrededor y comprobando los datos de su analizador-. Aire puro, agua pura... Una vegetación espectacular...
-Espero que la gente que viva en este sitio -dije- tenga el mismo espíritu que la naturaleza que los rodea.
-En realidad no conocemos esta naturaleza -dijo Ki, siempre inteligente en sus observaciones ingenuas.
-Está bien -dije-. Sin duda que aquí habrá alguien, pero ¿dónde? Yo no veo nada...
-¡Allí! -exclamó Ragtan.
Y vimos a un individuo de aspecto sencillo, caminando tranquilamente hacia nosotros. Vestía una sencilla camisa de color verde y pantalones marrón. Un pañuelo amarillo rodeaba su cuello. Nos llamó la atención su corte de pelo, casi al rape y en forma de espiral.
Se acercó a nosotros y se llevó las manos al pecho e hizo una leve inclinación de cabeza.
-Bienvenidos al Templo de Eoi -dijo con voz suave-. Los sacerdotes los esperan.
Comenzamos a bajar de la nave, pero él nos detuvo.
-Solo los hombres. Las mujeres no pueden venir. Y no debéis traer armas.
Aquello comenzó a no gustarme.
-Pues en ese caso -dije algo molesto- dígale a los sacerdotes que, aunque agradecemos su hospitalidad, no iremos. O vamos todos y con nuestras armas, o nos quedamos.
El tipo me miró sin inmutarse, hizo nuevamente su saludo y se dio media vuelta, encaminándose de regreso al lugar de donde había venido, quien sabe dónde.
-¿Crees que eso fue adecuado? -me dijo Mac con inquietud.
-No lo sé -le contesté-, pero en las actuales circunstancias es mejor no correr riesgos.
-¿Quién va a quedarse en la ve? -quiso saber Mood-. ¿Gada?
-No sé. Esa muchacha es bastante inútil -le dije.
Por la cara que puso Mood pude darme cuenta de la situación. Sin duda existían lazos entre los dos y el viejo se preocupaba por la muchacha.
-No la conoces, Dex -me dijo algo molesto-. No es una mala chica...
-Comprendo -le dije sonriendo-. Queda a tu cuidado... No creo que la nave corra algún riesgo. Si hubieran querido destruirla, sin duda que poseen el poder para hacerlo.
-No me cabe duda -secundó Ragtan.
Nuevamente vimos aparecer la figura de un visitante que caminaba hacia nosotros. No era el mismo de antes. Si bien vestía igual y tenía el mismo extraño corte de pelo, este era más corpulento y tenía un pañuelo rojo en el cuello.
-Saludos -dijo poniendo sus manos en el pecho e inclinándose.
-Lamentamos esta situación -le dije- pero...
-Debo decirles -me interrumpió hablando calmadamente- que en este lugar están vedadas las mujeres. Somos sacerdotes de Eoi y hemos hecho promesa de castidad...
-Bastante débil al parecer -dije tranquilamente ante la mirada estupefacta del sacerdote.
-No comprendo... -comenzó a decir.
-Si vuestro voto fuera verdadero -le expliqué- no sentirían ninguna inquietud frente a una mujer.
El sacerdote sonrió sinceramente.
-No puedo discutir eso -dijo y luego de un titubeo agregó-: Está bien. Síganme todos.
No fue un largo camino. En realidad apenas descendimos la colina entramos en una cañada que no podía verse desde donde estábamos. Había allí varios vehículos que no eran más que una sencilla plataforma con propulsión magnética. Había otros sacerdotes que miraron extrañados al grupo y, algunos, escandalizados según me pareció, al ver mujeres entre nosotros. Pero nadie dijo nada. Al parecer, quien nos acompañaba debía ser importante.
-Iremos a nuestra ciudad -dijo el tipo-. Allí podrán descansar. Y podrán ver que sus armas son innecesarias. Nadie aquí les haría daño jamás.
-Lo mismo decía mi mamá -dijo Ragtan- y rompió dos costillas.
-Lamento oír eso -dijo el sacerdote y por su expresión pudimos notar que era sincero-. Sin duda que ella debió sentirse muy mal cuando recapacitó.
Ragtan se turbó.
-Si... -dijo con titubeos-. Creo que si...
-Debo pedir disculpas por ser tan descuidado -nos dijo el tipo-. Soy Enj, Sumo Sacerdote de Eoi.
-Mi nombre es... -comencé a decir.
-Dex Dorian -me interrumpió-. Sabemos quienes son ustedes, de dónde vienen y que se proponen.
Aquello despertó mi inquietud nuevamente.
-¿Algún interés particular en ello? -dije sin darme cuenta que podía ser descortés.
-Exacto -contestó Enj sin inmutarse-. Ya hablaremos de ello. Lo importante ahora es que se sientan bien.
