Esta vez estoy preparado.
Lo he dispuesto todo de forma minuciosa, casi preciosista.
Con ese esmero que los monjes ponían en sus hechuras.
La hora está cerca.
Debo empezar a preparar mi mente para afrontar la situación ahora que todo está dispuesto.
Cada objeto en su sitio siguiendo ese orden cósmico que, poco a poco, he ido dilucidando de su quehacer.
Noto su proximidad.
Han llegado a la primera traba, va a costarles superarla.
Debo de ir variando ya en mi mismo.
La han superado.
Se acercan.
El ascenso va a resultarles muy difícil, lo suficiente para dejar tiempo a mi transformación.
Giran desde mi izquierda acercándose.
Me han localizado.
Se aproximan.
No pueden dejar de notar la atracción que sobre ellas ejerzo.
Intuyen mi metamorfosis, debo acelerar el proceso de cambio en mí.
Están venciendo todos los obstáculos. ¡No!, aún les queda el último.
Casi he completado mi proceso.
El último impedimento se deshace a su acoso.
Invaden mi espacio.
Mi nuevo estado, completada mi transformación, les paraliza.
Me rodean.
Se preparan para cumplir el rito final.
Se abalanzan sobre mí.
Me cubren y devoran.
Noto como parte a parte, trozo a trozo, molécula a molécula, paso al fin a formar parte de ellas.
…
Ya se completó el proceso.
…
Mi conciencia les aglutina y proporciona una nueva entidad.
…
Ahora debemos, en algún otro lugar, comenzar de nuevo el proceso.
El ciclo.
…
Por ejemplo… contigo
|