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Relato Ciencia Ficción: Crónicas Galácticas (II)
M A C
Por Dex Dorian

Relato Ciencia Ficción - Crónicas Galácticas (II) No estaba deseoso de volver a aquel sitio. Las circunstancias me ponían en una situación difícil pues sabía que, de una forma u otra, tendría que soportar algunas desagradables acciones de parte de aquellos que me consideraban un traidor, aunque nada de lo sucedido había sido culpa mía y aunque el haber decidido ingresar al Consorcio era, finalmente, una cuestión personal. Pero entre piratas el asunto no es tan sencillo.
Para más remate, debía convencerlos que no tenía intenciones hostiles pues, al ver acercarse una nave de la Colmard sin duda que se pondrían nerviosos y comenzarían a disparar sin preguntar. Además, para conseguir lo que necesitaba, tenía que dar algo a cambio y no tenía nada... Aunque...
Salté de mi asiento y me dirigí hacia la sección de enfermería. Gada, una muchacha asustadiza, había sido designada allí durante el viaje, aunque nadie sabía para qué, puesto que la pobre se desmallaba de ver un grano.
-¿Sucede algo? -preguntó casi aterrorizada al verme entrar tan bruscamente.
-No. No te preocupes -le dije sin mirarla y me dirigí al anaquel de los medicamentos.
Quedaban algunos estimulantes y antidepresivos, pero no lo suficiente como para negociar. Podrían servir de todas formas para conseguir algunos favores. Los puse todos en mi bolsillo y salí.
-Dex -me llamó Ragtan, un tipo de mediana edad que había sido ingeniero en el Consorcio y ahora estaba cuidado las máquinas de la nave-. Creo que tenemos un problema.
-¡No más, por favor! -le dije con desgano.
-La celda de poder bajó su nivel al mínimo -me informó.
-¿No tenemos más potencia? -quise saber.
-No. Bueno, tenemos las baterías de kolmio, pero son muy inestables...
-¡Eso es! -grité.
Ragtan me miró como si estuviera loco.
-¿Eso es qué?
-Las baterías. Retíralas y guárdalas en la bodega, en un lugar donde nadie pueda hallarlas.
-Pero...
-¡Obedece! No tengo tiempo de explicar nada.
Me dirigí a la cabina. Mood se había sentado en el asiento del copiloto. Dos de sus amigos estaban de pie observando la pantalla.
-Creo que pronto tendremos visitas -dijo el viejo y me indicó dos puntos que se acercaban rápidamente a nosotros.
Me senté en el asiento del piloto y tomé el comunicador.
-¡Ragtan! -grité-. Incendia el motor de babor.
-¿Qué?
-Has lo que te digo. Incendia el motor de babor. ¡Ahora!
-Pero...
-Si no me obedeces te arrojaré personalmente en él.
Se escuchó una expresión soez. Medio minuto después se oyó una pequeña explosión y la nave dio un salto.
-No sé que estás haciendo -dijo Mood- pero supongo que es lo correcto.
-Tenemos que dar la idea de estar indefensos y necesitar ayuda. Así no nos destruirán a la primera.
-Bien pensado.
-Espero que eso solucione el primer problema -dije apretando los dientes.
-¿El primero? ¿Habrá más?
-Me temo que sí.
-¿Por qué?
Tragué saliva.
-Porque no les va a gustar verme de regreso...
Mood me miró interrogativamente.
-¿Te conocen?
-¡Y muy bien!
Hizo un gesto de resignación.
-¡Fuiste pirata también! -dijo él entre diente. Los otros dos me miraron sonriendo y con incredulidad.
-Hace algún tiempo. Después me retiré pues estaba cansado de huir, pero...
-...nadie puede retirarse -concluyó Mood.
Yo me encogí de hombros.
Las naves patrulleras pasaron muy cerca. Habían visto nuestro motor averiado y los daños de la nave. Nos estaban analizando. Si se comunicaban tendríamos una oportunidad. Si no...
-¡Los de la nave! -escuché en el parlante.
Di un suspiro de alivio.
-¡Hola muchachos! Como pueden ver estamos en problemas.
-¿Que hace una nave de la Consorcio en este sitio?
-Huyendo del Consorcio -dije-. Soy Dex Dorian.
-¿Dex? Ese bastardo está muerto...
-No. Soy yo, muchachos.
-Si es así, vas a estar muerto muy pronto de todas maneras. Ratly te está esperando desde hace mucho tiempo.
-Lo sé -dije algo compungido-. Pero puedo explicarle...
-Dirígete al sector 335. Y estacionate sobre la rampa 45B. Y no trates de huir...
Y se nos adelantaron. Sin duda correrían a darle la noticia a Ratly y éste iría a darme una gran bienvenida. Así que tendría que preparar alguna defensa.
La nave cayó como una pedrada sobre la rampa. Inmediatamente todos nos bajamos del trasto y avanzamos hacia el ingreso a la ciudad. Las puertas se abrieron y el viejo Ratly, arrastrando su pata mecánica, apareció rodeado de media docena de mercenarios.
-Hola, viejo -dije levantando la mano.
-Cerdo hijo de puta... -y sacó una de sus pistolas.
Yo me detuve y le miré fijamente.
-No seas idiota. Te traigo algunas cosas que quizás podrían compensar...
-¡Nada! Tu cabeza en mi escritorio es lo único que podría compensarme. ¡Mira esta maldita pierna!
-Lo sé, amigo. Pero...
-¡No me llames amigo, cretino hijo de...!
-Ratly... Ratly... Siempre violento y jamás pensando. ¿Que vas a hacer? ¿Matarnos a todos?
-Buena idea.
-Entonces te voy a facilitar la tarea -le dije y saqué la Surflax, activándola.
Cuando la vieron los demás, retrocedieron. Ratly me miró con odio.
-No te creo...
-En ese caso, no hay nada que hacer -dije y solté el disparador.
-¡Maldición! ¡Detén ese infierno!
Volví a sujetar el disparador y detuve el conteo.
-No estoy bromeando, viejo -le dije con calma-. Te traje algunas cosas para compensarte por lo de tu pierna, pero yo no tuve la culpa de que no te llegara -y le ofrecí los estimulantes.
El los tomó de un golpe.
-¡Tú tenías que traérmela y no ese patán imbécil! La destrozó en el viaje de vuelta.
-Está bien. Quizás nuestro ingeniero pueda reparártela adecuadamente. Trabajaba para la Consorcio.