Las plataformas se deslizaron a escasa altura del suelo y nos dirigimos hacia otra hondonada, esta vez más amplia. Había allí una ciudad bastante grande, con edificios sencillos. Podía verse muchos hombres, y solo hombres, todos vestidos con camisa verde y pantalón marrón y con el mismo corte de pelo. Solo se diferenciaban por el color del pañuelo atado al cuello que debía ser una especie de distintivo del rango. La mayoría lo levaba blanco, también había azules, verdes, naranja... Recordé que en las antiguas artes marciales se utilizaban cinturones de colores y pensé si habría alguna relación. Llamaba la atención que en estos sitios todo estaba seco, no había vegetación y parecía un jirón de desierto en medio de la selva.
-Hemos construido nuestras ciudades en lugares algo inhóspitos como éste para evitar dañar la Naturaleza -dijo Enj con su habitual sonrisa-. Nuestra creencia se basa en el respeto irrestricto a toda forma de vida.
-¿Incluso los virus? -preguntó Mood casi en tono de burla.
Enj le miró sonriendo.
-Incluso los virus. Verá usted -dijo con tranquilidad-, todo lo que existe tiene un propósito, es decir, una razón de ser.
-¿Enfermar y matar? -insistió Mood.
-Eso es lo que nosotros vemos porque es lo que nos afecta, pero desconocemos las otras funciones de los virus. Quizás gracias a ellos podamos vivir...
-Comprendo -dijo el viejo algo amoscado.
-Lo que debemos hacer es evitarlos, no destruirlos, pues sino, debíamos eliminar todos los tigres por ser peligrosos. Y es un bellísimo animal.
Yo miré a Mood con una expresión de «trágate esa».
-¿Y por qué odian las a mujeres? -Preguntó Ki de sopetón con su típica ingenuidad.
Mac le dio un codazo pero no se dio por aludida.
Enj la miró con expresión de confusión.
-¡Oh, no! No es odio -le dijo-. No nos mal interprete.
-Pero no veo ninguna aquí -insistió Ki-. ¿Cómo se reproducen ustedes? ¿O es que todos son...?
Me di cuenta que aquello comenzaba a resultar complicado. Como noté que nuestra plataforma comenzaba a detenerse me sentí aliviado e interrumpí a Ki.
-Parece que hemos llegado -dije lanzando una mirada de «cállate» a Ki.
-Esta es mi residencia -nos explicó Enj que no se había alterado en lo más mínimo-. Debo pedirle a las mujeres, y espero que no se ofendan, que se queden en el piso superior y no se muestren. Lo lamento, pero no sería bueno crear confusión entre nuestra gente.
-Comprendemos totalmente -dije antes que Ki metiera la pata-. Harán lo que dice -expresé en tono perentorio.
Ki, Mac y Gada se dirigieron al lugar designado. Enj nos dirigió hacia una sala espaciosa y agradable.
-Ustedes pueden acomodarse aquí -dijo-. Si desean asearse, hay una pieza para ello aquí junto.
-Gracias, Enj -dije-. Es usted muy amable.
Y el tipo salió, dejándonos solos.
Ragtan se dirigió hacia una mesa donde había bandejas con alimentos.
-¡Vaya! Buena atención tienen aquí -comentó y luego de observan un trozo de algo que parecía carne, pero sin duda no lo era, lo tomó y lo mordisqueó-. Está sabroso -dijo aprobándolo.
Mood y yo le imitamos. Estábamos bastante hambrientos después de todo lo vivido.
-¿Que te parece todo esto? -me preguntó Mood.
-No sé -dije-. Me parecen sinceros pero no debemos bajar la guardia. De todas formas, debemos dejar nuestras armas aquí por cortesía, excepto ésta -dije y escondí en mi bota el cuchillo Rambo.
-La cuestión es -comentó Ragtan mientras mordisqueaba su segundo bocado- que desean de nosotros.
-Eso es extraño -dijo Mood-. ¿Cómo podían saber que veníamos si ni nosotros...?
-No creo que lo supieran -dije.
-¿Pero como sabían quienes éramos? -insistió Mood.
-Quizás intervinieron nuestra computadora de navegación-dijo Ragtan sin dejar de comer.
-¿Están nuestros datos en la computadora? -pregunté.
-¡Por supuesto! -exclamó Ragtan-. ¿Como podríamos navegar sin los códigos personales?
-Es cierto -dijo Mood-. Esa puede ser la respuesta de por qué conocen nuestras identidades, pero que sepan que nos proponemos...
-Supongo que no habrás puesto eso en la computadora también -le dije a Ragtan amenazándolo con un trozo de comida.
-¡Claro que no! ¿Para qué?
-Todo esto es muy extraño -dije casi para mí mismo-. Pero creo que lo vamos a averiguar pronto.
*
* *
Mientras, en el piso superior, Ki comenzaba a hacer de las suyas, tal como me lo relatara posteriormente Gada, siempre temerosa de lo que pudiera suceder.
-¿Que vas a hacer? -le preguntó Mac a a Ki al verla que se asomaba al balcón que daba al jardín interior.
-Hay un jardín precioso ahí abajo -dijo-. Y una pileta que arroja agua.
-No pensarás bajar...
-¿Por qué no?
-Nos dijeron que nos quedáramos aquí -dijo Gada, temerosa.
-¡Tonterías! Además no se ve a nadie allí.
-Ki, por favor -le pidió Mac-, no nos metas en un lío.
