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AEEyB: La Tierra de Nur
Juego Literario AEEYB: A partir de una ilustración ha de crearse un relato autoconclusivo. En este y los siguientes números de AB os iremos ofreciendo los textos que de tal manera han ido creando diferentes miembros de la AEEYB.
Por Miguel Ángel Garrido

AEEyB - La Tierra de Nur El mundo de Nur es una tierra diversa, de muchos reinos y razas muy diferentes en aspecto, de costumbres distintas como el día y la noche. Dentro esos territorios, destaca por ser un pueblo antiguo y de muchos clanes la tierra de Yoro. Los yoros son seres de sensual belleza, hombres fuertes y mujeres con ojos no menos peligrosos que los músculos de los ellos.
Criaturas a medio camino entre lo humano y lo mágico, poseen unas alas que les dotan de aspecto un tanto raro, por el contraste entre un físico poderoso y la fragilidad de esas alas casi de mariposa. Viven en poblados liderados por un jefe guerrero, siendo una sociedad principalmente clasista, repartida en clanes en donde el jefe es el hombre, con las mujeres destinadas a las tareas de cría de los niños y cuidado del hogar.
Pero una profecía anunciaba el nacimiento de alguien destinado a arrancar al país de Yoro de sus pequeños dominios, llevando a sus pobladores a amplias extensiones, creando un gran imperio que rivalizaría con los más poderosos del mundo. Chara, el brujo de la tribu de los Buscadores de Marfil, fue quien contempló dicha profecía en las entrañas de un elefante recién muerto por un grupo de cazadores. El día del nacimiento del elegido fue señalado como un renacimiento de los yoros en pos de un futuro de gloria, pero las esperanzas de todos aquellos guerreros terribles se fueron a pique cuando vieron a la criatura recién nacida. La profecía no había hablado del sexo del elegido, que finalmente resultó ser una niña.
En una sociedad tan dominada por los hombres como aquella, el nacimiento de Soreya, que es como sus padres la llamaron, fue recibido igual que un jarro de agua fría. Los sueños de lucha e imperio desaparecieron al momento, ya que nadie creía que una mujer fuera capaz de liderar a su pueblo en la conquista de nuevos reinos. Los hombres acusaron a Chara de ser un mentiroso y perdieron su fe en los sortilegios del brujo, quien no obstante se mantenía en sus creencias de que la profecía no estaba errada, viendo en Soreya a la elegida.
Ella creció como una niña sana y fuerte, destacando desde muy temprana edad por un temperamento que poco tenía que ver con el del resto de las mujeres de su tribu. Con los años se convirtió en una luchadora, que no dudaba en pelearse con los chicos si estos osaban abusar de ella -la violación era de uso común entre los yoros, una vez los chicos llegaban a edad adulta y las chicas empezaban a mostrar sus encantos. El caso es que Soreya consiguió hacerse respetar, a pesar de haber nacido mujer, hasta el punto de que algunos empezaron a pensar que quizás la profecía no era tan falsa como habían creído.
Cuando cumplió dieciocho años, Soreya se convirtió en una mujer de gran belleza, fuerte como un toro, que no dudaba a la hora de irse a cazar con los hombres, a pesar de que las mujeres contemplaran con recelo aquellos “excesos” de la muchacha. Ellas entendían que su lugar no estaba en la senda de las armas, que se encontraba en un hogar lleno de niños, cuidando de un esposo que llegara cansado de luchar o buscar caza en el bosque. No era esto lo que ella quería, eso estaba claro.
Por todo esto, porque Soreya competía con los hombres más valientes a la hora de lanzarse a cazar un animal para traerlo al poblado para la cena, el consejo de ancianos, aconsejado por Chara, decidió hacer pasar a la muchacha la prueba de mayoría de edad que estaba destinada a todos los jóvenes varones de las aldeas del país de Yoro. El desafío consistía en adentrarse dentro del Reino Oscuro, la tierra de los terribles rivales de los yoros: los chaclas.