-Al igual que tú, maldito traidor. Nos abandonaste sin decir nada...
Moví la cabeza.
-Simplemente estaba cansado de todo esto. Créeme. Nunca tuve en mente traicionarte. Quería recuperar mi estatus, ganar algún dinero y retirarme a vivir en una granja.
-¿Tú? ¿En una granja?
Y todos se pusieron a reír como locos.
-De acuerdo -dije amoscado-. Entonces en un burdel... No sé. Pero quería retirarme.
-Eso puedo entenderlo, pero ¿por qué te marchaste en medio de la noche y sin decirnos nada? Todos pensamos que te habías pasado al enemigo.
-Si se los hubiera dicho no me hubieran dejado marchar.
-Eso es cierto.
-Pero todo salió mal -confesé.
-Así veo. Parece que Cálgary te traicionó...
-Y a todos ellos -e dije indicándole el pequeño grupo que me acompañaba.
Ratly los observó.
-¿Quienes son?
-Pertenecían al Consorcio pero descubrieron que trabajaban en proyectos ilegales. Tuvieron que huir.
-Y te mandaron a buscarlos.
-Algo así.
-Y después te trataron de matar junto con ellos.
-Exacto.
-Y eres un imbécil...
-En eso también estoy de acuerdo.
-Bien. Ahora desactiva esa porquería y ven a tomarte un trago. Y dile a tus amigos que pasen. Hay para todos.
Respire tranquilo. Mood se me acercó.
-¿Confías en él? -me dijo en un susurro.
-No te preocupes -le expliqué-. Lo conozco. No es de los que te acuchillan por la espalda. Rat te degüella cara a cara.
Y avanzamos al interior de la ciudad pirata Ru, más conocida como «la pocilga». Y tenía derecho a ese nombre. Había sido construida hacía unos cincuenta años terrestres por un grupo de delincuentes que lograron huir de una colonia penal, aprovechando los desperdicios que allí había, pues hasta entonces era basurero de chatarra. Pronto llegaron otros fugitivos y, al cabo de tres décadas contenía más de dos millones de los peores criminales de la galaxia. Y su poder creció al punto de que ninguna nave del Consorcio u otra institución legal se atrevía a acercársele.
Las calles estaban llenas de chatarra y nadie tenía la menor intención de retirarla. Con ella se habían construido las casuchas los más miserables. Los más pudientes habían traído los sistema de construcción del Consorcio y había algunos que tenían lo que podía llamarse «palacios», si no fuera por la cantidad de porquería que acumulaban, incluyendo algunos sujetos que las habitaban.
Ratly era el dueño del único bar del lugar y ¡ay del que intentara abrir otro! Era un montón de contenedores unidos entre sí y sujetos a pilares de aluminio-cristal, una aleación muy liviana y resistente que permitía que el edificio tuviera ocho niveles sin venirse abajo, a pesar de la cantidad de personas que había dentro.
Todas las mesas estaban ocupadas por tipos poco amistosos y mujeres más que amistosas. Allí se organizaban los «golpes», se hacían los pactos, se botaban los dientes y se destripaban limpiamente con la misma sonrisa en la cara, aunque a algunos solo le quedara parte de ella.
Avanzamos entre las mesas y nos detuvimos sobre una tarima. Mood se sentó inquieto en una esquina. Yo, cuidadoso, me coloqué con la espalda cubierta por la pared, aunque eso no resultaba tan seguro como uno pudiera creer, pues un cartucho de la Colt Látigo era capaz de atravesar cuatro muros de esos y esa era el arma predilecta de los piratas.
-Veo que tu negocio ha crecido -le dije.
-Mi... negocio -acentuó Ratly.
-No he venido a reclamar nada, Rat, amigo mío. Puedes quedarte con todo...
-No necesito que me lo digas.
No quise seguir la discusión. Aunque la idea de aquel bar y sus primeros pisos fueron obra mía, a lo cual Ratly se oponía porque él no quería ser un «empresario», cuando perdió la pierna en el ataque a una nave de lujo cambió de opinión.
-¿Que es lo que piensas hacer? -me preguntó.
Una morena de grandes senos me colocó una copa enfrente. La miré y le sonreí, y ella respondió con un guiño de complicidad.
-Tengo una misión -le informé.
-¿Del Consorcio?
-No -dije y bebí un sorbo. Estaba como lava volcánica-. Contra el Consorcio -rectifiqué.
Ratly me miró con sus ojos redondos de siempre.
-¿Estás loco?
-Están haciendo un medicamento que destruye la voluntad -le expliqué y le hice una seña a Mood-. Por eso ellos tuvieron que huir, porque descubrieron sus intenciones.
-Eso no me gusta -dijo Ratly colocando su pierna mecánica sobre una silla y metiendo un cuchillo entre los hierros. Saltaron algunas chispas y la pierna dejó de tiritar -¡maldita porquería...! -exclamó entre dientes.

Relato Ciencia Ficción - Crónicas Galácticas (II) -Le diré a Ragtan que te la repare -le dije-. Es un magnífico ingeniero.
-¿Y cómo piensas atacar al Consorcio? -continuó Ratly-. ¿Con ese cacharro mugriento que trajiste?
Bebí otro trago y esta vez pude pasarlo con más facilidad.
-Estaba pensando en comprar alguna buena nave.
-¿Aquí? ¿Y quién crees que te la venderá?
-O arrendar...
-Nadie participaría en algo así. Además, si saben lo que vas a hacer, te aniquilan.
-¿Por qué? -quiso saben Mood, preocupado.
-Porque ellos no se meten con el Consorcio -le expliqué-. Es una especie de convenio tácito. Asaltan naves de turismo, de lujo, algunos embarques, pero jamás actúan contra nada que pertenezca a Cálgary. Se esa forma los dejan en paz.
-Pero, ¿no es eso también una traición? -dijo Mood.
Me di cuenta de su intención, pero había dicho algo inconveniente.
-¿Insinúas...? -comenzó a decir Ratly poniéndose de pie.
-Mood no nos conoce -le dije para calmarlo sujetándolo de un hombro-. Discúlpalo.
Ratly se volvió a sentar sin dejar de estar molesto.
-Aquí casi todos odian al Consorcio -explicó-. Pero hay que sobrevivir.
-Y temen que haya represalias si yo hago algo -comenté.
-Sabes que será así.
-No si no los involucro. Pero el problema es más grave. ¿Que sucedería si algunos de estos tipos es capturado e inyectado con esa porquería? Le pueden dar la orden de matarte y no podría desobedecerla. Y ellos quedarían limpios.