Pero la muchacha se descolgó con facilidad.
-Creo que deberíamos avisarle a Dex -dijo Gada.
Mac movió la cabeza con disgusto.
-Tú come tranquila. Que esa idiota haga lo que quiera.
-No. Yo le informaré...
Mientras, Ki se había sentado en la orilla de la pileta y movía la mano en el agua refrescante. Gada de asomó al balcón para vigilarla y lo que sucedió allí me lo relató posteriormente, haciéndome comprender los acontecimientos que sucedieron luego en Eoi.
Ki permaneció junto a la pileta. De pronto se volvió y se dio cuenta que Enj estaba sentado a su lado. No lo había sentido llegar y por su actitud parecía que siempre había estado allí.
-¡Oh! Disculpe -dijo Ki-. Espero que no le moleste...
-No -le tranquilizó él-. Eres una rebelde por naturaleza, ¿verdad?
-Eso creo -dijo Ki, divertida.
-Y eso está bien. Uno debe obedecer a su naturaleza.
-¿Eso cree? Porque debo decirle que Mac y yo somo bonianas...
-Lo sé.
-¿Y no le preocupa? Es decir, estamos en lados opuestos, por decirlo así.
-¿Eso crees?
-Digo yo... Ustedes son abstemios...
-Abstinentes... -le corrigió él.
-Eso. Y nosotras... bueno... usted sabe...
-¿Y por qué no te atreves a decirlo?
-¿Atreverme? Me atrevo. Solo que no quería molestarlo.
-No me molesta.
-Está bien. Somos ardientes... sexualmente ardientes.
-Y eso está bien porque así es vuestra naturaleza.
Ki lo miró intrigada.
-No le comprendo.
Enj sonrió y poniéndose de pie se dirigió hacia una maceta con flores.
-Esta flor se llama garindia -dijo-. Es hermosa, incluso tiene un bello aroma. Pero los insectos que entran en ella son devorados implacablemente. Es capaz de devorar una colmena en una hora.
-¿Y la tienen en macetas? ¿No es un poco... perverso?
-No. En realidad la cuidamos pues estaba a punto de extinguirse.
-¿Y no sería mejor que se extinguiera?
Enj volvió a sonreír.
-Estas flores nacieron cuando este planeta sufría una terrible plaga de insectos y fueron capaces de controlarlos. Gracias a ellas este planeta se salvó de convertirse en un desierto.
-Quizás su destino era convertirse en desierto -dijo Ki, divertida.
-No -explicole Enj-, pues si no, la naturaleza no habría creado esta planta.
-¿Y que quiere decir todo eso?
-¿No lo comprendes? La naturaleza de esta planta es devorar insectos, eso la justifica en la existencia.
-¿Quiere decir que las bonianas nos justificamos por... devorar hombres? Disculpe...
-¡Exacto! Las cosas son como son para que las otras cosas puedan ser como son.
-Eso no lo entiendo.
-Nada en la vida está de más pues de esa forma todo lo demás se justifica.
-¿Ni siquiera esa planta que ya no necesita devorar más insectos?
-Ni siquiera... Porque ahora cumple con otra función: enseñarnos a nosotros sus propiedades. Quizás luego termine por extinguirse definitivamente. Y eso ha de suceder con nosotros a la larga.
-Ustedes antes que nosotros -dijo Ki con sarcasmo-, pues rechazan las mujeres.
-No las rechazamos. Simplemente optamos por esta forma de vida para encauzar todas nuestras energías hacia un solo propósito: el conocimiento. Verás. Todo el mundo busca la perfección y ésta es solo un sueño. Peor aún, una pesadilla si llegara a convertirse en realidad, pues entonces nuestra vida no tendría justificación. Si tú tomas una decisión de vida, esa es tú vida y el llevarla adelante es lo que te convierte en persona. Sin duda que será una vida imperfecta, pero es precisamente esa imperfección lo que tiene valor, pues de ella extraes las enseñanzas que te hacen crecer. Nada hay bueno ni malo en el mundo si el pensamiento no lo hace tal.
-Pero la maldad existe...
-Solo en las intenciones y en las consecuencias. Te pongo un ejemplo. Si tu mejor amiga es atacada por un tábano jig, que debes conocer -Ki afirmó con la cabeza-, y tu amiga te pidiera que la mataras, ¿lo harías?
-¡Por supuesto! La muerte por el veneno jig es perversa y dolorosamente lenta.
-Es decir, le harías daño por salvarla...
-Pero esa es una situación extrema. Solo le estaría evitando un sufrimiento mayor.
-¡Justamente! La medida del bien y del mal debe hacerse en relación a la calidad de la consecuencia. ¿Conoces tú la literatura terrestre?
-No mucho.