A pesar de que la mayoría de los chicos que pasaban este ejercicio, regresaban con una prueba muy débil de su paso por el país Chacla -un vestido, una bandera, un plato con las señas de uno de sus clanes más destacados-, esto era suficiente para que se les concediera el título de “hombría” que permitía al muchacho pasar a formar parte del grupo de guerreros yoros. Pero no todos los candidatos regresaban con vida del Reino Oscuro Los claclas eran un pueblo salvaje, los más duros guerreros del mundo, y si se caía en sus manos era casi imposible conseguir escapar.
El caso es que, a pesar del rechazo frontal por parte de una buena parte de la tribu de los yoros, sobretodo por parte de las mujeres, Soreya se presentó el día catorce del mes del Becerrero en la frontera con el Reino Oscuro, dispuesta a pasar la prueba. Lucía un gran sol, que parecía anunciar una gran victoria por parte de la muchacha. Pero, en el fondo, incluso sus mayores defensores no creían que Soreya pudiera regresar entera del encuentro con los chaclas. Si la encontraban, la violarían y torturarían, según las costumbres que tenían con las mujeres extranjeras. Pero un brillo intenso en los ojos de la chica parecía desafiar a todas las dificultades que iban a presentársele.

El Reino Oscuro estaba formado principalmente por un espeso terreno de bosques, entre los cuales apenas podía distinguirse nada a dos palmos. Y ante este panorama, Soreya dijo para sí:
—Lo conseguiré.
A medida que fue avanzando, la oscuridad se iba extendiendo alrededor. Llegó un momento en que apenas podía ver, ya que por algo llamaban a aquel territorio el Reino Oscuro. Era una tierra árida, diferente al país de los yoros, ya que mientras aquí predominaba el sol y un ambiente cálido, en los dominios de los chaclas era todo hostil: las fieras que allí habitaban tenían un aspecto mucho más salvaje que las que Soreya conocía, así como la naturaleza, que era bastante más sórdida y difícil de traspasar a pie.
Por ese motivo, Soreya decidió emplear su habilidad -adquirida desde muy niña- de trepar a los árboles, agarrando las ramas con sumo cuidado para no hacer ruido. No podía emplear sus alas para moverse por el aire, ya que el sonido delataría su presencia a cualquier grupo de chaclas que anduviera por la zona. Quería evitar en lo posible encontrarse con aquellos temibles guerreros, capaces de cualquier cosa ante una mujer del país Yoro sola por el Reino Oscuro.
Pero iba pasando el tiempo y el hambre comenzó a hacerse sentir en el estómago de Soreya. Se hacía necesario encontrar alimento, ya que en caso contrario la prueba de “hombría” no saldría adelante. La muchacha vio un árbol cercano, con frutos que parecían comestibles, y ante esa perspectiva se acercó con cuidado a la zona. Pero justo cuando iba a coger el primer fruto, una cuerda se ciñó a su pie, tirándola hacia abajo y dando con el cuerpo duramente en el suelo.
Era una trampa para cazar animales. Y, al momento de caer, Soreya se vio rodeada por un grupo de seis claclas, que la miraban con ojos salvajes. Pero antes de que ninguno de ellos osara tocar su cuerpo, un grito les paró en seco.
—¡Alto!
Al momento apareció otro chacla detrás de ellos, vestido con signos de autoridad. Por su aspecto y determinación, estaba claro que era un líder.
—Soy el jefe guerrero de este grupo de salvajes. ¿Quién eres tu, que parecesr tan valiente o tan loca como para adentrarte en nuestros dominios?
—Me llamo Soreya y vengo para conseguir algo que ninguno de vosotros me va a prohibir.
—Ya veo que estás loca. ¿Qué pretendes hacer para evitar que te matemos ahora mismo?
Una idea pasó rápidamente por la mente de la muchacha.
—He venido para desafiarte en un duelo a muerte.
Los chaclas comenzaron a reir, todos menos el jefe guerrero, que miraba a la muchacha con gesto oscuro.
—¿Hablas en serio?
—¿Acaso lo dudas? Elige tu las armas.