Rat se rascó la cabeza.
-Entiendo. Quizás sea peligroso no hacer nada. Quizás nos han dejado tranquilo todo este tiempo mientras se preparan. Pero no podríamos convencer a los demás -dijo señalando a la bazofia que nos rodeaba y que yo conocía bien.
-Lo sé -asentí-. Y no quiero que los demás lo sepan, por lo menos hasta que esté hecho. Entonces podrían prepararse para lo que podría venir.
-No me gusta -insistió Rat-. Además, ¿con qué piensas pagar?
Bebí el resto del líquido de mi copa y me sentí mareado.
-Tengo cuatro baterías de kolmio activo de primera calidad.
Rat dio un silbido.
-Con eso puedes comprar cualquier cosa. Una nave y una tripulación... Quizás hasta medio Ru.
-Lo sé.
-¿Por qué son tan valiosas para ustedes? -quiso saber Mood.
Rat volvió a bajar la pierna de la silla y se inclinó sobre la mesa.
-Una sola batería de esas -explicó Ratly- da potencia a una nave por veinte años, incluyendo todo su sistema operativo y armamento. Cálgary las cuida como a su mamá, si es que tuvo una. ¿Cómo conseguiste cuatro? -me preguntó.
-La nave en que llegamos. Al parecer llevaba las baterías a algunas naves en misión.
-¡Eso si que es tener suerte! -espetó lanzándome saliva-. Y tú siempre has sido un maldito suertudo.
-¡Dex!
El grito provino de un costado.
-¡Huyuyuy! -dijo con picardía Ratly-. Ahora si tienes problemas.
Una avalancha rubia cayó sobre mí. Reconocí inmediatamente esos labios. El problema era que no hubiera querido tenerlos de nuevo pegados a los míos. Las mujeres de la constelación de Bona resultaban ser demasiado seductoras y yo un tipo muy débil.
-¿Cuándo volviste? -dijo sentándose en mi falda-. Debiste haberme avisado.
En esa posición podía disfrutar observando toda su belleza.
-Acabo de llegar, Ki -le dije-. Pensaba buscarte más tarde, cuando me diera un baño... -y me arrepentí de inmediato de haberlo dicho.
-¡Fantástico! -dijo ella-. Tengo una ducha nueva en mi habitación. ¡Espectacular! Tiene dieciséis chorros de agua. Incluso uno de abajo hacia arriba. ¿Delicioso, no crees? -dijo con un guiño pícaro.
-Me lo imagino.
-¿No vamos?
-No todavía... Tengo que hacer unos negocios...
-No seas estúpido -dijo ella-. Los negocios se hacen mejor cuando estás descansado.
-En eso tiene razón -dijo Rat con intención.
-No me ayudes, amigo -le pedí-. Además, no creo que quede muy descansado...
Rat sabía que, lo más probable era que no pudiera salir de esa habitación por dos o tres días y entonces estaría excesivamente relajado.
-Es bueno botar tensiones -dijo Mood sin comprender la situación por su ignorancia.
Rat lanzó una carcajada.
-Tus amigos te quieren mucho, Dex -dijo ella sonriendo.
Se levantó de mi falda y me tomó de una mano.
-Nos vemos luego -dijo Rat sosteniendo la risa-. Luego de un rato muuuuy largo...
Y Ki me arrastró por los pasillos del sucucho.
*
* *
La ducha era espectacular. De eso no había dudas. Y lo demás también.
Nos arrojamos en el lecho, sedoso, cálido y, lo más importante, limpio.
-Te eché de menos, canalla -me dijo con su maravillosa boquita.
Le sonreí.
-Yo también.
-Mentiroso. Pero igual te quiero. Eres el único que me inspira confianza... Además de ser limpio.
-Gracias -dije en conocimiento que el aseo no era habitual entre esa muchedumbre de cerdos de dos patas.
-¿Por qué estás aquí? Pensé que te habías ido para siempre.
-Era mi intención.
-¿Y dejarme sola aquí? ¿No pensaste en venir a buscarme?
Yo no supe que contestar, así que decidí ser sincero.
-No. Tu sabes, Ki. Eres demasiado... mujer.
Y ella lanzó una de sus risitas seductoras.
-Lo sé. A las nativas de Bona nos llaman «devoradoras». ¿Qué quieres? Algo nos sucede a las mujeres de allí que no podemos estar sin un poco de actividad física.
-Debe ser por los cuatro soles que tienen...
-Si. Somos muy cálidas...
Y se me pegó suavemente.
Aquellas mujeres tenían un cuerpo hecho para el sexo. Todas sus formas, su piel, su temperatura, sus movimientos, todo era de una perfección sexual exquisita. El problema es que todavía no aparecía la raza de hombres capaz de satisfacerlas plenamente. Algunas bonianas que habían hecho fortuna se hacían de un harén de hombres y mujeres. Las menos pudientes, como Ki, terminaban en lugares como éste. Pero algo había en ellas que era especial: jamás dejaban de sonreír, como si la vida no tuviera nada de malo, incluso en las peores circunstancias. Quizás por ello también vivían tanto, noventa años como promedio, y en bastante buen estado.
-¿Que vas a hacer ahora? ¿Te vas a quedar?
-Por un tiempo -mentí.
Ella me miró fijamente. Sus azules ojos era dos escáneres del alma.
-Estás en problemas -dijo en un susurro y paseó sus labios sobre los míos.
-Algo así.
Sentí como su cuerpo comenzaba a reptar delicadamente sobre el mío.
-Y te vas a ir pronto...
Aunque tenía los ojos cerrados, yo sabía que estaba pendiente de cada detalle mío. No se le podía mentir a esas mujeres.
-Tengo algo que hacer.
-¿Peligroso?
-Mucho.
-Y necesitas una nave, y mucho ayuda.
La retiré de encima y me levanté.
-Lo lamento, Ki. Tengo demasiadas cosas que hacer y no puedo...
-...perder el tiempo -concluyó ella con suavidad y mirándome con esa expresión de pena que me hacía crispar los nervios.
-Por favor...
Lanzó otra risita encantadora.
-Está bien, canalla. Me aguantaré. Pero prométeme que después estarás un buen rato conmigo.
-Te lo juro. Pero ahora debo apresurar las cosas.
-¿Que necesitas?
-¿Por qué?
-Quizás podría ayudarte.
Me sonreí.