-Pues hace varios siglos hubo un escritor que se preocupó especialmente de ese tema. Se llamaba Dostoiewsky. En una de sus novelas, uno de sus protagonistas pierde totalmente el sentido de la vida cuando se enfrenta a una situación de este tipo. Ese protagonista era un libertino que arrendaba una pieza en casa de una familia que tenía una hija adolescente. Los padres trataban muy mal a aquella pequeña. Incluso la golpeaban duramente, salvajemente. Y fue luego de una de esas golpizas que la muchacha, escapando, se escondió en el dormitorio del protagonista. Éste al verla tan desvalida, desesperada, asustada como un animalito, tuvo, por primera vez en su vida, un sentimiento de compasión. Entonces la abrazó, la hizo sentir querida, le hizo sentir que le importaba a alguien, cosa que quizás jamás antes había sentido. Entonces ella, como un gesto de agradecimiento, se le ofreció sexualmente, pues era lo único propio que podía ofrecerle. El protagonista, que como libertino nunca antes había tenido problemas para efectuar todo tipo de perversiones, en esa ocasión, quizás por la circunstancia, la rechazó, pensando en no causarle un daño, pues se había enternecido. Pero ese rechazo fue demoledor. Entonces la pobre niña consideró que nada tenía que podía ofrecer que valiera la pena, que ni siquiera su cuerpo valía como recompensa, y enfermó gravemente, suicidándose posteriormente. Y el protagonista cayó en gran confusión, pues la única vez en su vida que había actuado noble y honorablemente, tal como lo exigían las normas de su tiempo, había causado un daño fatal. Le pareció entonces que todo era absurdo, que nada tenía sentido...
Ki estaba cabizbaja y en silencio.
-Todos piensan mal de las bonianas -dijo casi en un murmullo-, nos consideran de lo peor, nos degradan y nos mancillan...
-Y tu crees lo mismo -sentenció Enj.
-¿Yo?
-Pues si no, no te dolería tanto. Cuando uno descubre que la vida es lo es y no intentamos darle otro sentido que el que la vida misma nos da, ¿qué nos importa la opinión ajena? Quienes opinan sobre como viven los demás no tienen consciencia de su propia existencia.
Ki le miró fijamente.
-Ustedes no creen en dioses -dijo-. Por eso la Iglesia de Gala los persiguió.
-Así es. Las instituciones religiosas crean dioses con la única finalidad de poder dominar a sus fieles, inculcándole el temor al castigo para someterlos a sus egoístas designios. Nosotros no creemos en más castigo ni premio que el que proviene de nuestros actos. Todo se paga en esta vida. Y no hay más.
-Pero, ¿no es eso contradictorio? ¿Si no hay más que esta vida, que sentido tiene?
-Pues, ¡todo! Durante siglos se ha hecho creer a la gente en una vida ulterior y la consecuencia ha sido desperdiciar ésta. Pero cuando adquieres consciencia de que ésta es la única vida que tenemos, que nada más podemos esperar, entonces nos preocupamos de cuidarla, mejorarla, aprovecharla, pues después no tendremos nada más. Por eso que es importante que cada cual elija un camino y lo siga.
-¿Incluso el sinvergüenza?
-Incluso él. Porque se le pagará, a la larga, con su misma moneda. Tu camino puede ser equivocado o no, pero es tu camino.
-¿Y cómo saber cuando es el camino correcto o no?
-Tu consciencia te lo dice. Solo es correcto cuando tus acciones no implican daño a los demás. Lo importante es, justamente, el conocimiento. Conocimiento de las cosas, de las obras y de uno mismo. La peor enemiga del hombre es la ignorancia, pues ella te lleva al error y éste a la perdición. Y la perdición consiste en no haber aprovechado bien tu vida, porque no tendrás otra oportunidad para mejorarla. Esa es la más terrible de las verdades. Lo que no hiciste bien, el mal que hiciste, no podrás remediarlo sino solamente mientras vivas. Cuando mueres, el efecto de tus obras quedarán y por ellas serás recordada.
-Si es así, prefiero las otras religiones... Dan alguna esperanza.
Enj sonrió complacido. Sabía que había tocado su consciencia.
-No te dan esperanza, sino engaño. La esperanza no te la puede dar nadie más que tú misma. Y es consecuencia de la fe, la fe que tienes en tu propia naturaleza. Parece muy complicado pero es tan simple...
-Lo sé... Pero confunde...
-Y la confusión es la mejor señal, pues significa que te preocupa. Los tontos jamás se confunden, y bien por ellos. Los sinvergüenzas, rara vez, quizás porque no quieren pensar. Solo la gente buena e inteligente siente la angustia de no ver con claridad. Pero no hablemos más de filosofía. Vuelve a tu habitación. Pronto tendremos que reunirnos para decidir como ayudarlos a ustedes en la tarea que les espera.
-¿Y cómo saben eso?
-Ya lo sabrás.
*
* *
-He aprendido algo importante con nuestros visitantes -comenzó a decir Enj a la muchedumbre de sacerdotes que llenaba la gran sala del Consejo-. Cuando les dije que no podían venir aquí mujeres debido a nuestra promesa de castidad, Dex Dorian me dijo que esa promesa debía ser muy débil, al temer enfrentarnos a ellas. Y tiene mucha razón. Si no somos capaces de enfrentar las tentaciones y debilidades, entonces no hemos conseguido nuestro propósito. ¿Por qué no lo pensamos antes? Simplemente por costumbre. Olvidamos que la costumbre es, mucha veces, enemiga de la sabiduría. Agradezcamos a Dex Dorian su gran enseñanza.
