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AEEyB: ¿Qué demonios?
La figura del demonio ha estado presente en la sociedad occidental desde sus inicios y, durante todo ese tiempo, ha sido redefinida docenas de veces en función de las diferentes tradiciones y creencias religiosas que han ido surgiendo a lo largo de los siglos. En este artículo expondremos los orígenes del mito y las principales formas que ha adoptado a través de la historia hasta llegar a su estado actual.
Por Eloy Alonso

AEEyB - ¿Qué demonios? Los primeros demonios: Sumeria
Los expertos sitúan el origen de la historia de la humanidad en la civilización de Sumer (el periodo anterior se considera prehistoria)
Dicha civilización se asentó en los territorios comprendidos entre los ríos Tigris y Eúfrates (la zona conocida como Mesopotamia) y allí es donde surgieron las primeras ciudades, la primera religión organizada con una casta sacerdotal, la escritura, el primer código legislativo… y también las primeras referencias a los seres conocidos como demonios.
El paso del tiempo, el mestizaje y las guerras con las poblaciones semitas circundantes cambió la civilización sumeria creando el imperio acadio primero y la “tercera dinastía de Ur” después. Ambos periodos dieron lugar a una cultura sofisticada y floreciente repleta de elaborados mitos que explican los fenómenos de la naturaleza y los grandes enigmas de la humanidad.
Según la cosmogonía sumeria, cada uno de los elementos del universo está a cargo de uno de los grandes dioses: Anu, es el origen del universo y lo domina desde el espacio. Enlil, dios supremo del panteón sumerio, rige las regiones entre el Cielo y la Tierra (incluyendo los vientos y las tormentas) y está casado con Ninlil, la “señora del aire”. Enki tiene poder sobre la tierra y el agua, etc, etc.
También el inframundo, a donde van a parar las almas de los muertos, está gobernado por dos dioses, la diosa Ereshkigal y el dios Nergal. Mientras que Ereshkigal antaño fue una diosa celeste, Nergal uno de los hijos de Enlil y Ninlil, fue concebido en el inframundo y, tras conocer y amar a Ereshkigal, aceptó reinar con ella en el mundo inferior.

Pero ya se sabe que el inframundo no es un lugar demasiado acogedor, quizá por ello a Nergal se le considera un dios del desierto y del fuego y se le relaciona con la guerra, la fiebre, la pestilencia y la devastación. A esto hay que añadir su imagen guerrera (suele aparecer como una figura humanoide que porta una espada y/o un cetro con dos cabezas de león)
Aunque Nergal nunca fue un ser maligno, con esos antecedentes no es de extrañar que, muchos siglos después, fuera incluido dentro de la lista de demonios de la religión judía, donde se le llegó a identificar con Satán, pero no adelantemos acontecimientos…

Dentro de la mitología sumeria, Nergal no era quien tenía peor prensa ya que, por encima de él, estaban los demonios.

AEEyB - ¿Qué demonios? Las primeras noticias que se tienen de ellos los definen como prisioneros del dios Anu, el cual los utiliza como herramientas para desatar su ira y su venganza. Más tarde, estos demonios lograrán liberarse de la influencia de Anu y camparán a sus anchas por el mundo en forma de enfermedades, plagas y desastres. Ante semejante panorama, la única forma que tenían los sumerios de deshacerse de estos seres, era a través de un exorcismo realizado por un sacerdote que invocara la ayuda del dios sanador Enki.
Así pues, en Sumeria ya se consideraba a los demonios como seres dañinos y se creía que, la mayoría de ellos, eran los espíritus de los muertos sin descanso que acudían a las ciudades para atormentar a los vivos.
Pero no todos los demonios sumerios eran muertos anónimos sin reposo, también había algunos con nombres propios dotados de un temible poder; este era el caso de Pazuzu, rey de los demonios del viento de las mitologías sumeria, asiria y acadia. La imagen que nos ha llegado de él le describe como un ser de cara deforme, cuerpo cubierto de escamas, brazos terminados en garras y pies y alas de águila. Para los sumerios, representaba el viento del suroeste que traía las tormentas y que, de paso, también portaba la peste, las plagas, el delirio y la fiebre.

A pesar de dedicarse a ese tipo de actividades, no se le consideraba un ser totalmente maligno ya que su imagen se usaba en amuletos para que las embarazadas rechazaran a su esposa y enemiga Lamashtu, un demonio femenino que se alimentaba de fetos y de recién nacidos pero que tampoco hacía ascos a la carne de las mujeres adultas (preferiblemente embarazadas) o incluso a la sangre de los hombres. A Lamashtu se la representa con figura humanoide, cuerpo hirsuto, cabeza de león con dientes y orejas de asno y pies de pájaro con afilados espolones
Ambos demonios, Lamashtu y Pazuzu, jugaron un papel importante en la cultura sumeria y en las que vinieron después, ya que sus nombres y atributos principales han perdurado hasta la actualidad pasando a formar parte del imaginario colectivo y de la subcultura popular, como veremos más adelante.