-Necesito una nave de combate, armamento, quizás una tripulación y algunos interesados en pelear contra el Consorcio Colmard.
-¡Cielos! ¿Colmard?
-Así es, cariño. ¿Entiendes ahora?
Ella me miró con inquietud.
-No me gustaría que te sucediera algo...
-Gracias.
-Y creo que puedo ayudarte. Por lo menos con lo de la nave.
-¿Tú?
-Aunque no lo creas -dijo poniéndose de pie y comenzando a vestirse-. Tengo una amiga que tiene una.
-¿Una amiga?
-Bueno. Amante, si quieres saberlo. Ella odia al Consorcio y tiene una nave propia. Te la puedo presentar.
-Sería interesante hablar con ella.
-Sígueme -dijo y abrió la puerta.
Fuera todo seguía igual. Unos borrachos peleaban a muerte en el ruedo, mientras los demás hacían apuestas sobre cuál sobreviviría. Más allá competían con la bebida y, en las partes más oscuras, las prostitutas hacían su trabajo. Algunos jugaban a las cartas y otros solo bebían solitarios y en silencio, sin interesarse por lo que sucedía a su alrededor.
Mood y Ratly se nos acercaron.
-Pensé que tardarías más -dijo Rat con un estupor fingido.
-No bromees o te borro la cara.
-¿Dónde van? -quiso saber Mood.
-Ki tiene una amiga con una nave que quizás pueda servirnos.
Subimos por una escala de metal hasta llegar a un balcón alejado del ruido. Allí, sentada frente a una mesa con una botella de wak en frente, una mujer casi desnuda permanecía sola y quieta como una estatua.
Era morena, de intensos ojos verdes. Se veía robusta, sin duda consecuencia de mucho ejercicio. Al acercarme pude notar que, junto a la silla, tenía dos Colt Látigo preparadas. Al ver a Ki le sonrió levemente, pero al verme a mí su rostro se volvió de piedra.
-Hola -dijo Ki-. El es Dex Dorian, de quien ya te he hablado.
-Hola -dije yo esperando alguna señal de esos ojos escrutadores.
Noté como todos sus músculos se tensionaban armónica pero agresivamente. Preferí mantenerme a esa distancia.
-Ella es Mac -dijo Ki.
-¿Mac? -dije yo sobresaltado-. ¿Es una Mac?
Mood me miró extrañado por mi reacción.
-¿Que es una Mac? -quiso saber.
-¡Vámonos! -dije dando media vuelta.
-¡Espera! -dijo Mood-. ¿Que es una Mac? -Insistió.
-Modelo Avanzado de Combate -le dijo Rat suavemente.
Mood se volvió hacia la mujer.
-¿Tú? ¡Cielos!
-¡Vámonos! -insistí.
-Espera, Dex -me gritó Ki-. No es de esos modelos. Ella...
-Soy una pieza defectuosa -dijo Mac con voz profunda y clara.
Volví a observarla. Noté en sus ojos ese destello de temor y tristeza que había visto antes en Ki.
Entonces me dí una palmada en la frente.
-No me lo digas -dije-. Eres una boniana...
Ella continuó mirándome sin contestar. Pero no necesitaba hacerlo.
-¡Es fantástico! -exclamó Mood acercándosele.
-¿Te lo parece? -dijo ella con fastidio.
Mood se detuvo criteriosamente.
-Dex necesita una nave con armamento -comenzó a decir Ki-. Quiere atacarla al...

Relato Ciencia Ficción - Crónicas Galácticas (II) -¡Cállate! -le dije antes que metiera la pata.
Pero Mac ya había captado la idea.
-...al Consorcio Colmard... -concluyó-. Otro iluso.
Me quedé allí de pie observándola. Nuestros ojos estaban en un auténtico desafío.
-¿No sabían que eras boniana? -continuó interrogándole Mood interesado en su experiencia.
-Lo sabían -dijo ella suavemente-. Querían saber que sucedía.
-Y te inyectaron toda la porquería... -En realidad sentía lástima por ella.
Mood se sentó frente a ella.
-Debo decirte que yo fui en parte responsable de ello. Mi trabajo era preparar los medicamentos...
Entonces una de las manos de Mac se movió con la velocidad de una serpiente que captura su presa y tomó al viejo por el cuello, asfixiándolo.
Yo intenté sacar una de mis Megatox pero no alcancé a poner la mano sobre ella cuando una Colt Látigo se me pegaba en la frente.
-¡Suéltalo! -le dije-. No es responsable...
Mood comenzaba a ponerse morado.
-El dijo...
-¡No lo sabía, maldición!
Mac me miró interrogativamente y abrió la mano y el viejo cayó sobre la silla. La pistola seguía apuntándome la frente.
-En el Consorcio nadie prepara un medicamento completo -le expliqué-. Lo hacen por partes y después los unen. Mood está aquí porque descubrió lo que hacían y tienen que liquidarlo antes que se sepa que Cálgary prepara un inhibidor de la voluntad.
Mac retiró la pistola y se sentó.
-¿Y qué piensan hacer? ¿Entrar disparando? -dijo ella con sarcasmo.
Mood tomó la botella de wak para dar un trago y aliviar su garganta.
-No lo hagas -le dijo Rat, pero fue tarde.
Lo escupió como si fueran escorpiones.
-¡Pero, que mierda es esto!
-Es wak -le expliqué-, un licor que traen desde el satélite de Lufu, y que dicen que es destilado de piedra, aunque más bien parece el destilado de los calzoncillos de Ratly...
Rat me miró con odio.
Mac soltó una carcajada.
-Buena descripción -dijo-. ¿Quieres un trago?
-No, gracias. Solo ustedes, las bonianas, son capaces de tragar esa cosa.
Ki se sentó a mi lado.
-Mac tuvo que huir. La iban a eliminar -dijo.
-¿Cuál fue la falla? -quiso saber Mood.
Mac bebió un largo trago de aquel licor sin una mueca.
-No consiguieron anular mis emociones. Querían ver como funcionaba el compuesto en una persona con tanta vitalidad como una boniana. No creo que tuvieran la intención de dejarme viva en ningún momento. Solo investigaban.
-¿Y qué pasó? -quise saber.
-Cuando vieron que mis emociones seguían intactas y que mi cuerpo había asimilado las substancias perfectamente, pensaron que podía ser un peligro. En realidad, nuestro cuerpo es superior al de cualquier otro humano. No tenemos enfermedades y nuestra complexión, estructura y metabolismo es perfecto. Las substancias me convirtieron en un mac superior a los otros, pero por mis emociones quedaban fuera de su control.