Y todos se inclinaron con las manos en el pecho. Mac me miró con expresión de «¡Mira tú!» y yo me sonreí ante aquello.
-Nuestros amigos tienen una misión importante -continuó el Sumo Sacerdote-. Deben enfrentar un enemigo poderoso para evitar un terrible tragedia: la destrucción de la voluntad humana.
-¿Sabían de eso? -le pregunté intrigado.
Enj me miró y me hizo seña que callara. Yo obedecí, pues comprendí que las explicaciones vendrían luego.
-No podemos ayudarle en la forma que ellos acostumbran hacer las cosas, pues es contraria a nuestras creencias, pero sí podemos darle el beneficio del Minuto Eterno.
Hubo murmullos en la sala. Uno de los sacerdotes levantó la mano y Enj le señaló.
-No creo que sea conveniente. ¿Podrían resistirlo? Nosotros debemos prepararnos por años para poder enfrentarlo.
-Yo sé que el riesgo es grande -concedió Enj- pero no tenemos tiempo. Y es muy probable que no tengan oportunidad de conseguir su propósito si no cuentan con alguna ventaja. Y si el Consorcio logra producir aquella droga maldita, la humanidad de toda la galaxia puede retroceder milenios de evolución, además de convertir nuestra especie en un animal servil y sin futuro.
Otro sacerdote se acercó.
-¿Y no habrá algún voluntario entre nosotros, que ya haya pasado la prueba, que quiera acompañarlos?
-Para ellos solo sería un estorbo. E incluso es probable que no le comprendan completamente. Quizás la única persona entre nosotros que pudiera hacerlo, soy yo.
Los murmullos se convirtieron en quejas.
-¡No puedes hacer eso! -exclamaron varias voces.
-Ya lo sé. Y lo he pensado mucho, desde que supimos que tendríamos que intervenir de algún modo. La única alternativa que nos queda es, pues, someter al Minuto Eterno a uno de ellos.
Yo me adelanté.
-No sé de qué se trate -dije-, pero si aquello nos da alguna ventaja, estoy dispuesto a...
-No, Dex Dorian -me interrumpió Enj-. Tú fracasarías. La única persona entre vosotros que podría superar la prueba es Ki, la mujer rubia...
Los sacerdotes guardaron asombrado silencio. Aquello, si bien no constituía una herejía, cosa que entre ellos no existía, era total y absolutamente anormal.
-¿Ki? -dije yo entre incrédulo y divertido-. ¿Me está tomando el pelo?
-Nosotros no bromeamos con esas cosas -me contestó Enj con seriedad-. Ki es la única que puede superarlo pues es una boniana y ya sabemos que esa raza es física y mentalmente muy fuerte. Además, es una persona ingenua y sin malas intenciones. El Minuto Eterno no debería ser la pesadilla que es para muchos que los han vivido.
Mood y Ragtan estaban con la boca abierta. Aquello les parecía un absurdo y comenzaron a dudar de la condición mental de nuestro anfitrión.
Yo no sabía que decir.
-Nada más podemos hacer por ellos -concluyó Enj-. Es el único aporte que podemos hacer a quienes van a arriesgar sus vidas por detener una tragedia de lesa humanidad. Con la experiencia del Minuto Eterno podrán contar con un conocimiento que les permitirá enfrentar a sus enemigos con mayores probabilidades de vencerlos. Y son nuestros enemigos también, y de toda la humanidad.
Increíblemente, todos los sacerdotes presentes se inclinaron con las manos en el pecho, en señal de aprobación unánime. Inmediatamente comenzaron a retirarse de la sala. La decisión había sido tomada y ya no había nada más que discutir.
Yo me acerqué a Enj.
-¿Está seguro de que...?
Pero no me dejó terminar. Me miró a los ojos y sonrió.
-No apreciamos el aire que respiramos porque no lo podemos ver. Para la mayoría, ni siquiera existe. Pero sin él no podríamos vivir.
-¿Y qué tiene que ver eso con Ki? -quise saber.
-Todos ustedes saben que Ki existe, la pueden ver, pero no conocen su interior, su esencia.
-Sé que es una buena muchacha y que se merece una mejor vida, pero...
-¿Lo ve? No es una mejor vida lo que Ki necesita, sino darle sentido a la que ya tiene. Todos ustedes han encontrado un propósito, una misión, una profesión. ¿Me dirá usted que Ki es parte importante del equipo?
Yo me sonreí e incliné la cabeza. Enj tenía razón. Ki era un objeto hermoso, un animalito querido por su ingenuidad y por la lealtad que siempre me había mostrado, pero jamás me había preocupado por conocerla. Ahora, quizás por primera vez, comenzaba a pensar en ella como persona.
-¿Cree... que podrá soportar la prueba? -le consulté a Enj con auténtica inquietud.
-Estoy seguro. Y después de ello el éxito de vuestra misión quizás se lo deban enteramente a ella.
*
* *
-¿Yoooo? -fue el chillido que dio Ki cuando se lo dijimos.