Lamashtu y Pazuzu no son los únicos demonios que alcanzaron la fama y cuyo recuerdo pervive hasta nuestros días. Hay otro demonio femenino cuya historia ha sido contada cientos de miles de veces y cuyo mito ha dado lugar a múltiples interpretaciones (sobre todo desde la aparición de las teorías feministas) Me refiero, por supuesto a Lilith.
La primera referencia a Lilith aparece en la cultura sumeria relacionada con la palabra “Lil” que significa aire (por eso Enlil era el señor (En) del aire (Lil) pero también “espíritu”. Así mismo, también se la conecta con dos demonios sumerios Lilitu y Ardat lili, ambos identificados como Súcubos o demonios femeninos de la lujuria y del deseo.

AEEyB - ¿Qué demonios? Pero, sin duda alguna, donde se fraguó realmente el mito de Lilith como demonio pernicioso para la especie humana fue en la mitología hebrea, a partir de las leyendas que escucharon los judios durante su cautiverio en Babilonia.
Según esa tradición, Dios creó a Lilit como la primera esposa de Adán a partir de la misma arcilla que él para que habitasen juntos el jardín del Edén. Como era muy hermosa, Adán enseguida sintió deseos de tener relaciones con ella. Sin embargo, no acabaron de entenderse en temas amatorios pues Lilit se negó a acostarse con Adán en la posición que él le indicaba. ¿Por qué he de recostarme debajo de ti? —Preguntaba— Yo también fui hecha de polvo y, por consiguiente, soy tu igual”. Adán, enfurecido porque la primera mujer no quería someterse a él, trató de obligarla y entonces Lilit pronunció el verdadero nombre de Yahvéh y se alejó del Edén volando. Ni que decir tiene que ambos, hombre y Dios, se enfurecieron hasta lo indecible. Adán, por quedarse con un palmo de narices y Yahvéh, porque ya se sabe que invocar el nombre verdadero de una criatura otorga poder sobre ella con lo que, al pronunciar Lilit el nombre de Dios, cometió el mayor acto de osadía que se puede concebir.

Mientras adán y Yahvéh mascaban su rabia, Lilit se asentó en la costa del Mar Rojo donde no tuvo ningún inconveniente en yacer con los demonios que allí habitaban y convertirse en madre de otros tantos miles de ellos (en este punto la tradición habla de que se convirtió en esposa de Asmodeus, el Rey de los Demonios) Los hijos demoniacos de Lilit fueron los Lilim pero, como enseguida vamos a ver, no tuvieron una existencia muy longeva que digamos.


Pasado un tiempo, Adán fue a hablar con Dios y le pidió que hiciese volver a Lilit cuanto antes pues lamentaba su partida (seguramente la necesidad le hizo pensar que es mejor estar mal acompañado que solo) entonces Yahvéh mandó a tres de sus ángeles al Mar Rojo para traer de vuelta a Lilit. Sus nombres eran Senoy, Sansenoy y Semangelof. Los ángeles encontraron muy pronto a Lilit en una cueva y le dijeron que regresara junto a Adán porque Yahvéh así se lo exigía pero ella se negó afirmando que prefería vivir en aquellas condiciones a rebajarse y someterse a la autoridad del primer hombre (no hay duda de que la mujer tenía las cosas bien claras) Entonces, los ángeles la amenazaron con matar a cien de sus hijos cada día hasta que ella accediera a regresar al Edén; pero tampoco esto obtuvo resultado puesto que Lilit les dijo que incluso la pérdida de su prole era mejor que volver y renunciar a sus principios.

Los tres ángeles cumplieron su amenaza y Lilit, devorada por el dolor, juró que a partir de entonces se vengaría en todos los hijos de Adán y que les atacaría a ellos, e incluso a sus madres, durante su nacimiento y sus primeros días de vida. Y ya que estaba puesta, también juró que atacaría a los hombres en su sueño para extraer su simiente y procrear así más hijos demoniacos por su cuenta.
Según se cuenta en el “Alfabeto de Ben Sirah”, escrito entre el año 600 y el 1100, no todos los infantes estaban a merced de los apetitos de Lilith, ya que, mientras aún estaba en presencia de los tres emisarios de Yahvéh, la primera mujer de Adán, juró que respetaría a todos aquellos bebés que portasen un amuleto con los nombres y las imágenes de ellos tres.
Por la costumbre de copular con los hombres por las noches y de beber la sangre de sus hijos, no es de extrañar que a Lilith se la considere como el primer súcubo e incluso el primer vampiro.
En resumen, según esta tradición, toda la triste historia de Lilit tuvo su origen en una desavenencia sexual que se podía haber evitado si ambos, Adán y Lilit, hubieran hablado más y se hubieran peleado menos y es que ya se sabe lo importante que es la comunicación en las parejas…

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Aurora Bitzine revista de fantasía y ciencia ficción a 1 de junio del 2010