-Y si ahora tienen un inhibidor de la voluntad -dijo Mood como meditando-, podrían crear un ejercito invencible . ¿Cómo escapaste?
-Seduje a los guardias -contestó.
-¿A todos? -le interrogó curioso Rat.
-Solo eran ocho -dijo ella encogiendo los hombros.
-Creo que el asunto es más grave de lo que pensamos -dije-. No es difícil hacerse de un buen grupo de bonianas y convertirlas en máquinas de matar. Resisten el hambre y la sed como nadie, las altas temperaturas y el frío intenso. El tratamiento multiplica eso y, además, les otorga una capacidad auditiva superior y reflejos instantáneos.
-Eso me consta -dijo Mood acariciándose la garganta.
-Y de esa forma -agregó Mac- pueden liquidar a todos los líderes de la Tierra y crear un nuevo imperio.
-Sin oponentes -continuó Rat-. Entonces todos, y especialmente nosotros, no tendremos ningún lugar en la galaxia donde podamos escondernos.
-Veo que te estás enterando -le dije-. No se trata de una venganza personal, sino de salvar lo poco de libertad que nos queda.
Y por su mirada supe que ella lo comprendía muy bien.
-Creo que debemos preparar la nave -dijo y se puso de pie.
*
* *
-¿Eso es una nave? -preguntó Mood al ver el pequeño vehículo de Mac.
Ella caminó hasta la entrada y con un control a distancia abrió las compuertas.
-Es muy resistente -dijo-. Y con las baterías de kolmio puede convertirse en una nave rapidísima y poderosa.
Ratly se volvió hacia mí.
-Ya sabes que me debes una de esas baterías...
-No te preocupes -le tranquilicé-. Hay para todos. Pero creo que deberemos hacer algunos cambios. No olvidemos que las naves del Consorcio también usan esta potencia.
Ragtan se sentó frente a las pantallas y comenzó a hacer un análisis.
-Creo que con dos baterías podríamos hacer de esto una obra de arte militar -dijo entusiasmado.
-¿Dos? -preguntó Mac.
-Una para la potencia y los escudos, y otra para el armamento -explicó el ingeniero-. Debe tener un sistema de defensa poderoso pues sino nos destrozan a la primera. Y debemos quitar el armamento que tiene ahora y que es inútil...
-Ese armamento me ha servido mucho -le reclamó Mac algo molesta.
-Pero si colocamos dos cañones... No. Cuatro cañones de plasma en la proa y un sistema de misiles térmicos, su potencia aumenta considerablemente.
-Eso es cierto -dije.
Mac se cruzó de brazos y nos miró con recelo.
-No se les olvide que yo soy la dueña...
-Nadie lo pone en duda -le expliqué-, pero Ragtan es quien sabe sobre estas cosas.
-Sino -le dijo Ratly- mira como convirtió esta pata mecánica miserable en una joya.
Y mostró su nuevo orgullo.
Mac se encogió de hombros. Ki le pasó un brazo por los hombros y la besó en una mejilla.
-Tranquilízate -le dijo-. Son todos amigos.
-Yo no tengo amigos -dijo Mac y se retiró.
-Pues, bien -dije yo-, pongámonos a trabajar.
Rat se preocupó de conseguir el material que necesitábamos mientras Ragtan configuraba todo el sistema con los nuevos adelantos.
La nave tenía poca capacidad, por lo que solo podríamos tripularla seis personas. Ratly se encargaría de llevar el resto del grupo en la suya. Ki, Mood y Ragtan irían con nosotros. Mood decidió que lleváramos a Gada, aunque yo no sabía para qué.
El trabajo era duro, pues montar toda la artillería y maquinaria necesaria no era fácil, pues en Ru no teníamos los robot para ello y debíamos hacerlo todo a mano.
Sin embargo, en tres días ya teníamos la nave casi completamente equipada. Entré a la cabina donde Mac hacía un análisis general.
-¿Problemas? -le pregunté.
-No veo ninguno -dijo sin dejar de manipular los controles-. Pero debemos estar conscientes que no podríamos enfrentarnos a una nave de línea del Consorcio. El poderío de esas bestias es enorme y no podríamos resistir un ataque directo.
-Para eso tenemos la velocidad -le expliqué-. Ragtan incorporó un sistema de análisis de situación que te aporta opciones...
-Ha hecho un buen trabajo -me interrumpió ella-. No lo pongo en duda. Pero insisto que nuestras posibilidades en un combate siguen siendo pequeñas.
-Pues debemos acudir al ingenio -le dije.
Mac se volvió a mí mientras yo me sentaba junto a ella.
-Y, según dicen, tu eres muy ingenioso.
Lo sentí como un sarcasmo. Pero no iba a ponerme a discutir con ella en ese momento.
-He salido de situaciones difíciles... Si.
Un silencio pesado se hizo entre nosotros. Desde hacía siglos se decía, cuando se producían esos silencios, que un ángel había pasado. En este caso más bien había sido un demonio. O por lo menos así lo sentí yo. Pensé de qué forma romper esa molesta situación.
-Creo que no te soy agradable -le dije.
Mac continuó en su trabajo de análisis.
-Estoy pensando en la posibilidad de vengarme del Consorcio -dijo con voz ronca- e impedir se haga más poderoso. Si trabajamos juntos y bien, perfecto. No necesitas serme simpático.
-De acuerdo. Y tú eres muy antipática -le dije de sopetón-. Eres una mujer amargada, rencorosa, desconfiada...
Ella se volvió hacia mí y me miró con sus verdes ojos echando chispas.
-... Pero tienes unos ojos preciosos -le dije.
Ella se sonrió y se volvió a los controles.
-No intentes seducirme -me dijo sin mirarme-. Ki me ha hablado mucho de ti y creo que eres un cretino...
-Estoy de acuerdo. Pero, ¿quién no es cretino en Ru?
Ki apareció tras nosotros.
-Me encanta que seas cretino -me dijo y me besó en una mejilla-. Y dejen de pelearse que el enemigo está en otra parte.
-¿Y tú que sabes de eso? -le pregunté.
Ki me miró con esa expresión desarmadora.
-No creas que soy una mujercita tonta -dijo sonriendo-. Las bonianas somos muy inteligentes... Solo que preferimos... Tú sabes... La inteligencia solo trae problemas.
Y se volvió a Mac y la besó en una mejilla.