Mac me miró como si estuviera loco.
-A mí no me digan nada -dije en mi defensa-. Fue decisión de los sacerdotes.
-¿Ki? -repitió Mac-. Me parece increíble.
-¿Y por qué? -dijo la muchacha con molestia y poniendo los brazos en jarra-. ¿Es que les parezco demasiado estúpida o inútil...?
-No, Ki. No es eso -le tranquilicé-. Pero tienes que convenir con nosotros que es más que... insólito.
-Bueno... Si... De acuerdo... Además, ¿de qué se trata ese asunto del minuto infinito?
-Minuto Eterno.
-Es lo mismo, ¿no? Eterno, infinito...
-De acuerdo -dije para no discutir-. No sé en que consiste. Solo sé que te convertiría en una especie de genio o algo así.
-¡Oh! -exclamó Ki-. ¡Que espanto!
-Lo mismo digo -dijo Mac entre dientes.
Ki se me acercó insinuante.
-Pero ya sabes, cariño. Por ti, lo que sea...
-Gracias, preciosa. Pero no lo vas a hacer solo por mí.
-¿Cuántos más? -preguntó divertida.
La miré fijamente.
-Toda la humanidad...
Ella abrió los ojos.
-Mierda... Esto si que es grave...
Mac le puso una mano en el hombro.
-Vas a pasar a la Historia -le dijo con aprecio-. Bien por ti. Y por todos nosotros.
Y algo sucedió con la muchacha, porque a partir de ese momento se volvió taciturna, callada, muy diferente a como la habíamos conocido. Incluso llegue a pensar que se había enfermado.
Enj nos había prometido contestar todas nuestras interrogantes. Esa misma tarde nos llevó por las polvorientas calles de la ciudad y entramos a un edificio pequeño pero hermoso. En el interior había jardines, fuentes y aves. Nos dirigimos a una escalas y bajamos y par de pisos en el subsuelo. Caminamos por un largo pasillo y entramos a una espaciosa habitación.
Era un completo centro de operaciones. Había allí un centenar de sacerdotes frente a consolas y pantallas, procesando la información que recibían.
-Hemos desarrollado un micro satélite -nos explicó Enj- de gran potencia. Están ubicados en todos aquellos lugares que nos parecen relevantes para informarnos de lo que sucede. Su tamaño y algunas particularidades técnicas los hacen indetectable. Es capaz de procesar una gran cantidad de audio, video y todos los códigos conocidos en pocos segundos y con una precisión de un 99.99%.
Y nos mostró una esfera de unos doce centímetros de diámetro, compuesta de varios cascos móviles, dentro de cada uno de los cuales se encontraba el equipo necesario.
-¡Espionaje! -dijo Ragtan, en realidad más interesado en los aspectos técnicos y fascinado por aquella tecnología.
-No -le corrigió Enj-. Espionaje es cuando se piensa obtener un beneficio egoísta de la información. Nosotros solo queremos saber para prevenir y prevenirnos. La información que recibimos de Ru nos sirvió para conocer vuestras intenciones. Sabíamos que tendrían que usar la potencia Quam si querían salir de allí a salvo, por lo que les enviamos nuestras coordenadas, pero hubo una interferencia y por eso cayeron cerca del torbellino. Por suerte pudimos sacarlos de allí, aunque debimos desviar toda la potencia de la ciudad para lograrlo.
-Y así supieron lo de la droga del Consorcio -dijo Mood.
-Precisamente -aclaró el sacerdote-. Además, hemos logrado descubrir que dicha droga no está completamente terminada, pero lo harán pronto. Las cepas importantes las tienen en el edificio principal del Consorcio. Hemos averiguado es que han implementado el sistema de distribución.
Ragtan le miró con inquietud.
-¡Las medicinas! -exclamó.
Enj inclinó la cabeza en aprobación.
-Todos los medicamentos del Consorcio serán contaminados con la droga. De este modo, tres quintos de la población humana de toda la galaxia será expuesta en pocos días.
Me di cuenta que el asunto era más urgente de lo que pensábamos.
-Pero hay algo más grave aún -nos explicó Enj-. El efecto genético de esta droga es de tal magnitud, que una vez aplicado a una generación, las siguientes no lo van a necesitar.
-¡Van a nacer con el código genético alterado! -exclamó Mood.
-Exacto. Lo que significa que el proceso es irreversible.
-Pues no debemos perder tiempo -dije.
-Pero tampoco es bueno apresurarse -me detuvo Enj-. Nuestros ingenieros están realizando algunas modificaciones en vuestra nave. Aprovechando las baterías de kolmio que poseen, están amplificando la resistencia de los escudos. Además, le estamos incorporando un sistema sigilo.
-¿Es decir que podremos hacernos invisibles? -dijo Ragtan entusiasmado.
-Solo para los detectores. Pero puede serles muy útil.
-De todas maneras -dije-. Por lo menos nos permitiría acercarnos a las naves del Consorcio sin correr riesgo.
-Lo importante -continuó Enj- es que deben destruir las cepas de la droga antes que sean aplicadas a los medicamentos, sino, sería necesario destruirlos y eso significaría un problema grave para muchas colonias que los requieren para sobrevivir a sus ambientes.