Con un gesto, el chacla ordenó a uno de sus hombres que trajera dos espadas. Eran muy pesadas, pero Soreya cogió la suya y la levantó igual que lo hubiera hecho el guerrero más fuerte.
El jefe guerrero de los chaclas se abalanzó hacia Soreya, dispuesto a acabar pronto con aquello. Pero su golpe, en el cual había contenido la fuerza viendo que su rival era una mujer, fue esquivado con rapidez, dejando por un momento estupefacto a aquel terrible contendiente. El movimiento de Soreya fue definitivo. Se movió como un rayo, utilizando sus alas para ponerse sobre el cuerpo del chacla, y se dejó caer, dirigiendo la espada hacia la cabeza del hombre, con toda la fuerza de su físico.
Como resultado, la espada se hundió hasta la empuñadura en el cuero cabelludo del guerrero, dejándole muerto sobre el suelo. Todo fue tan rápido, que ninguno de los chaclas se atrevió a intervenir en el combate. Pero ante la figura de su líder caído, uno de ellos gritó:
—¡Le ha matado! ¡Acabemos con ella!
En ese momento, todo comenzó a temblar. Los árboles empezaron a doblarse, dejando ver sobre las hojas el cuerpo de unos terribles depredadores: los olifantes. Se trataba de una evolución del elefante, llevada al extremo en cuanto a tamaño y ferocidad. Eran animales que solían vivir en algunas zonas del Reino Oscuro y que, cuando salían de su madriguera, acostumbraban a ser mortales para cualquier criatura que encontraran. Se trataba de unos carnívoros que constituían el único motivo de terror para los chaclas.
Dos guerreros, horrorizados ante la escena, cayeron muertos bajo los pies de la criatura. Y, en mitad de aquel desconcierto, Soreya aprovechó para salir volando, dando toda la fuerza posible a sus alas, que por primera vez servían para salvar su vida, ya que hasta ese momento habían resultado más una incomodidad que un elemento beneficioso para ella.
La muchacha consiguió llegar a la frontera del Reino Oscuro, dejando tras de sí el caos en el que se había convertido el bosque donde había encontrado a los chaclas. Al pisar la tierra de los yoros, recobró parte de la compostura que había perdido durante la obligada huida de aquel reino hostil. Enseguida, reconoció el sitio en el que se encontraba y tomó un camino cercano en dirección a la tribu donde estaban los suyos.
En el poblado, eran muy pocos los que confiaban en su regreso de la tierra de los chaclas, solo el viejo Chara y algunos amigos de la infancia seguían esperando que Soreya estuviera con vida. Cuando la muchacha llegó a la aldea, esta se encontraba en plena actividad: los hombres habían regresado de cazar y las mujeres estaban comprobando el estado de las piezas. Fue precisamente Chara quién se dio cuenta de la presencia de una exhausta Soreya:
—¡Mirad! ¡Ha regresado!
Enseguida un grupo numeroso de yoros se reunieron en torno a la chica. En mitad de los cuchicheos, se alzó la voz de Norim, el jefe de la tribu:
—Soreya, te felicito, porque has hecho lo que muchos hombres no han conseguido. Pero, no obstante, esto no hace que hayas superado la prueba de “hombría” que te acredita como guerrero yoro.
—¿No? ¿Y qué me decís de esto?
Sacó un trozo de tela grande de detrás de su espalda, que llevaba cogido a modo de mochila. Del interior, cayó al suelo rodando la cabeza del jefe guerrero chacla, que se había enfrentado a ella en el bosque.
En ese momento, Norim elevó el brazo de Soreya en señal de triunfo.
—Bienvenida, eres un guerrero yoro de pleno derecho.
Un silencio reverencial dominaba en el ambiente. Entre los yoros, comenzó a escucharse una frase que, con el tiempo, se convertiría en habitual a la hora de referirse a Soreya:
—¡La elegida! ¿La profecía puede ser cierta?

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Aurora Bitzine revista de fantasía y ciencia ficción a 1 de junio del 2010