-Creo que haremos un buen equipo -dijo con entusiasmo.
Mac y yo la miramos.
-¿No quieren ir a reposar un rato? -nos preguntó Ki usando un tono ingenuo.
-Yo, paso -dije con intención.
Mac me miró y me sonrió.

Relato Ciencia Ficción - Crónicas Galácticas (II) -Por el momento, yo también -secundó.
Ki se incorporó.
-Son un par de idiotas. ¿No saben que la vida hay que disfrutarla mientras la tenemos? Y se dedican a odiarse porque en el fondo se desean... ¿O no?
Y se retiró.
Mac continuó con los controles y yo observando las pantallas, pero ambos estábamos pensando lo mismo.
-Está bien -dije finalmente- ¿Amigos?
Y le alargué mi mano.
Mac se volvió hacia mí.
-Amigos -dijo, pero no cogió mi mano, sino que se me acercó y estampó un cálido beso en mis labios.
-¿Una costumbre boniana? -dije divertido.
-Según los demás, las bonianas solo tenemos malas costumbres.
-Yo no creo eso.
-Porque eres un cretino -dijo y volvió a los controles-. Ahora déjame terminar mi trabajo.
La miré un instante y, poniéndome de pie me dispuse a salir.
-Si, Capitán -dije.
Y noté que sonreía.
*
* *
Ratly los había reunido a todos en el Bar. Por lo menos, a todos los que tenían algún poder de decisión.
-La situación es esa -dijo luego de explicarles el asunto.
-¿Y quieres iniciar una guerra contra el Consorcio? -gritó uno de los piratas más acaudalado, rodeado de rameras casi desnudas-. ¿Qué posibilidades tendríamos?
-Pocas -le contestó Rat-. Pero de no hacer algo no tendremos ninguna.
-No estoy de acuerdo -dijo la gorda Kata, regenta del más grande prostíbulo de Ru-. Yo tengo mucho que perder...
-¿Y crees que el Consorcio te va a permitir mantener tu negocio?
-¿Por que no? -dijo la mujer-. Ellos también tienen pene.
Todos rieron.
No quería yo intervenir en el asunto, pero pensé que debía hacerlo.
-Parece que no están sopesando debidamente la situación -les dije-. No se trata de mantener lo que tenemos: se trata de sobrevivir. El Consorcio ha adquirido gran fuerza y nosotros somos un problema, aunque menor, pero un problema al fin y que puede convertirse en algo mayor. ¿Cuántos de ustedes no estarían dispuestos a venderse como mercenarios?
Se hizo un profundo silencio.
-Eso -continué- lo sabe el Consorcio y no lo va a permitir. Los piratas no somos confiables.
-¡Todo esto es por culpa tuya! -me acusó alguien.
-No niego que las cosas se han adelantado, pero el problema se vendría encima tarde o temprano -intervino Ratly.
Kulkan, jefe de los piratas de la luna de Vitory, se puso de pie. Todos guardaron silencio pues su brutalidad era famosa y temida.
-Yo creo que lo que debemos hacer es entregar a todos estos imbéciles al Consorcio y el asunto se termina -exclamó con su habitual estúpida prepotencia.
Todos los demás comenzaron a murmurar. Sin duda que la mayoría estaba de acuerdo con aquella proposición.
-¿Estás dispuesto a traicionar a los tuyos para salvar el pellejo? -le increpó Ratly que permanecía sentado con la pata mecánica sobre una silla.
-No son de los nuestros -gritó Kulkan-. Todos ellos eran del Consorcio. ¡Devolvámoselos!
-Pues yo estoy con ellos -le advirtió Ratly-. Y Mac... ¿También nos vas a entregar al Consorcio?
Kulkan sonrió torcidamente.
-Si pagan una buena recompensa... -comenzó a decir en burla.
Pero no pudo concluir. De la pata mecánica de Rat salió un dardo de acero que le entró a Kulkan por un ojo y salió por la parte de atrás de la cabeza, desparramando sus sesos entre los que estaban cerca.
Se hizo un silencio. Ratly se incorporó.
-¿Alguien más está dispuesto a la traición? -gritó con su vozarrón, pero nadie contestó-. La situación es esta. El Consorcio ha adquirido demasiado poder y nosotros somos considerados un peligro. Si alguien quiere apoyarnos, le estaremos muy agradecidos. El resto, quédese quieto, hágase humo, lo que quiera. Pero si algún otro imbécil tiene la bendita idea de querer traicionarnos, lo que le sucedió a Kulkan le parecerá un orgasmo.
Me acerqué a Mac.
-Ya dije que era mala idea informarles el asunto. Ahora tendremos enemigos adentro y afuera.
Ella me miró con inquietud.
-Estoy de acuerdo. Creo que debemos marcharnos lo antes posible.
Me coloqué junto a Ratly.
-¡Amigos! -grité-. Ya sé que ustedes no comprenden lo grave de la situación. Solo cumplo con advertirles que, tarde o temprano, el Consorcio vendrá aquí a hacernos pedazos. Y quizás no necesiten una sola nave para ello, sino solo atrapar a algunos e inocularles la nueva porquería que inventaron y que anula la voluntad. Entonces terminaremos asesinándonos entre nosotros y ellos solo tendrán que sepultarnos. ¿Eso quieren? ¿Prefieren correr el riesgo de quedarse y aceptar las consecuencias? De acuerdo. Yo, pelearé.
-Y con eso vas a traer al Consorcio en nuestra contra -dijo uno.
-¿Y cuando no ha estado en nuestra contra? -les gritó Mac-. No son más que unos cochinos cobardes...
Guardaron silencio.
Di media vuelta y me marché. Mac y Ki me siguieron. Sin duda que Ratly trataría de convencer a algunos, por lo menos los más importantes, por la razón o el soborno.
Nuestra nave estaba lista. Podíamos abordarla y salir.
-Creo que lo más seguro es quedarnos en la nave -dijo Mac-. En el Bar corremos riesgo.
-Estoy de acuerdo -dije y entramos.
Mood se acercó a nosotros.
-Hay algo extraño -nos dijo en todo meditativo.
-¿Que sucede? ¿Algún problema con la nave?
-No -explicó-. Es afuera, en el espacio. Hay algunas señales que no logro comprender.
Nos dirigimos a los controles. Mood nos señaló una de las pantallas.
-¿Ven esos signos? -dijo-. Nunca antes los había visto.
-¿Y vienen desde afuera?