-Lo comprendemos -dije-. Por eso creo que debemos ponernos en camino lo antes posible.
Enj se volvió hacia nosotros.
-Hoy en la noche someteremos a Ki al Minuto Eterno. Sería bueno que usted la acompañara, Dex. Sé que ella así lo querría y se sentiría más segura.
-De acuerdo.
-Según sea el resultado, podrán marcharse de inmediato. Vuestra nave estará preparada para la madrugada. Incluso hemos incorporado ya las coordenadas que deben usar para su regreso. ¡Ah! Y hemos acondicionado la cabina para evitar gran parte de los efectos que produce esa potencia.
-¡Eso si se lo agradecemos! -exclamó Mood con énfasis.
-Solo esperamos que logren su objetivo. Es fundamental que así sea.
-Lo tenemos muy claro -le aseguré.
*
* *
Entramos a una sala pequeña y suavemente iluminada. Ki se notaba nerviosa. Había una especie de camilla acolchada, con correas para los pies y las manos. Otro sacerdote se encontraba junto a una pequeña mesa donde había un inhalador bucal y una ampolla de color ámbar. Había además una pequeña máquina con una pantalla dividida por líneas de colores.
Enj le indicó a Ki que se tendiera.
-No debes temer. Estaremos pendiente de tu estado y si hay algún problema, te recuperaremos de inmediato.
Ki asintió con la cabeza. Pude notar por su mirada que estaba asustada. Entonces me acerqué y la besé suavemente en los labios. Ella sonrió.
-Supongo que esta cosa no va a afectar mi... Bueno... Sexualidad... usted sabe.
-No -le aseguró Enj-. Nunca a tenido efectos secundarios de ningún tipo. Seguirás siendo la misma... Tu naturaleza astará a salvo.
-Bueno -dijo ella con un suspiro-, comencemos.
Se acostó sobre la camilla y el otro sacerdote la maniató con cuidado instalando los sensores de la máquina en su frente, sienes y cuello. Después colocó sobre la boca y la nariz de Ki el inhalador y, sobre éste, en una cavidad, introdujo la ampolla de color ámbar, cerrándolo todo cuidadosamente.
-¿Qué es esa substancia? -quise saber.
Enj me indicó que retrocediera hacia la parte más oscura de la habitación.
-Hace muchos años un sacerdote encontró una extraña planta que daba un fruto hermoso y delicado -me relató en voz baja-. Al romperlo, le embriagó un perfume poderoso que lo puso inconsciente. Logró sobrevivir a la experiencia, y descubrió, posteriormente, que aquella substancia había sensibilizado extraordinariamente su capacidad intuitiva. No sabemos como funciona, pero creemos que actúa sobre capas del cerebro, produciendo relaciones neuronales específicas. El problema es que en su aplicación altera considerablemente el organismo.
Guardó silencio un momento. El otro sacerdote le miró y Enj hizo una venia. Entonces rompió la ampolla. Vi como el inhalador se llenaba de un vapor amarillento. Ki apretó las manos y respiró profundamente. Sus ojos parpadearon irregularmente y quedó inconsciente.
-Cuando realizamos las siguientes experiencias -continuó Enj con su relato- algunos murieron. Entonces descubrimos que era necesario prepararlos físicamente, para que soportaran el choque orgánico, y mentalmente, pues mientras más tranquilo fuera su estado mental, el golpe es menos peligroso.
Ki comenzó a convulsionar. Yo me adelanté, pero Enj me sujetó.
-Es la etapa previa -me explicó-. No se preocupe.
-¿Por qué lo llaman Minuto Eterno? -pregunté.
-Porque a partir de la absorción -explicó-, el proceso no debe durar más de un minuto para evitar el peligro de morir o algún daño grave. Pero ese minuto, en la mente del receptor, no tiene tiempo. Queda uno en una especie de limbo. Solo unos pocos podemos recordar esa circunstancia. La mayoría no recuerda sino solamente la sensación.
La maquinita dio un pitido y las curvas emergieron. Inmediatamente comenzó a correr un reloj indicando el tiempo transcurrido. El sacerdote colocó en la mascarilla de Ki una ampolla de color violeta y fijó su mirada en el reloj, mientras sujetaba el pulsador para romper la cápsula.
-Ese compuesto la despertará rápidamente. Si presentara algún signo grave, la reventaremos de inmediato.
Yo tenía la mirada fija en las curvas. Habían superado una línea blanca, luego la amarilla, para alcanzar una verde y sobrepasarla en dirección a la última, de color rojo.
-Usted no habría superado la línea amarilla -me explicó Enj.
Yo sentí un pequeño escalofrío en la base de la nuca.
El reloj continuó la cuenta regresiva. Ki tenía el rostro húmedo de sudor y su cuerpo se estremecía suavemente. Mantenía los puños y los dientes apretados.
Cuando faltaban cinco segundos el sacerdote accionó el aparato y la ampolla reventó. Ki inhaló aquel vapor violeta y su cuerpo se irguió todo lo que las correas le permitían, para caer luego en un estado de completa laxitud.