-Si... Es decir, ahora...
-¿Cómo?
-Bueno. Antes salían de aquí, de Ru.
Mac se sentó frente a los controles.
-¡Maldición! -gritó-. Alguien está advirtiendo al Consorcio.
-Ki -grité-, avisa a Ratly y los demás. Nos vamos...
Mac miró a Mood.
-¿No hay un traductor incorporado al sistema? -le consultó.
-Si -respondió éste-, pero no comprende ese lenguaje.
Mac lanzó una nueva maldición.
-Ragtan, ¿eliminaste el sistema que tenía instalado?
-No -contestó el ingeniero-. Solo lo anule.
-¿Puedes recuperarlo?
Ragtan se sentó frente a una consola y comenzó a trabajar.
-¿Que te propones? -quise saber.
-Creo que sé de qué se trata -me dijo Mac-. Es Morse.
-¿Morse? -dije con incredulidad-. ¿Con toda la tecnología que tiene el Consorcio y va a utilizar un sistema de mensajes de hace dos siglos?
-Pues por eso mismo. Son pocos los sistema que lo siguen utilizando.
-¡Ya está! -dijo Ragtan-. Lo envío a tu consola.
Inmediatamente Mac aplicó el decodificador.
-Es Kata -dijo-. Maldita puta cabrona...
-¿Que dice?
-Creo que el Consorcio ya sabe que ustedes están aquí. Deben venir en camino y, si no me equivoco, no están lejos. La señal es fuerte.
-Menos de un día de distancia -confirmó Mood.
-Entonces, marchémonos. No tenemos alternativa.
Pero una tremenda explosión casi nos hizo caer al piso.
Corrí hacia la salida y bajé con mis dos Megatox en las manos. Alguien había colocado una granada en los estabilizadores, inutilizando uno de ellos. Así era imposible salir. Corrí hacia el Bar. Ratly venía con Ki.
-Nos traicionaron -dije.
-Ya lo sé -me contestó él.
-Destruyeron uno de los estabilizadores. No podremos despegar.
-¿Cuánto tiempo tenemos? -quiso saber.
-Menos de un día.
Ratly sacó un comunicador de su bolsillo.
-Llamaré a los muchachos para que lo vengan a cambiar.
-Quizás intentan sabotear tu nave también -le dije.
-Puse guardia. No te preocupes. Y mientras reparan tu nave debemos hacer un trabajo.
-Estoy de acuerdo -secundé-. Ki, vuelve a la nave y avísale a Mac.
-¿Que van a hacer? -preguntó ella.
-Vamos a reventar una cerda -dijo Ratly.
Y nos subimos a un móvil.
En breves minutos llegamos al prostíbulo de Kata. Sin duda ella nos esperaría. Sus mujeres sabían usar armas y eran mortales. Además, sometidas al drop, harían lo que fuera por recibir su dosis.
-¿Alguna de tus ideas ingeniosas? -me preguntó Rat.
Observé el lugar. No tenía ventanas adecuadas para un asalto y las únicas entradas ya estarían vigiladas.
-¡El techo! -dijo Rat.
-No -le contradije-. La cloaca...
-¿Qué? ¿Crees que me voy a meter en la mierda por esa vaca?
-Es el único lugar que no se les habrá ocurrido vigilar. Eso es seguro. Nadie aquí se metería allí.
-¡Maldición! ¿Por qué siempre me metes en estos líos?
-¿Preferirías entrar disparando por la puerta?
-¡De todas maneras! ¿Sabes cuantos piratas vienen diariamente a defecar a este lugar? Sin considerar las otras substancias que debe haber allí...
-Tápate las narices... -dije y me dirigí a uno de los respiraderos.

Relato Ciencia Ficción - Crónicas Galácticas (II) Sin duda que el aroma no era agradable. Ratly me siguió rezongando. Bajamos por la escalerilla y nos hundimos hasta las rodillas en la porquería.
-¿Te das cuenta que aquí no hay ni ratas? -comentó con disgusto mi amigo-. Quizás que cagan estos tipos... Y las putas...
-Mientras no sea radiactivo...
-Quien sabe...
Continuamos avanzando hasta llegar a una salida que, sin duda, daba a uno de los patios de prostíbulo.
-¿Por qué no plantas una Surflax y nos largamos ? -propuso Rat.
-Porque no quiero hacer una masacre. No somos del Consorcio.
-Tú, ya no... -dijo con sarcasmo.
Subí por la escalerilla y levanté la parrilla. Estaba todo en silencio. Salimos y nos dirigimos al edificio.
-¡Estoy chapoteando en mierda! -reclamó Ratly-. Tengo las botas llenas de porquería.
No le hice caso. Además, aquello lo había puesto furioso, lo que era bueno según nuestras intenciones.
Nos acercamos a un pequeño acceso que daba a la cocina. Corrí la compuerta. Estaba todo oscuro. Todo estaba en silencio.
-Es extraño -dije.
-¿Qué cosa?
-Creo que se han marchado.
-¿A dónde? ¿Por qué?
Caminé por un pasillo, abriendo las puertas laterales. El lugar estaba desierto.
-¡Mierda! -exclamé.
-¿Qué sucede?
-¡Larguémonos de aquí! Debemos despegar ahora mismo...
Ratly se plantó frente mío.
-¿Y me hiciste meterme en la mierda para nada?
-No te das cuenta. Kata se largó con sus putas porque el Consorcio va a iniciar un ataque general.
Y corrí hacia la puerta. Ratly me siguió.
-Vete a tu nave y márchate -le dije-. En cuanto reparen la nuestra nos vamos.
-De acuerdo. Y te juro que me vas a indemnizar por toda esta mierda...
-Créeme que para mí tampoco es agradable.
Y nos separamos.
Cuando entré a la nave Ki lanzó un grito.
-¿Donde te fuiste a revolcar, mugriento?
-¡Cállate! Dile a Mac que despegue en cuanto pueda. Yo iré a darme un baño.
-Buena idea. Con lo que apestas el Consorcio nos podría rastrear en varias Galaxias -dijo divertida.
Me metí bajo la ducha y me desvestí allí. Tuve que reconocer que había sido un idiota. Por algo destrozaron nuestra nave, pues no querían que despegáramos. Kata tenía todo bien organizado. Seguramente hace mucho que tenía contacto con el Consorcio y les avisó en cuanto llegamos, algo que yo debía haber previsto.
Me vestí rápidamente y me dirigí a la cabina de mando.
-¿Novedades? -pregunté.