Inmediatamente abrió los ojos, algo adormecidos.
Me acerqué a ella y le tomé una mano. El sacerdote le retiró la mascarilla.
-¿Te sientes bien? -pregunté.
Ki me miró con sus ojos algo adormecidos.
-Como la mierda... -me dijo casi sin despegar los labios.
Eso me sirvió para darme cuenta que estaba en perfecto estado.
Enj sonrió y ayudó a retirarle las correas. Ki se incorporó con alguna dificultad y se sentó en la camilla.
-¿Recuerdas algo? -preguntó el Sumo Sacerdote.
-Nada -dijo ella moviendo la cabeza negativamente-. Solo tengo la extraña sensación de haber dormido milenios...
-Perfecto -comentó satisfecho Enj-. Todo salió bien.
-Y... ¿que sucederá ahora? -consultó Ki.
-No tengo idea -le respondió Enj.
Ki se lo quedó mirando con incredulidad.
-¿Y todo esto fue para qué? -dijo ella con tono molesto.
-Sabemos cuales son los resultados, pero no podemos predecir qué ni cuándo sucederá. En algún momento tu intuición te avisará algo y deberás actuar en consecuencia.
-Esto sería un buen negocio para que las personas supieran aprovechar las oportunidades -dije yo divertido.
-Si lograran sobrevivir -aclaró Enj.
Ki se puso de pie y me abrazó.
-Espero que sirva para algo... Creo que debemos averiguar si no ha tenido algún efecto secundario -dijo pegando su cuerpo al mío y mirándome con intención.
-No es el momento, querida.
Ki se volvió hacia Enj.
-Espero que todo esto sirva para algo -dijo ella.
El Sumo Sacerdote la miró fijamente.
-Solo debes seguir tu naturaleza. Cuando llegue el momento sabrás que hacer. Y lo sabrás con una claridad y precisión que no te dejará dudas de ello.
*
* *
El amanecer era hermoso. Un sol de color amarillo puro comenzó a levantarse y el campo verde brilló con fuerza. El cielo estaba completamente limpio. La luz se hizo casi enceguecedora. El aire cambió rápidamente de temperatura. Ki se ubicó a mi lado. La observé. Sus ojos miraban en lontananza con una expresión que nunca antes le había visto.
-Sería maravilloso venirnos a vivir aquí -dijo-. Tú y yo, solo, por el resto de nuestras vidas...
-¿Solo tú y yo? No te creo.
-Idiota -me dijo mirándome con ira-. Destruyes el encanto.
-Solo que no creo...
-Me refería a vivir aquí los dos... Para lo otro podemos ir a cualquier parte. ¿Satisfecho? Eres un cretino...
Y noté que estaba sinceramente disgustada. Me encogí de hombros y me dirigí a la nave. Ya se le pasaría. Por suerte Ki no era una mujer rencorosa. Sin duda Enj la conocía bien: ella era incapaz de tener malos sentimientos.
Subí a bordo. Los demás ya estaban preparándolo todo para nuestra partida. Enj se encontraba junto a Mac y Ragtan explicándoles algunos detalles.
-¿Nos vamos? -dije.
El sacerdote se volvió hacia mí.
-Espero que todo salga bien. Tienen una dura tarea por delante. Solo podemos ayudarlos en espíritu. Pensaremos en vuestro éxito permanentemente -dijo y se inclinó con las manos en el pecho.
Yo le imité. Los demás hicieron lo mismo.
-Gracias por todo, Enj -le dije con sinceridad.
Y el sacerdote abandonó la nave. Le vi caminar por el verde prado y pensé que Ki tenía toda la razón. La paz que allí había invitaba a quedarse.
-Bien -dijo Mac a la tripulación-, todos en sus puestos. Espero que la cámara estática funcione y no tengamos que sufrir las consecuencia de la potencia Quam.
-¡Ojalá! -dijo Mood con entusiasmo.
-Vamos al espacio -ordenó Mac sentándose frente a los controles.
Me senté a su lado y revisé el sistema general. Todo se veía funcionando a la perfección. Poco a poco la nave se elevó y luego de un momento comenzábamos a salir de la gravedad de Eoi.
-No dan ganas de marcharse -dijo Ki.
Gada se colocó a su lado.
-¿Te sientes bien? -le preguntó.
-Perfectamente, linda -le contestó Ki.
-Todos a sus asientos -dije-. Rag...
-Potencia en camino -contestó él sabiendo lo que debía hacer.
-¿Mac? -dije y la muchacha me miró.
-Coordenadas listas.
-¿Mood, está funcionando la cámara?
-Perfectamente -contestó-. Ojala siga así...
-En ese caso, creo que llegó el momento de marcharnos. Y espero que está vez todo salga bien.
-¡Ojalá no aparezca ningún dibujito en mi pantalla! -dijo Ki.
-Si lo hace, lee la información en la parte inferior y avísanos.
-Lo haré. Ya estoy aprendiendo.
-¡Potencia completa! -anunció Ragtan.
-Bien, amigos, ahí vamos...
Y accioné los motores a su máxima potencia.
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