Mac se volvió hacia mí.
-Hay unas señales muy extrañas. Se repiten pero dan coordenadas distintas.
-La flota de Consorcio está cerca -le dije-. Esas señales son distractivos. Las emiten mientras toman posición. Una vez que te tienen en la mira dejan de hacerlo.
-Pues creo que estamos en la mira -dijo Mood con voz vacilante-. Ya desaparecieron.
-¡Hay que salir de aquí! -grité y me senté junto a Mac.
-¿Que hacemos? -quiso saber ella- Los estabilizadores no son seguros aún.
-Debemos elevarnos -les expliqué- porque el Consorcio va a destruir Ru. Llévanos al espacio Rag -ordené al ingeniero.
-¿Y que hay de los demás? -quiso saber Mood, a cargo de la navegación.
-Manda un mensaje: «Ru será destruida. Huyan».
-¡Hecho! -me confirmó.
La nave se elevó con dificultad. Los estabilizadores no habían quedado completamente reparados, sin embargo logramos levantarnos. Y se desató el infierno. Los proyectiles Surflax ingresaban a la enrarecida atmósfera con rapidez, reventándolo todo. Vimos algunas naves que lograban despegar. Pocas podían continuar pues eran alcanzadas por las ondas de choque o por los disparos de los cañones de las naves del Consorcio, para quienes esos blancos eran un juego. Debíamos sortear todos esos obstáculos para poder salir al espacio.
Minutos después habíamos logrado tomar una órbita adecuada.
-Veo varios puntitos en esta pantalla -dijo Ki que controlaba los monitores.
-Cada uno de ellos es una nave del Consorcio -le expliqué-. ¿Cuantos hay?
-Seis... No... Ocho -informó.
-Son pocos -dije preocupado-. ¿Y que sigla tienen?
-Una letras que dicen CC10X.
-¡Mierda! Son cruceros de largo alcance. Rag -le dije al ingeniero que se encargaba de la energía-, dame potencia Quam.
-¿Ahora? -preguntó.
-No -le dije en mofa-. Para las vacaciones... ¡Ahora, idiota!
-Pero no tenemos coordenadas de viaje -dijo Mac-. Y si los estabilizadores no responden...
-Si no desaparecemos ahora -la interrumpí-, nos harán pedazos.
-Pero sin coordenadas -dijo Mood- quizás a dónde iremos a parar. Es muy riesgoso.
-¿Prefieres quedarte?
En ese momento se escuchó el zumbido de los cañones de un crucero y nuestra nave dio un tremendo salto.
-¡Impacto directo! -dijo Ragtan asustado-. Uno más y estamos fritos.
-Vámonos de aquí... -dije.
Ragtan aplicó la potencia Quam a los motores y yo los encendí.
Viajar a esa velocidad no es algo agradable. La primera sensación que uno tiene es que va a devolver lo que comió los últimos veinte años. Después tu cabeza parece separarse del cuerpo y navegar por su cuenta. Te resulta imposible controlar tus movimientos e incluso, en algunos casos, los esfínteres, con los resultados previstos. Finalmente cuando el impulso se detiene viene el proceso de volver a acomodarte y, aunque todo sucede a nivel mental y sensorial, es suficiente para que no quieras volver a pasar por ello nuevamente. Quizás por eso las naves que utilizan esta potencia llevan cámaras estáticas para la tripulación, cosa que no teníamos tiempo de construir.
Nuestro impulso duró apenas 5 segundos que a todos nos parecieron 5 milenios. Cuando la nave volvió a su estado normal dimos un suspiro de alivio.
-¿Algún daño?
Rag revisó las pantallas, pero no pudo hablar. Aún tenía adormecida la lengua. Entonces hizo una seña negativa con la mano.
-¿Dónde estaremos? -preguntó Mac.
-A salvo, cariño -le dije-. A salvo.
O por lo menos eso esperaba.
-Tengo un dibujito muy lindo en mi pantalla -dijo Ki con su habitual tono de ingenuidad.
Me volví y lo que vi me erizó los cabellos de la nuca.
-¡Retroceso! -grité-. ¡Toda la energía a proa!
-Mierda, mierda, mierda... -era lo único que repetía Mac mientras pulsaba los controles de retroceso.
-¿Pero que sucede? -pregunto Ki, atemorizada.
-Caemos en un torbellino -dijo Ragtan-. Tu dibujito lindo es un maldito torbellino...
-Y si no logramos salir -le expliqué- vamos a ser una minúscula explosión en tu dibujito...
-¡Nos atrae! -gritó Rag-. No podemos despegarnos.
La nave comenzó a temblar y crujir.
-Mood, avisa a los demás que se afirmen de donde puedan. Creo que debemos utilizar el impulso Quam -dije.
-¿Estás loco? -gritó Mac-. No sabemos que puede suceder si lo usamos en un torbellino.
-¡Ay! -dijo Ki con todo de encantadora desesperación-. No otra vez...
-No tenemos alternativa -aseguré-. Rag...
-Ya sé... Pero...
-¡Esperen! -gritó Mood.
-¿Que sucede? -le pregunté.
-Creo que...
-Qué pasa, maldición.
-No es el torbellino el que nos atrae. La fuerza viene de otra parte. ¡Nos está sacando de él!
-¿De dónde proviene?
Mood manipuló su instrumental.
-No lo sé... Creo que... ¡Oh, por Gala!
Y todos nos quedamos mirando la pantalla principal sin creerlo. Justo frente nuestro había aparecido un planeta azul, radiante, similar a la tierra.
-¿Que planeta es ese? -preguntó Mac.
-No lo sé -dijo Mood activando los mapas estelares-. Ni siquiera sé dónde mierda estamos.
Solté los controles. Mac me imitó. Dejamos que la nave siguiera el curso que el destino le tenía indicado. A gran velocidad nos alejamos del torbellino y comenzamos a acercarnos a aquel bello planeta.
-¡Oigan! Recibo una señal -gritó Mood.
-¿Del planeta?
-Debe serlo.
-¿Y que dice?
Mood se aplicó a los controles intentando traducir el mensaje.
-Algo como que estamos a salvo... ¡Espero! La tierra de eo... Ao... Algo así.
-¡Eoi! -dijo Mac con asombro poniéndose de pie.
-¿Que es eso? -le pregunté.
-El gran monasterio de Eoi...

Continuará ...
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Aurora Bitzine revista de fantasía y ciencia ficción a 1 de marzo del 2005